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viernes, enero 23, 2026

Un pajar apacible y una cuadra compartida. Una mente calmada y una vida en común.


 "Soy la gota que contiene el océano. Qué bello es ser un océano escondido dentro de una gota infinita"

 Yunu Emre  

El centro del granero o pajar es el de mayor amplitud, es donde apilo las balas de paja y donde también se encuentran los sacos de diferentes granos para el burro, las ovejas y las diferentes aves.

Se encuentra separada de la cuadra por una pared y una puerta. La cuadra es lugar para resguardarse y comer, y para jugar y dormir la siesta. Para protegerse de las inclemencias del tiempo y también sirve de observatorio desde donde otean el horizonte los animales. Es su hogar.

Cuando llego al campo lo primero que he de hacer es alimentarlos. A todo el mundo.

He de seguir un orden para que haya armonía cuando les doy de comer: hay cuatro ovejas, un burro y muchas gallinas y gallos.

Con la horca, que es un palo que dispone de varias varillas o púas largas muevo la paja.  Las balas, pacas, fardos de paja se acumulan unas encima de otras. Son rectángulos prensados de diferentes cereales como la avena, la cebada, el centeno o el trigo que una maquina prensa y "escupe" en fardos, que luego hay que recoger en el campo donde se ha cosechado el cereal, y llevarlo al granero.

El 4 de octubre nació una borreguita, era algo tan pequeño, tan vulnerable, tan minúsculo, que inmediatamente me lleve al burro y al borrego que son muy grandes al prado donde les deje guardados; y allí les dejé, pues temía que sin querer pisaran a la recién nacida. Al mes abrí el prado y el terco del borrego y el burro amoroso se reunieron con sus amigas las borregas. Hay una oveja francesa, una española, y una oscura, la bebita y un borrego francés, la raza se llama Ille de France.

 
 
 Nunca había tenido ovejas, era un pequeño sueño que deseaba. Aprender a criarlos y ver cómo era el día a día. Con el tema de los burros y burras llevo muchos años, y ahora que sólo está Trueno, el burro, conozco cada detalle de como convivir con ellos, pero con las ovejas no tenía ninguna experiencia, y tampoco sabía  cómo se iban a llevar entre ellos.
 
 Han pasado unos meses, y digamos que van juntos a todos lados, aunque cada uno tiene su personalidad y sus modos, resulta curioso como se cuidan, se protegen, y comparten la comida. 
 
La madre de la ovejita es la más lanzada, y la que va en busca de aventuras, y detrás de ella van la hija y las otras dos amigas. El burro y el borrego se encuentran hermanados, es decir, son colegas del alma. El borrego es muy terco y muy comilón, y a pesar que el burro podría imponer su autoridad no lo hace, le deja que se coma su comida y se va a otro comedero, y así van jugando y moviéndose de un lugar a otro en la propia cuadra.
 
Por medio, las aves comen de la comida común, y se abrigan entre la paja en estos días lluviosos.
 
El campo es un lugar en el cual me encuentro conmigo mismo de un modo muy real, y estoy como en mi corazón. Me enraíza muchísimo siempre, pues el trabajo es permanente y  es una obra de creación. Uno va generando situaciones de vida y de belleza, de entrega en la propia sencillez del barro, y en mi caso me encuentro bien. Es mi refugio ante cualquier situación, pero sobre todo cuando la vida trae tempestades y uno ha de estar sujeto a tierra para no salir con el viento huracanado por los aires.
 
Me calma pues la vida en la naturaleza es sosegada, es amable y allá donde mires hay una belleza abrumadora donde sólo puedes dar agradecimiento una y otra vez.
 
Uno es un medio para generar dicha belleza, para educar el corazón, para aprender a conjugarla, olerla, vivirla, sintetizarla, soltarla, amarla. Ya toda la casa se encuentra rodeada de un bosque, y cuando llegue hace  más veinte años era sólo tierra seca, una casa vieja y un árbol. Igual que el yoga me ha enseñado a irrigar mi alma experimentando en mí, ese aprendizaje lo he aplicado a la tierra, a los animales y ellos que son vida, me lo han devuelto con creces.
 
Sólo anhelo volver a vivir aquí. Tuve que irme por una enfermedad, pero ya estoy asimilado, hecho, reconquistado, preparado para volver a casa. Mi hija ya es más grande también. Ahora hemos de recuperar la casa que tiene algunos años de abandono. Es hermoso ver renacer las situaciones cuando parecían muertas, solo hay que regar con cariño y ser constante, tener cada día fe en el amanecer, en el día que nos muestra una vida entera; sus  diferentes situaciones, y en el descanso nocturno, y así día a día, con presencia, con coraje, con calma, entre árboles, pájaros, ovejas y un burro. 
 
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Huelva, Enero 2026 
 

viernes, noviembre 14, 2014

De vuelta, desbrozando el pequeño bosque



¿Cúando vuelves a escribir? Preguntan, preguntan...
Ya ha pasado un "tiempesito", es hora de volver.

Hoy estuve desbrozando el pequeño bosque que he ido sembrando en el campo. Lentamente a mano, he ido limpiando una a una las hierbas altas; tranquilamente, sin prisa. Estaba lleno a rebosar de hierbas altas, por lo que sin pensar en el final, en la meta, en lo que quedaba, simplemente, iba paso a paso y, según juntaba un montón, lo llevaba hacia la zona alta donde voy echando los restos vegetales, que con el tiempo se convierten en tierra, y que uso para rellenar las macetas donde planto precisamente las semillas de arbolillos que voy consiguiendo y que van naciendo. Así el círculo se completa. Todo se ayuda, todo se comprende, todo es un todo.


El pequeño bosque tiene dos aguacates, tres robles, cuatro olivos, tres limoneros de semilla antigua, un manzano, tres árboles ornamentales de jardín para sombra, dos nísperos,  una higuera grande y dos que acabo de plantar, un alcornoque, cuatro algarrobos, un castaño, tres pinos, dos moreras. Todos son amigos y todos se alimentan entre ellos. El suelo es duro, difícil de penetrar, pero yo los mimo, les doy agua, les echo estiércol de las burritas, y los he plantado cerca unos de otros, así, por debajo de la tierra, en sus raíces, se vuelven a ayudar unos a otros, como hermanos. Y así van, felices, creciendo, de un modo inexorable, firmes, flexibles, atentos, amando la tierra que los vio nacer, amando el cielo en la intención de crecer, amando a sus congéneres, los otros árboles.

Según crecen, los pajarillos encuentran refugio entre las ramas, y les encanta comer las moras, o los higos o las manzanas cuando están maduros los frutos. Es hermoso verles venir, a tantos pajarillos, cantar de alegría. Las gallinas escarban y escarban el suelo comiéndose los bichitos y ayudando así a la salud de los árboles.

Todo se ayuda, todo se comprende, todo se une.

El yoga va uniendo los fragmentos, y esos  fragmentos hacen el todo, y ese todo eres tú. En esa de-construcción que vuelve a construirse surge un ser nuevo, enraizado a la tierra y con la mirada al frente. Surge un ser sensible a la vida, al amor, a la dulzura, a la comprensión de uno y del otro, a la no competitividad, al disfrute de lo que uno es.


El bosque me arropa, me llena de felicidad. Ahora en casa, en Huelva, ya hay en la terraza unas treinta macetas con los arbolillos que han crecido este año. Este mes los llevaré al campo. Voy a seguir sembrando, ampliando el bosque, para que tanta luz tenga su equilibrio con la sombra, para que la tierra beba del agua, pues tiene sed; para que las aves descansen, para que las gallinas paseen, para dar a la naturaleza lo que es de ella, pues yo soy naturaleza y, en realidad, al sembrar, al cuidar, al regar, al observar con felicidad, es mi ser el que crece, porque soy bosque, soy tierra y soy ave.

domingo, noviembre 25, 2012

Bajando a tierra: algo más de Muladhara





Es tiempo de siembra de los árboles. Hace un año estuve recogiendo semillas, cortando esquejes. Todos en su momento los coloque cuidadosamente en una macetita. Han pasado los meses, y de las semillas por un lado, de las ramitas por otro, han nacido árboles. Meses de regar y estar atento a ellas.

Me encanta plantar árboles, me gusta mucho ese tiempo lento del brotar de la tierra, ese tiempo lento de nacer de lo minúsculo y convertirse en un pequeño arbolito.

Hay muchas macetitas, hay muchos arbolitos, y voy plantando despacio cada uno de ellos, sin prisa, ofreciéndome como un regalo el plantar vida, vida para compartir con la tierra, con el sol, con los demás arboles, con los pájaros, con las mariposas con la naturaleza.

Sólo planto uno o dos cada vez  que subo al campo, y lo hago tras realizar todas las tareas campestres, las tareas fijas son las siguientes:

-Limpiar el agua de las gallinas, de los perros y de las burritas, llenarlo de agua limpia.
-Dar de comer a las burritas, por un lado su mixtura de cereales, por otro la paja colocarla en sus comederos en el pajar. Me encanta "trinchar" la paja y deshacerla en sus comederos. La paja está en empaques en forma rectangular, que tengo apilada para todo el año.
-Dejar la comida a los perros.

Por otro lado hoy tocaba sanear alrededor de los frutales, y he repasado con la azada varios pequeños limoneros, un manzano, un aguacate y dos olivos. Todos han nacido de aquello que comí.

También he cortado ramitas de un granado, y las he plantado a la vera de una de las vallas. Con el tiempo se convertirá en una valla vegetal llena de deliciosos granados. A veces creo que dentro de cincuenta años una niña cogerá bajo el sol de primavera una granada, su madre la partirá y comerán ambas de ella. Al plantar el palito de granado es como si les ofreciera la granada, es mi regalo.

Hace un año plante un pequeño jazmín cerca del Be-Bop, para acordarme siempre de él. Ha crecido tanto que hoy he atado sus ramas en ramilletes a la verja del gallinero. Sólo le falta florecer. Verde, verde está el jazmín.

Puse también una caja de plástico, de esas de fruta, llena de paja en el gallinero. Hay una gallina en el gallinero que pone huevos. Y me he regalado una incubadora, así que dentro de veinte días los pondré en la incubadora.

Hace unos días también me encontré un arbolillo en una basura de Huelva ciudad, lo he podado y lo he plantado al lado de una pequeña higuera.

Corté también hojas de higo chumbo de una chumbera en la entrada de casa, y las plante en hilera. Hoy ha sido como profundizar en la creación de futuras barreras vegetales.

A veces comentamos que vivimos mucho en lo mental, y eso resulta pesado. Cuando estoy con la tierra, sintiéndome a la par de la naturaleza, todo adquiere su fragilidad, ya nada es tan importante, voy comulgando en mis labores de campo, oliendo el aire y observando los cambios de luz, deteniéndome para apreciar la belleza de los diferentes momentos. Bajo a tierra y me habito a la par con todo.

Pisar y sentir la tierra, centrarme en pequeñas labores donde mi inteligencia corporal, mi inteligencia del sentir, mi inteligencia respiratoria viajen juntas. Pequeñas labores donde la atención no se encuentra distraída más allá del acto en sí que estoy realizando. Labores simples, quehaceres donde no hay tanto mental y donde la presencia resulta más obvia en su disfrute.


Ravi Shankar





sábado, agosto 25, 2012

Al alba

Poco antes del alba abro los ojos; todos los días. Me levanto silenciosamente, y en la oscuridad de la noche, bajo a la calle a coger el coche. Las calles vacías, el viento es rico, llega desde el mar.

Voy por la autovía, lentamente, disfrutando del viaje de la vida.Avanzo por la noche mientras la oscuridad se va difuminando. Inspiro sintiendo el día.



Llego al campo y sigue oscuro. Los perros me saludan. Desde lo lejos las burritas rebuznan.

Me pongo a realizar labores de campo: a regar, a dar de comer a los animales, o podo un 
arbolillo. A crear y a plasmar los sueños; mientras el sol se asoma por el horizonte.

Centrado en el disfrute. Centrado en lo que hago. Respirando el día. Sintiendo la vida. Desayunando mi espacio, mi momento, mi tierra, mi ser.

Después de un par de horas, vuelvo a la ciudad. La gente ya levantada inicia su día. Los coches con su ruido de zig zag, hay que ir a trabajar.

Desde niño siempre he creído que la vida es para vivirla, y cada momento me gusta exprimirlo, buscar aquello que me alimenta y me hace feliz, buscarlos dentro de mi, escucharme, y de esa escucha surge lo que me equilibra, lo que me mantiene en mi alegría, en un centro, centrado en mi presencia, entregado a mi vida.

De la presencia nace la entrega, de la entrega conectas con tu felicidad. Hay que entregarse a la vida, aceptar su presencia, no resistirse, y así tu presencia se une a una gran presencia, la gran presencia que es esta vida tan hermosa, esta realidad tan maravillosa.

Trumpet Battle- Gillespie,Eldridge, Buckner,Coleman

martes, agosto 21, 2012

La burrita Etiopía



La pequeña burrita llamada Etiopía ha llegado a casa. Tiene cuatro meses y acaba de destetar. La foto está tomada el día que nació, ahora está un poco más grande, y simplemente es un ser maravilloso que ha llegado a casa.

Es una burrita andaluza, descendiente de todos aquellos burritos que poblaron estas tierras durante siglos. Ahora simplemente están desapareciendo, porque no tienen uso. Pero bueno, hay algunos enloquecidos, entre los cuales me encuentro, que aman estos animales y mi afán es criarlos, aprender de ellos todo lo que pueda.

Es un oso de peluche, en cuanto ha llegado ya ha hecho muy buenas migas con la burra Coquelico, y están todo el día juntitas. Como estoy domando a Coquelico, ya he empezado a domar a la pequeña. Ese domar es simplemente que se acostumbre a mí. Nada más. Luego seguirán los siguientes pasos.

Hay que acariciarlas mucho, hablarlas, y Coquelico me está ayudando mucho enseñándole cositas. La burrita sigue a todos los lados a Coquelico. Hay que tener en cuenta que hasta hace nada bebía la leche de su madre, ahora aprende a comer hierba, aprende a ir con una cuerdita, aprende a defenderse sola y ahí juega un papel muy importante su compañera.

Ahora en septiembre Coquelico tendrá cuatro años y medio y la cruzaré con un burro andaluz. Etiopía seguirá el mismo proceso, cuidarla durante cuatro o cinco años hasta que se encuentre en condiciones para procrear.

Insisto, todo es un aprendizaje, entre peluches.
Voy alborozado al campo para jugar con ellas, que corren entre las gallinas haciendo todas las travesuras que pueden. Las miro y disfruto tanto....

Sinead O´Connor-Nothing compares to you

martes, agosto 14, 2012

El olor del tomate y el maíz guatemalteco


"....Somos hijos del maíz, constructores de surcos y de sueños, y aunque somos un país pequeño, ya contamos con más de mil inviernos, un millón de manos floreciendo, en la tarea de sembrar de abril a mayo, labrando, sembrando, tapiscando, desgranando, almacenando para la guerra y la paz..."
Poema de Luis Enrique Mejía

Hace dos meses empezamos a crear el huerto. Hemos plantado berenjenas, sandías, melones, tomates y pimientos, calabacines... Tenía muchas ganas de alimentarme con verduras de mi propia cosecha. Hay sueños que hay que ir cumpliendo, y a pesar del esfuerzo, son más las satisfacciones, que son todas, que cualquier otro tema.

Bien regado, con cariñó; bien cuidado, con amor; bien atendido, con atención; el huerto no para de dar verduras y verduras. Me encanta que no sean uniformes, me encanta que su color sea natural, me encanta que se pudran de inmediato si no las consumo.

Comemos verduras y frutas relucientes tan redonditas y tan geométricas de supermercado, que te duran lo indecible. Todo es tan "guay" y tan perfecto, que huele a chamusquina.

Antes del huerto buscaba en mercados locales, o en agricultores amigos la fruta y la verdura. No me gusta que todo sea tan procesado, con tanto intermediario, tanto negocio.

 Ahora con el huerto es el olor a tomate, a pimiento el que despierta mis sentidos, y el trato con la tierra me recuerda de donde vengo y a donde iré.

¿Tienes una macetita? po´  planta una verdurita. ¿Tienes agüita en casa? pues riégala un poquito to´los días. Y el contacto, el trato con todo ello te alegrará el día.

Este año sólo hemos recogido una sandía, hmmmmmmmmmmmm, deliciosa.

Regando el huerto aprendo a regar mi vida. Regando el huerto me doy cuenta lo que es importante en mis actos. Regando el huerto tomo contacto con la tierra huyendo de lo mental. Regando el huerto recupero mi esencia.





Tenía ganas de plantar maíz....
No sé por qué pero muchas veces se me aparece una imagen de cuando era niño en Lima, y había hecho una travesura inmensa, y unos perros me perseguían, y yo corría y corría en un campo de maíz, corría y corría entre tanto verdor apartando el maizal. Es una imagen que me alegra y me trae color.

El maíz es ancestral.

 Pues eso, me puse a buscar semillas, pero resulta que nuestras amigas las multinacionales han patentado la mayoría de las semillas, y las semillas nuestras de toda la vida, estan desapareciendo sustituidas por semillas manufacturadas. Esas semillas manufacturadas sólo dan fruto una vez, así a la siguiente cosecha tienes que volver a comprarla.

La zona de Beas y Trigueros fue muy rica en uva, en maíz, en trigo... Todo ello ha volado por intereses económicos y políticos.

Increíble pero no había semillas de toda la vida a pesar de la búsqueda.

Así que mi madre viajaba a Guatemala:

"¿Carlitos que quieres que te traiga?" me preguntó- siempre le pido regalos inusuales-
"Pues mira Má. cuando estés en un mercado local consígueme unas semillas de maíz morado."

Y ahí en el huertito, en Beas, crece y crece el maíz morado, alto, hermoso, libre de patentes, y ilusionados esperamos crezcan las mazorcas para guardar la semilla para el próximo año.

Y en botes voy guardando las semillas que me dan los amigos, o que me traen de viajes, no vaya a ser que me despiste y también eso desaparezca devorado por el egoísmo y la avaricia.


Stevie Wonder & Sting----Higer Ground and Roxane
http://www.youtube.com/watch?v=QsaWoSq-OBo&feature=related


jueves, agosto 02, 2012

En el cañaveral



Estuve en el Cañaveral. Allá en Cartaya. Buscaba cañas; cañas de bambú.

Una vez persiguiendo una intuición acabe en una aldea llamada Arg, siguiendo la road 1506, camino de Telout, de Ouarzazate, en un desierto, atravesando el Atlas. Dormimos en una Kasbah de adobe junto con el Tomasin y el Viledo. Rodeando la construcción había setos de cañas delimitándola, unidas en dibujos geométricos, era algo hermoso verlo.

En otro viaje, este más cercano, con Manuela, observé que para dar sombra a las parras habían construido pequeños sombrajos con caña en plena zona costera sin nada de vegetación, camino de Essaouira.

La caña como elemento para recuperar, la caña como seto, la caña como creador de microclima, la caña como recuerdo de viajes de crecimiento.

Soñando en julio, soñé con trabajar la caña. Y allá, a Cartaya, me fui con mi amigo Paco, a cortar cañas. El color te señala su dureza, cuanto más marrón, mejor. Empezamos a cortar las cañas de madrugada, varas largas, las cortábamos a un tamaño de dos metros. Luego había que limpiarlas y finalmente atarlas juntas haciendo un paquete cilíndrico. Hay que atarlas bien, pues al transportarlas en la "furgo" se sueltan. Las manos se cortan y se ponen rojas de sangre al trabajar con ellas, las heridas se tapan con papel, y seguimos apilándolas sin descanso.

Al llevarlas hacia la furgoneta lo hacemos entre los dos, pesan.

Dos "lokos" van por la carretera lentamente pa´que no se caigan, con la furgo hasta las trancas de cañas, de Cartaya a Beas. Resultaba gracioso.

Ahora cada vez que voy a casa, voy cosiendo las cañas creando un seto. Está quedando bonito. Es un trabajo muy muy lento. Me gusta lo lento. "La prisa mata, amigo" decían en Marruecos. Y ahí estoy cosiendo sediento, bajo el sol abrasador.

Soñando ya con hacer los porches con caña, los tejados para los gallineros. Hace calor...

Sunny-Bobby Hebb and Ron Carter
http://www.youtube.com/watch?v=uRWyxzmNdJc

Fotito de Paco atando cañas





viernes, abril 20, 2012

Por el río con Coquelico



Cuando hace buen tiempo nos vamos andar Manuela, el que escribe y  Coquelico por los caminos. Vamos buscando lugares "especiales". El propio andar y la intuición acaban por llevarnos a lugares hermosos.

A Coquelico le encanta andar. Es otro modo de domarla. Es importante se acostumbre a ir al paso. Es curiosa y nerviosa. Por ella saldría corriendo, pero he de llevarla atada en corto. Nos ha costado muchas salidas acostumbrarnos a andar tranquilamente. Hay que pensar que es una burra salvaje en proceso de doma, y hay que asumir que la tengo muy mimada, y ella lo sabe. Por lo que la combinación resulta curiosa.

Para domar hay que "trabajar" y "manosear" según los antiguos, es lo que me aconsejan los hombres ancianos a los cuales voy preguntando trucos para avanzar en la doma. Trabajar es que la burra realice actividades contigo, por ejemplo andar junto a ti. Y manosear sería ir hablándola y ser cariñoso con el animal. Que se acostumbre y que le resulte agradable tu presencia


Andando por los bosques y los caminos llegamos a una prado lleno de margaritas, y allí nos tumbamos. Coquelico comía golosa la hierba. La veía tan feliz, que digo : "La voy a soltar un poquito, que disfrute, y como está tan a gustito, y estamos aquí todos disfrutando pues seguro que se queda tranquilita pastando".


Y salió corriendo alborozada pegando patadas para un lado y a otro en cuanto la solté; "malditas ideas las mías-me dije", y en un momento ya había desaparecido por el bosque. Salí corriendo tras ella, parecíamos un gato y un ratón, pero en plan burro. Pues un "bisho" de estas características corriendo es como un tanque "panzer" de la segunda guerra mundial dispuesta a arrasarte, y más si está mimada y medio salvaje.

Finalmente nos pusimos de acuerdo Coquelico y yo, y acabamos el juego de cazarnos. Entre correr y correr llegamos a un campo de olivos precioso, a la orilla de un río, unos olivos ancianos, brillantes, llenos de luz y de verdor. Una capa de pequeñas florecillas rojas cubría el olivar. Era un lugar mágico. 

Y allí pasamos las mañana los tres, llenos de felicidad.

Los Ronaldos- "No puedo vivir sin ti" (repetimos pero en directo)

Los Ronaldos- "El Guru"

domingo, marzo 18, 2012

Un jazmín amarillo y el canto de los jilgueros


"Con una guitarra sin cuerdas se toca la música de la primavera; y sus notas se expanden a través de las edades" 
                    Trân Thai Tông

A finales de invierno florece el jazmín amarillo. Según avanzan las semanas las florecillas pasan por varias tonalidades, y ahora con el inicio de la primavera sus flores alegran  como un sol que ilumina la entrada de casa.

Los árboles frutales que planté hace unos meses están echando flores blancas y moradas, son preciosas y delicadas. En aquellos arbolillos que todavía no han echado las flores voy asomándome permanentemente para ver los capullos que salen de las ramas de donde nacerán las flores o pequeñas hojitas. Me hace mucha ilusión.

Todos los años es una  sorpresa observar como los arboles, pelados de hojas y flores en invierno se pueblan de colores y verdores. Me alucina.

Las moreras ya han sacado sus pequeñas hojas minúsculas.  Planté seis en diferentes lugares del campo, en grupos de tres. En una zona donde da más el sol ya han brotado las hojitas, en la zona sombría yo creo que nacerán a lo largo de la semana.

Estoy expectante de los aguacates, que una helada de invierno oscureció, pero que ahora parece que el sol les está alegrando y van recuperando su color. Son dos arbolillos pequeños, que van saliendo adelante en una tierra dura en una climatología que no es la suya.

Y las encinitas, crecen, lentas pero van.

Es tiempo de recoger la cuadra, de ir poco a poco preparando el estiércol que ha ido dejando Coquelico en invierno. Con la carretilla voy haciendo viajes entre los arboles. La paja más suave la dejo alrededor del árbol que es la paja que va desechando la burra. El estiércol más fuerte lo llevo a la estercolero para que se vaya haciendo lentamente.

Sigo trabajando a Coquelico, es decir sigo con su doma, ya escribiré sobre ello, ahora consiste en que cargue peso, y la hago llevar en pequeños viajes leña que cortaron los leñadores a la leñera.

Todo el campo es un piar y piar de pájaros, están alborotados, felices de la llegada de la primavera, felices de su libertad. Les dejo pan y hay muchísimos por casa. Muchas veces me siento al sol, y les oigo, sólo les oigo, con los ojos cerrados. Simplemente feliz sintiendo el aire, el sol, y a las aves.

Ahora estoy preparando el riego por goteo, es una aventura nueva. Y todo ha sido un continuo preguntar y aprender. Todavía me queda mucho para acabar.

Hay muchos jilgueros, los distingo por el canto. Me maravilla el canto del jilguero.

En Huelva capital cuando ando por las calles, mis oídos como un radar van buscando su canto, y es increíble, los hay por todos lados, me llena el corazón oírlos.

Creo que es importante tener el alma abierta a las sorpresas de la existencia, no perder la curiosidad de la niñez, todo es un hermoso descubrir, un juego el del vivir.

Sade- "Kiss of Life"





martes, enero 03, 2012

Las margaritas florecen en invierno


"El auténtico milagro es caminar sobre la tierra"
                                                               Lin Chi

"Es entonces cuando son verdaderamente monjes, cuando viven del trabajo de sus manos"

"Otiositas inimica est animae et idem certis temporibus occupari debent frates in labore manuum..."
("La ociosidad es enemiga del alma, por eso los hermanos deben entregarse en determinados momentos al trabajo manual...")
                                                                                  Regla 48 de los Monjes Benedictinos

Hoy llegué a casa, y el campo olía a margaritas. Sobre el verde de la pradera invernal grupos de margaritas blancas refulgían como soles. Las margaritas se abren con el sol, por la noche cierran sus pétalos para dormir.

No es tiempo de margaritas, las margaritas florecen en primavera.

Pero hoy las praderas de casa olían a margaritas.

Estuve podando unos cuantos árboles, me da pena cuando los podo, pero es necesario.

Recogí estiércol de la cuadra de Coquelico, y repartí algo de abono entre los pequeños frutales, y entre los árboles recién podados.

Las gallinas iban de arbolillo en arbolillo removiendo el estiércol. Felices. El gallo cantaba a grito pelado. Las gallinas removían la tierra con sus patitas buscando "bishitos".

Cada vez que voy planto unos arbolillos, es tiempo de plantar; planté cinco encinas. Coquelico, atada en medio de la pradera me miraba y rebuznaba.

Repasé las estacas que sujetan a los olivillos para que estén verticales, volví atar algunos olivillos. Crecen cada día, apaciblemente, hacia el cielo. El verdor de sus hojas es más oscuro en invierno.

Apilé paja en los comederos de Coquelico, lentamente. Me encanta manejar la paja con la horca, que es la herramienta  que parece un tridente, pero con cinco puntas, con la que manejas fácilmente la paja, así como el estiércol.
Parezco un Poseidón con un tridente en la mano dentro del pajar de la casa de la pradera.

Seguí construyendo una puerta ganadera que hago poco a poco. Cortar palos de eucalipto y de mimosa que traje del bosque, adecuarlo a la cerca, coserlo con las cuerdas que envolvían las balas de paja, unas cuerdas negras, las cuales guardo para cualquier apaño. Es lento coser y coser los palos rectos que antes he limpiado de ramitas con el hacha, me centro mucho en coser, hay que mantener la tensión del cosido con la madera y la cerca de metal.

Como premio a la mañana de labores de campo, Coquelico, el Prana y yo nos fuimos a andar por los caminos a paso meditativo.

No vi las margaritas en los caminos pero hacía un sol extraordinario y no me cruce con nadie. Sólo los tres.

Al volver a casa, las praderas refulgían como soles por las margaritas, su olor me llenaba mientras subía para casa.

Las praderas llenas de margaritas. Un invierno primaveral. Un silencio maravilloso.

Minha galera-Manu Chao 

martes, diciembre 27, 2011

El burro Mariano y las estrellas fugaces



Hace dos semanas cuando llegué al campo por la mañana sentí que algo no iba bien. Al subir hacia el pajar me encontré con que Mariano estaba tumbado. Se había acostado por la noche, y ahora con el sol de la mañana no se podía levantar; pensé en el frío, que había empezado ya, y que el frío le impedía levantarse. Mariano ya era "mayorsito" y tenía sus achaques.

Le intenté ayudar, por un lado y  por otro, buscando la mejor posición, pero no podía ponerle en pie, se quedaba de rodillas. Le até una cuerda, y anudé la cuerda a Coquelico, la burrita, y tirando Coquelico y yo intentamos levantarle. Pero nada.

Volví a Huelva para las clases de yoga. Acabé sobre las 11 de la noche, así que me volví a subir al campo. Acerqué el coche a Mariano, le até varias cuerdas, como si fueran telas de araña, envolviéndole para ayudarle a erguirse. Nada, no podía. Así que le tapé muy bien con mantas para que la helada de la noche no le hiciera daño.

Y  de nuevo hacia Huelva, la noche era inmensa, casi no había estrellas, al salir de casa  una luz rasgó la noche: una estrella fugaz, pedí un deseo, y seguí avanzando por el camino de tierra, y ví otra estrella fugaz, y repetí el deseo.

Y avanzaba hacia Huelva, y sucesivamente cayeron del cielo cinco estrellas fugaces. Me dije: "joder que casualidad, justo hoy". Medité sobre ello, pero no encontré respuesta.

Y repetí los deseos y anhelos, todos centrados en Mariano.

El viernes por la mañana volví, Mariano seguía tumbado. Se encontraba bien, salvo que no podía levantarse. Le dí de comer, de beber con una regadera, y salí en busca de ayuda.

Nadie me quiso ayudar a levantarle:

-Está viejo, para qué le vas a levantar -me decían unos y otros- déjalo que se muera.

Pero a pesar de que sabía que Mariano ya estaba viejo, tenía que ponerle en pie, era mi amigo, así que si nadie me quería ayudar, contrataría a cuatro personas para levantarle.

Y así lo hice,  y entre los cinco lo levantamos, y bajé a Mariano a la pradera, y le dejé pastando de pie.

El sábado por la mañana, al verle de nuevo, ví que estaba tumbado, me acerque a él y me senté a su lado, y así estuve, hablándole: de nuestras aventuras de estos años, de nuestro modo divertido de cabalgar, agradecí su paciencia con mi inexperiencia, su paciencia con Coquelico, agradecí su compañía, su alegría, su saber estar; y le miraba a los ojos, y él me miraba, con esa mirada profunda e insondable, pero llena de comprensión hacia lo que nos decíamos.

-Mariano me tengo que ir, te voy a dejar bien tapado, y sé que no vas a poder, pero deseo que puedas levantarte de nuevo.

Y me marchaba, y él me llamaba moviendo las patitas y las orejas desde el suelo, y yo volvía y le volvía a acariciar. Así jugamos varias veces, un juego simbólico de vida y muerte, de amistad y realidad.

Llamé al veterinario, me dijo que no había solución y el domingo por la tarde quedé con él.

Esa noche soñé que iba por el centro de Sevilla con Mariano, cerca del Parque María Luisa, los dos tan panchos, contentos de ir mano a mano juntos, mirando la gente, los carros tirados por caballos, en una estampa del XIX.

Al día siguiente, el veterinario tras ponerle la inyección se quedo en silencio. Los dos estábamos cabizbajos, y yo acariciando a Mariano, le dije al veterinario:

-Sabes, el campo me ha ayudado mucho a comprender la realidad, es dura.
-Cuanto más campo, más realidad Carlos.

Nos dimos la mano, y han pasado varios días, y sigo llevando el corazón de Mariano ahí dentro. Y ha sigo un año duro en este aspecto, pues hace un año deje el campo por motivos de salud para volver a la ciudad tras 18 años campestres, y a pesar que he venido casi diariamente a la granjita, ellos han notado mi ausencia de un modo brutal, y han ido marchándose como estrellas fugaces,  en ese universo que creamos juntos, siempre acompañándome en una entrega plena.

Cada uno se forma su universo emocional, y la verdad, he sido muy feliz en el mío, ahora va cambiando y se abren otras puertas, otros universos y otros sentires, y estoy contento y sigo feliz pues han sido unos años maravillosos, y yo sigo ahí con Coquelico y el Prana y Thor y Azabache en la realidad del campo, y con mis arbolillos y las gallinitas, oliendo las margaritas, y  ahora sueño que cabalgo con Mariano por los campos, con Poirot, con la Neska, con el Chico, con Buck, con Leonsito, con Platero.


¿Quién no es una estrella fugaz?
¿Un halo en el firmamento?
¿Una flor, una fragancia?
¿Un sentir, una caricia?




Eliane Elias-「Movin' Me On」 


miércoles, noviembre 30, 2011

Mi pequeño Poirot



Contaminado de dolor. Lleno de esperanza. Aceptar. Comprender. Andar por el camino. Entregarse sin miedo. Alegría.



Mi pequeño Poirot busco tumbarse al sol. En ese momento sabía que iba a morir. Ha estado enfermo desde que me marche del campo.



Pequeño Poirot te acurruque en mi brazos y lloré a moco tendido. Los dos al sol. Tú sabiendo. Yo también. Rodeados de los frutales que crecen, de los pájaros que cantan, de las gallinas que picotean entre la maleza que ha traído el otoño.



Juega y juega con Platero,
corre tras las palomas por las praderas verdes llenas de margaritas,
cuida del Prana que es pequeño y vulnerable,
persigue a los ratones en el pajar
duerme boca arriba y mira las estrellas.
Sé curioso, amoroso y perseverante.
Ven conmigo:
ayúdame a encender el fuego
a traer la leña.
Ser sensible:
parezco un tonto
plantando alcornoques y encinas
tan pequeños, tan minúsculos.
Con ese crecer tan lento,
como degustando la vida.
El cielo está naranja.

Commodores-Nightshift







miércoles, noviembre 09, 2011

Cepillando a Coquelico


Es lo que debes hacer:amar la tierra, el sol
y los animales, desdeñar las riquezas,
dar limosna a todo el que pide, estar presente
para el estúpido y para el loco,
dedicar ganancias y trabajo a los demás,
odiar a los tiranos, hablar sin implicar a Dios,
tener paciencia e indulgencia con la gente...
reconsiderar todo lo que se nos ha dicho en la escuela,
en la iglesia o en cualquier libro,
descartar lo que representa un insulto para el alma
y tu carne se convertirá en un gran poema
  
                                                    Walt Whitman

Alguna vez he comentado que cuando Coquelico llego a casa desde la Sierra de Aracena, era una burrita salvaje.

El primer paso era acercarme sin que saliera huyendo. Eso fue una labor de meses.

El segundo paso fue colocarle un "collarsito", lo tuvimos que hacer entre tres personas encerrándola en la cuadra, un lugar al que sólo va a comer pues siempre anda suelta.

El tercer paso fue atar una pequeña cuerda a ese collarsito, de modo que yo pudiera coger la cuerdita y sujetarla un momentito y empezar a andar a su lado, los dos.

Lo que cuento fueron meses y meses de constancia en ganarme su confianza para acercarme a ella, aquí escrito, en el blog, son tres líneas.

Coquelico significa amapola en francés.

Y por fin, ya iba andando al lado mío por los campos mientras la sujetaba. Ya la acaricio y me busca.

Pero seguía muy mimosa y muy caprichosa, y a la mínima suelta una patada de artes marciales, si te pones detrás suyo o muy pegada a su lado.

Así que me he ido enterando los siguientes pasos de la doma; decir que en mi vida he domado una burra, pero de momento no voy mal.

y los siguientes pasos son:

Dedicarle mucho tiempo, dedicarle espacio para cepillarla con un cepillo, todos los días a ser posible. Antes de eso elegir un lugar bonito donde se la ata; así que la ato al árbol más bonito, y todos los días la cepillo. El truquillo es ir avanzando de la cabeza al lomo, el problema es que ella va dando la confianza, y desde la mitad del lomo para atrás, hacia los cuartos traseros, cepillarla supone ganarte una patada.
Pero bueno, soy perseverante.

Y voy avanzando.

La cepillo apaciblemente en este otoño verde, Mariano el burro nos mira, los gallos cantan, y yo cepillo y cepillo.

De vez en cuando, de un modo mágico aparece un pavo real, que aterriza de un modo nada mágico en el tejado, y se queda mirando como cepillo a Coquelico.

A ratos descanso y aprovecho para abonar algún arbolillo.

Otro aspecto de la doma es que debo ir acostumbrándola  a que lleve algo encima. Así que después de cepillarla un ratito, le pongo una manta encima, y se cabrea, pero ya va bien.

Me han dicho que en el cepillado hay que hablarla mucho, con cariño, con palabras de afecto. Ella según mi tono de voz mueve las orejitas como si fueran un radar, e interpreta y siente.

De momento estoy ahí, más adelante debería poder ponerme detrás de ella sin que me pegara una patada, pero creo que para eso faltan meses.

Tenga que sacarla mucho a pasear y mucho "manoseo", que es lo que dicen los hombres mayores, es decir dedicarle tiempo, para que ella se vaya sintiendo cómoda.

Esta semana se me ha ocurrido atar dos canastos y colocárselos, y traer leña hacia la casa, así la acostumbro al peso. Veremos que pasa.

Ella siempre alerta, yo siempre alerta. Los dos alertas y relajados, ambos sin tiempo dedicados a domarnos en un contacto ancestral, con un animal extraordinario, el burro, que está desapareciendo, pues las maquinas lo ocupan todo. Ya no hay tiempo para la doma, ya no hay tiempo para nada.

Que falacia más grande, que mentira tan atroz. El tiempo como castrador y ente productivo, como guillotina permanente de una proyección sin sentido.

¿Quién cepilla a quién?
la confianza como abandono
el abandono como un descubrir
mi mano cepilla
Coquelico pestañea.
Voy por el lado derecho,
Voy por el lado izquierdo.
Los árboles y la hierva cargados de rocío,
y mi mente sigue empañada.
¿Quién cepilla a quién?
¿Quién doma? ¿Que doma?

Prince - Purple Rain
http://www.youtube.com/watch?v=KAUuqy09mOs&feature=related

martes, octubre 04, 2011

Poirot el perseverante



Hace algunos años el hijo de una alumna enfermó gravemente,  y su pequeño cachorro, Poirot lo trajeron a casa pues toda la familia tuvo que marcharse fuera de Huelva. El hijo de la alumna ya se encuentra bien y Poirot se quedo conmigo.

Desde entonces el Poirot ha convivido con todos con una alegría permanente, una energía inagotable, una lealtad inquebrantable. Cariñoso, juguetón y muy testarudo.

Tengo otro perro llamado Prana, cuando era cachorro y a pesar que Poirot no era su padre, se dedicó día y noche a cuidarle, a estar atento a que no se hiciera daño, a jugar, a enseñarle los trucos para ir tirando en el campo.

                                                                  
Cuando las palomas volaban alrededor de casa en bandada, desde tierra Poirot las perseguía corriendo y corriendo sin parar.

La imagen de un pequeño ser que parecía un correcaminos persiguiendo algo que no iba alcanzar, sin notar el esfuerzo, me alucinaba. Desde lo alto las palomas parecían seguirle el juego. Se creaba un magnetismo, una relación, una vibración entre las aves del cielo y el Poirot en tierra.

Cuando voy a la playa corro como Poirot:

y me lleno de felicidad, me siento libre y miro al cielo buscando las palomas.



Poirot siempre ha tenido una relación especial con los burros. Le ha encantado jugar con ellos, chincharles, arriesgarse una y otra vez a recibir una patada, a provocarles para que vayan detrás de él.

El pequeño Poirot ha enfermado pero yo sigo feliz, pues a pesar de no sentir ya su vitalidad, de sentir su tristeza porque es consciente de que no se encuentra bien, mantiene una alegría digna, un saber estar, una hechura de aceptar lo que es y vivirlo sin demasiada queja.

He ahondado en mi atención y mis cariños hacia su pequeño "cuerpesito", y los dos ahí, sentados uno junto al otro, nos comprendemos y compartimos.

Eurythmics - Here Comes the Rain Again (live)



domingo, agosto 28, 2011

Oliendo el otoño


El viernes sentí el otoño en la piel, lo olisqueé, lo percibí. Intuí que había llegado. Las hojas ya empezaron a caer hace una semana, pero el viernes simplemente lo sentí.
Suena a una sensación sin sentido, pues todavía estamos en agosto.
Cada uno tiene sus sensaciones.
Dos días donde el aire corre de otra manera, donde los animales están menos asfixiados. Hay una humedad en el ambiente que no es pasajera. Y el campo habla.
Con el otoño empieza para mí un nuevo curso. Aquí en Huelva sería el séptimo año yoguico. Me gusta reflexionar mucho antes de empezar el curso, poner sobre el papel mi vida en un esquema, y ver de qué prescindo, y apuntar que puedo añadir, anhelar para crecer más.
Trato que cada curso sea un avance, un asentar, un madurar, un descubrir.
Ponerme pequeños retos, o dibujar mis sueños, y ver cómo puedo plasmarlos.

Seguir educándome en la calma, en la comprensión, en la paciencia, en la entrega.

Mantenerme en aquello que creo, adaptarme, y no resistirme a los cambios, vivir sin dañar, juzgar lo menos posible, dejar pasar más.

Que caigan las hojas de mi ser, y que el otoño y el invierno me enraicé, y me ayude a profundizar más en lo que soy, para que cuando llegue la primavera, los brotes de hojas que nazcan crezcan luminosos, y puedan dar su fruto.
B.B. King-Live in Africa 1974

viernes, junio 17, 2011

Un "limonsito", un amanecer y un mar amarillo


Desvelado, me levanto al amanecer y echo mucho de menos el campo, el aire, la tierra y al pequeño Poirot, al Prana, a Thor, y a Azabache, mis perros. A Coquelico y a Mariano, los burros. Amanece y amanece, y parto para el campo buscando algo, apaciguando un estado. Las fábricas siguen echando humo entre retazos naranjas borrosos mientras con el coche avanzo lentamente por la autovía.

En casa, todos me reciben alborozados, se les ha hecho muy duro ya no viva allí. Y empiezo con las tareas de llenar de agua los bebederos, que son muchos y he de hacerlo tranquilo para no desperdiciar el agua. Dejar preparada la comida para un par de días, apilar la paja para los burros y el pienso para los perros. Dejar el maíz y trigo para las gallinas.

He plantado frutales este año, por lo que debo estar permanentemente atento pues el sol ya es abrasador, y he de cuidarlos con mimo para que estos primeros años se hagan fuertes y crezcan adecuadamente.





He plantado entre otros árboles, un pequeño limonero, de sus pequeñas flores blancas ha nacido un pequeño limón, y la verdad, lo he visto hoy, y me ha enternecido. Las razones, "ni idea", no siempre hay razones  para los sentimientos.

Y la mañana ha ido pasando entre las faenas habituales, he procurado disfrutar cada momento que podía, y he permanecido en "escucha", en escucha de lo que sentía.


En un mundo donde todo va de prisa, donde nuestra frase preferida es "no tengo tiempo", el llegar al campo y ver como los arbolitos van a su ritmo, las sandías en el huerto al suyo, las gallinas ponen los huevos cuando les apetece, hacen que me encuentre con esa realidad en vivo, y eso me haga detenerme y decir "¿por qué tanta prisa?".

Hemos convertido las frutas, las verduras, los animales en meras maquinas de producir. Ni sabemos lo que comemos, ni de dónde viene. Las empresas tecnológicas producen semillas que sólo dan el fruto una vez. Ya no puedo guardar las semillas de un año a otro, he de volver a pagar por ellas.

Me gustaría saber ¿quién hace mi pan, quién cultiva mis tomates de la ensalada, quién ara esa tierra?. Me gustaría agradecerle su esfuerzo, su amor por lo que hacen.

El pequeño limón me enternece, y me alucina lo lento que crecen los árboles y la verdura, y como, si yo les cuido ellos me lo agradecen dándome su fruto, y los arboles su sombra, y de esa sombra surge un aire delicioso que me calma el calor de la piel. No estoy por encima en esta tierra. Compartimos algo: un modo de vivir, una intención en el fluir.

Vuelvo a la ciudad a las clases.

Flores amarillas me persiguen mientras vuelvo, son tan hermosas.

El tiempo siempre es mental. En yoga la postura, la asana me hace sentir mi cuerpo y mi respiración y me pone en contacto conmigo. Ahora en el campo, la tierra me conecta, su saber estar me enseña, me da la oportunidad de ser por breves momentos un velero que fluye en un sentir eterno y hermoso, olvidándome de trabajos, listas interminables, hipotecas y demás quehaceres. Me da aire.

lunes, mayo 30, 2011

El gatito atento


Uno puede conquistar un continente y tras el paso de los siglos su estatua convertirse en un buen lugar para que descanse una paloma. A veces nos sentimos inmortales y sólo somos la brisa de una tarde. De ahí que cada momento sea algo maravilloso a lo cual entregarnos sin miedo y con confianza.


Andando por Essaouira, por una de sus callejuelas, di con una librería, buscaba un libro. El lugar, de pequeñas dimensiones se encontraba lleno de libros y antigüedades, predominaban las máscaras africanas y los amuletos.

Me gusto el gato encima de una de las vitrinas de los amuletos. El gato es un ser libre. Es un ser yoguico. Relajado vive cada instante. Es remolón una veces, arisco otras, amoroso, flexible de corazón. Se encuentra permanentemente atento, parece como si su conciencia estuviera encendida a modo panorámico hasta cuando duerme.

He tenido a gatos a los cuales he amado mucho.Siempre he aprendido mucho de ellos para mi práctica de yoga. Haga lo que haga el gato se encuentra "vivo", "despierto", "pleno" y profundamente relajado.



Somos dos locos entre Moguer y Beas que estamos criando burros. A mi amigo Jesús le ha nacido hace un mes un burrito. La primera vez que ví uno sentí tanta ternura que me parecía que ese osito de peluche tenía que compartir conmigo muchas cosas. Y así es, ahora llevo dos años criando a Coquelico, mi burrita, con la idea que dentro de tres o cuatro años nazca un burrito o burrita tan hermoso como el de la foto.

Los burros desaparecen, se extinguen. Me hace feliz compartir momentos con ellos y ahondar en otros modos de ternura, con un animal que desde tiempos inmemoriales convive con el hombre, y al que la mecanización y la productividad llevan al olvido.



Y han pasado los siglos y el yoga sigue vivo, abriendo los corazones, uniendo a las personas. Permitiéndonos ver tras la práctica una ventana de libertad, de aire, de brisa, de espacio.

Hubo un tiempo que me sentí una estatua que deje que la vida pasara sin "despertar" a lo que soy, ahora no es así, ahora siento la brisa en mi piel. Siento tantas cosas que a veces creo que no puede ser cierto, y entonces respiro y agradezco a la vida la fortuna de no ser una estatua.


Miles davis et John Coltrane - So what
http://www.youtube.com/watch?v=P4TbrgIdm0E&feature=related

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