viernes, julio 10, 2026

Meditacion, enraizamiento y transformación

 

 


"Los dos existen por causa del Uno,
Pero no te aferres siquiera a este Uno;
Cuando la mente no está perturbada,
Las diez mil cosas no prodigan ofensa"
Shinjin-no-mei  (parrafo 11)

 Meditar es ante todo una decisión. El acto de sentarse en un zafu, cojín o banquito, y permanecer con uno aprendiendo a estar con uno no es fácil, implica para empezar, sentarse y apartar de lo interno cualquier obstáculo que genere la mente para no hacerlo, como por ejemplo, no tengo tiempo para meditar.

Si nos sirve de paradoja, cuando uno lleva tiempo meditando, el tiempo desaparece como tal, sería otra falacia más que se va desarmando. 

 La mente y el cuerpo son de un funcionamiento, digamos muy de acomodarse a lo conocido, en el sentido que podemos pasarnos toda una vida dando vueltas a los mismos pensamientos, acompañados de sus correspondientes emociones, y realizando los mismos movimientos corporales, teniendo las misma reactividades; es como si se generara un espectro de existencia con unas fronteras bien definidas donde me asiento. Es como vivir dentro de un castillo rodeados de un foso, a mi entender.

Pero dicho asiento existencial es diferente a sentarse a meditar. El castillo va abriendo los portones poco a poco, dejando entrar el aire y la luz.

Posiblemente el acto de meditar, y ahí radica su belleza, su apertura; es que desde una aparente estática, donde uno observa lo que uno cree que es, y observa los parámetros bajo lo cuales uno vive, estos se van desarmando como un castillo de naipes, y según profundiza en la práctica meditativa, va entrando con el paso de los días, las semanas, los meses y los años en uno mismo, y se va dando cuenta de las construcciones creadas, a las cuales de agarraba como clavo ardiendo, y va observando que caen como si una torre de Babel cayera una y otra vez. Resulta sorprendente, pero es así. 

Entonces uno se da cuenta. Su conciencia se amplía. Su corazón se dulcifica. 

 Esas capas de realidades desmoronadas van vaciando el trastero mental-emocional-espiritual, y en nosotros va naciendo una realidad diferente que se plasma es nuestro quehacer diario. Es una realidad de mayor viveza, de mayor comprensión, hay amplitud, son claridades que no son tan opacas y reiterativas.

Posiblemente lo que mayor asombro me causa, es la dulzura que nos invade, la sensación de vulnerabilidad.

Uno se va dando cuenta de cómo es como persona, con sus penumbras, con sus luces, con sus pensamientos por aquí, por allá, con sus neurosis, sus bucles, sus bondades; uno se nota unas veces agitado, otras veces muy calmado en una profundidad insondable. En todo caso, uno va ahondando en uno, y ello le permite verse, tomar conciencia de su realidad, de su persona, y ese acto ya implica una transformación real en uno, y a su vez, en la realidad que lo circunda.

Al ir dándome cuenta de quién soy, de su continua y permanente transformación, estoy despertando una conciencia viva donde metafóricamente van naciendo raíces, que es el enraizamiento en la presencia de reconocerse uno mismo en el acto de vivir en un presente continuo, y donde dichas raíces son esa totalidad de sentirse vivo y unido a la vida, donde ya no hay tanta paja que arde bajo la superficialidad de las situaciones. 

Es decir, uno siente un mayor estado de Ser en en día a día, y no va corriendo adherido con pegamento ante cualquier pensamiento propio o de un tercero, o ante cualquier situación cotidiana. Es un acto de soberanía. Nos mantiene en una presencia enraizada ante el presente que vive con una conciencia activa.

Una persona enraizada que medita y que va vaciando su persona meditando genera un espacio interno que le permite fluctuar ante la vida, pues como digo habitualmente, solemos errar, y el meditar nos ayuda a vernos, pero curiosamente ese error continuo al vivir, -pues somos pura imperfección-, es una situación maravillosa, una bendición, pues nos ayuda a transformar, nos ayuda a ser más humildes, nos ayuda a comprendernos y comprender, a perdonarnos y perdonar.

La meditación igualmente nos lleva hacia estados de calma, donde la serenidad y el silencio que nacen de estar sentados en ese momento es como una isla que va ampliando continente dentro de nosotros, y nos genera una dicha muy hermosa.

Diría como en yoga, que es un camino de la cabeza al corazón, de la periferia al núcleo, de la distracción a la realidad, de lo denso a lo ligero, de no sentir la piel, a sentir la piel de la tierra que habitamos y vivimos. Es magia, y sólo consiste en sentarse. 

 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, 10 de Julio, 2026 

miércoles, junio 24, 2026

La belleza inusitada


Me pasa, que continuamente me quedo anonadado, en un silencio profundo, es como si un rayo invisible, como si unos rayos invisibles me mostraran una realidad hermosa viva en su calma, en su bella serenidad, es una estática dinámica rebosante de color y vida, plagada de unidad. 

Aparece por sorpresa, por doquier, no avisa, es inesperado y reconfortante, como la esponjosidad de una pequeña nube. 

 Me quedo inmóvil observando lo que la vida me está mostrando en ese momento, son detalles, son escenas, son colores, son equilibrios de armonía. Siento que me hablan y que me dicen: "¿Te das cuenta?".

  Creo que es el corazón el que me obliga a detenerme, mi cabeza le ayuda estando en una profundidad de silencio, a veces oigo voces, pero no les hago caso, me siento cómodo asentado en ese silencio profundo. 

Es un caudal que aparta el ruido. Es creativo y fértil, y y dicha efusividad se hace patente en lo que me muestra en su mirada.

Hay amor y calidez. Me acoge, siento su abrazo.

He sido constante en los últimos años en educar mi mirada, en lo posible, en ir ablandando mi corazón. No siempre es así, pero persisto, me equivoco y me endurezco a ratos, pero cada vez me ha ido resultando más fácil mirar de nuevo con asombro, y volver a sentirme vulnerable. Diría que estoy lleno de cicatrices y achaques del vivir, pero cada vez siento mayor ligereza, claridad, sentido.

Digamos que he ido profundizando en mi sensibilidad. Ello no significa que me pase el día bailando en dicha, significa que me siento sensible y abierto, y como decía antes, noto fácilmente cuando me cierro, entonces dejo que el caudal empuje y pum, me vuelvo a abrir.

Por cierto la apertura duele, pero no pasa nada, es que es así, no es un dolor lacerante, es parte del equilibrio, forma parte del surfeo, de la danza vital. 

No es fácil bailar en el caudal, hay oleajes y diferentes mareas, hay días demasiados luminosos, tórridos pero también hay noches frías, pero a pesar de eso, lo cierto es que no lo cambiaría ni daría un paso hacia atrás de lo recorrido.

 Esos momentos, son esos momentos, donde siento ese hilo de existencia. Aparecen y desaparecen, se asoman y súbitamente no están, el truco es no buscarlos, es estar. 

Hay situaciones, semillas de consciencia que siguen trabadas, pero no importa, ese corazón que mira va derritiendo realidades donde se van abriendo las cortinas del teatro. Se genera un pequeño goteo de conciencia que me ayuda a seguir avanzando ¿ A dónde?. Ya sé que no  hay lugar  a dónde ir, sólo he de seguir andando disfrutando de lo que me ofrece el camino, de esa mirada iniciática. 

 La mirada junto con su corazón van ampliándose, transformándose, y por doquier surge la belleza del vivir, que se va plasmando en el continuo andar del caminante.

Es como navegar en un antiguo bajel siguiendo las estrellas apartando la espuma de las olas ante un horizonte infinito.

 

 Artículo escrito por Carlos Serratacó

Junio 2026

Huelva, Andalucía 

Prince-"Purple Rain" 

 

viernes, enero 23, 2026

Un pajar apacible y una cuadra compartida. Una mente calmada y una vida en común.


 "Soy la gota que contiene el océano. Qué bello es ser un océano escondido dentro de una gota infinita"

 Yunu Emre  

El centro del granero o pajar es el de mayor amplitud, es donde apilo las balas de paja y donde también se encuentran los sacos de diferentes granos para el burro, las ovejas y las diferentes aves.

Se encuentra separada de la cuadra por una pared y una puerta. La cuadra es lugar para resguardarse y comer, y para jugar y dormir la siesta. Para protegerse de las inclemencias del tiempo y también sirve de observatorio desde donde otean el horizonte los animales. Es su hogar.

Cuando llego al campo lo primero que he de hacer es alimentarlos. A todo el mundo.

He de seguir un orden para que haya armonía cuando les doy de comer: hay cuatro ovejas, un burro y muchas gallinas y gallos.

Con la horca, que es un palo que dispone de varias varillas o púas largas muevo la paja.  Las balas, pacas, fardos de paja se acumulan unas encima de otras. Son rectángulos prensados de diferentes cereales como la avena, la cebada, el centeno o el trigo que una maquina prensa y "escupe" en fardos, que luego hay que recoger en el campo donde se ha cosechado el cereal, y llevarlo al granero.

El 4 de octubre nació una borreguita, era algo tan pequeño, tan vulnerable, tan minúsculo, que inmediatamente me lleve al burro y al borrego que son muy grandes al prado donde les deje guardados; y allí les dejé, pues temía que sin querer pisaran a la recién nacida. Al mes abrí el prado y el terco del borrego y el burro amoroso se reunieron con sus amigas las borregas. Hay una oveja francesa, una española, y una oscura, la bebita y un borrego francés, la raza se llama Ille de France.

 
 
 Nunca había tenido ovejas, era un pequeño sueño que deseaba. Aprender a criarlos y ver cómo era el día a día. Con el tema de los burros y burras llevo muchos años, y ahora que sólo está Trueno, el burro, conozco cada detalle de como convivir con ellos, pero con las ovejas no tenía ninguna experiencia, y tampoco sabía  cómo se iban a llevar entre ellos.
 
 Han pasado unos meses, y digamos que van juntos a todos lados, aunque cada uno tiene su personalidad y sus modos, resulta curioso como se cuidan, se protegen, y comparten la comida. 
 
La madre de la ovejita es la más lanzada, y la que va en busca de aventuras, y detrás de ella van la hija y las otras dos amigas. El burro y el borrego se encuentran hermanados, es decir, son colegas del alma. El borrego es muy terco y muy comilón, y a pesar que el burro podría imponer su autoridad no lo hace, le deja que se coma su comida y se va a otro comedero, y así van jugando y moviéndose de un lugar a otro en la propia cuadra.
 
Por medio, las aves comen de la comida común, y se abrigan entre la paja en estos días lluviosos.
 
El campo es un lugar en el cual me encuentro conmigo mismo de un modo muy real, y estoy como en mi corazón. Me enraíza muchísimo siempre, pues el trabajo es permanente y  es una obra de creación. Uno va generando situaciones de vida y de belleza, de entrega en la propia sencillez del barro, y en mi caso me encuentro bien. Es mi refugio ante cualquier situación, pero sobre todo cuando la vida trae tempestades y uno ha de estar sujeto a tierra para no salir con el viento huracanado por los aires.
 
Me calma pues la vida en la naturaleza es sosegada, es amable y allá donde mires hay una belleza abrumadora donde sólo puedes dar agradecimiento una y otra vez.
 
Uno es un medio para generar dicha belleza, para educar el corazón, para aprender a conjugarla, olerla, vivirla, sintetizarla, soltarla, amarla. Ya toda la casa se encuentra rodeada de un bosque, y cuando llegue hace  más veinte años era sólo tierra seca, una casa vieja y un árbol. Igual que el yoga me ha enseñado a irrigar mi alma experimentando en mí, ese aprendizaje lo he aplicado a la tierra, a los animales y ellos que son vida, me lo han devuelto con creces.
 
Sólo anhelo volver a vivir aquí. Tuve que irme por una enfermedad, pero ya estoy asimilado, hecho, reconquistado, preparado para volver a casa. Mi hija ya es más grande también. Ahora hemos de recuperar la casa que tiene algunos años de abandono. Es hermoso ver renacer las situaciones cuando parecían muertas, solo hay que regar con cariño y ser constante, tener cada día fe en el amanecer, en el día que nos muestra una vida entera; sus  diferentes situaciones, y en el descanso nocturno, y así día a día, con presencia, con coraje, con calma, entre árboles, pájaros, ovejas y un burro. 
 
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Huelva, Enero 2026 
 

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