sábado, marzo 01, 2014

Santosha, el contentamiento (ética del yoga)

                                                                             

“El contento trae una dicha insuperable"
Patañjali


Ya que hablamos del centro, hablemos de Santosha.

Santosha es la felicidad interna que surge del contacto con lo íntimo. Una vez creado el eje donde uno permanece en lo que es siendo consciente de las oscilaciones, en ese permanente reconocimiento de lo que uno es, surge algo hermoso y maravilloso, la comprensión de que soy y eso es algo que causa una felicidad inconmensurable.

Vienen truenos divinos, bien. Vienen lluvias que me inundan, bien. Se prolonga a veces el sol abrasador, estupendo. Y la noche, con su oscuridad a veces, me invade más de la cuenta, bien.

Me reconozco y fluctúo con ello, me adapto lo mejor que sé, pero el verme en el eje permanentemente me mantiene en mi sitio y eso me hace feliz, sí, mucho. Que la felicidad oscila, sí, soy consciente, pero estoy ahí.

Distingamos varios factores que nos ayudan a mantener la felicidad interna:

-Reconocer un centro de calma, de espacio, de libertad: de esto ya hemos hablado en varios artículos, destaquemos como recordatorio que el eje nos lleva a la ecuanimidad.
-Procurar llevar una vida tranquila y simple: el que mucho abarca poco puede estar en él.
-Alimentar el eje: si soy consciente de aquello que me hace feliz, pues pongo los medios para darle de "comer".
-Fluir con la vida: practicar aparigraha y no acumular ni material ni emocionalmente, eso crea densidad a la felicidad.
-Dulcificar al ser, dulcificar el acto: el eje es amorosamente blando, no te despistes y mantente en tu corazón.
-Todo se encuentra conectado, date cuenta y te darás cuenta de que todo es un regalo; agradécelo.
-Abandónate y confía en la vida: actúa cada vez más desde el sentir y menos desde la cabeza; menos planificar, juzgar y proyectar; más entregarte y vivir.
-Vivir en presencia: Vivir el presente en todo su significado resulta fundamental para sentir santosha, pues no caben demasiadas elucubraciones pasadas y futuras. La presencia va ligada a todo lo anterior y a la felicidad.

Para acabar recupero un artículo que escribí hace unos años, todavía recuerdo la inmensa felicidad de darme cuenta:

0ctubre 2009

                                                          "Un grano de trigo"



Todavía es de noche, y es hora de dar de comer a los animales. El Chico, el perro que convive conmigo dentro de casa, un viejito gruñón y encantador, me pide que le abra la puerta. Lo hago feliz de levantarme. Me cambio lentamente vistiéndome para salir a la madrugada: el viejo pantalón, las  botas ya pasadas, un jersey gordo y roto, y la chaqueta mod de cuando tenía 18 años. Es la ropa para salir a dar los buenos días. Preparo en el viejo cubo de metal el pan a trozos, abro la puerta trasera de casa y los perros me dan besos y corretean cerca de mí, las palomas se despiertan en el tejado con sus arrullos. Los burros ya me han oído y me llaman. Lentamente voy dándoles pan a los perros disfrutando del aire frio  y voy camino de la nave donde abro la puerta y saludo a los burros. Primero les doy el grano, y luego la paja, en esos momento aparece Thor, el mastín, y me pide un pan. Como lo conozco, le doy el que tenía en el bolsillo. Salgo de la nave con un cubo con trigo para esparcir mientras amanece, para cuando la luz del día vaya iluminando la tierra, las palomas y las aves vuelen y se posen a comer. La sombra da paso a la luz. Lleno los cubos de agua. Respiro profundamente y agradezco el nuevo día. Todas las mañanas del año realizo los mismos pasos. Cambian las estaciones, y sigo ahí esparciendo el trigo.

Por la noche cuando vuelvo de trabajar reitero dichas operaciones lentamente, doy la cena a los animales y los acuesto, respiro el aire frío y me detengo a observar las estrellas.

El proceso por la mañana dura cerca de una hora, me gusta esa lentitud, ese momento que es único y que disfruto, ese momento en el cual soy soberano y, a pesar de todo lo que me pueda esperar ese día, ese momento me trae a lo que soy y me da luz para el día. Recuerdo cada mañana que en los pequeños actos se encuentra la libertad, pequeños actos en los cuales solo hemos de ser conscientes, conscientes de lo que somos y de los que hacemos, conscientes de ese respirar pleno porque recuerdo quién soy, y recuerdo que soy tierra, soy árbol, soy burro y soy perro, soy paloma, soy paja y grano. No me pueden los avatares que me esperan ni las preocupaciones que puede crear mi mente, ni me pierden los pequeños dramas que puedo crearme por tonterías. Elijo lo que soy en ese momento, y eso me permite ser más consciente todo el día, y sentir mi corazón más cerca del fluir vital, apartado de especulaciones, de alienaciones.
Por la noche puedo llegar agotado, pero ese aire frío, el mirar el cielo y ver las estrellas, el volver a la rutina cotidiana de dar de comer a los animales me recuerda de nuevo la alegría de estar vivo, de ser paja, de ser grano, de ser perro, de ser árbol, de ser cielo, de ser Carlos, de ser tú y que tú seas yo, que seamos uno y que tengamos la suerte de darnos cuenta de ello y compartir nuestro corazón.

Siendo conscientes de lo que somos, y todo ello empieza en los pequeños actos cotidianos, damos luz a lo que somos, iluminando nuestra existencia y la de los demás.

Decía un viejo maestro zen: “Ten cuidado… ¡No te quedes dormido!”.

Decía otro: “Estáis gobernados por las veinticuatros horas de día; pero yo gobierno en las veinticuatro horas del día”.





miércoles, febrero 12, 2014

Centro y unidad en yoga


"Cuando somos realmente conscientes de nuestros sentimientos y no nos vemos atados por sus energías, podemos elegir".
Jack Kornfield

Ayer hablábamos del camino al centro. Comentábamos que diversos centros se direccionan hacia un centro más amplio. Este centro amplio se convierte en un foco de atención tranquilo, estable, silencioso, que siempre está despierto.

Supongamos que sentimos dicho centro. Ya hay un haz de luz interno que me hace bien, y además ha surgido del contacto íntimo conmigo mismo, con lo bueno que hay en mí, supongamos que es así. 

Por otro lado, ese centro va ligado a una unidad, la unidad de uno mismo. Traduciendo al cristiano sería la sensación que uno no vive tanto ya en fragmentación, en dispersión, ya no hay tantos pequeños dramas en tu vida. Ese centro imantado atrae con el foco de atención a las partes, las une y deja que ellas se ayuden, se amen y se alimenten entre ellas. Ese centro y unidad se está retroalimentando permanentemente de aquello bueno que ofrece tu interior y que te ofrece la vida evitando en lo posible aquello que le desgasta inútilmente, evitando con cierta perspectiva tanta fractura y sufrimiento.

Lo curioso es que el centro está ahí, aunque quieras escapar, no puedes. Es una unidad que referencia tu vida, tu ser, tu actuar, tu no actuar, tú. Insisto, es amoroso.

Eso crea una unidad muy hermosa, una unidad pacífica, que imanta y atrae mediante la atención todo aquello que te hace bien, discerniéndolo claramente de aquello que no te hace tanto bien. Es decir, ese centro es consciente, vivo y luminoso, porque te ilumina la vida y, según crece, más atrae aquello que vibra parecido a ese centro y unidad, y crece y crece.

Por ejemplo, resulta difícil encontrarte en ese centro y actuar desde la avaricia, o desde la ira, o desde la competencia feroz. Es difícil porque el propio centro lo ilumina, lo muestra desnudo y te muestra toda la incomodidad de dicha actitud hacia ti y hacia los demás.


Por eso, y ya lo hablaremos otro día, el yoga va ligado irremediablemente a una ética, porque de la postura, si esos son tus inicios en yoga, nace también una ética. Un saber estar y actuar desde un centro amoroso y amable. Una ética que surge desde lo más profundo de ti mismo, porque en el yoga vas profundizando en ti, es decir, en la vida, y vas atravesando la sucesiva comprensión de ti mismo, te vas dando cuenta de eso, de la vida, de su belleza, de su empatía, de su entrega y de su equilibrio; y todo ello no paras de agradecerlo, porque todo ello es un regalo tan maravilloso.


jueves, enero 23, 2014

Hablemos del centro en yoga


"Ahí, en la desembocadura,
pasé la mañana aprendiendo acordes,
Alba dormía, el sol ardía,
las gaviotas perseguían los barcos de pesca
que volvían de ese mar espumante.
Y pluff, surgió un breve blues..."

Con la práctica de yoga vamos educando la atención. Si voy a una clase donde practico posturas, pues ellas me van enseñando a estar atento a la postura. Ya he comentado mi idea de la postura, para mí es un símbolo, una realidad, una ensoñación de un mito, una metáfora, para mí "expresa" al alumno, le muestra como un todo, por lo que me resulta poco importante el "hacer" postura.

Ese expresar nos va mostrando el viaje hacia el centro, hacia una armonía, hacia un eje, hacia un equilibrio interno. El profesor es consciente de esos cambios en la totalidad y va señalando al alumno dónde hay espacio, dónde hay equilibrio, dónde hay armonía, dónde una parte ayuda a otra, dónde hay que hacer hincapié y dónde no... 

En realidad, les estoy diciendo entre otras cositas: "por ese caminillo vas al centro..."

Entonces vamos creando un centro de atención, que es diferente a pensar. Vamos creando un centro de equilibrio, en principio como centro físico,  y sin darnos cuenta se va convirtiendo a la vez en centro "emocional". Si hacemos una pausa, por ejemplo, para sentir, estoy creando un centro de sentir. Todo ello se encuentra acompañado e impregnado de calma. Lo interesante es que ese centro de atención es cada vez más patente, más estable, más lucido y sirve de cabecera a todos los demás centros que se van sumando, y entre todos se ayudan, y se quieren, y se alimentan para ir dando luz un foco interno cada vez más claro.

Al estar centrados en nosotros, nos vamos dando cuenta, por ejemplo, de que no somos todo aquello que pensamos ni somos todo aquello que nos emociona. Bueno, lo somos si no tenemos libertad para elegir internamente y me siento identificado con aquello que entra en el foco de atención.

El pensamiento oprime, juzga, rasga y es importante hacerle ver que no es el amo, para que aprenda a tener otro rol interno donde acompañe, ayude, signifique, simbolice de un modo más amoroso.

Entonces, según crece mi centro y decrece mi pensamiento, soy más libre, voy ganando espacio interno, el centro gana lucidez y la distancia con lo equidistante se amplía. Por ejemplo, los músculos ya no me oprimen tanto por la tensión, mi respiración navega libre, y mi pensamiento no me agarrota.

Una vez hablábamos de un jardinero que cuidaba su jardín. A mí me pasa que desde el centro veo las flores, y el sol, y me dan ganas de coger la guitarra y cantar a la vida un pequeño blues.


¡Anda! Se me olvidaba... En ese centro te espera tu corazón...

domingo, enero 12, 2014

Los alumnos y el profesor de yoga




"Sadhaka: el que realiza. 
 Shisya: alumno o alumna
                        Shishyata: el alumno o alumna idóneo".



Hasta hace no demasiados años, en una clase de yoga participaba únicamente el profesor y el alumno. A partir de los sesenta se empezó a conocer el yoga, y diría que es en los últimos años cuando se ha popularizado y han surgido las clases grupales. Es decir, ha habido una eclosión en los últimos treinta años. Diría que no es mucho tiempo.

Durante siglos el conocimiento del yoga ha sido una transmisión mayoritariamente oral entre alumno y profesor donde la relación creada era y es algo especial. Con el trabajo en grupo la relación es también particular pero el campo de cultivo es mayor y los modos de plantearlo son diferentes, ni peores ni mejores.

El yoga es un modo de vida, y para aprenderlo hay que ir progresando a paso de tortuga, es decir, no es algo rápido de asimilar, o algo que se pueda dar enlatado en tres días. Exige muchas cualidades que van brotando en el alumno y, según pasan las horas, los días, las semanas, los meses, los años, es decir, el propio recorrido vital, el yoga se va comprendiendo.

He comentado más de una vez  -y en estos escritos se puede ir viendo la evolución- que entiendo que el yoga no es solo posturas y posturas. Implica muchísimos más temas. La postura en su concepto, en su transmisión de símbolo interno, nos puede servir de semilla base para una buena comprensión de los pasos del yoga. Pero aquí ya hemos hablado de todo esto. Ya he hablado de que observo cada vez más como la postura "se come" el trabajo interno, como si la meta postural fuera lo único importante, y en todo ello hay mucha prisa e impaciencia y muchos temas más.

El objeto de este artículo es comentar la cantidad tan grande de alumnos y alumnas que realizan su trabajo interno desde hace años con constancia, con entrega, con curiosidad, con perseverancia, con humildad, con comprensión, y respetan el trabajo del profesor, que crece gracias a los alumnos también, porque es un enriquecimiento mutuo, algo vivo, abierto y en común.

Decir que esa entrega y entusiasmo por parte del alumnado y practicantes en las diferentes clases -sea en grupo, en formación o individual- muestra cada día esas ganas, ese amor hacia lo que se comparte. Y van naciendo flores que brotan, y de esas flores nacen otras semillas y otras flores de colores...


Y tenía muchas ganas de decirlo y de agradecerlo, pues todo ello me hace inmensamente feliz.


Rolling-Stones-"Sympathy for the devil"

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Huelva






sábado, enero 11, 2014

Hablemos de la tensión y de la calma


"Yu zi dijo: si quieres dureza, deberás conservarla mediante la blandura. Si quieres fortaleza, deberás guardarla mediante la debilidad. Si te mantienes en la blandura, te harás duro; si te mantienes en la debilidad, te harás fuerte... El fuerte triunfa sobre el que lo es menos que él, pero cuando tropieza con alguien igual de fuerte debe endurecerse; la victoria del blando reside en él mismo, lo que le confiere una fuerza inconmensurable".

Vivimos en una sociedad muy tensa, y lejos de mejorar hacia otras formas de convivencia, la tensión aumenta. El yoga nos ayuda a encontrar otros modos de vida más de acordes con nuestra auténtica naturaleza interior, que no es la tensión permanente.

Comentemos de un modo básico aspectos de reconocimiento de la tensión y de la calma a modo general porque creo que nos puede resultar de provecho:

Estos comentarios parten de la base de que hay una relación clara, empírica y demostrable entre la mente, sus estados emocionales, la respiración, el cuerpo, los órganos internos, las ramificaciones nerviosas, el sistema endocrino, etc. De acuerdo con la ciencia del yoga todo se encuentra relacionado y comunicado y todo se alimenta y se nutre en común. Hablo de nosotros, del ser humano. Todo es uno, y uno es todo.

En tensión  el cuerpo se encuentra rígido, o partes de él. Ese propio estado de tensión favorece  las lesiones musculares o microlesiones; los músculos o zonas completas se quedan como contraídas y duras. Hay una inconsciencia corporal parcial. Sensación de acortamiento y de individualidad muscular.

En calma los músculos reaccionan jugando con el tono y el abandono, solo se usa lo que hace falta, tienen su ritmo, se ayudan unos a otros, viven relajados. Hay consciencia corporal y mucha atención lo que favorece el diálogo con la musculatura para ir adaptándola a las circunstancias. No suele haber muchas contracturas ni lesiones. Sensación de alargamiento y de acompañamiento.

En tensión los órganos internos y las glándulas vibran con la tensión muscular y se sienten aprisionados, se pierde armonía interna, lo que implica que no haya una buena irrigación sanguínea ni endocrina, ni unas buenas correspondencias ni ayudas entre unos y otros en todo ese universo que es el cuerpo en su interior. 

En calma los órganos internos cumplen su función con más libertad, se favorece el equilibrio, hay buena irrigación y nutrición de los tejidos, de los músculos. Hay buenas sinergias y antagonismos entre las glándulas lo que permite una construcción corporal, espacial y mental de carácter más positivo.

En tensión, por ejemplo, el sistema nervioso vegetativo que nos regula, junto con el endocrino, el sueño, la nutrición, la temperatura, la respiración -es decir, todas nuestras necesidades fundamentales- se ve afectado. Aquí actúan el sistema simpático y parasimpático dentro del sistema nervioso y en tensión no hay buen rollo entre ambos. Digamos que el sistema simpático, que busca equilibrar mediante un estado de contracción, no para de contraerse, y contrae todo el mecanismo interno visceral. Se acelera la respiración, la tripa se comprime, se cierra la respiración, hay una mayor secreción de las glándulas, es decir, "todo se alarma" pues todo se prepara para la lucha.

En calma ambos sistemas se regulan adecuadamente favoreciendo a todo el sistema nervioso central con todas sus consecuencias extraordinarias para nuestra vida cotidiana. Ya no hay lucha permanente, hay dos sistemas que se quieren. Todo se encuentra mejor regulado y hay una mayor capacidad  interna de escucha de lo que es uno para ir equilibrándose en lo diario. Uno respira con sus pulmones abiertos y la vida que entra en nosotros nos nutre.

En tensión las emociones suelen ser más negativas que positivas, y se potencian cualidades como la ira, el enfado, la impaciencia....se favorece la tristeza, el aburrimiento o no creatividad, la visión interna borrosa y confusa, hay mayor desgaste por tanto, uno se encuentra cansado antes y sin fuerza. Todo es más limitado, más acortado, hablando en el sentido emocional del término, se extreman los juicios de valor, uno vive más al límite, en el extremo, se busca la lucha, hay agresividad clara o sutil, uno está en permanente guerra, y se cree que es el mundo contra él, pero en realidad es con uno mismo. En muchos casos hay un crecimiento desmesurado del ego en este permanente hacer por hacer, en otros surge el aislamiento. Hay sufrimiento por goleada. 


En calma hay horizonte, hay cielo, hay tierra, hay perspectiva, hay centro, hay adaptabilidad, hay paciencia, hay más consciencia de uno, hay una mayor capacidad de amar al estar abierto a la vida, hay una mayor comprensión de uno mismo y de la vida, hay un estado de cordialidad, de empatía con el mundo. Hay una clara consciencia de los actos, lo que permite la regulación de la energía y un ahorro en el hacer. Hay un respeto y uso al no hacer. Hay una mayor capacidad de ganar distancia interna con las emociones lo que ayuda a potenciar todo aquello que nos hacen mejores personas. Hay disfrute y el sufrimiento no se convierte en neurosis. Hay un mayor contacto con la realidad. Hay comprensión.

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga



miércoles, diciembre 04, 2013

Lo hermoso de vivir con atención


"Bikhus y bikhunis:
os hablo de la atención
y estáis distraídos,
de la Presencia,
y estáis ausentes.
Mis pisadas se hunden en la arena húmeda,
y la niebla desaparece.
Ruge el mar: aaargggg"

"Andar por el bosque y oír,

oír todo, y permanecer ahí, oyendo.
Pero no penséis perro si oís al perro,
no penséis canto si oís al ave,
no penséis crujir si crujen las hojas...
así matáis la realidad,
y ahogáis la experiencia.
Salid, salid,
si no os asfixiareis"

El yoga y la meditación nos educan para estar atentos. No resulta indispensable practicar yoga y meditación para vivir atento.

La cuestión en un primer paso sería: ¿por qué nos cuesta tanto estar atentos?  Y aprender a darnos cuenta de las múltiples veces que estamos distraídos. ¿Qué ocurre cuando estoy atento?

Nos cuesta mucho estar atentos por multitud de factores, por ejemplo, esta sociedad consumista y materialista busca que exprimamos nuestra vida en compartimentos temporales, donde el mantra preferido es "no tengo tiempo". Así producimos y producimos sin parar. Los sentidos también se mueven de estímulo en estímulo, sin pausa, sobre todo hacia el exterior. Claro, habría que pararse y ver qué producimos: ¿estrés, ansiedad, sufrimiento? o ¿calma, amor, comprensión?

También podríamos reflexionar y decir: no estoy atento porque quiero tener controlada toda mi vida y me paso el día planificando y creando listas y listas, pues así me siento bien, pues eso me da seguridad, me da comodidad, ya que así no se me escapa nada, y cuantas más actividades, más quehaceres, mejor. Claro, habría que preguntarse: ¿la vida se puede controlar? ¿Qué huecos o vacíos quiero tapar con tanto control y tanta lista y tanto hacer? ¿Acaso el vacío o el no hacer o la no lista hacen más difícil mi existencia? ¿Y si dejo a mi vida que viva sin intervenir tanto, sin caer en tanto esfuerzo?

Ahondando un poco más: sin estar atento, no me doy cuenta de la permanente repetición de mis gestos, de mis acciones, de mis actos, de mis amores, de mis desamores, de mis sufrimientos, de mis pensamientos, de mi cuerpo, de mi respiración... De aquello que soy. Creo que me doy cuenta porque me vivo en mí, pero si estoy distraído, eso es una inercia. Y entonces surge una permanente fragmentación repetitiva donde la distracción y la ausencia ganan la partida a la Atención y la Presencia.

Vivimos mucho en pensamiento, y la vida se encuentra delante y dentro de nosotros. Me lavo los dientes, pero estoy pensando en el trabajo. Voy andando por la calle pero estoy ya en el destino. Me lavo la cara pero estoy pensando en coger el coche. Te digo "te quiero" pero como lo he dicho ya cien veces mi "te quiero no sabe a nada, es hueco". Yo llamo a eso: Vivir en el Olvido. Uno se olvida, simplemente se olvida de habitar en uno.

La atención se escapa y se escapa, y hay que aprehenderla, echarle un lazo, para vivir el momento presente, para centrarme en unidad en un sólo momento, para ser consciente de lo que siente mi cuerpo, para darme cuenta de dónde coloco el foco de los sentidos, para dar intención al acto.

Cuando estamos atentos todo cambia, resulta maravilloso coger un tomate y oír el sonido del cuchillo sobre la tabla al cortarlo, el color rojo del tomate sobre la claridad de la madera, las lonchas finas, la suavidad con la cual hay que cortarlas, el jugo del tomate que se esparce, el silencio interno y la calma que supone estar atento a eso, a la vida que hay en ello y en mí. Es hermoso tomar por la mañana el desayuno, oír el crujir del pan en la tostadora, ver cómo se absorbe el aceite de oliva sobre la miga blanca, ese sol amarillo, sobre esa nube esponjosa, con el rojo en pequeñas capas por encima. Cortar lentamente el pan a tiras y masticarlo lentamente saboreando su sabor mientras nuestra lengua y nuestros dientes desmenuzan lo vivido.

También es hermoso decirte "te quiero" y que todo nuestro gesto, nuestra intención, nuestra voz, nuestro corazón estén en ello. Todo es un todo, y todo es una unidad, en unidad observo y vivo, y la creatividad y los colores surgen, surgen ellos solos, no los traemos ni los pensamos.

La atención nos lleva directamente hacia nuestra realidad, no hay intermediarios, no hay excusas, no hay ensoñaciones, no hay tanto pensamiento. Eso es lo que soy si estoy atento, y lo acepto, y me quiero, y vivo abierto. El vivir atento nos ayuda a que haya claridad en nuestra vida, nos permite ver nuestras reiteraciones y nos ayuda a penetrar en la realidad y a elegir con calma y con paciencia cada momento de nuestra existencia, estando en el presente, estando atento donde todas las ventanas están abiertas y donde no nos apetece tener controladas tantas historias. Y si estamos vacíos, pues bien, y si no lo estamos, pues también bien, pero estamos y caminamos, vamos andando o nos detenemos, pero disfrutamos del viaje, no andamos perdidos en la meta ni vivimos ausentes.

Porque estar atento es estar vivo, y aquello a lo que estés atento alimentara tu vida, y la vida de aquello que amas y, si practicas, te darás cuenta que cuanto más atento estés, abierto a la existencia, más amarás la vida, más te amarás y más amarás a tu semejante, y serás consciente de que nacerán cualidades en ti, como flores en un jardín, la flor de la tolerancia, de la paciencia, de la comprensión, de la entrega...y cuanto más practiques, más fácil te resultará.




domingo, noviembre 03, 2013

"Me hace feliz..."


"El universo viene a ti cuando estás relajado, porque entonces eres vulnerable, abierto...". 
Osho

Me hace feliz:

Despertar al alba y disfrutar del silencio para la práctica o para el estudio.
Despertar a mi hija Alba y disfrutar de nuestra felicidad a lo largo de los días.

Centrarme en mi momento, entregarme a él.
No acumular nada que me lastre. Vivir ligero.

Vivir cada momento como un regalo.
Agradecer a la vida tanto regalo.

Vivir pausado dándome cuenta de cada sabor vital.
Reconocerme en mis defectos, aceptarlos y seguir pa´ alante.

Amar y ser amado.
Respetarme y respetar al otro.

Ver mis límites, aceptarlos.
Soñar con horizontes, transformarlos.

Preparar mis clases tranquilo, indagar.
Vivir alerta, aprender y comprender.

Sentirme, sentirte, sentir la naturaleza,
el cielo, el bosque, la tierra, el mar, las flores,
a mis hermanos los animales.

Sonreír a la existencia.
Abrazar con esencia.

Sentarme en soledad
y permanecer ahí

enraizado en el bosque
junto a los demás árboles
en otoño, en invierno, en primavera
y en verano, con la luz del cielo, y con la tierra,
con el sol y con la lluvia.

Quieto, tranquilo.

Despierto.

sábado, octubre 19, 2013

Lo fugazzzzz lo es todo



"No sabía que pudiera sentir así. Ni que pudiera sucederle algo parecido. Le gustaría que durase toda su vida. Y una parte de él le decía que así sería. Lo tenía ahora y eso sería toda su vida: ahora. No hay más que el presente. Ni el pasado, ni, desde luego, el futuro. ¿Cuántos años tendría que cumplir para comprenderlo? Tan solo existe el ahora, y si el ahora son dos días es que tu vida son dos días y tendrás que verlo todo desde esa perspectiva. Así se vive una vida entera en dos días. Y si dejas de quejarte y de pedir lo que es imposible tendrás una buena vida. Una buena vida no tiene por qué tener una duración bíblica" 
Ernest Hemingway " Por quién doblan las campanas"

Desde que inicié mi andar por la senda del yoga he ido sintiendo la necesidad, una necesidad relajada que es como una sed, de ir creando las mejores condiciones dentro de mí para que mi presente tuviera un sentir de disfrute y donde, de acuerdo a mis posibilidades, tratar de dar lo mejor de mí,  para alimentar ese presente, que me ayudará a comprenderme y a comprender.

Todo es una progresión que implica mucha dificultad. La propia comprensión del presente por ejemplo. Y como ese presente se encuentra tan condicionado por inercias propias, por el pasado, y por proyecciones y por elementos imprevistos, el tema se complica. 

Creo que resulta esencial crear un centro, un eje, una calma, desde donde haya una perspectiva de disfrute de ese presente para mantenerme "con cierta inmunidad" ante ese cúmulo de todas esas fuerzas internas y externas que me arrastran. Para ello el yoga va alimentado a un observador que observa, a un ser que siente, a una persona que dentro de su vulnerabilidad ama.Y para amar, hay que aprender también, y en este punto con el yoga he aprendido a amarme, a respetarme y ese poco que gano cada día me hace sentirme feliz. Ese centro es mi corazón que late y late.

Por otro lado se encuentra la reactividad, ese bote pronto. Tan emocional él.

Uno progresa, y retrocede, se da cuenta. Es una cadena que se reitera. Y hay que estar alerta para afinar para romper los eslabones. Y como la consciencia del presente te hace ver la oportunidad de sentir que cada fugacidad es virgen, que cada momento es una ventana para estar, pero también para el olvido, te das a ese momento con todo tu ser.

Y observas que lo mejor es no luchar, ni ofrecer resistencia, así hay un menor sufrimiento y alimentar aquello que ensancha tu corazón. Es como si el corazón, siempre estuviera presente ahí, con su calma, con su amor, con su comprensión, con su unión a la vida, y que tú, desde ese observador, a ratos fluyeras con ello, pero es tan fugaz, es todo tan fugaz.

Por eso, la atención a lo que siento, a lo que surge, a lo que viene, a lo que se va, a mis aciertos, a mis errores, cuando inspiro, cuando espiro, cuando soy, cuando no soy, creo que es fundamental. La atención de ser, la atención de construirme, la atención de no ser nada, y ese corazón ahí, siempre presente que me mira y gracias, por favor, que no me juzga, solo siente, me ayuda en mis pequeños pasos y amplía mi sensibilidad para ser consciente de lo fugaz y de lo que permanece.

Sigo ahí, en la brecha, trato de vivir despierto, y eso creo que es bueno para mi vida, no tengo más expectativas que las que me ofrece cada mañana, cuando al alba, abro los ojos, la vida, que se muestra ahí, entera, plena, bella, en un todo fugaz.





miércoles, septiembre 25, 2013

Yoga y bebes, el cuerpo (1)



Mi hija Alba nació hace diez meses. No hay palabras para expresar todo lo que siento, y toda esa emoción y amor las dejo ahí, en el universo y en mi vida diaria con ella.

 Y la idea de escribir hoy sobre yoga y bebes, es ir contando un poco aspectos que he ido observando  en el crecimiento de Alba en relación con el yoga.

El cuerpo
El proceso de crecer es un camino alucinante, y en estos meses su viaje ha sido un viaje hacia la verticalidad, por ello desde un inicio procuramos dar tacto a la planta de sus pies, sobre todo al cogerla, la cogía entre mis brazos y mis manos masajeaban la planta de sus pies. Según iba creciendo la apoyaba brevemente en el suelo sujetándola bajo las axilas con la idea que simplemente tomara contacto con la gravedad, sin dejarla apoyar en su peso pues su "cuerpito" todavía no estaba preparado para eso.

Los primeros meses no hay consciencia por parte del bebe del movimiento que realiza, digamos que hay impulsos, las piernas y la pelvis se mueven, los brazitos también pero no hay una pauta demasiado consciente. Desde que nació la hemos ido movilizando los miembros, pero siempre dejando que ella mandara en ese impulso, eso sí cuando se detenía, le daba la pequeña pauta corporal. Todos los movimientos los realizábamos con extremo cuidado y amor pues  su "cuerpecito" seguía formándose, así como sus órganos internos.

Para mí el tacto habla, transmite, apacigua, descubre, muestra, ilumina por lo que he procurado que sintiera el tacto de mis manos y de mi amor. La he cogido siempre  con el pecho descubierto cuando estaba en casa, de modo que su piel se acogiera en mi pecho y que mis latidos y mi propia piel y mi respiración hablaran lo que siento.

Sus manos al principio agarrotadas, las hemos movilizado, abriéndole y cerrándole de un modo suave los dedos. Según pasaban los meses tratamos de potenciar que fuera descubriendo la formas de todo tipo de pequeños objetos: cajitas de cartón diferentes tamaños, botellitas, juguetitos de diferentes texturas. Con la idea  que sintiera y reconociera diferentes materiales y formas. Para mi resulta esencial el tema de las manos junto con los pies, y las manos es como si favorecieran el desarrollo cognitivo además de muscular e irrigar la espalda, sus pulmones, su corazón. Una vez los dedos los tenía más liberados, le hemos potenciado la pinza, que ella va usando de un modo natural, de modo que usara el pulgar y el índice para mover pequeños objetos. Ayer por primera vez desmenuzó un trozo de pan, lo coloco en una cajita y pellizcando minúsculas migas con su pinzita me las daba en la boca como si yo fuera un pajarito.

Su espalda, su columna vertebral resulta muy importante en la búsqueda de esa verticalidad y en el crecimiento de su estructura corporal por lo que hemos tratado de ponerla según crecía en pequeñisimas cobras o ayudarla a girar de un lado y a otro, todo con la idea fuera aprendiendo para que lo hiciera ella sola. Y sentándola en pinza (flexión hacia adelante) un segundo, y colocándola en gato otro segundo. Ya al gatear hemos vaciado el salón de casa de todo lo inútil y en ese espacio límpido le hemos ido poniendo juguetes en un lado del salón de modo que ella recorriera el espacio de modo que su espalda, sus manos, sus rodillas se movilizaran.

"alba" de Antonio Flores






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