sábado, noviembre 16, 2024

Atardece estando en uno

 


"El miedo es un modo brutal de dominación y de condicionamiento hacia el otro, y hacia la población"

Carlos

 Hubo un tiempo que al atardecer no encendía las luces de la casa. Dejaba que la oscuridad del horizonte  fuera penetrando, y que la noche me fuera envolviendo.

Entonces encendía una pequeña vela a modo de pequeño faro  en mitad de la noche oscura.

Me sentaba a sentir el silencio, y los pequeños sonidos distanciados que de vez en cuando me traía la naturaleza: un ladrido lejano de un perro, el canto de la lechuza del olivar.

Esas circunstancias en las que me encontraba lo denominaba la propia soledad del ser, situación de espíritu que me hacía enormemente dichoso.

No necesitaba ni ruido interno, ni externo, ni luz artificial para sentirme acompañado. Era suficiente con permanecer en mí y escuchar la vida.

El yoga es tan sencillo, y tan enormemente amplio.

"Pregón del miedo"-David Lagos

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Noviembre 2024

martes, octubre 22, 2024

Los pequeños gestos en yoga

 

¿ En dónde guardan los ojos sus tesoros ? Alejandra Pizarnik

Habitualmente practicamos el yoga mediante posturas o asanas. Es importante que sepamos que las posturas a la vez que nos movilizan el cuerpo y su musculatura, nos mueven las emociones, actúan directamente sobre la mente, permiten y generan autopistas respiratorias irrigando unas partes más que otras, y todo ello modifica nuestro campo de conciencia. Igualmente, como siempre comento, creo que el resultado es así en el conjunto, si al impartirlo, se hace bajo determinadas condiciones.

Una postura tal cual, sin sentido, a pelo, digamos me parece una situación grosera. Pues creo que una clase de yoga es un viaje al interno, donde vamos conjugando lo comentado para llegar hacia situaciones novedosas de conciencia, de sentir, de sensibilidad, de descubrimiento, en definitiva es una labor lenta, donde es lo mismo las semanas, los meses, los años que pasen.  Importa, digamos, ese viaje de  conciencia. Por lo que una clase dispone de una progresión respetuosa donde de acuerdo al propio trayecto interno del profesorado se puede crear música en el alma, o posturas puramente físicas.

Según va pasando el tiempo una propia postura se convierte en pequeños gestos de comprensión cada vez mas sencillos, donde dicho gesto supone una luminaria de conciencia hacia el alumnado. Ello es así porque uno ha crecido como persona, como ser humano, y su yoga ha ido tomando a derribo esa mente dura y exigente, y la ido llevando de viaje mediante el sentir hacia un corazón dulce. 

Por lo tanto es lo natural que en nuestra vida aparezcan los pequeños gestos de amor, de ternura, de compresión hacia las personas que queremos, donde seamos capaces de entrar en nosotros para acompañarnos de otro modo, digamos con mayor humanidad, para así ser capaces de compartir nuestra humanidad con nuestros semejantes.

Son muchos los obstáculos para llegar al pequeño gesto sencillo de sentirse humano, y es la capacidad de cada uno la que permite indagar en si mismo hacia un yoga plagado de vida. Si perseveramos vamos encontrando en nosotros señales de compasión, de fortaleza, de coraje, de vulnerabilidad, de amor, de dulzura, de belleza, donde nuestro pequeño mundo se hace infinito, y se convierte en situaciones de mayor amplitud y de tolerancia.

                                          

 Bailarines: Edward Watson and Marianela Nuñez

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, octubre, 2024

                                          


    

domingo, septiembre 29, 2024

Recorriendo el alma en la sensibilidad del yoga


"En lo que se ve debe haber solamente lo visto; en lo que se oye, solamente lo oído; en lo que se siente

( olor, gusto, tacto), solamente lo sentido; en lo que se piensa, solamente lo pensado"

Udána I,10

El yoga me parece un recorrido de lo interno donde la observancia de uno mismo nos abre cauces de sensibilidad insospechados, nada conocidos en lo habitual, hasta que uno los va sintiendo y experimentando, pues quedan insertados en nuestra alma y nuestra piel. La vida se transforma, su belleza nos nutre, nos abraza y nos clarifica, nos ayuda a ver.

 Este fluir permanente de vida no se encuentra unicamente plagado de dichas y felicidades varias, sino igualmente de otras miradas hacia lo que uno es y hacia lo que es el mundo, y sobre todo, nos recorre las entrañas sobre el sentido de nuestra propia existencia, y por tanto el abanico de situaciones es variopinto y muchas veces desconocido, y plagado de descubrimientos.

 Por tanto, unas veces uno siente mucha felicidad ante la propia vida, ante lo que te ofrece y ello te ayuda a generar anclas ante los propios vaivenes que genera ese recorrido y disfrutar en pausa de ese surfeo más apacible y dichoso, pues otras veces aparece un sufrimiento fuerte, que el propio caudal rebaja a su lugar, y lo acoge para sumarlo a la gran comprensión  de lo que es uno mismo. A veces ese sufrimiento o confusión grande te arrastra, resulta entonces necesario ni proyectar ni adherirse, sino enraizarse con brío al presente.

Sin un eje interior claro, una escucha  interna adecuada, y como comento, un enraizamiento firme en el presente, y sobre todo, una mente calmada y vigilante creo que resulta complicado viajar hacia profundidades de uno mismo, donde es el propio sentido del yoga el que te va dirigiendo. 

Hablo al hablar de lo interno, del propio nacimiento de nuestra espiritualidad, la capacidad de abrirnos a la totalidad, aunque duela muchas veces.

Entiendo además que va surgiendo, o se van abriendo esas puertas del misterio de acuerdo a nuestra propia capacidad de entrega y  apertura a esa totalidad, y sabemos que eso es muy difícil. Ademas sin una experimentación clara sobre las propias herramientas que te pueden ayudar a volver al eje, o mantenerte en el presente, o sencillamente estar  vivo caiga lo que caiga requiere una entrega sin meta, solicita un escalonado lucido, y una constancia adecuada y adaptativa aunque surjan las confusiones y las distracciones, o las vueltas hacia atrás.

Ahora hablemos en cristiano para entendernos: el yoga te muestra la vida tal cual es, por tanto si tienes coraje, te muestra tu alma tal cual es. Cuando hablo de alma hablo de ese corazón no almidonado entre tantos cerrazones, hablo de un corazón propio donde la cicatriz duele y uno la mira y la acepta, o si hay heridas va aplicando curas. Podríamos decir que uno no se esconde ante uno mismo, y se enfrenta a sus propias contradicciones, y no huye hacia ningún lugar, ni tampoco se engaña y vive con dicha narración, y como podemos imaginar,  el no esconderte de ti, eso a veces, es una mierda, pero es preferible a un engaño en vida o el vivir auto referenciado bajo capas de mentira. Prefiero ir hacia el desnudo integral, quitarme los ropajes.

 Hablando de mierdas, que por cierto la de burro, no huele mal, y la de oveja es algo más fuerte, puedo decir que estos días la he estado recogiendo en carretillas, pues cada vez que saco a dar un paseo a Max el mastín, bajo una carretilla a la entrada del campo, y literalmente, la subo llena de mierda, sobre todo ya más seca. Luego son los árboles, los insectos y la propia tierra y vida la que se regenera con dicho regalo, pues podríamos decir que lo mismo pasa con lo interno, uno nunca quiere ver nada y va endureciendo el corazón, pero cuando mira la mierda de frente, cierra los ojos, y al abrirlos hay una flor, o muchas flores.

Es decir el mirarnos duele unas veces y otras no, pero si te duele y sigues mirando muchas veces nacen situaciones hermosas e inesperadas, nace el canto de la vida, que es el canto de las aves. Nace la brisa que te mece mientras acaricia tu piel. Nace tu capacidad de darte cuenta en paz de como todo se ayuda, y se une a ti.

Es importante recordar que cerramos los ojos a lo que somos  con aquello superfluo que nos ofrece el medio o con aquello inoperante que nos ofrece nuestro ego. Ya depende de nuestro propio camino el que sepamos encontrar o no una buena azada, o corta setos para desbrozar la tierra, o el bosque de nuestro interno.

Volvamos ahora al título del artículo: entiendo el recorrer como visitar caminos inexplorados en la propia orografía montañosa de nuestro interior, y entiendo que al recorrer lo nuevo o recorrer aquello que no queríamos ver y que nace de aquello que estaba escondido, nos vamos transformando en seres vivos con una mayor sensibilidad. 

Es como cuando haces posturas yoga y eres capaz de escucharte y disponer de unas pausas para sentirte, pues de ahí vas abriendo puertas a tu corazón y vas desestructurando una mente condicionada, pues lo mismo pasa aquí. Uno va aprendiendo a sentirse, y también es consciente que el sentir tampoco es un dios idolatrado, sino un modo de mirarse y mirar la vida, lo cual también solicita equilibrio y serenidad.

Entonces uno aprende a mirarse el corazón y a mirarse a uno mismo, y ello te permite percibir el mundo y tu vida bajo prismas completamente diferentes a los habituales, y vas siendo consciente, es decir te vas dando cuenta de la gran aventura en la cual te has embarcado, pero no te domina el miedo pues es la propia presencia la que te coloca de nuevo en el eje para seguir andando y cayendo, andando y levantándote, andando y viviendo.

 

"Bach, ´Suite 1 violonchelo-"JIn Kyung Kim 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Septiembre 2024



jueves, julio 18, 2024

El lenguaje de la naturaleza, el lenguaje del yoga, los sentidos

 

¿Cómo se puede hallar una gota de agua fresca en un montón de huesos secos?

antiguo dicho zen


Por suerte, y gracias a la bondad de los dioses, el yoga no nace ni de las redes sociales, ni de egos desmesurados. Nace hace miles años, cuando las personas vivían de otro modo: vivían en comunión con la naturaleza. Quizás hasta podíamos retroceder a cuando nuestros ancestros habitaban las cuevas, y en ese silencio sobrecogedor y húmedo de una profundidad montañosa se sentaban a meditar para indagar en ellos o para dialogar con alguna presencia que sentían.

¿Quién sabe quizás, que al hacerse el humano uno con el bosque y con las praderas para poder así, mimetizado en el medio, entre la hojarasca y los árboles, siendo pura calma y pura escucha para poder cazar, para sobrevivir, ello fue el germen de muchos planteamientos del yoga?

El yoga despierta en nosotros muchas habilidades extraordinarias que me recuerdan a lo que digo, por ejemplo, nuestros sentidos recuperan su potencialidad, y no sólo eso, sino que nos abren a otros sentidos, como por ejemplo el sentido de la mente, el sentido de la intuición, de la sensibilidad, de las diferentes vibraciones, etc. Partimos de la base que nuestra cultura materialista y egoísta centrada en el derecho democrático de vivir cómodos y con derecho a la queja permanente nos ciega los sentidos. Un yoga con una adecuada dirección nos quita la venda de dichos sentidos, los revitaliza, y nos descubre otros. Los sentidos como órganos de recepción de información que luego procesamos para una adecuada supervivencia o un buen saber actuar el yoga los unifica, los centra y los discierne, sabiendo que es lo más adecuado en ese presente vivo, pues es ese propio centro vital el que clarifica, une y decide, dando así una versión de la realidad adecuada y más de acorde con lo que sucede.

Recordemos que sin una mente entrenada en la limpieza de impurezas y sin adecuar nuestro interno hacia la claridad de la luz, aquello que perciben los sentidos mal interpretarán los estímulos, y estaremos sobre todo marchando en zigzag de aquí para allá apegados a cualquier futilidad. 

Los humanos entonces disponían de otras circunstancias donde resultaba esencial comprender el lenguaje de la naturaleza, pues podemos decir que la naturaleza nos habla, nos dialoga, y nos comunica, como si fuera una gran sentido mayúsculo, con la ventaja que somos naturaleza, por lo cual, al ser el conjunto la propia sustancia vital, la comunión es mayor.

Ese cazador en el bosque, sus sentidos, su percepción, su consciencia y su modo de saber estar se encontraban imbuidos en el silencio de ser para poder así cazar a su hermano del bosque, la pieza. Comía por necesidad, no por hedonismo nutricional y tenía la valentía de arriesgar su vida en ello. No es como ahora, donde miles de animales encerrados en jaulas desde su nacimiento hasta su muerte, acaban en una bandejita de plástico impoluta e impecable. El cazador de lo interno comprendía el lenguaje de la naturaleza y por ende su propio interno con el cosmos.

 Nosotros actualmente ya estamos cazados, diría que siempre somos la presa, ligados a las mismas rutinas y los mismos quehaceres, y ciegos entre tanto absurdo alienado. Somos esclavos y presas de nuestras propias falacias, plagados y apegados a cualquier aspecto de nuestra personalidad  o emoción que ni sabemos de donde surge, ni nos lo preguntamos. No hay escucha, tampoco comunión, no hay calma, ni tampoco roce con lo natural. Hay inmediatez falaz.

Incapaces de reconocernos en nuestro ser esencial, por tanto, ni nos planteamos cuestionar el modo de vida que llevamos, ni tampoco tenemos el coraje, ni la bravura, ni la audacia suficientes para realizar ningún cambio al respecto.

El yoga, su lenguaje se va mostrando de muchos modos, para ello digamos hay muchos tipos de yoga, donde ahondamos de un modo calmado en nosotros para descubrir el misterio de ser cazadores de nuestras propias sombras, o cazadores de luz. Para ello no es necesario estar haciendo y demostrando, sólo nos vale con nuestra actitud ante la vida, una disposición centrada y libre. Uno puede ser un buen yogui sin estar haciendo a modo convulsivo, y sin estar ahogado llenando horas de la existencia en un millón de actividades, podríamos llamarlo "el hacer sin hacer". Uno ya no es una maquina activa y a pleno funcionamiento repitiendo todo el día "perfecto"..."perfecto", sencillamente es un ser humano donde prima lo recepetivo, pero donde hay un equilibrio entre lo activo y lo pasivo.

El cazador en el bosque permanecía en la estática horas y días, su hacer era la atención y la escucha, y sus movimientos eran los justos, en silencio.  El yoga mimetiza a ese hombre del bosque, a ese hombre natural.

Podemos estudiar mediante las asanas nuestro cuerpo, y también estudiar nuestra mente, podemos indagar en nuestra respiración, también podemos entregarnos sin tanta codicia a las acciones diarias, podemos ser amorosos, podemos ser menos egoístas. Podría seguir, pero no es necesario, son sencillamente algunos ejemplos de tipos de yoga. Según nos desestructuramos y ahondamos surge ese lenguaje de antaño, esa lectura natural de la vida. Uno es capaz de comprender a un árbol, de dialogar con un ave, de respetar el ciclo de la vida y la muerte, de saber leer esos signos, que ya no son símbolos convertidos en conceptos que sustituyen a la realidad generando ficciones y desperdicios de vida, son la realidad del lenguaje del yoga en plena sencillez, y de la naturaleza de los que somos, interpretados por multitud de sentidos, pues uno es una antena sensible, abierta al amor y plagado de imperfecciones como la naturaleza misma, pero en comunión con la belleza vital del sabor de existir sin miedo a ser uno.

Canserbero-"¿Y la felicidad qué?" 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Julio 2024


martes, abril 16, 2024

El amor como un rayo de sol


 "Alba: ¿Qué nombre ponemos al corderito?
Se llama Cosita papá."
 

 A lo largo de todos estos años he ido sintiendo como el yoga transformaba mi vida hacia lugares que antaño me parecían insospechados sencillamente porque no sentía ni por asomo lo que siento en estos momentos.

Partimos de la base que creo en un yoga integral donde el eje de la conciencia es la referencia interna de mi quehacer en el día a día. Ha sido el propio yoga el que ha ido despertando y ampliando esa conciencia convirtiéndola en una consciencia amplia y abierta, es decir un ente calmado y observador, muy despierto y vibrante, sutil y profundamente sensible consigo mismo y con su entorno vital.

El yoga no son posturas físicas, es mucho más, abarca una práctica total donde la esterilla es la propia vida, y donde de un modo muy paciente vamos encajando en los diferentes canales vitales y olas vibratorias que conforman y confirman la vida. Esta situación genera una armonía con la existencia que pasa de estar inerte a estar completamente viva.

Recuerdo el tacto de mi piel cuando empecé hace más de dos décadas, y mi cuerpo: estaban duros. Ahora mi piel es suave, y mi cuerpo es blando y adaptable. Por aquel entonces, mi corazón no era tan ancho, era más pequeñito, y diría que ajeno a mí mismo pues tenía poca relación con él, no dialogábamos mucho y al estar mi pecho tan duro, me costaba entablar conversaciones amenas, había demasiados muros. Ahora la situación es diferente, vivo en él y me encuentro cómodo y a gusto, también me doy cuenta de su infinitud. Es curiosa su profundidad; es tanta y tan honda, como cuando uno tiene un dolor inimaginable, y se encuentra en paz desde esa hondura a pesar del sufrimiento. Diría que son las profundidades de las puertas que nos va abriendo la consciencia, y que comulgan con la propia esencia y misterio de la vida. 

La mente también me ha cambiado muchísimo, antes vivía pendiente de aquellas rutinas que suponen una vida con los objetivos sociales marcados a hierro subliminal, o los heredados de la familia. Mi mente era de bastante opacidad a pesar que siempre he sido una persona despierta, sensible y particular. Y en cuanto a mi persona, sí, era yo, pero tampoco era eso, vivía más en una amalgama. Ahora es diferente, Soy en una claridad meridiana, y no siento dispersión, sino una unidad viva y esponjosa, y me reconozco y nutro en ello a cada momento.

No participo mucho en ser, pero le doy una dirección, que es la que observa mi interno. Igualmente, no me interesa ningún protagonismo de ser nada, tampoco dispongo de objetivos, y mi amor hacia las personas que amo ha pasado a ser de una ternura inimaginable. Es como si el corazón hubiera ido adquiriendo las cualidades de esponjosidad, blandura y profundidad que comentaba.

Me alegra tanto también poder amar así, a mi hija, a mi pareja, a las personas que quiero, al verdor de la tierra, a los colores del cielo, al sabor del mar, y a tantas situaciones o sentires, que lo hago en silencio, sin armar ruido, dichoso de ello, y feliz de poder disfrutar del amor de la vida y del corazón. 

El sentir que el corazón con el paso de los años es capaz de seguir creciendo en su palpitar resulta estremecedor, y de una delicadeza muy bella, la propia mirada que emerge de ello.

Estoy agradecido también el haber tenido la oportunidad de realizar un andar en yoga que me ha traído hasta estos lugares, y también agradecido de compartir el periplo, por ejemplo, escribiendo o disfrutando en el silencio de la sala de yoga, o siendo capaz de dar y recibir del modo que lo hago ahora.

Es entonces un rayo de sol el que abre nuestro corazón y nuestra consciencia, un rayo  que conmueve, un rayo llamado yoga. Un rayo de amor y de ser, de estar y de andar, de vivir bajo el estremecimiento calmado de lo incierto. Tan real y sabroso que solo cabe bailar y gritar de dicha a la vida.

 

  Fito Paez-"El amor después del amor"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Abril 2024

martes, abril 02, 2024

Vivir sin red, un andar por el yoga sintiendo los pies


"Nos sujetan y nos dan la verticalidad, nos enraízan y nos dan la realidad,
encerrados los tenemos: ¿Cuándo los liberaremos?
Carlos

 

Soy de pies grandes, y antes de empezar a practicar yoga calzaba un 44,5. Tras bastantes años de práctica, ya calzo un 46. Resulta curioso que según progresaba en mi yoga los zapatos se me iban haciendo pequeños, y que a su vez mi mirada de la realidad con un pie pequeño, ha mutado a una realidad igual de grande que mi pie ahora. 

El mundo es de una mayor amabilidad y más amplio. Antes mi mente era más cerrada y limitada, estaba más pendiente de mis propios egoísmos, ahora no es así, soy de una mayor empatía y compasión. También según iba cambiando de zapato me iba quitando tantos ropajes, y ahora con poco, voy cómodo, y tampoco hace falta que sean de ninguna marca, no me siento adherido a Ser por una etiqueta. Calzo un 46 que crece, y con ello Soy. 

Entiendo que un día dejara de crecerme el pie, y ya me he ido preparando para ello: lo aceptaré sin lamentarme. Entiendo que llega un punto que pisar tanta realidad necesita cierto humor, y de ello soy consciente.

Tantos millones de veces poner atención a las partes de mi cuerpo que se apoyan, y de ahí sujetar las posturas me han convertido en un Pies Grandes, pero también la piel que se apoya, y mis brazos, mis piernas, mi tórax, mi espalda, y mi cabeza, parece que le han salido ojos, multitud de pequeños ojos vivos, y de mirada vivaz. Sus poros se enraízan y parecen micro adhesivos de quita y pon, respiran, y hablan en su propio idioma, y parecen un sentido más, me colman de información. He tenido que aprender a discernir de un modo más sutil e ir desechando la información inútil para quedarme sólo con lo que me hace falta en el momento.

A su vez, con tanto pie he perdido el miedo a caerme, pero a caerme en cualquier lado, ya sea en el suelo, en casa, laborando, en amores, en amistades,y en mente, o en la propia vida, en lo que sea. Deben ser los dedos que se han alargado y me sujetan lo que me permite vivir sin red, o quizás sea este yoga loco. En todo caso, mola. No me siento tan agarrotado y noto la cabeza más ligera, no con tantas densidades.

 Eso sí, si dejo de practicar me caigo. Antaño pase unos meses en cama, y al levantarme y sencillamente apoyar el pie, se torció, y de ahí a un esguince de grado tres. Me quede enyesado. Me di cuenta entonces que mi mente también estaba enyesada, así que trabaje de un modo arduo para volver a recuperar mis pies, y mi mente, y así pude volver a ponerme en pie, y liberar mi cabeza.  Menudos pies, menudo aprendizaje.

Hasta ahora no encontraba relación entre mis pies y mi cabeza, pero ahora me doy cuenta, que la realidad y la ficción no crecen a la par, y que es mejor sentir los pies para ir equilibrado.

A veces coloco un pie sobre una superficie inestable y el otro pie lo pongo en el aire. Resulta sorprendente, pero me mantengo en pie sin caerme, debe ser la superficie que se apoya, o esos poros sensibles, o sencillamente que ahora dispongo de mayor ajuste al no tener miedo. No lo sé. Tampoco me importa. Practico y disfruto de mis pies grandes, y de que se sujeten, y me mantengan atento.

Siento más adherencia a la tierra, y a la naturaleza vital, incluso a veces siento que soy un árbol más, y que da frutos y todo, y me siento dichoso con ello. Quién iba a decir que mis pies me iban a producir tantos descubrimientos y sorpresas al pasar de estar encerrados, a crecer de un modo tan desmesurado. 

Al final, como decía, me he dado cuenta, entonces, que vivo sin red,  en la realidad y en virtual, pues no me hace falta ni uno ni otro,  eran como telarañas invisibles que se apoderaban de mi alma, y lo cierto que es un alivio salir de esas prisiones según me iba encontrando a mi mismo pisando el suelo, y sintiendo como me enraizaba. Ha sido lento, algo extraño, pero es una metodología que sugiero: sentir tus pies, sonriendo, y si no sonríes, por lo menos siéntelos.

The Commitments-"Mustang Sally"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Abril 2024

domingo, marzo 31, 2024

La primavera, la apertura en yoga, y la migración de las aves

 


"Resistirse a lo que es, es un freno a nuestra vida y a nuestro yoga. De la aceptación nace la belleza, y de ahí nuestra comprensión"

Carlos

 Hace unos días me encontraba observando el cielo. Amanecía, era de esos días que ya se inician como con una luz ya cambiada, de mayor profundidad y hondura, donde los haces de luz muestran en su respiración otra realidad en su invisibilidad tangible, pues los signos de la tierra natural ya nos dicen que una nueva estación entra, nos hablan en su sabiduría ancestral.

Las gallinas por ejemplo aparecen con sus pollitos de la nada como si supieran el momento justo de cuando debían eclosionar los huevos, o en los árboles nacen las primeras hojas que nos protegerán del sol que vendrá, o la tierra ha ido adquiriendo otro color y textura para prepararse para brotar hacia el mismo cielo, pero, sobre todo, o por lo menos me lo parece, la luz cambia.  Es prácticamente imperceptible dicho cambio de tonalidad en el ambiente, pero con la práctica es posible darse cuenta año tras año.

Me preguntaban el otro día en un ejercicio de aprendizaje de francés que cuáles eran mis gustos, preferencias, y momentos únicos del día o en general, y tras leer las respuestas pensé: "Creo que soy un poco raro". 

Decía:"j´aime le yoga et l´escalade, j´aime nager dans le mer, et travailler la terre, j´aime collectionner des livres anciens et rares, j´aime lire beaucoup, j´aime regarder le ciel et vois les nuages, et les oiseaux passer, m´impliquer dans la nature, j´aime écrire sur ce que je ressens et sur la vie..."

  Decía entonces en ese ejercicio que uno de mis momentos mágicos es mirar el cielo, y sentir su belleza y su calma, y sorprenderme por el paso de las aves, ya sea un vuelo raudo, como el de los patos, o más tranquilo, como otro tipo de aves, y sentado ahí mientras amanecía empezaron a pasar bandadas y bandadas de aves, y paso algo increíble: no dejaban de aparecer en infinitos vuelos que parecían bailes en puntas de flecha oscilantes. Estaba sorprendido, pues no es normal ver tantas aves migrando a la vez y todas ellas danzando a la vida y a la existencia. Volvían posiblemente de África hacia el "calorsito" y luz de nuestra tierra y de nuestras marismas, ahora sedientas de tanta fresa codiciosa.

Reflexionaba sobre que la vida en su polifonía de manifestaciones polimórficas, es decir, la vida en sus múltiples manifestaciones de infinitas formas y común esencia, es imparable, y ahí radica su misterio, su encanto, su divinidad. Esas aves volando de continente a continente, pues en el cielo no hay fronteras, y su baile a la vida en una permanente ayuda mutua resulta conmovedora.

El yoga nos hace comprender que no se puede vivir la vida en una cabeza que quiere controlar la vida, en una cabeza repleta de proyecciones, en una vida sujeta a los espasmos de los sentidos, a una vida aditiva a intereses virtuales, o intereses puramente materiales. 

Es desde la calma de uno donde sentimos los pies en tierra para realizar la postura, y ajustar los equilibrios para sentirnos bien. Es en la quietud de la inmovilidad sentados que profundizamos en el silencio, para volar a descubrir continentes. Es en la entrega con atención donde no dejamos escapar la existencia en chorradas vacuas. Es el acto de educarse para aprender a vivir con un sentido que nos direcciona en un alma común que nace de esa profundidad.

Es vivir abiertos, sin miedo a volar. Es vivir en permanente aceptación, sin miedo a perder.  Pues es el darnos cuenta lo que nos suma y lo que nos subyace en la corriente vital.

Me sentí dichoso de ser tan afortunado de amar y apreciar la vida en sus diferentes manifestaciones, me sentí feliz de haber perseverado en mi yoga, de haber dejado que mis sentidos despertaran, que mi sentir hablará con mi corazón, que mi mente se vaciara de ruidos, de trabajar  incansable para que mi cuerpo tuviera la fortaleza de abrirse a la dulzura y a esta hermosa primavera.


La Plazuela, David de Jacoba, Texture-"Alegrías de la Ragua"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Marzo 2024

viernes, febrero 02, 2024

Hablemos una gota de la iluminación

"Todos los días tienen las condiciones para iluminarnos. Dicha condición depende de nuestra mirada"

Carlos

 Vivimos en una sociedad llena de humo, y entre tanta nube a veces no vemos lo que la vida nos dispone delante nuestro. Igualmente ante la perdida de valores generalizada, y tanto narcisismo andante, ese humo nos entra en las entrañas, y vamos corriendo por la vida, sin, a veces, tener claridad, ante lo que nuestro íntimo nos solicita, pues no hay escucha ni pausa para vernos.

En yoga, igual que en nuestra sociedad, hay mucho humo, y más ahora que se ha puesto de moda. Podemos hablar entonces de como se vende un camino hacia la iluminación o nos venden sus "saberes" los iluminados. Dicha condición iluminativa se ha conseguido ya sea por la gracia de los dioses, ya sea por un profundo trabajo interno que queda detallado en el curriculum en red, o porque les ha hablado algún iluminado y por empatía se les ha adherido la luz, o quizás sencillamente porque se siente poseedor de la verdad.

Partimos entonces que no creo en los supuestos comentados para iluminarnos ni comulgo con lo común. Más bien creo que la vida en su infinita riqueza nos ayuda a ir encendiendo candiles o pequeñas luces en nuestro interior, y ello nos ayuda a ver, a vernos, a ver la realidad y a ser buenas personas. 

Una postura de yoga es un viaje de conciencia, de ir encendiendo comprensiones de darnos cuenta para generar unos sentires oscurecidos por el humo, de ir abriendo nuestra conciencia poco a poco, sin aspavientos. Por ello no creo en la lucha postural, tampoco en la exigencia en yoga. Creo en la constancia dulce y en el quehacer amable. Por ello, en una postura no cabe quedarse adherido a que la mano o la nariz lleguen al suelo. El trabajo es quitarse adhesiones, pegamentos, y guerras corporales transformando dichos impulsos en una conciencia que ve y que se encuentra en disponibilidad de apertura, y es ahí cuando dicha predisposición interna se asienta, cuando uno es capaz de sentir cierta luz en la conciencia, cuando diría: "hemos iniciado un andar iluminativo que dura una vida", y donde  también es muy fácil, que sobre todo nuestro propio egoísmo, nos vuelva a sumir en la oscuridad. 

Es decir, es necesario una constancia dulcemente ardua para ir manteniendo la llama de la conciencia para ir encendiendo candiles o velas en el bosque oscuro de nuestra interioridad, y para ello, entre muchas situaciones, conviene tener los pies en el suelo, y así podremos ver un poco más allá de nuestra mano y sentir el brazo, el pecho y todo aquello que nos vaya enseñando la luz que nos señala.

Nos pasa lo mismo con la iluminación: el pretender que uno se va iluminar es absurdo, pues salvo personajes realmente santos en el sentido de su claridad de conciencia, dígase  Krishnamurti,  Ramana Maharshi, Paramahansa Yogananda, Sri Aurobindo,  Gandhi, la Madre, Thich Nhat Hanh, etc nadie se va iluminar ni haciendo posturas de yoga, ni porque le  pongan muchos "me gusta" en red; ni aunque se lo curre, y todos los días venda lo bien que se lo curra, y satisfaga con ello su codicia egoica y material. Insisto, resulta absurdo. Si algo en común tienen sus santidades es la invisibilidad narcisista o autoreferencial.

 Por otro lado, en budismo, muy ligada su filosofía y su comprensión interna al propio viaje milenario de yoga, uno de los aspectos que me parecen muy interesantes con respecto a la iluminación es reconocer primero esa dualidad básica de la mente, donde habría que trascenderla para ir en busca del espectro. Es decir las cosas no son ni buenas ni malas, ni son solo que me gusten o no me gusten. Conviene ir educando la mente hacia una gama o espectro cromático de colores más amplio, y estoy hablando de nuestra mente, de nuestra conciencia o de nuestro comprender interno.

 Nos decían entonces nuestros amigos los budistas que tendemos a observar  muchos aspectos negativos a la hora de vivir la vida. Diría como comento en clase, que ponemos más atención en la resta que en la suma. Y la dirección que nos señalan es que la atención ha de ir hacia una realidad menos dramática y personalista, y disponer de una atención hacia situaciones con mayor apertura, bondad, de cualidades más positivas.

Por tanto primero hay que reconocer los pensamientos y emociones que nos embargan, y que a veces nos invaden asumiendo mayor protagonismo del habitual y con ello generando un sufrimiento, a nosotros y a los demás, que quizás no resulten necesarias educando otra mirada interna. O pensamientos que nos inflan, cuando realmente el camino interno es un camino de disolución y transformación.

Ante todo, y por suerte somos imperfectos, y ello es tan maravilloso que esa circunstancia nos permite abarcar mayores cotas de conciencia si aplicamos nuestro yoga adecuadamente. Por lo que muchas veces hemos de tener mucha paciencia con nosotros, asumir nuestros errores con dulzura, e ir aceptando la realidad de lo que somos, ante nosotros, sin tantas auto narraciones placenteras y poco creíbles.

Igualmente si nuestra práctica general de yoga es amable y disponemos de tiempo para estar en nosotros, nos daremos cuenta con el paso de los años, que esa dirección de tener una atención interna panorámica mas de suma que de resta, el propio yoga nos lo ha ido creando, y  ha generado una bella semilla de la que nace una flor, y somos nosotros que decidimos en plena potestad con que regarla, y es ese riego el que nos va mostrar la realidad que vivimos en ese momento.

Y es por aquí, donde se van encendiendo las luminarias o pequeñas luces que iluminan nuestra conciencia y nos van ayudando a caminar, es decir esa iluminación es un camino de vida, y es ese propio andar el que te va poniendo en la pisada que das, una pisada silenciosa, consciente, sin mucho ruido, y con nuestro  candil en la mano, pequeño y tierno.


Moloko-"Sing in back"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Enero 2024

miércoles, diciembre 06, 2023

Momentos de dicha

 

 


 
"Armonizando el cuerpo, la mente y el alma, logra la suprema bienaventuranza. 
Descubre al Ser en todos los seres y a todos los seres en el Ser.
Ve que el Todo es Uno y el Uno es Todo .
En verdad te digo que nunca abandonaré ni permitiré que me abandone
 quien Me ve en todas las cosas y ve a todas las cosas en Mí.
Perpetuamente lo tendré sujeto a Mí con las áureas cadenas del amor.
Quien me ve en mi Unidad y me ama en todos los seres, morará en Mí"
Bhagavad Guita

Al despertarme, poco antes del alba, cuando las aves todavía duermen; el burro, al sentirme moverme en casa, relincha llamándome. Max, el Mastín entra y como cual oso, me abraza. Los gatos se asoman a las ventanas y maúllan. Ha sido una noche fría, plagada ya de escarcha. Es un frío rico, suave, que penetra y recompone. En la chimenea quedan unas pocas brasas, por lo que las avivo con unas ramas pequeñas y troncos.

 Es un despertar que rejuvenece al sentir el silencio profundo de la propia inmensidad del campo, con su aire puro alejado de los humos de la ciudad. Quedan unas pocas estrellas en el firmamento, pero en esos momentos que va apareciendo la luz, las estrellas van perdiéndose de vista. Diferentes tonalidades de verdes, amarillos que forman multitud de gamas alfombran las praderas, y las gallinas ya empiezan a moverse con estos primeros rayos de luz picoteando y arañando la tierra, corriendo de un lado a otro, felices de su libertad.

Me hace inmensamente feliz sentir la vida y salir hacia el establo para dar de comer a Trueno. Trinchar la paja con la horca u horquilla, y echar la paja en el pesebre: han pasado más de veinte años de entrar en el establo, luego en el pajar. En ese sencillo  acto de recoger la paja y llevarla al pesebre se resume mi vida estos años. 

Han pasado muchos burros y burras por esta cuadra pero en cada mañana, a pesar de los años, siento la misma dicha. El coger la horca, ese tenedor gigante, y pinchar en la bala de paja, coger un trozo, y llevar al peso ese bocado hacia la bañera vieja convertida en pesebre, me trae a los primeros humanos, a ese degustar la vida en real, sin prisas ni falsas preocupaciones envuelto en ese olor de la cuadra que me gusta, pues la propia naturaleza y mudanza de las diferentes capas de paja y estiércol hacen agradable el momento pues absorben los olores fuertes. Trueno primero come el grano, y más tarde  comerá la paja. Mientras come, reparto también grano entre las aves que picotean al pie de la cuadra, protegidas del viento por el cañizo que he cosido a la valla. Los gatos siguen maullando, pero ahora desde los pies de las cañas.

Maximiliano, el mastín amoroso, mira inmensamente dichoso el acto soberano de todos aquí reunidos amándonos, sin comernos unos a otros, ni devorándonos en codicias absurdas.

De pie, también les miro. En pie permanezco, con la mirada brillante, inmerso en mi mismo, enraizado, presente, plagado de libertad, abierto a la vida, al aire, y al sol. Ligero, con esa sensación de dicha de estar aquí, ahora, a las puertas del establo, cada mañana.

 Gata Cattana -" Como aman los pobres" 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, diciembre 2023


lunes, diciembre 04, 2023

Notas sobre la atención

 

"La atención nos genera conciencia, la cual es infinita y bella al aunarse a la propia existencia, permitiéndonos volver en un continuo renacer, a sentir la vida con una mayor plenitud" Carlos

 

Posiblemente uno de los fundamentos esenciales y fundamentales de la práctica de yoga sea la constancia sobre nuestra propia atención. Situación absolutamente complicada en los tiempos en los cuales vivimos, pues lo que prima es la dispersión y la inmediatez, ambos componentes esenciales para mantenernos distraídos, y por tanto, seguir generando así, situaciones de dominio sobre la población, y sobre las personas, provocando no solamente circunstancias de dispersión interna, sino de descomposición social y humana entre los propios seres humanos.

Manteniendo la dispersión, no se generan situaciones de rebelión ante las permanentes capas de servidumbre y alienación que nos van colonizando, por lo que nuestra libertad se va cada vez cercenando de modos sutiles, pero groseros y claros. No voy a poner ejemplos, que cada uno se mire a sí mismo, y lo reflexione, puede ser un buen inicio para estar atento.

El yoga es un camino hacia la libertad, y la atención es uno de los pilares. Si nos vamos a la historia y leemos sobre los diferentes grupos humanos o personajes históricos dedicados al misterio de nuestro interior, el personaje fundamental es el Buda. Si estudiamos sus diferentes escritos que nos han quedado en lo que se denominan los canastos de sabiduría, nos damos cuenta del profundo trabajo que realizó sobre la atención: "El Satipatthana Sutta" o "El discurso sobre los fundamentos de la atención plena", es una obra extraordinaria, de la cual disponemos diferentes traducciones, sobre todo del canon pali, y creo sintetiza su investigación.

Al iniciarnos en la práctica de la atención, podemos imaginar, para entender su recorrido, progresión, e importancia, que es una pequeña linterna que emite un pequeño haz de luz, es decir, un conjunto de partículas o rayos luminosos que, naciendo de un mismo origen, -nosotros mismos-, se propagan sin dispersión. Nuestra mente dispersa, compuesta de vibración, inteligencia y conciencia, entre otros aspectos, se unifica, se une en una dirección. Recordemos aquí una de las denominaciones clásicas del yoga: "Unir los filamentos de la mente".

Según vamos practicando el vivir atentos, la propia realidad de lo que somos y de la realidad que nos rodea va cambiando hacia unos espacios más amables, de mayor generosidad con nosotros y con la vida. Digamos que se va acercando hacia una realidad con no tantas subjetividades, ni tanto sufrimiento. Hay una mayor claridad, y ese propio foco va imantando también realidades más acordes con la nueva situación interna. Es decir la vibración de la nueva realidad nuestra atrae vibraciones de realidades acordes a nosotros. Hay un discernimiento de mayor agudeza, es como un bisturí muy fino que corta adecuadamente la existencia asumiendo su totalidad y unicidad en una renovación continua.

 El foco de la linterna va creciendo y el espectro de nuestra percepción también, y la vida nos va apareciendo con una multitud nueva de detalles donde disfrutamos de su riqueza y colorido, de su palpitar.

 A su vez vamos ampliando nuestra conciencia de Ser junto a cualidades que emanan de dicho trabajo  de atención y constancia interna. Nos damos mayor cuenta que lo que somos, y de lo que nos componemos, y eso es maravilloso, pues el conocernos nos ayuda a ir desarrollando nuestra potencial como seres humanos hacia situaciones de una mayor humanidad y comprensión.

La atención clara y dulce va ir apareciendo a modo intermitente hasta que va llegar un momento que se asienta, se queda para siempre habitando dentro de nosotros. Son momentos donde se plantean otro tipo de situaciones que iremos comentando. Pues lo realmente hermoso es la capacidad de la atención de crecer infinitamente, y a su vez, generando la conciencia de la comprensión, y que dicho foco, tenga la capacidad de empapar su circundo, por tanto, de hacer el bien.

 

Trevor Hall "You Can't Rush Your Healing"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, diciembre 2023

miércoles, agosto 23, 2023

El corazón del yoga

 

"Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa,
lo primero de todo al océano divino arrastramos los bajeles,
cargamos las velas y el mástil, los hombres,
embarcando, ocuparon los bancos y todos en fila
comenzaron a herir con los remos el mar espumante" Homero

El dibujo del corazón en la arena es un símbolo desde los orígenes de la humanidad, donde las millones de olas que recorren y borran  sus trazos de eternidad, en un constante fluir de nacer y morir, de iniciarse y recogerse, de recorrer  suavemente burbujeante con una gran fortaleza interior calmada la superficie del mar para volver acariciar la tierra, y deshacer el corazón una y otra vez, en su continuo renacer, nos sirve de ejemplo para expresar el corazón del yoga.

Cómo es posible que en los tiempos que vivimos, con tantas guerras, codicia a doquier, con seres sonámbulos adormilados en su sueño materialista y egoísta; con un planeta, la tierra, que ya ha iniciado sus estertores de fuego entre tanto humo y esquilmación de recursos; y con este panorama en el cual vivimos,  el yoga  mantenga unos modos de vivir la vida, de sentir el planeta, de vivenciar a los seres, bajo premisas tan diferentes a esto homogéneo tan primario que llamamos modernidad.

Lo cierto es que jamas me había hecho la pregunta de un modo tan directo. Sencillamente hace muchísimos años, pude sentir, intuir la esperanza que anidaba en el yoga, y lo que hasta entonces había sido mi vida, quedo atrás, e inicie un camino nuevo, del cual tras muchos años recorriéndolo, me encuentro plenamente satisfecho de la decisión, y profundamente agradecido hacia aquellas personas que plantaron las semillas en mí, y agradezco igualmente en postración a los maestros de antaño, por ser perseverantes en la humildad que supone recorrer el camino del corazón puro.

Pues el yoga es darnos cuenta de nuestras impurezas entre muchos aspectos y por defecto, de la impureza del corazón, y con entrega y amor, vamos limando y dando brillo, sabiendo que muchas veces parece un trabajo inútil, sin meta recurrente, sin ganancia ninguna, pero dentro de nosotros sabemos que no es así, que la mancha es necesaria pues de allí surge la consciencia, y que el yoga es ese continuo equilibrio y descubrimiento de lo que uno es, de lo que la vida es bajo una mirada despierta.

Por ello nos gusta el sabor salado del mar, el mojarnos y nadar aunque sea contracorriente en estos océanos de lo interior, y de la realidad que va surgiendo, y aunque la forma de las apariencias de las olas borren el corazón una y otra vez, nosotros permanecemos como ese mar, unidos en un hilo invisible a ese corazón, sintiendo la profundidad de la existencia con dicha,  inmensamente felices de dicha unión, y nuestro corazón no tiene miedo a estar abierto al sentir, ni tiene miedo al dolor,  no tiene miedo, por lo cual nos vamos enriqueciendo y  nos alimentamos de ello, sin tantas trabas y sujeciones.

Educamos las diferentes partes de nuestro ser : la mente, el cuerpo, el espíritu, para así ayudarnos a sentir,  resquebrajando capas como un picapedrero, donde su martillo es la dulzura y lo sutil, y su cincel la constancia y penetración, sin conformarnos con aceptar estas formas de alienación de lo políticamente y socialmente correcto pues no queremos cegar el corazón, pues nuestro trabajo es sentirlo, y no queremos que nuestro corazón consciencia disminuya, sino que crezca.

¿Eso nos hace especiales? Para nada. El objeto lo dije hace no mucho: conviene transmitir sin llamar la atención, hacia un recorrer de disolución.

Cada vía es aceptable, así como que cada uno genere su propia historia aceptable, y cada uno la narre como quiera.

 El yoga es cambio, es descubrir lo habitual para mutarlo, donde la base es ese corazón que hemos ido alimentando. Aquí depende de que nutre cada uno su corazón.

Resulta curioso que sean fundamentos como la atención hacia aspectos de uno mismo, una interioridad flexible y adaptativa, un silencio hermosísimo,  una escucha amplia y empática, y un respeto primigenio al camino alguna de las bases para ir vislumbrando un corazón lucido que late, y el renacer de un alma de niño  que vuelve a aparecer una y otra vez, aunque parezca que la rutina de lo recurrente o de lo impuesto parezca devorarlo.

Ahí, al fondo, late el amor fresco y la mirada clara, el arroyo que fluye de una fuente serena, la fuente del corazón del yoga plagada de abrazos de primavera y besos de flores.

Telémaco cuando decide salir en busca de su padre Ulises, en un amanecer de dedos de rosa, en un  aparente quebradizo bajel de madera, lo hace tras tomar una decisión, tras ver lo que ocurría en su hogar. De igual modo, seguir el camino del yoga es una decisión al ver el hogar que nos habita.

 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, agosto 2023

La sonrisa de Julia- "Arroyo claro" 

Lole y Manuel- "Al alba con alegría"

lunes, agosto 07, 2023

El yoga como camino hacia la reducción del egoísmo





"Para apreciar la grandeza de una montaña hay que mantener la distancia; para comprender su forma, hay que rodearla; para comprender sus estados hay que verla al alba y al ocaso, a mediodía y a medianoche, con sol y con lluvia, bajo la nieve y en la tormenta, en primavera, verano, otoño e invierno. Quien pueda ver la montaña de esta manera se aproximará a la vida, que es tan intensa y variada como la de un ser humano. Las montañas crecen y merman, respiran y palpitan. Atraen energías del entorno y las acopian: las fuerzas del aire, del agua, la electricidad y el magnetismo. Engendran vientos, nubes, tormentas, lluvias, cascadas y ríos. Llenan de vida activa los alrededores y y dan refugio y comida a innumerables seres. Tal es la grandeza de una montaña..." Anagarika Govinda


Posiblemente ahora que está tan de moda el yoga, y ya los medios lo usan como referente,y las empresas como uno de los motivos recurrentes en sus anuncios, sea importante recordar que en el yoga lo menos importante es ponerse boca abajo en un lugar público, por ejemplo en la playa ,o en el gimnasio, o ante el alumnado en la sala de yoga, quitándote previamente antes la camiseta para mostrarte con el torso desnudo, o colocar en nuestra foto de perfil del wasap dicha postura, Sirsasana.

 Lo de ponerse boca abajo lo digo como un decir, como una ironía, pues el yoga no consiste en un muestrario postural sino en un modo de vida muy profundo y vivo donde una serie de valores sobre la vida se ahondan y  se comparten, se transmiten y se muestran en una solidaridad ejemplar, donde uno es la parte principal en ese recorrido.

Ese recorrido va menguando nuestro egoísmo, nuestras complacencias, nuestras comodidades, nuestras reactividades, y nos mantiene vivitos y coleantes ante el acto tan hermoso que implica un vivir despierto, donde no es importante mostrarse, precisamente en esta sociedad de escaparate y de colonialismo virtual, sino  que adquieren importancia los pequeños detalles en el día a día, donde el horizonte es cada paso que das, y donde tu espíritu no se encuentra presionado por la codicia ni la inmediatez que te exigen para vivir, y que adquieres como  algo propio para ir consolidando el fundamento egoísta, y sumarte así a este absurdo que nos muestran como algo real y razonable.

El yoga tiene un aspecto revolucionario esencial, y así ha sido siempre. El pensar que porque ahora se encuentre en todos los sitios, y se  registren patentes de las posturas, o hagan yoga con nombres de risa, no le hace perder a esta ciencia milenaria su raíz revolucionaria, ni su objeto de amor solidario y compasivo, de realidad penetrante sin artificios acomodaticios.

Digamos que el yoga resistirá ante tanta gilipollez, pues su corriente emerge del propio misterio del vivir, de la belleza de la vulnerabilidad del acto del ser humano, del hecho de ser un Ser vivo, del milagro de existir.

Andaba por Huelva y observe el hogar de una persona bajo dos bancos, su equipaje eran un par de botellas de agua, y un pañuelo que había encima del colchón, también disponía de un trozo de cartón.

Me río de las hermosas vacaciones pagadas, de las playas llenas, del fin de semana en los centros comerciales, de estar atontaos mirando una pantalla con móviles que valen más que un sueldo mínimo, me rio de ello, ante la realidad zen de ese colchón bajo dos bancos de madera.

Para aprender a ver el universo en Sirsanasa, uno antes tiene que haber practicado durante años la postura de Tadasana, la postura de la montaña. Donde uno se descubre en su eje, con los pies asentados en la paz de su realidad, y donde uno es capaz de mirar a la vida con el corazón abierto habiendo realizado un trabajo meticuloso de presencia ante lo que uno es, y donde uno desde luego, se hace consciente de lo que significa el yoga, y quizás tras mucha práctica en la experiencia del vivir bajo esos fundamentos, uno pueda ponerse boca abajo para menguar un poquito tanto ego solar y dejar que la invisibilidad de la luna nos equilibre para ver el mundo al revés.

 Intro

los Chicos del Maíz-"Paraisos Artificiales"


Artículo escrito por Carlos Serratacó

HUelva, agosto,2023


domingo, junio 04, 2023

Hablemos de enraizamiento espiritual

 



"El acto de ser consciente diluye los contrarios" Carlos


En yoga podemos encontrar varios significados al acto de enraizar. Como en muchas palabras del diccionario, es la propia profundidad de esta ciencia de la vida, hablo del yoga, la que trasciende y profundiza en comprensiones de mayor calado bajo el significado habitual. Su primera acepción etimológica sería "echar raíces" "arraigar" "prender" "dar durabilidad y firmeza".

Vamos aplicar parte de estos significados al sentido interno del yoga. El acto de echar raíces sería nuestra capacidad cognitiva, corporal y espiritual de estar en nuestro presente de un modo continuo sin tantas idas y venidas, y ser capaces de estar con valentía manteniéndonos en el espacio del tiempo del vivir en nosotros en calma, situación que como decimos en mi tierra es"jarto difícil", y de ello nace y prende una llama, que a su vez es espiritual en el ámbito existencial de un sentir  donde la vida se expresa en ti y en aquello que te rodea, y que expresa presencia en lo que es uno. La presencia es intangible, y ni se compra, ni se recibe por gracia divina o por recibir un curso certificado basado en la codicia, nace entre  otras cualidades, de la práctica hacia esa profundidad espiritual.

El enraizamiento no permite muchas pajas mentales, en ese sentido es muy práctico en la vida diaria, pues te quita densidad y situaciones absurdas en cuanto a melodramas que no te llevan a ningún lado. Bajo otro prisma te dota de una desnudez en lo interno donde la vida es más diáfana, y ese propio paso de luz, a su vez se nutre de conciencia, por lo cual, el sentido metafórico de echar raíces en el presente que nos da su savia sabia se cumple.

Si tratamos de explicar lo espiritual podemos decir que en el buceo profundo tanto del yoga, que no es una religión, como en la profundidad de lo sencillo u originario en la diferentes religiones nos encontramos con los mismos sentidos, metáforas, misterios y revelaciones. Es un modo de vivir y de ser bajo una serie de principios que se encuentran hermanados en dichas profundidades. Cada ser es diferente pero si volvemos hablar de sabia, hay una savia común. Una esencia rica e infinita, dulce y amorosa, clara y entrañable, que lo que hace es dotarte de amplitud y comprensión si dejas de ser tú para ser tú, de modo que seas él sin dejar de ser tú, siendo ambos, y ello bañado de una hermosura estremecedora.

Es un andar donde va desapareciendo el mostrarse, tan grosero y obvio, en los tiempos actuales, para ir deshaciéndote en otra situación o modo de vivir que solo cabe experimentarlo en un propio andar que te lleva a la invisibilidad. Sin demostrativos continuos ni para venderte ni para vender. Con la hermosura del vivir es suficiente.

Si volvieramos al primer párrafo y habláramos de una postura de yoga nos daríamos cuenta que siempre es importante sentir aquello que se apoya para crecer en la sacralidad de la esterilla de un modo equilibrado, cuando la propia postura nos lleva hacia el desequilibrio hasta que la comprendemos en su durabilidad y es el hálito vital espiritual de la vida que nos nutre, la respiración, la que nos mantiene y nos recorre calmándonos para ver más allá de lo aparente.

Coque Malla y Anni B Sweet-"No puedo vivir sin ti"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Junio 2023

sábado, abril 22, 2023

Un pequeño manzano

 


"El espíritu es dulce si tu práctica es amable" 

Carlos

La foto de la cabecera es un pequeño manzano.

Hace muchísimos meses, un amigo se comió una manzana,

y él junto con su hijita

plantaron la semilla.

Día a día la regaron

y nació un arbolillo.

Cuando creció 

nos lo dieron de regalo a Alba y a mí.

Estuvo fuera unos meses,

pero las hojas se quemaban.

Ahora me acompaña dentro,

en la meditación.

Me agradece el cuidado, 

las hojas me dan las gracias,

y nacen los pistilos y estambres de donde nacerán las flores y manzanas.

Dentro de na

irá a una sombra del campo,

pues mucho sol lo mata y lo quema.

Cada día

plantó la semilla en mi trabajo interior.

Con ello la vida se muestra

en un arcoíris de atención:

dulce, luminosa, amable.

Si me muestro me abraso,

por lo que he aprendido

a ser comedido.

Así me convierto

en una dulce manzana

o en una nube inmóvil.

"Systema Solar- "María Casquito"


Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Abril 2023

jueves, marzo 16, 2023

Cierta hondura o profundidad

 

" Excepto el Amor intenso,  excepto el Amor, no tengo otro trabajo, salvo el amor tierno, no siembro otra semilla" Ibn ´Arabi 

Según avanza nuestra práctica en yoga a lo largo del tiempo resulta inevitable que nuestra vida vaya mutando, que la realidad se vaya transformando, pues nosotros nos vamos viendo empapados por la lluvia fina de una luz innegable.

Obviar esta situación al no sentirla, muestra que la práctica no resulta adecuada y que las rutinas egoístas y de la propia idiosincrasia de los barrotes invisibles nos siguen sujetando y que lo único que hacemos es engañarnos arañando la superficie.

Ya depende de cada uno discernir su camino y su andar,  e ir encontrando dentro de uno las propias señales, que ante las  sucesivas caídas y cegueras, buscando aquello inefable, le vayan mostrando cómo levantarse y como ir afinando el vivir.

Son tiempos de espejo: uno no para de mirarse en la pantalla que te refleja, simbolizado en el móvil por ejemplo y en su repercusión social, en esos nuevos modos de existir con uno mismo y de hacerse notar en una repetición sin fin como un eco patológico donde uno ni se indigesta de tanto estar lleno.

Pero para profundizar en el alma, que para eso nació el yoga entre otros aspectos, no es necesario estos bucles onanistas, lo que es necesario es calma, pausa y sentido común, escucha, confianza y buenas dosis de humildad y paciencia. Pretender atajar caminos no es posible pues para tener cierta hondura no hay atajos, hay que aprender a bucear en el vacío, dedicándote a cultivar semillas en la observancia vital sin ahogarte y sin creerte algo. 

Pero son momentos de engreimientos y queramos o no, parte del yoga que observamos tiene estos supuestos. ¿Qué hacer ante esta situación?.

La primera dificultad es no darme cuenta de dicho engreimiento, y de su orgullo, ligado a esto tan básico. En estos casos creo que es mejor dejarlo hacer, es decir, no pasa nada aprender bajo estos supuestos. Pues en la mesa del señor hay todo tipo de platos para degustar y cada uno ha de comer lo que quiera.

Supongamos otra situación, que uno siente que algo le falta, siente que tiene sed, siente que todavía hay partes de uno que no se encuentran hermanadas, siente  que no está conforme, siente que ha de andar de otro modo buscando una calma de mayor calado, una mirada de mayor profundidad, en definitiva siente ya cierta hondura.

Pues en esos casos hay que lanzarse a nadar y no desfallecer hasta que uno pueda mantenerse un poco a flote; hasta que uno, como si fuera un bebe, aprenda a mover los brazos y los pies para no ahogarse, y que uno vaya haciendo un mapa de la nueva realidad que se muestra, ya no tan cargada de capas viejas y y con olores rancios, pues ya un amanecer no huele igual, ni sabe con el sabor de antaño, y ahí desde ese nuevo lugar en la infinitud de uno, aprender a vivir y a errar, a permanecer abierto a la existencia, con el cuerpo transformado en ese propio amanecer convertido en el día del vivir y en la pausa de la noche, en un renacer perpetuo.


Hooverfhonic-"Mad about you"

Articulo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Marzo 2023

viernes, febrero 24, 2023

Los pequeños detalles del yoga

 


 "De la imperfección nace la conciencia" Carlos

Son los pequeños detalles los que conforman una vida , así como la atención a los mismos, hacia aquellos detalles que nos nutren como personas y nos traen la dicha día a día, y que se convierten en un sumando que nos acompañan de la mano y nos van conformando los días, las semanas, los meses y los años.

Los detalles aúnan la realidad, y su suma la unidad. Un yoga adecuado nos imanta hacia la creación y su perenne belleza mediante las propias sutilezas de la realidad que vivimos. Resulta fundamental que dicho yoga se base en la propia experiencia vital hacia lo cual nos ha llevado nuestro propio recorrido interior, donde prima la dulzura y una mirada sin lastres de exigencias ni elementos egoicos absurdos. No es necesario justificarse ante nadie ni demostrar nada a nadie. Uno vive y en su vivir, vive.

La fría mañana con su aire fresco que me acaricia el rostro, la noche que se abre al día en una gama de colores, el canto mañanero de las aves, el abrir el pajar con las gallinas y el burro esperando el grano, Maximiliano el mastín dando brincos de felicidad alrededor mío, el olor de la paja apilada, el color de la tierra en febrero, el despertar de los pequeños retoños verdes en los árboles...

Salir a los caminos con Max, y sentir el polvo en los pies, el camino que cada día me muestra y enseña algo en mi andar, la yegua que se acerca con su cría, la mirada limpia y cristalina, la hierba verde viva, verde plagada de savia...una naturaleza que ama.

Andar entre los libros, tocar, oler, sentir sus vidas, sus enseñanzas, sentarse centrado en las palabras, en su juego, en los mundos que me abren....

El sonido del mar, las olas nunca iguales, el olor a salado, el sabor del mar, la arena que acaricia mis pies, mi cuerpo, el agua fría que me revitaliza, los acantilados que me rodean donde han descubierto en barro las pisadas de los primeros humanos, el canto de las aves que viene del bosque...

Mi hija Alba, mi amor , mi vida, su risa, su alegría, su abrazo, sus besos, su dicha, mi hija.

Mi mirada lucida ante el dolor estos seis años, mi valentía al levantarme una y otra vez, el mirarlo a la cara, sentirme bendecido por tanta fortuna de haber girado la mirada interna y agradecer tanto dolor clarificador, tanta realidad  vacía, desnuda y lúcida.

Las personas buenas que me acompañan, su alegría al verme bien, su honestidad y sinceridad, su querer de hermosa amistad, su modo de mostrarlo incansables, infatigables, admirables.

Sentir el corazón vivo, acariciado con ternura son todos estos detalles que pueden conformar una vida, sentir la plenitud de amar y ser amado.

El yoga es aquello que nos permite afinar y profundizar en la propia realidad de uno, y por consiguiente de la realidad íntima de la vida, e ir resquebrando automatismos mentales, emocionales, físicos, respiratorios, energéticos, espirituales. Es un permanente ahondar en comunión con la propia realidad presencial del vivir, donde la existencia suma y descubre detalles, no juega a consumirlos vorazmente,  y donde uno desde su pequeño lugar en esta tierra maravillosa se permite escribir estas palabras, calmado en mi eje, imperfecto y con alegría serena.

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Febrero 2023






lunes, septiembre 26, 2022

Una mente dulce


 "Tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo." Umberto Eco

 Una práctica adecuada de yoga nos direcciona hacia una mente dulce o una mente con una mayor afabilidad, o una mente menos reactiva, o una mente más abierta, o una mente con espacio disponible para lo no habitual.

Dicha mente y el propio cuerpo van acomodándose a un yoga de una mayor inteligencia pues el espíritu ya va tomando las riendas de la propia práctica. Hasta ese momento lo más común es hacer yoga bajo planteamientos de meta, de competitividad y de una voraz egolatría camuflada.

Dentro de estos primeros parámetros egoístas suele ser común generar enemigos, y en dichas fantasías inventar autonarraciones donde el héroe es el propio egoísta y el enemigo es vil, pues para ello la propia narracion fantasiosa lo justifica.

Frente a lo habitual surgen nuevas percepciones donde ese espacio, esa apertura, esa afabilidad impregna de dulzura nuestra mente y por defecto nuestra acción y nuestros actos, generando unos vectores de energía diferentes hacia el mundo, hacia los demás y hacia nosotros mismos como emisores, y por defecto con respuestas mucho menos agresivas por parte del medio externo.

Es decir si uno es dulce, el mundo también es dulce. Si la dulzura implica un acto consciente de amor, pues nuestro cuerpo y espiritu han generado condiciones para ello, sólo cabe ahondar en dicha cualidad para seguir profundizando, ajustando, aprendiendo, y sobre todo entregarnos al propio baile de la vida, con otra mirada, con otro sentir. 

La dulzura es un flujo, no es algo calculado. La dulzura envuelve, no dispone de exigencias. La dulzura es una savia de nuestro corazón, pues ha bajado de la propia mente, transformándonos.

Si el propio yoga  a lo largo de los años nos genera un néctar donde uno dispone de diferentes sabores, la dulzura es uno de los sabores  con mayor riqueza cromática existencial y vital que nos ofrece esta ciencia milenaria.

Lakmé-"Duo des fleurs" 

Artículo escrito por Carlos Serratacó, Huelva Septiembre 2022

 

 





sábado, marzo 19, 2022

Una calima teñida de sangre

 

"A través del amor él me conoce verdaderamente, quién soy y qué soy. Y cuando me conoce verdaderamente, entra en mi Ser." Bhagavad Gita. XVIII.55

 Desde hace un par de días el cielo entre marrón y rojizo  cubre Huelva; por un momento me dije "Son las bombas y la muerte que tras destrozar a familias, niños, mujeres, embarazadas y jóvenes en Ucrania, los convierte  en calima y los dioses reparten sus minúsculas gotas de sangre, aquí en la punta de Europa" pues asistimos  al horror paralizados, y ante nuestra parálisis egoísta sus gotas caen bañándonos en el horror.

Lo alucinante era que al estar  nublado y denso, las fábricas nuestras aprovechaban para soltar ácido, pues habitualmente lo hacen si hay densidad en el cielo, y como el ambiente era apocalíptico, emanaban más y más acido, y así le daban al horror su olor fétido. 

Me resulta sorprendente que todo mantenga su normalidad, me resulta sorprendente que permanezcamos impávidos, que no se nos revuelvan las tripas, que no nos llegue la náusea por la situación de Ucrania, de las matanzas indiscriminadas.  

¿Es posible que tras siglos y siglos de civilización hayamos llegado a esto, a observar el horror desde el sofa o desde el móvil mientras hacemos la compra, y proyectamos el siguiente capricho, y ya está? ¿Sólo somos capaces de eso? ¿Qué somos, cuáles son nuestros valores como seres humanos, qué mostramos a nuestros hijos y a nuestros hermanos, al otro?.

¿Y toda esta codicia inmunda de ganar dinero con la guerra ?.

¿Qué hace que use un vocabulario tan diferente al habitual, siendo consciente de ello ? 

En tres semanas, a un millón de personas por semana, tres millones de personas, sobre todo mujeres y sus hijos, y ancianos huyendo de los bombardeos de misiles, bombas, y espanto. Aquí en Huelva vivimos unas 150.000 personas, tres millones son veinte veces esta cifra.

El horror ha sacado también lo mejor de nosotros creando olas de solidaridad, de envío de ayuda y de acogimiento, sobre todo de mujeres y niños. Es importante sentir el corazón y darse, compartir y abrir los brazos, pues no creo que haya una situación de ruptura de la historia tan clara como la que estamos viviendo ahora. La cuestión es que el horror en Europa ya lo hemos vivido en las dos guerras mundiales y pensabamos que ya eramos invencibles, que nada nos podía afectar y lo habíamos olvidado. 

Son momentos de dejar de mirarse en los propios parabienes de nuestra sociedad opulenta para darse al otro, a aquel que deja su vida atrás y llega aquí con una mochilita cargada de desesperanza, pero con la dicha de estar vivo.


Leonard Cohen-"You want it Darker"





sábado, enero 15, 2022

La mirada de Trueno



"Los vagones eran doce, y nosotros seiscientos cincuenta; en mi vagón éramos sólo cuarenta y cinco, pero era un vagón pequeño. Aquí estaba, ante nuestros ojos, bajo nuestros pies, uno de los famosos trenes de guerra alemanes, los que no vuelven, aquéllos de los cuales, temblando, y siempre un poco incrédulos, habíamos oído hablar con tanta frecuencia. Exactamente así, punto por punto: vagones de mercancías, cerrados desde el exterior, y dentro hombres, mujeres, niños, comprimidos sin piedad, como mercancías en docenas, en un viaje hacia la nada, en un viaje hacia allá abajo, hacia el fondo. Esta vez, dentro íbamos nosotros" 
Primo Levi-"Si esto es un hombre"


Han pasado bastantes meses desde  que sentado me puse a plasmar alguna líneas. A mi me resulta necesaria una pausa, un silencio, y andar con Trueno, el burro que mira el horizonte  por el bosque o Max, el mastín. He dejado que la vida viva en mí y aquí estoy de nuevo.

También me he dedicado a  observarme en mi evolución, a ir avanzando paso a paso donde ha primado la presencia en el campo y la lectura, y el ir recuperando la salud. El aire frío de estos días me infunde una alegría de vida, el propio quehacer de generar calor preparando la leña, o atendiendo a mis compañeros los animales, o profundizando en la casa o creando vida removiendo la tierra, las semillas. Lo cierto que ello es una alegoría de lo interno, de mis propias semillas que van floreciendo pues pongo atención en regarlas.

El silencio me ha acompañado mucho, un silencio sanador que se ha convertido en un espacio indispensable. Resulta curioso muchas veces observar el propio ruido interno y externo desde ese lugar calmado. No verse arrastrado ni deslumbrarse ante el propio ruido de uno. Es tan cansado estar dando lustre todo el día a los zapatos, para que brillen y estén perfectos, que el estar conmigo resulta suficiente. 

Me comparto poco, con mi hija y unas pocas buenas personas, disfruto de lo real sin verme sometido a lo impuesto en la ficción de lo digital o de modas sociales, y me sigo ensuciando con mierda de burro, me gusta su olor en el pajar y el trinchar la paja colocándola en el pesebre.

Por la zona donde vivo, antes llena de parcelas y casas deshabitadas, ahora paredes con pintura nueva y las alambradas relucientes, todo ello derivado del miedo a la pandemia. Por la noche más luces artificiales se ven en la profundidad de la oscuridad.

Las estrellas siguen ahí cuando levanto la vista, un cielo inmensamente poblado de estrellas, resulta tan extremadamente abrumador y embriagador que uno se pregunta sobre su propia pequeñez.

Pero allá abajo en el fondo de ese silencio estrellado me sigo haciendo preguntas:

¿Qué sentirá un bebe al ir con su madre en una barcaza en un mar tempestuoso y frío hacinado y tiritando?
¿En qué lugar del periódico o noticiario tendrá su pequeño espacio? ¿Tienen existencia real o son lo"acostumbrado pasajero"? ¿Cómo hay tanto egoísmo que no se da la mano al otro, sino que se le culpabiliza de ser otro? ¿Porqué da nauseas oír a los políticos manipulando las emociones de las personas? ¿Es tan fácil dejarse convencer? ¿Es real tanta fiesta de consumo hedonista o el hecho de ser personas nos da para algo más? 

El otro día me corte con un alambre de espino, tarde bastante en cortar la hemorragia, me vino entonces esas fronteras trazadas con hierros que desgarran y con porras que golpean. Que pasa el tiempo y muchas situaciones se repiten edulcoradas, pero desde un mismo fondo tenebroso.

Inmerso muchos años en tratar de acompañar una sensibilidad, siento con dicha el camino que hemos andado tantos, y que sigamos en pie, andando. Gracias



 Commodores-"Easy"

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