sábado, junio 20, 2020

Pistas para progresar en el yoga del día a día


"Por mi parte, mi vocación incluye fidelidad a todo lo que es espiritual, noble, delicado y profundo. Esto lo mantendré vivo en mí mismo y se lo comunicaré a todo aquel que sea capaz de recibirlo".
Thomas Merton

"Pasividad es cuando permaneces tal como eres y recibes lo que viene de afuera. No depende de si uno se mueve o se siente estático".

" Lo que proviene del plano espiritual son experiencias del divino, por ejemplo, la experiencia de ser en todas partes del divino en todo".
Sri Aurobindo y la Madre 

Antecede a estas letras una fotografía: un olivo asomándose a una alberca y entre ambos una silla de madera vacía.  Vamos a comentar simbólicamente la imagen, a modo de ficción, para comprender un poquito más algunos aspectos del yoga.

El olivo podría significar la calma; difícil de conseguir, difícil que quede asentada, difícil de reconocer y difícil de encontrarle un sentido enriquecedor. Por tanto, un paso muy bonito es empezar  a sentir la calma en uno y empezar a generar condiciones para no distraernos de ella. Es ahí donde es importante darnos cuenta de que la calma no viene de afuera, es decir, ya habita en nosotros, solo hay que enseñarla a asomarse. 

Hemos de recordar que sentir la calma no presupone que la vida de uno sea de una calma chicha. Diría que es importante aprender que la propia vida, con sus situaciones de diversa índole, no te devore, de modo que se te "olvide" tu estado de calma. Es la propia vida en su infinita riqueza la que nos ofrece la oportunidad de fortalecer la propia dimensión de calma. Pues, aunque uno quiera escapar muchas veces de la vida, distrayéndose, la vida, sencillamente, discurre. Quiero decir que el yoga no hemos de limitarlo a una esterilla, a una determinada asana o postura, o a meditar. Un paso de profundización sería, por ejemplo, experienciar dicha calma, de forma que nuestro actuar, nuestro pensar y nuestro sentir vayan comulgando cada día en una dirección, por ejemplo, de calma, y de modo que las propias situaciones de vida las veamos como oportunidades para crecer como seres humanos, no hacia el consumo egoico de uno mismo, sino hacia una apertura que nuestro propio yoga particular nos va a ir señalando. Luego lo que puede ocurrir es que la esterilla, la postura y la meditación, bajo unas condiciones de calma vital, sean cargas de profundidad hacia el espíritu, y recuerdo permanente de nuestra fragilidad y del amor a la vida, a su divinidad.

Para practicar todos los días hemos, de un modo u otro, generar unas condiciones de agradecimiento y calma de manera que dicha calma, como el agua de la alberca, nos moje en nuestra existencia, como una lluvia fina, como un baño reponedor de existencia, porque ello nos va generando una conciencia, "un darnos cuenta", que a su vez nos convierte en seres humanos con conciencia. Y esa conciencia no solo nos hace bien a nosotros, sino que estando bien nosotros, aquello que nos circunda  -sean nuestros seres queridos, las plantas, los árboles, los animales, la tierra, la vida y los "otros seres humanos"- va a recibir dicha dosis de conciencia.

La silla vacía puede significar la decisión de uno mismo de estar con uno mismo o no, sabiendo que habitualmente el mecanismo o automatismo es distraerme de mí mismo, y esa propia distracción de uno mismo nos genera dificultades y conflictos... es decir, la propia vida, de la cual uno no puede escaparse, pues uno vive.

El trabajo de la silla es ir profundizando de modo permanente, diría pasivamente arduo, en esa constante con uno en unas determinadas condiciones de modo que uno llega a estar con uno sin la necesidad de ponerse encima de una esterilla. La esterilla es el símbolo trinitario de unión de mente, cuerpo y espíritu, y ello, creo, es ese permanente recordatorio.

¿En qué consiste ser uno? Consiste entonces en estar en uno en una determinadas condiciones, y cada uno dentro de su propia particularidad ha de "ver" qué es que lo que tiene que aunar para estar en uno, e insistir una y otra vez, de modo infinito, el volver a uno en la silla.

Llega un punto en yoga en que el acto de vivirse en uno se convierte en algo permanente, y ese algo permanente, ese centro, es un centro inmutable, que no muta, pero tú sí. Es decir, me puedo perder en las propias periferias del ego pero la calma permanece.

El agua nos permite aprender a nadar, aprender a nadar en la vida, pero para ello primero he de saber flotar. La unión del olivo y la silla, de la calma y de permanecer en mí mismo sería ese nadar. Pero el acto de nadar no va a significar que el agua va a estar quieta habitualmente: pueden ocurrir momentos de remolino, de ahogo; también nadar plácidamente de espaldas mirando el cielo sintiendo su calor. No podemos pensar que si ya hago yoga, y llevo muchos años practicando o estudiando, todo es calmo y feliz.

La vida no es eso. El trabajo de conciencia es una apertura donde me voy involucrando y sorteo las dificultades. Es una continua indagación, pues el yoga, su práctica, es en la propia vida. Es la vida cuando me levanto, a mediodía y por la noche.

El ego no es malo, no es pecado, todos tenemos ego. Sin ego no funcionamos. Lo que quiero decir es que, sentados en la silla junto al olivo y la alberca, nace una armonía, una determinada vibración o comprensión, y entonces nos damos cuenta de que el ego no es tan importante, pues detrás hay una esencia, un ser, un espíritu, un dios. Que cada uno decida... Es la vida en su sentido profundo.

Entonces, bajo las condiciones comentadas, el ego no es tan demostrativo en el propio sentido de demostrarse, de guerrear, de luchar, de eso propio mundano que es así. La historia de la humanidad es siempre los mismos egoísmos, los mismos conflictos y creo que el yoga es una hermosa semilla para andar a otro paso.

El yoga nos muestra que hay algo más que eso, lo habitual egoico, y que en la vida diaria el que tengamos inconvenientes, bucles, neurosis, peleas, consumos desaforados, sentirnos bien o mal; todas esas cosas son oportunidades porque, en realidad, todo ello son ventanas para seguir creciendo.

El yoga va sanando pero surgen otras historias y se sigue sanando:

¿Quién se da cuenta que uno va sanando? Uno mismo.

¿Desde dónde? Desde la silla.

¿En qué condiciones? Empapados del vivir y en un aprendizaje del flotar y jugar.

La armonía de las partes nos muestran la lucidez en la vida diaria, y ello es un atisbo del misterio del propia acto del vivir en uno. Podemos entonces dar la dirección que queramos a nuestra práctica, decidamos.




Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Huelva, Junio 2020

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