viernes, enero 23, 2026

Un pajar apacible y una cuadra compartida. Una mente calmada y una vida en común.


 "Soy la gota que contiene el océano. Qué bello es ser un océano escondido dentro de una gota infinita"

 Yunu Emre  

El centro del granero o pajar es el de mayor amplitud, es donde apilo las balas de paja y donde también se encuentran los sacos de diferentes granos para el burro, las ovejas y las diferentes aves.

Se encuentra separada de la cuadra por una pared y una puerta. La cuadra es lugar para resguardarse y comer, y para jugar y dormir la siesta. Para protegerse de las inclemencias del tiempo y también sirve de observatorio desde donde otean el horizonte los animales. Es su hogar.

Cuando llego al campo lo primero que he de hacer es alimentarlos. A todo el mundo.

He de seguir un orden para que haya armonía cuando les doy de comer: hay cuatro ovejas, un burro y muchas gallinas y gallos.

Con la horca, que es un palo que dispone de varias varillas o púas largas muevo la paja.  Las balas, pacas, fardos de paja se acumulan unas encima de otras. Son rectángulos prensados de diferentes cereales como la avena, la cebada, el centeno o el trigo que una maquina prensa y "escupe" en fardos, que luego hay que recoger en el campo donde se ha cosechado el cereal, y llevarlo al granero.

El 4 de octubre nació una borreguita, era algo tan pequeño, tan vulnerable, tan minúsculo, que inmediatamente me lleve al burro y al borrego que son muy grandes al prado donde les deje guardados; y allí les dejé, pues temía que sin querer pisaran a la recién nacida. Al mes abrí el prado y el terco del borrego y el burro amoroso se reunieron con sus amigas las borregas. Hay una oveja francesa, una española, y una oscura, la bebita y un borrego francés, la raza se llama Ille de France.

 
 
 Nunca había tenido ovejas, era un pequeño sueño que deseaba. Aprender a criarlos y ver cómo era el día a día. Con el tema de los burros y burras llevo muchos años, y ahora que sólo está Trueno, el burro, conozco cada detalle de como convivir con ellos, pero con las ovejas no tenía ninguna experiencia, y tampoco sabía  cómo se iban a llevar entre ellos.
 
 Han pasado unos meses, y digamos que van juntos a todos lados, aunque cada uno tiene su personalidad y sus modos, resulta curioso como se cuidan, se protegen, y comparten la comida. 
 
La madre de la ovejita es la más lanzada, y la que va en busca de aventuras, y detrás de ella van la hija y las otras dos amigas. El burro y el borrego se encuentran hermanados, es decir, son colegas del alma. El borrego es muy terco y muy comilón, y a pesar que el burro podría imponer su autoridad no lo hace, le deja que se coma su comida y se va a otro comedero, y así van jugando y moviéndose de un lugar a otro en la propia cuadra.
 
Por medio, las aves comen de la comida común, y se abrigan entre la paja en estos días lluviosos.
 
El campo es un lugar en el cual me encuentro conmigo mismo de un modo muy real, y estoy como en mi corazón. Me enraíza muchísimo siempre, pues el trabajo es permanente y  es una obra de creación. Uno va generando situaciones de vida y de belleza, de entrega en la propia sencillez del barro, y en mi caso me encuentro bien. Es mi refugio ante cualquier situación, pero sobre todo cuando la vida trae tempestades y uno ha de estar sujeto a tierra para no salir con el viento huracanado por los aires.
 
Me calma pues la vida en la naturaleza es sosegada, es amable y allá donde mires hay una belleza abrumadora donde sólo puedes dar agradecimiento una y otra vez.
 
Uno es un medio para generar dicha belleza, para educar el corazón, para aprender a conjugarla, olerla, vivirla, sintetizarla, soltarla, amarla. Ya toda la casa se encuentra rodeada de un bosque, y cuando llegue hace  más veinte años era sólo tierra seca, una casa vieja y un árbol. Igual que el yoga me ha enseñado a irrigar mi alma experimentando en mí, ese aprendizaje lo he aplicado a la tierra, a los animales y ellos que son vida, me lo han devuelto con creces.
 
Sólo anhelo volver a vivir aquí. Tuve que irme por una enfermedad, pero ya estoy asimilado, hecho, reconquistado, preparado para volver a casa. Mi hija ya es más grande también. Ahora hemos de recuperar la casa que tiene algunos años de abandono. Es hermoso ver renacer las situaciones cuando parecían muertas, solo hay que regar con cariño y ser constante, tener cada día fe en el amanecer, en el día que nos muestra una vida entera; sus  diferentes situaciones, y en el descanso nocturno, y así día a día, con presencia, con coraje, con calma, entre árboles, pájaros, ovejas y un burro. 
 
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Huelva, Enero 2026 
 

domingo, noviembre 23, 2025

Rito y Sacralidad


 "La nube sólo es libre

de ir con el viento.

La lluvia sólo tiene

libertad para caer.

El agua sólo es libre.

cuando se une,

en sus descensos,

o en su ascenso al aire."

Wendell Berry

 La esterilla es un espacio de entrega, es un espacio sagrado. Un lugar donde nos encontramos con nosotros, y al sentirnos, sentimos la existencia.

Es sencillo de comprender. El yoga no es un ejercicio físico, es una simiente inmensa que genera muchas semillas hacia la espiritualidad, hacia el acto de vernos y reconocernos como parte de un todo.

Cada vez que estemos en esterilla, hay que ir educándose para imbuirse en dicho espacio sagrado. Y al entrar en la sala hemos de ir notando como cambiamos. Las emociones van calmándose: "el mar agitado, aquieta sus aguas". Se nos abre un lugar donde los ropajes se caen, donde es posible cualquier situación que nos ayude a comprender el acto del vivir.

El rito, para su comprensión, le hace falta una reiteración con dirección y rendición. Son esos pequeños gestos que vamos realizando a lo largo de una clase: el saludos, las posturas respetuosas, las pausas, los sucesivos sentires, los gestos de recogimiento, el contacto íntimo en calma, los modos, en definitiva. 

Cuanto menos ego haya en dicha entrega, en el  acto de vivir la clase de yoga, o en nuestra propia práctica personal, mayores aperturas hay para entender lo que estoy expresando. Es decir la dirección es la desnudez íntima, la aceptación, la humildad, la experiencia viva, la regulación, el sentido ético, la base sanadora, el dialogo entre corazón e intuición entre otras muchas cualidades que van surgiendo.

Es importante pues, si no el yoga te transforma en un ser hacia un ego que  vende humo, que siente el humo, que se encuentra envuelto en ello, y dicha ceguera nos va generar mayores inconvenientes para llegar a otras realidades fuera de las habituales.

 Es decir, vamos creando situaciones que se reiteran con una profunda carga simbólica donde el rito es cada vez nuevo, pero su reiteración nos entrega a nosotros y a nuestro interior. Ello va despertando una llama de intuición que nos conecta con algo misterioso y sagrado, algo muy profundo que late en el corazón de la tierra, y entonces nosotros pasamos a ser el filtro de ello, y es lo que transmitimos, lo que nos va transformando.

Lo sagrado es el misterio de la vida, es una dicha, un santosa, una fuerza, un permanente inicio, es un no pensar, es un milagro.

Una vez que atisbo lo sagrado que hay en mí, ya hay un espacio para mi propia sanación. Si hay un espacio dentro de mí, ya tengo herramientas para comprender el espacio que le hace falta al otro para su equilibrio interno.

El rito y lo sagrado han de llevarnos hacia nosotros, pero hacia el otro, pues todos nos conformamos, pues creo que hay que generar espacio comunes de crecimiento, de presencia en la vida y mayores cotas de conciencia.

Madredeus- "O Pastor" 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Noviembre, 2025 

 

 

domingo, julio 13, 2025

Olfateando la vida

 

Son los sentidos los que nos permiten realizar una composición de nuestra realidad, de cómo nos vemos y cómo vivimos el mundo. Dentro del budismo por ejemplo, se considera a la mente como otro sentido más, y diría igualmente que en el viaje interior del yoga surgen diferentes capacidades que nos permiten recabar información sobre lo que nos circunda, y por tanto ayudarnos a comprender, por ejemplo: las vibraciones, pues uno se convierte en una antena con el paso de los años, en un receptor y emisor de sentires, de energías, de lo invisible.

La vida actual con sus apresuramientos, con su engaño de la falta de tiempo, con su codicia en todos los niveles nos va embotando los sentidos. Los va taponando, como si el agua clara fuera cubriéndose de barro que nos impidiera ver el fondo del río. Da un poco de risa comentar que una pantalla no tiene sentidos, pero gran parte del día, la información que recogemos proviene de ahí.

Es decir, entre la falta de espacio de estar con uno mismo en una situación de calma escuchando y sintiendo la vida, a lo que sumamos la dictadura tecnológica en la cual estamos inmersos, se nos va castrando una percepción adecuada de la realidad, y por tanto de una interpretación vital que nos ayude a vivir con mayor plenitud y dicha, y ello nos aleja de nosotros mismos y de los demás. Diría incluso que nos cuesta mantener una narración continua vital sin interrupción tecnológica.

 Los sentidos se van cegando, la vida también, pues  ni sabemos como huele una manzana o una naranja, pues no hay tiempo para buscar una fresca. Antaño percibíamos con una mayor amplitud las situaciones; diría que no se iban acotando, pues creo que una característica de un buen uso de los sentidos es su oportunidad de amplitud, de descubrimiento. Al embotarse es como ver siempre el mismo corral. Hablo de realidades, no en inmediatez, sino en un discurrir de vida natural cuando se nos abre la existencia sensorial.

Entiendo que para recuperar los sentidos hace falta pausa, e igualmente ayudarnos a nosotros mismos a escuchar a la manzana, a olfatearla, a verla en su realidad de manzana, no como un producto para consumir,  reluciente, lustroso, pues el canto del ave sólo la oímos en pausa o en un tempo no acelerado y voraz.

Diría que a los poderes dominantes les interesa que los sentidos se encuentren ofuscados, insensibles, en cárceles prefijadas donde siempre se reiteran las mismas percepciones, y el manejar dichas interpretaciones permite manejar al ser humano, que poco a poco va perdiendo su potencial y su libertad.

El yoga es frescura, los sentidos también. Son presente, la vida también. Por lo que el yoga es una hermosa oportunidad para realizar el viaje de ir recuperando los sentidos y entre ellos el olfato.

Es el olfato un sentido que me atrae, en apariencia invisible, pero fundamental. Lo encuentro muy ligado a lo primigenio de la vida, a la tierra, a la naturaleza de donde provenimos, a la base del animal que somos.  Sin ese sentido no hubiéramos sobrevivido como especie, sólo hay que reflexionarlo un poco para darnos cuenta de su importancia.

Por las mañanas, de madrugada, y al atardecer salgo a pasear. Es un poco antes de la salida del sol cuando al andar con paso tranquilo me llegan los olores limpios, con una mayor nitidez: la sal del mar allá a lo lejos, el diferente olor de los árboles y los arbustos según avanzo por el bosque. Hay días en que siento mediante el olfato que se acercan las lluvias, o huelo un día de sol implacable. Igual que me llega el olor de las personas que amo y ello me remueve el corazón. 

En esos paseos me suelo detener ante un olor o un resplandor visual interno, y huelo la flor, o me restriego las manos para empaparme de su olor. Voy trazando una biblioteca de olores en mi interior dondecada perfume es un regalo que me da la vida en ese momento. Son olores breves, pero a la vez infinitos, eternos, pues permanecen en mí y en la vida que me rodea.

Hay una conjunción de sentidos, pues la vista aprecia la belleza, el tacto la acaricia, el sonido de las hojas me envuelve, y el olfato me lleva a mis ancestros, me lleva al origen, y a la vez siento que me ubico, que estoy colocado en el lugar que tengo que estar, me da una sensación de presencia inmensa, y sigo así, día día, paseando con mis pausas para sentir por los sentidos, y sobre todo me gusta oler la vida en estas diferentes situaciones, pues me recuerda que estoy vivo.

 Entre los animales es el olfato el que permite su supervivencia, su reproducción, la elección de pareja, su actuar en dicho momento. El mastín por ejemplo, la liebre o el burro,  aquí en casa, no dejo de asombrarme cuando levantan el hocico y reciben los olores de kilómetros, allá en lo lejos. Si el mastín olfatea peligro ladra; si la liebre percibe el brote verde, va hacia él por el olfato, y lo come lentamente; el burro, igual que el mastín decide en el último momento que hacer de acuerdo al olor, o permanecer en la estática y salir al trote en busca de una nueva aventura.

El yoga  nos va afinando los sentidos y nos ayuda a realizar un panorama de la realidad con un presente más veraz, pues el continuo afinar genera una mayor claridad donde hay menos barro en el agua descubriendo que hay una mayor nitidez de fondo, una realidad de mayor amabilidad.

 Además la propia practica de las diferentes posturas de yoga  ligada junto la respiración es un continuo fluir consciente  al percibir el mundo al inhalar, y es un limpiar lo interno al exhalar. Ya en la vida ese trabajo interno que realiza el yoga con la atención, potencia y amplifica los sentidos, ayudando a llevar las situaciones de vida hacia lugares de mayor ternura y belleza, para llevarnos de la mano a nuevos descubrimientos cotidianos.

Creo firmemente que la respiración dispone de una inteligencia que nos riega de vida lo interno, por tanto el olfato es ese canal de entrada de la inteligencia que recorre el universo y entra en nosotros, nos recorre, nos sana, nos limpia y vuelve hacia el cielo para que otro ser vivo lo siga compartiendo. El respirar no impone fronteras, y los olores tampoco tienen amo, por tanto el disponer de ese sentido agudizado nos ayuda enormemente en apreciar qué somos en contacto con la tierra y con el cielo, con lo tangible y con lo intangible, y nos hace darnos cuenta que todo se comparte, pues la vida es la de todos cuando la vivimos.

 

"Polk Salad Annie"-Tony Joe White 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Julio 2025

 

 

 

 

 

 

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