viernes, julio 10, 2026

Meditacion, enraizamiento y transformación

 

 


"Los dos existen por causa del Uno,
Pero no te aferres siquiera a este Uno;
Cuando la mente no está perturbada,
Las diez mil cosas no prodigan ofensa"
Shinjin-no-mei  (parrafo 11)

 Meditar es ante todo una decisión. El acto de sentarse en un zafu, cojín o banquito, y permanecer con uno aprendiendo a estar con uno no es fácil, implica para empezar, sentarse y apartar de lo interno cualquier obstáculo que genere la mente para no hacerlo, como por ejemplo, no tengo tiempo para meditar.

Si nos sirve de paradoja, cuando uno lleva tiempo meditando, el tiempo desaparece como tal, sería otra falacia más que se va desarmando. 

 La mente y el cuerpo son de un funcionamiento, digamos muy de acomodarse a lo conocido, en el sentido que podemos pasarnos toda una vida dando vueltas a los mismos pensamientos, acompañados de sus correspondientes emociones, y realizando los mismos movimientos corporales, teniendo las misma reactividades; es como si se generara un espectro de existencia con unas fronteras bien definidas donde me asiento. Es como vivir dentro de un castillo rodeados de un foso, a mi entender.

Pero dicho asiento existencial es diferente a sentarse a meditar. El castillo va abriendo los portones poco a poco, dejando entrar el aire y la luz.

Posiblemente el acto de meditar, y ahí radica su belleza, su apertura; es que desde una aparente estática, donde uno observa lo que uno cree que es, y observa los parámetros bajo lo cuales uno vive, estos se van desarmando como un castillo de naipes, y según profundiza en la práctica meditativa, va entrando con el paso de los días, las semanas, los meses y los años en uno mismo, y se va dando cuenta de las construcciones creadas, a las cuales de agarraba como clavo ardiendo, y va observando que caen como si una torre de Babel cayera una y otra vez. Resulta sorprendente, pero es así. 

Entonces uno se da cuenta. Su conciencia se amplía. Su corazón se dulcifica. 

 Esas capas de realidades desmoronadas van vaciando el trastero mental-emocional-espiritual, y en nosotros va naciendo una realidad diferente que se plasma es nuestro quehacer diario. Es una realidad de mayor viveza, de mayor comprensión, hay amplitud, son claridades que no son tan opacas y reiterativas.

Posiblemente lo que mayor asombro me causa, es la dulzura que nos invade, la sensación de vulnerabilidad.

Uno se va dando cuenta de cómo es como persona, con sus penumbras, con sus luces, con sus pensamientos por aquí, por allá, con sus neurosis, sus bucles, sus bondades; uno se nota unas veces agitado, otras veces muy calmado en una profundidad insondable. En todo caso, uno va ahondando en uno, y ello le permite verse, tomar conciencia de su realidad, de su persona, y ese acto ya implica una transformación real en uno, y a su vez, en la realidad que lo circunda.

Al ir dándome cuenta de quién soy, de su continua y permanente transformación, estoy despertando una conciencia viva donde metafóricamente van naciendo raíces, que es el enraizamiento en la presencia de reconocerse uno mismo en el acto de vivir en un presente continuo, y donde dichas raíces son esa totalidad de sentirse vivo y unido a la vida, donde ya no hay tanta paja que arde bajo la superficialidad de las situaciones. 

Es decir, uno siente un mayor estado de Ser en el día a día, y no va corriendo adherido con pegamento ante cualquier pensamiento propio o de un tercero, o ante cualquier situación cotidiana. Es un acto de soberanía. Nos mantiene en una presencia enraizada ante el presente que vive con una conciencia activa.

Una persona enraizada que medita y que va vaciando su persona meditando genera un espacio interno que le permite fluctuar ante la vida, pues como digo habitualmente, solemos errar, y el meditar nos ayuda a vernos, pero curiosamente ese error continuo al vivir, -pues somos pura imperfección-, es una situación maravillosa, una bendición, pues nos ayuda a transformar, nos ayuda a ser más humildes, nos ayuda a comprendernos y comprender, a perdonarnos y perdonar.

La meditación igualmente nos lleva hacia estados de calma, donde la serenidad y el silencio que nacen de estar sentados en ese momento es como una isla que va ampliando continente dentro de nosotros, y nos genera una dicha muy hermosa.

Diría como en yoga, que es un camino de la cabeza al corazón, de la periferia al núcleo, de la distracción a la realidad, de lo denso a lo ligero, de no sentir la piel, a sentir la piel de la tierra que habitamos y vivimos. Es magia, y sólo consiste en sentarse. 

 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, 10 de Julio, 2026 

miércoles, junio 24, 2026

La belleza inusitada


Me pasa, que continuamente me quedo anonadado, en un silencio profundo, es como si un rayo invisible, como si unos rayos invisibles me mostraran una realidad hermosa viva en su calma, en su bella serenidad, es una estática dinámica rebosante de color y vida, plagada de unidad. 

Aparece por sorpresa, por doquier, no avisa, es inesperado y reconfortante, como la esponjosidad de una pequeña nube. 

 Me quedo inmóvil observando lo que la vida me está mostrando en ese momento, son detalles, son escenas, son colores, son equilibrios de armonía. Siento que me hablan y que me dicen: "¿Te das cuenta?".

  Creo que es el corazón el que me obliga a detenerme, mi cabeza le ayuda estando en una profundidad de silencio, a veces oigo voces, pero no les hago caso, me siento cómodo asentado en ese silencio profundo. 

Es un caudal que aparta el ruido. Es creativo y fértil, y y dicha efusividad se hace patente en lo que me muestra en su mirada.

Hay amor y calidez. Me acoge, siento su abrazo.

He sido constante en los últimos años en educar mi mirada, en lo posible, en ir ablandando mi corazón. No siempre es así, pero persisto, me equivoco y me endurezco a ratos, pero cada vez me ha ido resultando más fácil mirar de nuevo con asombro, y volver a sentirme vulnerable. Diría que estoy lleno de cicatrices y achaques del vivir, pero cada vez siento mayor ligereza, claridad, sentido.

Digamos que he ido profundizando en mi sensibilidad. Ello no significa que me pase el día bailando en dicha, significa que me siento sensible y abierto, y como decía antes, noto fácilmente cuando me cierro, entonces dejo que el caudal empuje y pum, me vuelvo a abrir.

Por cierto la apertura duele, pero no pasa nada, es que es así, no es un dolor lacerante, es parte del equilibrio, forma parte del surfeo, de la danza vital. 

No es fácil bailar en el caudal, hay oleajes y diferentes mareas, hay días demasiados luminosos, tórridos pero también hay noches frías, pero a pesar de eso, lo cierto es que no lo cambiaría ni daría un paso hacia atrás de lo recorrido.

 Esos momentos, son esos momentos, donde siento ese hilo de existencia. Aparecen y desaparecen, se asoman y súbitamente no están, el truco es no buscarlos, es estar. 

Hay situaciones, semillas de consciencia que siguen trabadas, pero no importa, ese corazón que mira va derritiendo realidades donde se van abriendo las cortinas del teatro. Se genera un pequeño goteo de conciencia que me ayuda a seguir avanzando ¿ A dónde?. Ya sé que no  hay lugar  a dónde ir, sólo he de seguir andando disfrutando de lo que me ofrece el camino, de esa mirada iniciática. 

 La mirada junto con su corazón van ampliándose, transformándose, y por doquier surge la belleza del vivir, que se va plasmando en el continuo andar del caminante.

Es como navegar en un antiguo bajel siguiendo las estrellas apartando la espuma de las olas ante un horizonte infinito.

 

 Artículo escrito por Carlos Serratacó

Junio 2026

Huelva, Andalucía 

Prince-"Purple Rain" 

 

viernes, enero 23, 2026

Un pajar apacible y una cuadra compartida. Una mente calmada y una vida en común.


 "Soy la gota que contiene el océano. Qué bello es ser un océano escondido dentro de una gota infinita"

 Yunu Emre  

El centro del granero o pajar es el de mayor amplitud, es donde apilo las balas de paja y donde también se encuentran los sacos de diferentes granos para el burro, las ovejas y las diferentes aves.

Se encuentra separada de la cuadra por una pared y una puerta. La cuadra es lugar para resguardarse y comer, y para jugar y dormir la siesta. Para protegerse de las inclemencias del tiempo y también sirve de observatorio desde donde otean el horizonte los animales. Es su hogar.

Cuando llego al campo lo primero que he de hacer es alimentarlos. A todo el mundo.

He de seguir un orden para que haya armonía cuando les doy de comer: hay cuatro ovejas, un burro y muchas gallinas y gallos.

Con la horca, que es un palo que dispone de varias varillas o púas largas muevo la paja.  Las balas, pacas, fardos de paja se acumulan unas encima de otras. Son rectángulos prensados de diferentes cereales como la avena, la cebada, el centeno o el trigo que una maquina prensa y "escupe" en fardos, que luego hay que recoger en el campo donde se ha cosechado el cereal, y llevarlo al granero.

El 4 de octubre nació una borreguita, era algo tan pequeño, tan vulnerable, tan minúsculo, que inmediatamente me lleve al burro y al borrego que son muy grandes al prado donde les deje guardados; y allí les dejé, pues temía que sin querer pisaran a la recién nacida. Al mes abrí el prado y el terco del borrego y el burro amoroso se reunieron con sus amigas las borregas. Hay una oveja francesa, una española, y una oscura, la bebita y un borrego francés, la raza se llama Ille de France.

 
 
 Nunca había tenido ovejas, era un pequeño sueño que deseaba. Aprender a criarlos y ver cómo era el día a día. Con el tema de los burros y burras llevo muchos años, y ahora que sólo está Trueno, el burro, conozco cada detalle de como convivir con ellos, pero con las ovejas no tenía ninguna experiencia, y tampoco sabía  cómo se iban a llevar entre ellos.
 
 Han pasado unos meses, y digamos que van juntos a todos lados, aunque cada uno tiene su personalidad y sus modos, resulta curioso como se cuidan, se protegen, y comparten la comida. 
 
La madre de la ovejita es la más lanzada, y la que va en busca de aventuras, y detrás de ella van la hija y las otras dos amigas. El burro y el borrego se encuentran hermanados, es decir, son colegas del alma. El borrego es muy terco y muy comilón, y a pesar que el burro podría imponer su autoridad no lo hace, le deja que se coma su comida y se va a otro comedero, y así van jugando y moviéndose de un lugar a otro en la propia cuadra.
 
Por medio, las aves comen de la comida común, y se abrigan entre la paja en estos días lluviosos.
 
El campo es un lugar en el cual me encuentro conmigo mismo de un modo muy real, y estoy como en mi corazón. Me enraíza muchísimo siempre, pues el trabajo es permanente y  es una obra de creación. Uno va generando situaciones de vida y de belleza, de entrega en la propia sencillez del barro, y en mi caso me encuentro bien. Es mi refugio ante cualquier situación, pero sobre todo cuando la vida trae tempestades y uno ha de estar sujeto a tierra para no salir con el viento huracanado por los aires.
 
Me calma pues la vida en la naturaleza es sosegada, es amable y allá donde mires hay una belleza abrumadora donde sólo puedes dar agradecimiento una y otra vez.
 
Uno es un medio para generar dicha belleza, para educar el corazón, para aprender a conjugarla, olerla, vivirla, sintetizarla, soltarla, amarla. Ya toda la casa se encuentra rodeada de un bosque, y cuando llegue hace  más veinte años era sólo tierra seca, una casa vieja y un árbol. Igual que el yoga me ha enseñado a irrigar mi alma experimentando en mí, ese aprendizaje lo he aplicado a la tierra, a los animales y ellos que son vida, me lo han devuelto con creces.
 
Sólo anhelo volver a vivir aquí. Tuve que irme por una enfermedad, pero ya estoy asimilado, hecho, reconquistado, preparado para volver a casa. Mi hija ya es más grande también. Ahora hemos de recuperar la casa que tiene algunos años de abandono. Es hermoso ver renacer las situaciones cuando parecían muertas, solo hay que regar con cariño y ser constante, tener cada día fe en el amanecer, en el día que nos muestra una vida entera; sus  diferentes situaciones, y en el descanso nocturno, y así día a día, con presencia, con coraje, con calma, entre árboles, pájaros, ovejas y un burro. 
 
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Huelva, Enero 2026 
 

domingo, noviembre 23, 2025

Rito y Sacralidad


 "La nube sólo es libre

de ir con el viento.

La lluvia sólo tiene

libertad para caer.

El agua sólo es libre.

cuando se une,

en sus descensos,

o en su ascenso al aire."

Wendell Berry

 La esterilla es un espacio de entrega, es un espacio sagrado. Un lugar donde nos encontramos con nosotros, y al sentirnos, sentimos la existencia.

Es sencillo de comprender. El yoga no es un ejercicio físico, es una simiente inmensa que genera muchas semillas hacia la espiritualidad, hacia el acto de vernos y reconocernos como parte de un todo.

Cada vez que estemos en esterilla, hay que ir educándose para imbuirse en dicho espacio sagrado. Y al entrar en la sala hemos de ir notando como cambiamos. Las emociones van calmándose: "el mar agitado, aquieta sus aguas". Se nos abre un lugar donde los ropajes se caen, donde es posible cualquier situación que nos ayude a comprender el acto del vivir.

El rito, para su comprensión, le hace falta una reiteración con dirección y rendición. Son esos pequeños gestos que vamos realizando a lo largo de una clase: el saludos, las posturas respetuosas, las pausas, los sucesivos sentires, los gestos de recogimiento, el contacto íntimo en calma, los modos, en definitiva. 

Cuanto menos ego haya en dicha entrega, en el  acto de vivir la clase de yoga, o en nuestra propia práctica personal, mayores aperturas hay para entender lo que estoy expresando. Es decir la dirección es la desnudez íntima, la aceptación, la humildad, la experiencia viva, la regulación, el sentido ético, la base sanadora, el dialogo entre corazón e intuición entre otras muchas cualidades que van surgiendo.

Es importante pues, si no el yoga te transforma en un ser hacia un ego que  vende humo, que siente el humo, que se encuentra envuelto en ello, y dicha ceguera nos va generar mayores inconvenientes para llegar a otras realidades fuera de las habituales.

 Es decir, vamos creando situaciones que se reiteran con una profunda carga simbólica donde el rito es cada vez nuevo, pero su reiteración nos entrega a nosotros y a nuestro interior. Ello va despertando una llama de intuición que nos conecta con algo misterioso y sagrado, algo muy profundo que late en el corazón de la tierra, y entonces nosotros pasamos a ser el filtro de ello, y es lo que transmitimos, lo que nos va transformando.

Lo sagrado es el misterio de la vida, es una dicha, un santosa, una fuerza, un permanente inicio, es un no pensar, es un milagro.

Una vez que atisbo lo sagrado que hay en mí, ya hay un espacio para mi propia sanación. Si hay un espacio dentro de mí, ya tengo herramientas para comprender el espacio que le hace falta al otro para su equilibrio interno.

El rito y lo sagrado han de llevarnos hacia nosotros, pero hacia el otro, pues todos nos conformamos, pues creo que hay que generar espacio comunes de crecimiento, de presencia en la vida y mayores cotas de conciencia.

Madredeus- "O Pastor" 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Noviembre, 2025 

 

 

domingo, julio 13, 2025

Olfateando la vida

 

Son los sentidos los que nos permiten realizar una composición de nuestra realidad, de cómo nos vemos y cómo vivimos el mundo. Dentro del budismo por ejemplo, se considera a la mente como otro sentido más, y diría igualmente que en el viaje interior del yoga surgen diferentes capacidades que nos permiten recabar información sobre lo que nos circunda, y por tanto ayudarnos a comprender, por ejemplo: las vibraciones, pues uno se convierte en una antena con el paso de los años, en un receptor y emisor de sentires, de energías, de lo invisible.

La vida actual con sus apresuramientos, con su engaño de la falta de tiempo, con su codicia en todos los niveles nos va embotando los sentidos. Los va taponando, como si el agua clara fuera cubriéndose de barro que nos impidiera ver el fondo del río. Da un poco de risa comentar que una pantalla no tiene sentidos, pero gran parte del día, la información que recogemos proviene de ahí.

Es decir, entre la falta de espacio de estar con uno mismo en una situación de calma escuchando y sintiendo la vida, a lo que sumamos la dictadura tecnológica en la cual estamos inmersos, se nos va castrando una percepción adecuada de la realidad, y por tanto de una interpretación vital que nos ayude a vivir con mayor plenitud y dicha, y ello nos aleja de nosotros mismos y de los demás. Diría incluso que nos cuesta mantener una narración continua vital sin interrupción tecnológica.

 Los sentidos se van cegando, la vida también, pues  ni sabemos como huele una manzana o una naranja, pues no hay tiempo para buscar una fresca. Antaño percibíamos con una mayor amplitud las situaciones; diría que no se iban acotando, pues creo que una característica de un buen uso de los sentidos es su oportunidad de amplitud, de descubrimiento. Al embotarse es como ver siempre el mismo corral. Hablo de realidades, no en inmediatez, sino en un discurrir de vida natural cuando se nos abre la existencia sensorial.

Entiendo que para recuperar los sentidos hace falta pausa, e igualmente ayudarnos a nosotros mismos a escuchar a la manzana, a olfatearla, a verla en su realidad de manzana, no como un producto para consumir,  reluciente, lustroso, pues el canto del ave sólo la oímos en pausa o en un tempo no acelerado y voraz.

Diría que a los poderes dominantes les interesa que los sentidos se encuentren ofuscados, insensibles, en cárceles prefijadas donde siempre se reiteran las mismas percepciones, y el manejar dichas interpretaciones permite manejar al ser humano, que poco a poco va perdiendo su potencial y su libertad.

El yoga es frescura, los sentidos también. Son presente, la vida también. Por lo que el yoga es una hermosa oportunidad para realizar el viaje de ir recuperando los sentidos y entre ellos el olfato.

Es el olfato un sentido que me atrae, en apariencia invisible, pero fundamental. Lo encuentro muy ligado a lo primigenio de la vida, a la tierra, a la naturaleza de donde provenimos, a la base del animal que somos.  Sin ese sentido no hubiéramos sobrevivido como especie, sólo hay que reflexionarlo un poco para darnos cuenta de su importancia.

Por las mañanas, de madrugada, y al atardecer salgo a pasear. Es un poco antes de la salida del sol cuando al andar con paso tranquilo me llegan los olores limpios, con una mayor nitidez: la sal del mar allá a lo lejos, el diferente olor de los árboles y los arbustos según avanzo por el bosque. Hay días en que siento mediante el olfato que se acercan las lluvias, o huelo un día de sol implacable. Igual que me llega el olor de las personas que amo y ello me remueve el corazón. 

En esos paseos me suelo detener ante un olor o un resplandor visual interno, y huelo la flor, o me restriego las manos para empaparme de su olor. Voy trazando una biblioteca de olores en mi interior dondecada perfume es un regalo que me da la vida en ese momento. Son olores breves, pero a la vez infinitos, eternos, pues permanecen en mí y en la vida que me rodea.

Hay una conjunción de sentidos, pues la vista aprecia la belleza, el tacto la acaricia, el sonido de las hojas me envuelve, y el olfato me lleva a mis ancestros, me lleva al origen, y a la vez siento que me ubico, que estoy colocado en el lugar que tengo que estar, me da una sensación de presencia inmensa, y sigo así, día día, paseando con mis pausas para sentir por los sentidos, y sobre todo me gusta oler la vida en estas diferentes situaciones, pues me recuerda que estoy vivo.

 Entre los animales es el olfato el que permite su supervivencia, su reproducción, la elección de pareja, su actuar en dicho momento. El mastín por ejemplo, la liebre o el burro,  aquí en casa, no dejo de asombrarme cuando levantan el hocico y reciben los olores de kilómetros, allá en lo lejos. Si el mastín olfatea peligro ladra; si la liebre percibe el brote verde, va hacia él por el olfato, y lo come lentamente; el burro, igual que el mastín decide en el último momento que hacer de acuerdo al olor, o permanecer en la estática y salir al trote en busca de una nueva aventura.

El yoga  nos va afinando los sentidos y nos ayuda a realizar un panorama de la realidad con un presente más veraz, pues el continuo afinar genera una mayor claridad donde hay menos barro en el agua descubriendo que hay una mayor nitidez de fondo, una realidad de mayor amabilidad.

 Además la propia practica de las diferentes posturas de yoga  ligada junto la respiración es un continuo fluir consciente  al percibir el mundo al inhalar, y es un limpiar lo interno al exhalar. Ya en la vida ese trabajo interno que realiza el yoga con la atención, potencia y amplifica los sentidos, ayudando a llevar las situaciones de vida hacia lugares de mayor ternura y belleza, para llevarnos de la mano a nuevos descubrimientos cotidianos.

Creo firmemente que la respiración dispone de una inteligencia que nos riega de vida lo interno, por tanto el olfato es ese canal de entrada de la inteligencia que recorre el universo y entra en nosotros, nos recorre, nos sana, nos limpia y vuelve hacia el cielo para que otro ser vivo lo siga compartiendo. El respirar no impone fronteras, y los olores tampoco tienen amo, por tanto el disponer de ese sentido agudizado nos ayuda enormemente en apreciar qué somos en contacto con la tierra y con el cielo, con lo tangible y con lo intangible, y nos hace darnos cuenta que todo se comparte, pues la vida es la de todos cuando la vivimos.

 

"Polk Salad Annie"-Tony Joe White 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Julio 2025

 

 

 

 

 

 

lunes, junio 23, 2025

La red de la vida: la fertilidad entre restos




 "Mira en tu interior, y en un instante conquistarás la apariencia y el vacío"

Seng-ts´an

En invierno vamos hacia el mar, cerca de casa, para  recorrer de un modo pausado la playa desierta. Alba y yo andamos despacio. Nuestros pasos acarician la arena. Las olas impetuosas y agitadas, propias de la estación, junto con el viento, nos acompañan. Es maravilloso ver que trae el mar. Él decide y  de acuerdo a su agitación de la noche anterior, trae diferentes restos.

Hay veces que trae troncos gigantescos desde las profundidades del océano, me doy cuenta entonces, que estuvo furioso, y sus aguas levantaban las moles como si fueran cerillas. Curiosamente junto al tronco de veinte o más metros, yace una tubería inmensa, mi cuerpo cabe dentro, una tubería de las miles que yacen en los fondos marinos entre los continentes.

Otras veces cuando se encuentra más apaciguado el mar, son miles las cañas y raíces que bañan la arena. La cañas tienen todas las longitudes, inmensas y largas, medianas, muy cortas: es como si hubieran cañaverales encima del agua y todas ellas hubieran acabado ahí tras la tormenta. Recojo una caña que uso de bastón, y me imagino que ha venido desde Essahuira, desde un huerto de color azul y rosa cercano al mar, y ella me saluda y me ayuda andar. 

La madera de las raíces, de la multitud de raíces con mil y un formas geométricas, se encuentran lisas y tremendamente suaves al acariciarlas, pues el agua ha transformado su textura durante meses y años. La madera es dura pero su piel es tierna. Me sorprende su resistencia a la podredumbre, pues parecen esculturas vivas bañadas por el sol de Huelva, indestructibles al paso del tiempo.

 Un sol tenue y suave que nos calienta un poco frente al frío mar de invierno.

Es entonces que elegimos un lugar, un sitio donde asentarnos. 

Vamos dando paseos alrededor del lugar elegido, y vamos recogiendo lentamente lo que nos ofrece el mar, generando figuras y formas con los restos de madera,  los palos, con las conchas, las piedras, las cañas, las plumas, todo nos vale. Y en esa playa vacía donde no hay nadie, un padre y una hija en comunión, en una sinergia ancestral, libres de elegir pero unidos al ir dando formas de acuerdo al instinto íntimo vamos concibiendo como si los dioses nos acompañaran con su soplo divino.

Pasan las horas. ¿qué horas? ¿qué es eso cuando uno se encuentra inmerso en la eternidad?

Acabada la ofrenda a la vida, a la creación, nos sentamos a sentir el viento, agradecidos.

Y volvemos andando: la hija, el padre, la arena, el mar, el viento, el sol, la ofrenda. Andamos todos de la mano. 

Mientras, vamos recogiendo cuerdas que trae el bello mar.

En casa y a lo largo de las semanas, voy desenredando las bolas de sogas, cordones, cordeles, sin prisa, disfrutando de ir quitando nudos y las diferentes situaciones inverosímiles que ha creado el mar con las cuerdas en su periplo por los mares del mundo. 

Por cierto, 

cuando llegamos a la casa este invierno, nos encontramos en el patio dos ramas secas añejas de vid. 

El amor riega, y regadas con amor, un día apareció un tallo muy pequeñito, y con el paso de las semanas hojitas, y de las ramitas que antes eran tallos empezaron a salir hilos con puntas a modo de garfio.

Fue entonces cuando empezamos atar las cuerdas desenredadas del mar desde lo alto de la parra.

En el campo, cuando doy de comer al burro y a las ovejas, su comida se encuentra atada por unos cordeles azules y negros en rectángulos inmensos que son las balas de paja. 

Pues a la red, a la telaraña que estábamos tejiendo hacia el cielo sume las cuerdas que recorren continentes, las cuerdas del burro y la oveja.

Y ella, la parra va andando colocando un hilo a modo de anzuelo en un cordel, y otro día en otro. 

 Cada día al amanecer, y al atardecer salgo al patio, y me quedo  observando por donde quiere ir mi amiga la parra, y ella me dice por aquí, por allá, y así voy cosiendo, soy una araña que observa y ata pequeños nudos sujetando la semilla de la belleza. La ayudo a crecer a la parra pero ella me señala por donde quiere andar.

 Cuando la luz se esconde  en el patio andaluz, Alba mi amor, mi mira. María, mi amor me mira. Copito el conejo también mira. Y así vivimos, donde cada día una parra nos muestra el milagro del vivir. 

Un día ella, mi amiga la parra me hablo, me asome y dos racimos hermosos de uvas colgaban escondidos entre las hojas.

La ayudo, ella me agradece. Le dedico mi espacio en calma, me ofrece su crecer en paz.

Nos comprendemos. 

Mi vida es eso, un tejer donde las alegrías, las dichas, las tristezas, los dolores, los colores de la existencia, la luz, la oscuridad...  y cada cuerda, cada momento, se une al otro dando un sentido profundo al acto de vivir. Donde cada persona con la cual he respirado y con la que no, me ayuda, aquí, en este rincón de Huelva a seguir tejiendo una red de vida para que nos dé sombra los días que hay un sol abrasador.

Bassekou Kouyate&Ngoniba- "Jamako" 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, 23 de Junio, 2025 


 

jueves, mayo 29, 2025

La mirada de la belleza en yoga, la conciencia ampliada


"Ese olor, ¡oh Tierra!, que de ti emana
Ese olor que traen las plantas y las aguas.
Ese olor que compartieron
los espíritus y las ninfas.
Con ese olor haz de mí una fragancia
y que nadie nos desee daño alguno"
Prthivisukta (Himno a la tierra)
 
Es un despertar de la sensibilidad lo que vamos sintiendo en nuestra progresión en yoga, son pequeños momentos, en el silencio del vivir que nos colman. No hay una mente que analiza. Es sencillamente un sentir. Un misterio plagado de profundidad espiritual, pues no hay distorsión, hay una belleza que lo plaga todo. La realidad se encuentra en su lugar y ella es una.
 
Me pasa en soledad mucho, también cuando socializo; pero la percepción es más fina, de mayor calado, en soledad. Siento que mi conciencia dispone de una mayor apertura. Me encuentro abierto a la vida sin ser tan protagonista ni entrando en sus juegos, solo formando parte de ella, participando en su sentir y generando belleza.
 
 Siento que la vida es circular en el sentido de ayudarse, transformarse y volver a ser, y si nuestro trabajo de atención sensible nos va ayudando a mayores aperturas, la vida nos lo agradece mostrándonos su armonía hermosa.
 
Me recuerda a veces cuando llevas algunos años profundizando en trabajos de mayor calado con el alumnado donde vas sintiendo viendo como le cambia el cuerpo, el rostro, la luz de su interno, y va surgiendo una belleza que se encontraba taponada en el interior, un espíritu común donde ya no hay una conciencia tan limitante a los surcos habituales, se abren puertas y entra el aire.
 
Me pasa en el campo donde siento ese río profundo, esa amplitud de darme cuenta conscientemente con  la conciencia del burro, de las ovejitas, de los pájaros, las aves, de los árboles, de las nubes tan cercanas, de la misma tierra. Nos damos todos cuenta y nos apoyamos.
 
Comprendo lo que me dicen, no me hablan, lo siento, y en base a eso voy moviéndome para dar armonía a lo que mi conciencia capta de la suya, y así voy viviendo. Quedándome absorto muchas veces por la fortuna de darme cuenta de mi corazón abierto, y de poder comunicar bajo otras percepciones.
 
También ocurre en otras situaciones y lugares, cuando se cierra el caudal, cuando la mente es  participativa en emociones no sanas, aunque no le eche mucha cuenta, me duele, lo gestiono aceptando y aprendiendo a nadar de nuevo en la vía, sin muchos aspavientos, sin muchas preguntas, utilizando las herramientas que me ha dotado el yoga en mi andar. 
 
Del desequilibrio, al equilibrio, eso es postura. También así es el caminar.
 
Es importante educar la atención en aquello que nos abre,  que nos resuelve, que nos fluye, que nos aligera para generar unas raíces profundas y fuertes, de modo que cuando nos duela nuestra sensibilidad, que también duele, nos bañemos de nuevo refrescándonos en un mar de hermosura, para renovarnos nadando en la nueva realidad.
 
Cuando la conciencia abierta situada en un fluir de calma vaya siendo más asiduo, hemos de darnos cuenta cómo hemos ido regando las flores, cómo hemos ido podando, qué colores hemos generado, de dónde ha surgido la armonía, y así, día a día, buscar la luz de la apertura de lo que nos sana.
 
 
 
Articulo escrito por Carlos Serratacó
Huelva, Mayo 2025
 




 

domingo, mayo 18, 2025

Plantando arbolitos en mi conciencia


 "Somos lo que sembramos y regamos" 

Carlos

 

Son una higuera y dos nísperos.

Una nace de un palo. Las otras de dos semillas de un fruto que comí.

El yoga en nosotros es igual:

Es importante saber que semillas plantamos, y cuales disponemos en nuestra conciencia.

Donde sólo la atención amorosa genera la belleza y el equilibrio.

Mañana, estos arbolitos, los plantaré.

En unos años darán fruto. 

A su ritmo,

sin forzar,

sin prisa,

sin planes perfectos.

Sólo con atención desenfadada. 



 Facto Delafé y las Flores Azules-"Mar el poder del mar"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Mayo 2025

 

jueves, abril 03, 2025

Significados del yoga: una unidad de vida

"La progresión es aprender a discernir, y despertar la intuición. No hay meta, hay camino" 

"Afinamos la conciencia en unidad. Es el imán que atrae lo disperso. Nos construye y estructura desde la fragmentación"

Carlos

 La raíz sánscrita de yoga significa yugo. Es una etimología antigua que me atrae, su significado: "Instrumento de madera que se usa para unir a dos animales de tiro, como bueyes o mulas, para que tiren de un carro o arado".

Podemos ampliar la comprensión con los siguientes términos: "reunirse", "unirse", y uno que me encanta: "Atar juntos los filamentos de la mente". 

Lo que queda claro es que el yoga es unión. A lo largo de estos años hemos ido narrando que es lo que vamos uniendo, pero vamos realizar un recordatorio e introducir nuevos aspectos que nos ayuden a nuestra práctica.

Si practicamos asana, la semilla es ir uniendo las partes de nuestro cuerpo e ir aprendiendo a experienciar el conjunto en dicho espacio de presente. Lo digo así, porque no consiste en imaginar mi cuerpo conceptualmente, sino en vivenciarlo.

 La mente es tan cómoda que uno puede estar, por ejemplo, en Virabhadrasana II, y que el alumnado sólo sienta los brazos, y si me apuras sólo sienta el brazo de la pierna que tiene flexionada, por ejemplo la derecha. El nutrir la semilla sería ir aunando las diferentes partes del cuerpo: los brazos en su conjunto, su unión con la cabeza, tórax y espalda, su relación con la apertura de piernas y la pelvis, un correcto reparto de peso del conjunto en su aparente estática, una dirección adecuada, que las partes se encuentren equilibradas y en calma, sin tensión, únicamente con el tono justo, mientras que otras partes se encuentran en un abandono atento. Es decir hemos ido uniendo las partes del cuerpo desde un eje centrado, que nace de nuestra atención consciente.

Hemos ido así, domando al buey. 

Pero si nos damos cuenta, hemos ido uniendo las partes "bajo un yugo". Como preámbulo destacaría dos puntos:

Primero, parto de la base que el yoga ha de estar plasmado de respeto y amor. Un yoga violento basado en la exigencia, genera rigideces y una mente dura, aunque la camufle entre florecitas verdes. Por tanto, el yugo amoroso reúne bajo el respeto de uno mismo, y mediante un aprendizaje de atención calmada una sensibilidad más amplia de la habitual, y a su vez permite a lo interno conocerse, hacerse amigo, frotarse, y trabajar por el bien común.

Segundo, una mente blanda es dúctil, se permite acoplarse y ajustarse a las situaciones y a la propia realidad que genera adquiriendo la forma de dicha situación o realidad, sin la necesidad de oponerse ni luchar con ella, y así amoldada, la transforma, si fuera necesario, en una progresión calmada.

Queremos decir que internamente unimos los elementos, que despiertan su sensibilidad y su escucha, para ayudarnos a las diferentes situaciones del día a día adaptándonos.

Ese yugo lo dirige un eje centrado, un eje que al darse cuenta de los diferentes desequilibrios de las partes, los ajusta y permite que se ayuden. Es importante que sea en presente, reitero, pues si no, no cabe ajuste. Pues es unicamente en presente donde podemos modificar lo que nos ocurre en ese momento, si estamos inmersos en la realidad de lo que vivimos.

 Dicho eje centrado nace de una atención unida a una respiración, donde bajo la lucidez de la calma vamos dirigiendo una orquesta de música interna que genera melodías de vida en nuestro ser, y en este caso hablando de asana, lo hacemos mediante posturas en una clase de yoga.

 Es decir por un lado nos muta la realidad hacia una vida de mayor amabilidad, dulzura, ductilidad y tolerancia; y por otro, en las posturas nos ayuda a comprendernos. Por lo que este yoga bajo determinadas condiciones, nos lleva a mayores cotas de profundidad y mayores descubrimientos, pues para eso lo estudiaron los antiguos, y en ello resulta esencial por tanto, en todo momento, la unión-el yugo- en atención.

Un yoga, es por ejemplo la unión con la vida, pues uno al sentirse vivo, siente la vida y se siento adehrido y parte de ella. Y si las partes dialogan, están vivas; si el sistema nervioso de las partes interactúan están vivas. Si mi conciencia se amplia al sentirme en unidad, en lugar de sentirme fragmentado, siento la vida en un conjunto sin igual. Si me siento unido, surge la belleza del bien común. Mi ego rebajado, ya no es tan egoísta ni se encuentra tan separado del conjunto.

Recordemos que la postura, y la misma clase de yoga es una metáfora de nuestro modo de ser y de vivir, por tanto, las bondades que nacen de dicha entrega desinteresada en uno mismo se plasma en mi diario,  en mi vida, sin que haga falta que me encuentre realizando ninguna postura. 

Hablando de egos, el encontrarnos con nosotros mismos sin tanta lucha ni demostraciones vacuas, va surgiendo un cochero que lleva el carro que empujan los bueyes. Es un trabajo de una vida enseñar a los bueyes a ir de la mano, donde lo que importa es el andar. 

Aquel que dirige es la esencia, el yo real, la persona desnuda sin máscara ni ropajes, pues los diferentes egos que nos abarcaban que pugnaban en una lucha permanente entre nuestro inconsciente y el resurgir de una esencia de un yo real, se van diluyendo. Y si surgen, resulta más fácil, cazarlos.

Ello es gracias a que ese yo real, desde un yoga esencia donde se han unido "los filamentos de la mente",  nos  va abriendo puertas, y ese viaje  que sencillamente empezó desde las distracciones mentales habituales hacia situaciones mas centradas,  nos ha cambiado y ampliado la conciencia, que junto con los demás conjuntos que nos pueblan, respiración, cuerpo, energía... van todos de la mano para ser nosotros mismos, sin tanto miedo a ser, en una permanente transformación, con confianza en que los bueyes encontraran la dirección adecuada, dejando que la vida viva en nosotros, con las manos sueltas sobre las riendas, sin tanto control ni perfecciones, sólo con la confianza  abandonada en una atención amorosamente flexible, adecuadamente nutrida.


Articulo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Abril, 2025

Bruce Springsteen-"Hungry Heart" 

 

 

 
 

viernes, noviembre 22, 2024

Significados del yoga: verme con consciencia

 

"Verse a uno mismo es mejor que engañarse"

Carlos

El yoga es uno de los seis sistemas esenciales de la filosofía o pensamiento de la India que se conocen como darsana, que a su vez se deriva de la raíz sánscrita drs que nos muestra varios significados: "ver", "vista", "mirar", "punto de vista", "cierta forma de ver".

La idea de fondo es mirar hacia nosotros mismos para ir reconociendo lo que somos, digamos que es un trabajo que dura una vida. Dicha observación, a mi entender ha de hacerse bajo determinados supuestos, "el verse a uno mismo", es decir bajo unas condiciones de calma y conciencia, unos determinados trabajos corporales sin exigencias envueltos en respeto y amor. 

Ese modo de verse hacia nuestras profundidades, "nos despierta". La conciencia adquiere vida y mira, y nos vamos "limpiando" de las impurezas o autoengaños en los cuales estamos inmersos, mostrándonos una realidad con menos ficciones y cuentos absurdos.

Recordemos aquí que dentro del aspecto ético del yoga, esa cualidad tan importante como "tapas" donde la constancia refinada en el fuego de la practica de la vida, nos equilibra con el agua, para atemperar, en un permanente equilibrio de búsqueda de uno mismo nuestro vivir. Ha de ser una constancia inteligentemente espiritual, como una lluvia fina que riega nuestro corazón, sin dar tanta preponderancia a lo mental.

Nuestros sentido funcionan hacia el exterior, y estamos automatizados en una continua búsqueda de estímulos. Ello nos construye. Pero si aprendemos a mirar hacia el interior, y a permancer ahí, nos damos cuenta que nuestra visión muta, los sentidos se interiorizan, su dirección cambia. Ya no hay tanta distracción, ni tanta dispersión. Surge "la escucha interior" que emana de una unidad que es esa conciencia viva. Es un proceso continuo de deconstrucción.

Aprendes a ver con tus ojos internos, hacia dentro, con lo que esta frase tiene de metafórico, a sentir lo que eres, no una imagen que te da un espejo o te dan otras personas. Ese modo de ver te cambia la percepción de ti y del mundo, eso es yoga.

Es importante comprender que no es lo mismo "ver con conciencia" que vivir inconscientemente, de ahí que "el punto de vista", este modo de mirar, es como una luz perenne que te guía para estar vivo cada día, pues sí o sí esa nueva situación te va actualizando como ser humano, diría, como un buen ser humano.

Finalmente comentar que el yoga nos permite vivir abiertos a la luz de la vida, flexibles hacia la vida cotidiana, limando nuestras rigideces, tanto de nuestros actos como de nuestro mental, lo que nos ayuda a disponer de "otros modos de ver" ante las situaciones vitales, así como una mayor adaptabilidad, evitando tanta reactividad y sufrimiento.


Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Noviembre 2024

"Supernatural Thing"-"Ben E. King"

sábado, noviembre 16, 2024

Atardece estando en uno

 


"El miedo es un modo brutal de dominación y de condicionamiento hacia el otro, y hacia la población"

Carlos

 Hubo un tiempo que al atardecer no encendía las luces de la casa. Dejaba que la oscuridad del horizonte  fuera penetrando, y que la noche me fuera envolviendo.

Entonces encendía una pequeña vela a modo de pequeño faro  en mitad de la noche oscura.

Me sentaba a sentir el silencio, y los pequeños sonidos distanciados que de vez en cuando me traía la naturaleza: un ladrido lejano de un perro, el canto de la lechuza del olivar.

Esas circunstancias en las que me encontraba lo denominaba la propia soledad del ser, situación de espíritu que me hacía enormemente dichoso.

No necesitaba ni ruido interno, ni externo, ni luz artificial para sentirme acompañado. Era suficiente con permanecer en mí y escuchar la vida.

El yoga es tan sencillo, y tan enormemente amplio.

"Pregón del miedo"-David Lagos

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Noviembre 2024

martes, octubre 22, 2024

Los pequeños gestos en yoga

 

¿ En dónde guardan los ojos sus tesoros ? Alejandra Pizarnik

Habitualmente practicamos el yoga mediante posturas o asanas. Es importante que sepamos que las posturas a la vez que nos movilizan el cuerpo y su musculatura, nos mueven las emociones, actúan directamente sobre la mente, permiten y generan autopistas respiratorias irrigando unas partes más que otras, y todo ello modifica nuestro campo de conciencia. Igualmente, como siempre comento, creo que el resultado es así en el conjunto, si al impartirlo, se hace bajo determinadas condiciones.

Una postura tal cual, sin sentido, a pelo, digamos me parece una situación grosera. Pues creo que una clase de yoga es un viaje al interno, donde vamos conjugando lo comentado para llegar hacia situaciones novedosas de conciencia, de sentir, de sensibilidad, de descubrimiento, en definitiva es una labor lenta, donde es lo mismo las semanas, los meses, los años que pasen.  Importa, digamos, ese viaje de  conciencia. Por lo que una clase dispone de una progresión respetuosa donde de acuerdo al propio trayecto interno del profesorado se puede crear música en el alma, o posturas puramente físicas.

Según va pasando el tiempo una propia postura se convierte en pequeños gestos de comprensión cada vez mas sencillos, donde dicho gesto supone una luminaria de conciencia hacia el alumnado. Ello es así porque uno ha crecido como persona, como ser humano, y su yoga ha ido tomando a derribo esa mente dura y exigente, y la ido llevando de viaje mediante el sentir hacia un corazón dulce. 

Por lo tanto es lo natural que en nuestra vida aparezcan los pequeños gestos de amor, de ternura, de compresión hacia las personas que queremos, donde seamos capaces de entrar en nosotros para acompañarnos de otro modo, digamos con mayor humanidad, para así ser capaces de compartir nuestra humanidad con nuestros semejantes.

Son muchos los obstáculos para llegar al pequeño gesto sencillo de sentirse humano, y es la capacidad de cada uno la que permite indagar en si mismo hacia un yoga plagado de vida. Si perseveramos vamos encontrando en nosotros señales de compasión, de fortaleza, de coraje, de vulnerabilidad, de amor, de dulzura, de belleza, donde nuestro pequeño mundo se hace infinito, y se convierte en situaciones de mayor amplitud y de tolerancia.

                                          

 Bailarines: Edward Watson and Marianela Nuñez

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, octubre, 2024

                                          


    

domingo, septiembre 29, 2024

Recorriendo el alma en la sensibilidad del yoga


"En lo que se ve debe haber solamente lo visto; en lo que se oye, solamente lo oído; en lo que se siente

( olor, gusto, tacto), solamente lo sentido; en lo que se piensa, solamente lo pensado"

Udána I,10

El yoga me parece un recorrido de lo interno donde la observancia de uno mismo nos abre cauces de sensibilidad insospechados, nada conocidos en lo habitual, hasta que uno los va sintiendo y experimentando, pues quedan insertados en nuestra alma y nuestra piel. La vida se transforma, su belleza nos nutre, nos abraza y nos clarifica, nos ayuda a ver.

 Este fluir permanente de vida no se encuentra unicamente plagado de dichas y felicidades varias, sino igualmente de otras miradas hacia lo que uno es y hacia lo que es el mundo, y sobre todo, nos recorre las entrañas sobre el sentido de nuestra propia existencia, y por tanto el abanico de situaciones es variopinto y muchas veces desconocido, y plagado de descubrimientos.

 Por tanto, unas veces uno siente mucha felicidad ante la propia vida, ante lo que te ofrece y ello te ayuda a generar anclas ante los propios vaivenes que genera ese recorrido y disfrutar en pausa de ese surfeo más apacible y dichoso, pues otras veces aparece un sufrimiento fuerte, que el propio caudal rebaja a su lugar, y lo acoge para sumarlo a la gran comprensión  de lo que es uno mismo. A veces ese sufrimiento o confusión grande te arrastra, resulta entonces necesario ni proyectar ni adherirse, sino enraizarse con brío al presente.

Sin un eje interior claro, una escucha  interna adecuada, y como comento, un enraizamiento firme en el presente, y sobre todo, una mente calmada y vigilante creo que resulta complicado viajar hacia profundidades de uno mismo, donde es el propio sentido del yoga el que te va dirigiendo. 

Hablo al hablar de lo interno, del propio nacimiento de nuestra espiritualidad, la capacidad de abrirnos a la totalidad, aunque duela muchas veces.

Entiendo además que va surgiendo, o se van abriendo esas puertas del misterio de acuerdo a nuestra propia capacidad de entrega y  apertura a esa totalidad, y sabemos que eso es muy difícil. Ademas sin una experimentación clara sobre las propias herramientas que te pueden ayudar a volver al eje, o mantenerte en el presente, o sencillamente estar  vivo caiga lo que caiga requiere una entrega sin meta, solicita un escalonado lucido, y una constancia adecuada y adaptativa aunque surjan las confusiones y las distracciones, o las vueltas hacia atrás.

Ahora hablemos en cristiano para entendernos: el yoga te muestra la vida tal cual es, por tanto si tienes coraje, te muestra tu alma tal cual es. Cuando hablo de alma hablo de ese corazón no almidonado entre tantos cerrazones, hablo de un corazón propio donde la cicatriz duele y uno la mira y la acepta, o si hay heridas va aplicando curas. Podríamos decir que uno no se esconde ante uno mismo, y se enfrenta a sus propias contradicciones, y no huye hacia ningún lugar, ni tampoco se engaña y vive con dicha narración, y como podemos imaginar,  el no esconderte de ti, eso a veces, es una mierda, pero es preferible a un engaño en vida o el vivir auto referenciado bajo capas de mentira. Prefiero ir hacia el desnudo integral, quitarme los ropajes.

 Hablando de mierdas, que por cierto la de burro, no huele mal, y la de oveja es algo más fuerte, puedo decir que estos días la he estado recogiendo en carretillas, pues cada vez que saco a dar un paseo a Max el mastín, bajo una carretilla a la entrada del campo, y literalmente, la subo llena de mierda, sobre todo ya más seca. Luego son los árboles, los insectos y la propia tierra y vida la que se regenera con dicho regalo, pues podríamos decir que lo mismo pasa con lo interno, uno nunca quiere ver nada y va endureciendo el corazón, pero cuando mira la mierda de frente, cierra los ojos, y al abrirlos hay una flor, o muchas flores.

Es decir el mirarnos duele unas veces y otras no, pero si te duele y sigues mirando muchas veces nacen situaciones hermosas e inesperadas, nace el canto de la vida, que es el canto de las aves. Nace la brisa que te mece mientras acaricia tu piel. Nace tu capacidad de darte cuenta en paz de como todo se ayuda, y se une a ti.

Es importante recordar que cerramos los ojos a lo que somos  con aquello superfluo que nos ofrece el medio o con aquello inoperante que nos ofrece nuestro ego. Ya depende de nuestro propio camino el que sepamos encontrar o no una buena azada, o corta setos para desbrozar la tierra, o el bosque de nuestro interno.

Volvamos ahora al título del artículo: entiendo el recorrer como visitar caminos inexplorados en la propia orografía montañosa de nuestro interior, y entiendo que al recorrer lo nuevo o recorrer aquello que no queríamos ver y que nace de aquello que estaba escondido, nos vamos transformando en seres vivos con una mayor sensibilidad. 

Es como cuando haces posturas yoga y eres capaz de escucharte y disponer de unas pausas para sentirte, pues de ahí vas abriendo puertas a tu corazón y vas desestructurando una mente condicionada, pues lo mismo pasa aquí. Uno va aprendiendo a sentirse, y también es consciente que el sentir tampoco es un dios idolatrado, sino un modo de mirarse y mirar la vida, lo cual también solicita equilibrio y serenidad.

Entonces uno aprende a mirarse el corazón y a mirarse a uno mismo, y ello te permite percibir el mundo y tu vida bajo prismas completamente diferentes a los habituales, y vas siendo consciente, es decir te vas dando cuenta de la gran aventura en la cual te has embarcado, pero no te domina el miedo pues es la propia presencia la que te coloca de nuevo en el eje para seguir andando y cayendo, andando y levantándote, andando y viviendo.

 

"Bach, ´Suite 1 violonchelo-"JIn Kyung Kim 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Septiembre 2024



jueves, julio 18, 2024

El lenguaje de la naturaleza, el lenguaje del yoga, los sentidos

 

¿Cómo se puede hallar una gota de agua fresca en un montón de huesos secos?

antiguo dicho zen


Por suerte, y gracias a la bondad de los dioses, el yoga no nace ni de las redes sociales, ni de egos desmesurados. Nace hace miles años, cuando las personas vivían de otro modo: vivían en comunión con la naturaleza. Quizás hasta podíamos retroceder a cuando nuestros ancestros habitaban las cuevas, y en ese silencio sobrecogedor y húmedo de una profundidad montañosa se sentaban a meditar para indagar en ellos o para dialogar con alguna presencia que sentían.

¿Quién sabe quizás, que al hacerse el humano uno con el bosque y con las praderas para poder así, mimetizado en el medio, entre la hojarasca y los árboles, siendo pura calma y pura escucha para poder cazar, para sobrevivir, ello fue el germen de muchos planteamientos del yoga?

El yoga despierta en nosotros muchas habilidades extraordinarias que me recuerdan a lo que digo, por ejemplo, nuestros sentidos recuperan su potencialidad, y no sólo eso, sino que nos abren a otros sentidos, como por ejemplo el sentido de la mente, el sentido de la intuición, de la sensibilidad, de las diferentes vibraciones, etc. Partimos de la base que nuestra cultura materialista y egoísta centrada en el derecho democrático de vivir cómodos y con derecho a la queja permanente nos ciega los sentidos. Un yoga con una adecuada dirección nos quita la venda de dichos sentidos, los revitaliza, y nos descubre otros. Los sentidos como órganos de recepción de información que luego procesamos para una adecuada supervivencia o un buen saber actuar el yoga los unifica, los centra y los discierne, sabiendo que es lo más adecuado en ese presente vivo, pues es ese propio centro vital el que clarifica, une y decide, dando así una versión de la realidad adecuada y más de acorde con lo que sucede.

Recordemos que sin una mente entrenada en la limpieza de impurezas y sin adecuar nuestro interno hacia la claridad de la luz, aquello que perciben los sentidos mal interpretarán los estímulos, y estaremos sobre todo marchando en zigzag de aquí para allá apegados a cualquier futilidad. 

Los humanos entonces disponían de otras circunstancias donde resultaba esencial comprender el lenguaje de la naturaleza, pues podemos decir que la naturaleza nos habla, nos dialoga, y nos comunica, como si fuera una gran sentido mayúsculo, con la ventaja que somos naturaleza, por lo cual, al ser el conjunto la propia sustancia vital, la comunión es mayor.

Ese cazador en el bosque, sus sentidos, su percepción, su consciencia y su modo de saber estar se encontraban imbuidos en el silencio de ser para poder así cazar a su hermano del bosque, la pieza. Comía por necesidad, no por hedonismo nutricional y tenía la valentía de arriesgar su vida en ello. No es como ahora, donde miles de animales encerrados en jaulas desde su nacimiento hasta su muerte, acaban en una bandejita de plástico impoluta e impecable. El cazador de lo interno comprendía el lenguaje de la naturaleza y por ende su propio interno con el cosmos.

 Nosotros actualmente ya estamos cazados, diría que siempre somos la presa, ligados a las mismas rutinas y los mismos quehaceres, y ciegos entre tanto absurdo alienado. Somos esclavos y presas de nuestras propias falacias, plagados y apegados a cualquier aspecto de nuestra personalidad  o emoción que ni sabemos de donde surge, ni nos lo preguntamos. No hay escucha, tampoco comunión, no hay calma, ni tampoco roce con lo natural. Hay inmediatez falaz.

Incapaces de reconocernos en nuestro ser esencial, por tanto, ni nos planteamos cuestionar el modo de vida que llevamos, ni tampoco tenemos el coraje, ni la bravura, ni la audacia suficientes para realizar ningún cambio al respecto.

El yoga, su lenguaje se va mostrando de muchos modos, para ello digamos hay muchos tipos de yoga, donde ahondamos de un modo calmado en nosotros para descubrir el misterio de ser cazadores de nuestras propias sombras, o cazadores de luz. Para ello no es necesario estar haciendo y demostrando, sólo nos vale con nuestra actitud ante la vida, una disposición centrada y libre. Uno puede ser un buen yogui sin estar haciendo a modo convulsivo, y sin estar ahogado llenando horas de la existencia en un millón de actividades, podríamos llamarlo "el hacer sin hacer". Uno ya no es una maquina activa y a pleno funcionamiento repitiendo todo el día "perfecto"..."perfecto", sencillamente es un ser humano donde prima lo recepetivo, pero donde hay un equilibrio entre lo activo y lo pasivo.

El cazador en el bosque permanecía en la estática horas y días, su hacer era la atención y la escucha, y sus movimientos eran los justos, en silencio.  El yoga mimetiza a ese hombre del bosque, a ese hombre natural.

Podemos estudiar mediante las asanas nuestro cuerpo, y también estudiar nuestra mente, podemos indagar en nuestra respiración, también podemos entregarnos sin tanta codicia a las acciones diarias, podemos ser amorosos, podemos ser menos egoístas. Podría seguir, pero no es necesario, son sencillamente algunos ejemplos de tipos de yoga. Según nos desestructuramos y ahondamos surge ese lenguaje de antaño, esa lectura natural de la vida. Uno es capaz de comprender a un árbol, de dialogar con un ave, de respetar el ciclo de la vida y la muerte, de saber leer esos signos, que ya no son símbolos convertidos en conceptos que sustituyen a la realidad generando ficciones y desperdicios de vida, son la realidad del lenguaje del yoga en plena sencillez, y de la naturaleza de los que somos, interpretados por multitud de sentidos, pues uno es una antena sensible, abierta al amor y plagado de imperfecciones como la naturaleza misma, pero en comunión con la belleza vital del sabor de existir sin miedo a ser uno.

Canserbero-"¿Y la felicidad qué?" 

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Julio 2024


martes, abril 16, 2024

El amor como un rayo de sol


 "Alba: ¿Qué nombre ponemos al corderito?
Se llama Cosita papá."
 

 A lo largo de todos estos años he ido sintiendo como el yoga transformaba mi vida hacia lugares que antaño me parecían insospechados sencillamente porque no sentía ni por asomo lo que siento en estos momentos.

Partimos de la base que creo en un yoga integral donde el eje de la conciencia es la referencia interna de mi quehacer en el día a día. Ha sido el propio yoga el que ha ido despertando y ampliando esa conciencia convirtiéndola en una consciencia amplia y abierta, es decir un ente calmado y observador, muy despierto y vibrante, sutil y profundamente sensible consigo mismo y con su entorno vital.

El yoga no son posturas físicas, es mucho más, abarca una práctica total donde la esterilla es la propia vida, y donde de un modo muy paciente vamos encajando en los diferentes canales vitales y olas vibratorias que conforman y confirman la vida. Esta situación genera una armonía con la existencia que pasa de estar inerte a estar completamente viva.

Recuerdo el tacto de mi piel cuando empecé hace más de dos décadas, y mi cuerpo: estaban duros. Ahora mi piel es suave, y mi cuerpo es blando y adaptable. Por aquel entonces, mi corazón no era tan ancho, era más pequeñito, y diría que ajeno a mí mismo pues tenía poca relación con él, no dialogábamos mucho y al estar mi pecho tan duro, me costaba entablar conversaciones amenas, había demasiados muros. Ahora la situación es diferente, vivo en él y me encuentro cómodo y a gusto, también me doy cuenta de su infinitud. Es curiosa su profundidad; es tanta y tan honda, como cuando uno tiene un dolor inimaginable, y se encuentra en paz desde esa hondura a pesar del sufrimiento. Diría que son las profundidades de las puertas que nos va abriendo la consciencia, y que comulgan con la propia esencia y misterio de la vida. 

La mente también me ha cambiado muchísimo, antes vivía pendiente de aquellas rutinas que suponen una vida con los objetivos sociales marcados a hierro subliminal, o los heredados de la familia. Mi mente era de bastante opacidad a pesar que siempre he sido una persona despierta, sensible y particular. Y en cuanto a mi persona, sí, era yo, pero tampoco era eso, vivía más en una amalgama. Ahora es diferente, Soy en una claridad meridiana, y no siento dispersión, sino una unidad viva y esponjosa, y me reconozco y nutro en ello a cada momento.

No participo mucho en ser, pero le doy una dirección, que es la que observa mi interno. Igualmente, no me interesa ningún protagonismo de ser nada, tampoco dispongo de objetivos, y mi amor hacia las personas que amo ha pasado a ser de una ternura inimaginable. Es como si el corazón hubiera ido adquiriendo las cualidades de esponjosidad, blandura y profundidad que comentaba.

Me alegra tanto también poder amar así, a mi hija, a mi pareja, a las personas que quiero, al verdor de la tierra, a los colores del cielo, al sabor del mar, y a tantas situaciones o sentires, que lo hago en silencio, sin armar ruido, dichoso de ello, y feliz de poder disfrutar del amor de la vida y del corazón. 

El sentir que el corazón con el paso de los años es capaz de seguir creciendo en su palpitar resulta estremecedor, y de una delicadeza muy bella, la propia mirada que emerge de ello.

Estoy agradecido también el haber tenido la oportunidad de realizar un andar en yoga que me ha traído hasta estos lugares, y también agradecido de compartir el periplo, por ejemplo, escribiendo o disfrutando en el silencio de la sala de yoga, o siendo capaz de dar y recibir del modo que lo hago ahora.

Es entonces un rayo de sol el que abre nuestro corazón y nuestra consciencia, un rayo  que conmueve, un rayo llamado yoga. Un rayo de amor y de ser, de estar y de andar, de vivir bajo el estremecimiento calmado de lo incierto. Tan real y sabroso que solo cabe bailar y gritar de dicha a la vida.

 

  Fito Paez-"El amor después del amor"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Abril 2024

martes, abril 02, 2024

Vivir sin red, un andar por el yoga sintiendo los pies


"Nos sujetan y nos dan la verticalidad, nos enraízan y nos dan la realidad,
encerrados los tenemos: ¿Cuándo los liberaremos?
Carlos

 

Soy de pies grandes, y antes de empezar a practicar yoga calzaba un 44,5. Tras bastantes años de práctica, ya calzo un 46. Resulta curioso que según progresaba en mi yoga los zapatos se me iban haciendo pequeños, y que a su vez mi mirada de la realidad con un pie pequeño, ha mutado a una realidad igual de grande que mi pie ahora. 

El mundo es de una mayor amabilidad y más amplio. Antes mi mente era más cerrada y limitada, estaba más pendiente de mis propios egoísmos, ahora no es así, soy de una mayor empatía y compasión. También según iba cambiando de zapato me iba quitando tantos ropajes, y ahora con poco, voy cómodo, y tampoco hace falta que sean de ninguna marca, no me siento adherido a Ser por una etiqueta. Calzo un 46 que crece, y con ello Soy. 

Entiendo que un día dejara de crecerme el pie, y ya me he ido preparando para ello: lo aceptaré sin lamentarme. Entiendo que llega un punto que pisar tanta realidad necesita cierto humor, y de ello soy consciente.

Tantos millones de veces poner atención a las partes de mi cuerpo que se apoyan, y de ahí sujetar las posturas me han convertido en un Pies Grandes, pero también la piel que se apoya, y mis brazos, mis piernas, mi tórax, mi espalda, y mi cabeza, parece que le han salido ojos, multitud de pequeños ojos vivos, y de mirada vivaz. Sus poros se enraízan y parecen micro adhesivos de quita y pon, respiran, y hablan en su propio idioma, y parecen un sentido más, me colman de información. He tenido que aprender a discernir de un modo más sutil e ir desechando la información inútil para quedarme sólo con lo que me hace falta en el momento.

A su vez, con tanto pie he perdido el miedo a caerme, pero a caerme en cualquier lado, ya sea en el suelo, en casa, laborando, en amores, en amistades,y en mente, o en la propia vida, en lo que sea. Deben ser los dedos que se han alargado y me sujetan lo que me permite vivir sin red, o quizás sea este yoga loco. En todo caso, mola. No me siento tan agarrotado y noto la cabeza más ligera, no con tantas densidades.

 Eso sí, si dejo de practicar me caigo. Antaño pase unos meses en cama, y al levantarme y sencillamente apoyar el pie, se torció, y de ahí a un esguince de grado tres. Me quede enyesado. Me di cuenta entonces que mi mente también estaba enyesada, así que trabaje de un modo arduo para volver a recuperar mis pies, y mi mente, y así pude volver a ponerme en pie, y liberar mi cabeza.  Menudos pies, menudo aprendizaje.

Hasta ahora no encontraba relación entre mis pies y mi cabeza, pero ahora me doy cuenta, que la realidad y la ficción no crecen a la par, y que es mejor sentir los pies para ir equilibrado.

A veces coloco un pie sobre una superficie inestable y el otro pie lo pongo en el aire. Resulta sorprendente, pero me mantengo en pie sin caerme, debe ser la superficie que se apoya, o esos poros sensibles, o sencillamente que ahora dispongo de mayor ajuste al no tener miedo. No lo sé. Tampoco me importa. Practico y disfruto de mis pies grandes, y de que se sujeten, y me mantengan atento.

Siento más adherencia a la tierra, y a la naturaleza vital, incluso a veces siento que soy un árbol más, y que da frutos y todo, y me siento dichoso con ello. Quién iba a decir que mis pies me iban a producir tantos descubrimientos y sorpresas al pasar de estar encerrados, a crecer de un modo tan desmesurado. 

Al final, como decía, me he dado cuenta, entonces, que vivo sin red,  en la realidad y en virtual, pues no me hace falta ni uno ni otro,  eran como telarañas invisibles que se apoderaban de mi alma, y lo cierto que es un alivio salir de esas prisiones según me iba encontrando a mi mismo pisando el suelo, y sintiendo como me enraizaba. Ha sido lento, algo extraño, pero es una metodología que sugiero: sentir tus pies, sonriendo, y si no sonríes, por lo menos siéntelos.

The Commitments-"Mustang Sally"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Abril 2024

domingo, marzo 31, 2024

La primavera, la apertura en yoga, y la migración de las aves

 


"Resistirse a lo que es, es un freno a nuestra vida y a nuestro yoga. De la aceptación nace la belleza, y de ahí nuestra comprensión"

Carlos

 Hace unos días me encontraba observando el cielo. Amanecía, era de esos días que ya se inician como con una luz ya cambiada, de mayor profundidad y hondura, donde los haces de luz muestran en su respiración otra realidad en su invisibilidad tangible, pues los signos de la tierra natural ya nos dicen que una nueva estación entra, nos hablan en su sabiduría ancestral.

Las gallinas por ejemplo aparecen con sus pollitos de la nada como si supieran el momento justo de cuando debían eclosionar los huevos, o en los árboles nacen las primeras hojas que nos protegerán del sol que vendrá, o la tierra ha ido adquiriendo otro color y textura para prepararse para brotar hacia el mismo cielo, pero, sobre todo, o por lo menos me lo parece, la luz cambia.  Es prácticamente imperceptible dicho cambio de tonalidad en el ambiente, pero con la práctica es posible darse cuenta año tras año.

Me preguntaban el otro día en un ejercicio de aprendizaje de francés que cuáles eran mis gustos, preferencias, y momentos únicos del día o en general, y tras leer las respuestas pensé: "Creo que soy un poco raro". 

Decía:"j´aime le yoga et l´escalade, j´aime nager dans le mer, et travailler la terre, j´aime collectionner des livres anciens et rares, j´aime lire beaucoup, j´aime regarder le ciel et vois les nuages, et les oiseaux passer, m´impliquer dans la nature, j´aime écrire sur ce que je ressens et sur la vie..."

  Decía entonces en ese ejercicio que uno de mis momentos mágicos es mirar el cielo, y sentir su belleza y su calma, y sorprenderme por el paso de las aves, ya sea un vuelo raudo, como el de los patos, o más tranquilo, como otro tipo de aves, y sentado ahí mientras amanecía empezaron a pasar bandadas y bandadas de aves, y paso algo increíble: no dejaban de aparecer en infinitos vuelos que parecían bailes en puntas de flecha oscilantes. Estaba sorprendido, pues no es normal ver tantas aves migrando a la vez y todas ellas danzando a la vida y a la existencia. Volvían posiblemente de África hacia el "calorsito" y luz de nuestra tierra y de nuestras marismas, ahora sedientas de tanta fresa codiciosa.

Reflexionaba sobre que la vida en su polifonía de manifestaciones polimórficas, es decir, la vida en sus múltiples manifestaciones de infinitas formas y común esencia, es imparable, y ahí radica su misterio, su encanto, su divinidad. Esas aves volando de continente a continente, pues en el cielo no hay fronteras, y su baile a la vida en una permanente ayuda mutua resulta conmovedora.

El yoga nos hace comprender que no se puede vivir la vida en una cabeza que quiere controlar la vida, en una cabeza repleta de proyecciones, en una vida sujeta a los espasmos de los sentidos, a una vida aditiva a intereses virtuales, o intereses puramente materiales. 

Es desde la calma de uno donde sentimos los pies en tierra para realizar la postura, y ajustar los equilibrios para sentirnos bien. Es en la quietud de la inmovilidad sentados que profundizamos en el silencio, para volar a descubrir continentes. Es en la entrega con atención donde no dejamos escapar la existencia en chorradas vacuas. Es el acto de educarse para aprender a vivir con un sentido que nos direcciona en un alma común que nace de esa profundidad.

Es vivir abiertos, sin miedo a volar. Es vivir en permanente aceptación, sin miedo a perder.  Pues es el darnos cuenta lo que nos suma y lo que nos subyace en la corriente vital.

Me sentí dichoso de ser tan afortunado de amar y apreciar la vida en sus diferentes manifestaciones, me sentí feliz de haber perseverado en mi yoga, de haber dejado que mis sentidos despertaran, que mi sentir hablará con mi corazón, que mi mente se vaciara de ruidos, de trabajar  incansable para que mi cuerpo tuviera la fortaleza de abrirse a la dulzura y a esta hermosa primavera.


La Plazuela, David de Jacoba, Texture-"Alegrías de la Ragua"

Artículo escrito por Carlos Serratacó

Huelva, Marzo 2024

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