Cuando uno lleva ya tiempo practicando
yoga, o realiza algún curso de profundización, o de formación en yoga, surge
una llamita dentro de uno que le invita a practicar en casa. Por otro lado, el
profesor insiste mucho en ello. Uno empieza practicando posturas, y ese foco se
va ampliando hasta que todo en lo cotidiano es simplemente yoga: la postura era
la excusa para darte cuenta, para verte y, a partir de ahí, todo se expande.
Vamos a comentar un poquito las ventajas
que me puede dar una breve práctica en casa. Lo realmente interesante es que esa práctica
son como escalones, es decir, según practicamos, las ventajas van creciendo,
pero para eso hay que ser paciente.
1. Quitarse el miedo.---------------------------------------------------------------------------------------------
Creo que sería un buen primer paso
aprender a no tener miedo, es decir, "creo que no sé qué posturas de yoga
he de hacer a pesar de estar practicando desde hace tiempo en clases de
yoga, y me da miedo no saber hacerlas o hacerlas mal". En realidad eso es
una "resistencia" para no practicar.
¿Sabéis qué es realmente hermoso? Empezar
y darte cuenta que ese poquito cada día me hace sentirme bien.
Siempre he creído que las posturas de
yoga no se hacen bien o mal, simplemente las sientes en tu búsqueda. En clase,
con el profesor, él te indica la dirección de la búsqueda, pero tú en casa, tú eres responsable pleno de tu camino, eso es maravilloso.
En realidad sí sabes. Además, solo has
de colocar tu esterilla, o una toalla o ponerte encima de la alfombra y empezar
a "sentirte"; déjate llevar, tu cuerpo es sabio. Solo estate
atento a tu cuerpo y tu respiración, la mente poco a poco tomará un papel no
tan activo, y te dejará ese espacio de disfrute nuevo que te ofrecen tu cuerpo
y tu respiración.
Tómate tiempo para disfrutar, no tengas
ninguna prisa y trata de huir desde el primer momento de la competitividad o el
afán de querer llegar a algún lado en la postura. Esa no me parece una buena
idea. Creo que el camino es "tener tu pequeño espacio para sentirte y
experimentarte", y ya está. Y nadie tiene la potestad para decirte que
tienes que llegar al suelo con la punta de la nariz. Ahí estaría actuando la
mente que juzga y compite, y me parece que lo primero que dijimos es que
escucharas a tu cuerpo.
2. Ser constante y disciplinado.---------------------------------------------------------------------------
En realidad, si eres constante, ya has abierto un hueco importante en tu vida donde penetras en calma y donde te recorres sin tanta manipulación ni colonialismo exterior. Es decir, te habitas, te vives.
Y cuando a uno le ocurre eso, se da cuenta de que la constancia resulta esencial. Pues para estar vivo hay que ser constante y disciplinado, si no la vida se te escapa entre los dedos entre tanto ensueño.
Todos los días, un poquito de práctica. Solo un poquito. Sin proyectar, sin pensar en el futuro.
Solo tú, y tu presente, en la práctica.
Para ello es muy importante ser
disciplinado, ¿esto qué quiere decir? Ante todo quiere decir que hay que ser
amoroso, pero firme, pues al cuerpo, a la mente se la está educando para
domarla, y como decimos por estas tierras: "el cuerpo es muy perro". Pues
eso, hay días que te levantas y no te apetece practicar, pero es que la
cuestión no es si te apetece o no, "la práctica es
la práctica" una vez que has iniciado tu periplo
yóguico.
Esto de la disciplina implica una comprensión
importante de los yamas y niyamas, por ejemplo, "Tapas", que es el
trabajo interno, el fuego que quema las impurezas, el aspecto austero, simple y
limpio de la entrega en la práctica. Próximamente os hablaré de
"tapas". También resulta importante "ahimsa", la no
violencia es esa práctica. El amor al realizarla. O "Santosha", el
deleite que te produce todo ello al conectar con tu esencia.
3. Atención a los cambios y a la
escucha.---------------------------------------------------------------
Uno va cambiando, es decir, todos los
días uno no está igual, yoga es cambio, y en esos pequeños momentos que
dedicamos a la práctica resulta indispensable escucharse, sentirse, ser consciente de los pequeños cambios que se producen en
nosotros.
Y desde esa entrega en escucha, en alerta
interna, vamos modificando la práctica. Es decir, ir
cambiando la práctica supone realizar pequeños gestos, ligeros cambios en
las posturas que vamos realizando.
Hay que tratar de no ir automáticamente
a realizar posturas. Creo que lo adecuado es realizar pocas y con sentido y con
sentimiento, y sobre ellas ir realizando modificaciones y, luego, ir cambiando
según aprendamos a escucharnos.
Mover una mano en una dirección, o en
otra; mover una pierna, mientras que otra se mantiene en la estática. Me lo
estoy inventando, pero son pequeños gestos que modifican una postura. Por eso es
importante investigarse, para seguir ahondando.
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Julio 2015
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