martes, febrero 02, 2021

Una ética del vivir

 

"En la práctica espiritual solo hay dos cosas: te sientas y barres el jardín. No importa lo grande que sea el jardín". Dicho Zen

 

Desde que era un chaval me ha llamado la atención la ética. En la carrera una de las asignaturas que más me gustó fue Ética y Deontología, sobre todo, porque el profesor era una persona completamente atípica y enloquecida, y su discurso penetrante y curiosamente certero hicieron indagar en mí. A la par, la lectura de los clásicos me hicieron sentir el asombro de sus planteamientos, su claridad. Eso fue hace muchos años.

Con el yoga, en mi despertar de conciencia, he podido seguir haciéndome preguntas y, por ejemplo, he profundizado en el estudio de la virtud cristiana y en el budismo, sobre todo, bajo el punto de esa ética común. Con ello, he podido abrir nuevas vías de reflexión, seguir ahondando en posibles respuestas y en abrir nuevas dudas, y quizás alguna certeza.

Son tiempos convulsos, y son esas épocas de la historia en las que es importante practicar de facto una ética, un saber estar, y para ello resulta esencial mantener viva una conciencia que se exprese y actúe en consecuencia con ello.

Dentro del yoga hay de todo, como en la vida, pero creo que el alumnado que se inicia en estos lares ha de ser consciente de que la semilla que nace de su práctica nos ha de mostrar nuestras contradicciones, nuestras densidades, pues desde esa misma claridad que nace de la conciencia podemos ver dichas disparidades y direccionar adecuadamente.

Es decir, creo firmemente que el yoga nos ayuda a andar hacia un ser humano más completo, y me atrevo a decir, y no con la boca pequeña, hacia un ser humano con mayores cualidades espirituales, donde podemos poner en práctica una ética del vivir.

Es decir, no creo en el "todo vale", tampoco creo que "el éxito en la codicia significa que uno sea mejor persona", es decir, no creo en muchos de los parámetros existentes, que como es normal también empapan el yoga, pues el yoga es vida, y en la vida existen esos egoísmos.

De la conciencia nace una ética viva, y si no está viva, está muerta, y si está muerta pues mi recomendación es que ello nos tiene que llevar a una reflexión en la acción.

Creo en la responsabilidad de ser profesor, también creo en la responsabilidad del alumnado, igual que creo en la responsabilidad de ser humano.

Soy de los que tienen fe en la vida, que siente dicha y contento del vivir, que aprecia la belleza insondable del vivir y que con estas letras sencillamente pretendo decir que es ahora cuando toca tener el coraje de ser, y que dicho ser ha de apoyarse en una ética en la acción del vivir.


The Temptations-"Masterpiece"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Escuela de Yoga y Conciencia

Asociación Onubense de Yoga

Huelva, febrero 2021


domingo, enero 17, 2021

La dispersión hacia la continuidad o la unidad en yoga

 


Soy de la opinión de que una forma de dominio entre seres humanos es mantenerlos distraídos, es decir, cuanto menos estén en ellos mismos y más en las distracciones imperantes e impuestas, mayor beneficio para terceros bajo la modalidad de poder que sea. 

El yoga nos permite vernos y, si me veo, me doy cuenta de mí estando en mí, y desde ahí decido estar distraído o no. Hay una fuerza integradora que he nombrado más de una vez, y dicho caudal unitario se encuentra si uno se mantiene en la vía del yoga  de lo interno. Y ello es lo que señala el andar hacia la unidad, evitando demasiadas distracciones.

Pero, ¿qué son las distracciones bajo el supuesto que planteo? Por ejemplo, una gran mentira es que tenemos que "estar conectados". Para ello todo ha de ser e-inteligente y en red: el móvil, la televisión, la aspiradora, la mascota... las relaciones... cualquier cosa o situación. Sencillamente no es cierto. Nada más, no creo necesario dar demasiadas explicaciones. Es sencillo de entender, la vida no es una pantalla, aunque queramos cubrir nuestros huecos con ellas. 

La vida es para vivirla y tapar los huecos crea quesos gruyeres que se acaban descomponiendo.

Permanecer pendiente de ello, de una pantalla, es el gran pelotazo de la distracción y del dominio social. Es un simple ejemplo.

Creo que el yoga camina hacia liberarnos, de capas de caspa, o podemos llamarle capas de cebolla, o capas de realidad impuestas, y es un camino bello el ir transformando dichas capas e ir abriendo espacios en nosotros menos manidos, menos esclavos, más libres para apreciar la vida en su plenitud.

Por tanto, un buen modo de ampliar nuestro recorrido en yoga es saber apreciar y sentir qué es sentir la unidad, el yoga en nosotros, y ver qué nos distrae. Es un camino interminable pero esclarecedor. Además, esa fortaleza integradora va diseccionando cada vez con mayor facilidad lo superfluo y, en su presente continuo, va creando y discerniendo. Es decir, algo en nosotros nos va a ir diciendo los pasos, nos va a ayudar a volver a levantarnos al caer y nos va a traer la enseñanza, el aprendizaje, la dicha.

Creo necesario estar muy presente en tierra aprendiendo a entregarse en presente a la vida en real, evitando pantallas y tanta proyección.

Recordemos que el yoga ha de llevarnos hacia que nuestra vida sea más sencilla y menos protagonista. Ese es el modo de poder mirar de frente y que nuestra mirada abarque una panorámica de mayor amplitud desde lo cercano de ser nosotros, vivos, no distraídos.


El último de la fila- "Como un burro amarrado en la puerta del baile"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Escuela de Yoga y Conciencia

Asociación Onubense de Yoga

Enero, 2021

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