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viernes, mayo 25, 2018

El silencio



"Lo importante es jugar, papito, no ganar”
Alba

"El vencedor está sembrando odio
porque el perdedor sufre.
Que abandonemos la ganancia y la pérdida
y encontremos la alegría"
Buda

"Todo es Brahma"
Carlos


Un modo de darnos cuenta de que hay una progresión en nuestra práctica de yoga es que surge el silencio dentro de nosotros mismos. Ante todo cada uno siente su satya, por tanto, cada uno puede experimentar el silencio del modo que quiera. A mí me hace gracia que se crea que el yoga son sólo posturas y que dichas posturas han de ser perfectas. Lo curioso es que llevo años repitiéndolo; es inútil, la periferia, que llamo, la convulsión del ego nos lleva una y otra vez hacia la oscuridad. Es mi punto de vista y, como tal, lo comento en el blog. Para llegar al silencio, hay que reconocerse y aprender a silenciar lo que haya que silenciar en todos los estratos. La postura sólo muestra al profesorado que lo sabe vislumbrar el alma del alumnado, y es su responsabilidad dar las señales que su satya le muestra y que le señala del modo que vea más conveniente.

Avidya, la ignorancia, es experta en camuflarse, pues siempre permanece. Que cada uno resquebraje sus corazas y que cada uno encuentre su silencio.

La realidad en el silencio se encuentra en lo más hondo y sólo se accede mediante el silencio de la calma. Allí nace todo, como tal es inabarcable, es horizonte. Yo lo llamo "permanecer en la estepa"; es una estepa donde todo es horizonte y asentarse es un continuo trabajo interno, un continuo sadhana.

Para mí el yoga no son posturas, es espíritu. Para atisbar, hay que ir silenciando la periferia plagada de una mente caprichosa; unas emociones que nos apegan; unos gestos que nos muestran cuando lo que digo o hablo no se corresponde con el gesto; es la propia respiración la que nos habla de nuestro silencio.

La periferia en la convulsión de sus patrones habituales nos hace creer que estamos sujetos a algo. Es cómodo estar ahí pero, por otro lado, resulta que la inercia no nos deja ser lo que somos, y lo que somos no es lo que creemos ser.

El silencio como tal nos da pistas de lo que somos, pues el único modo de vivir el silencio es profundizar, es hacia dentro, no tiene nada que ver con el ruido, o con los patrones habituales.

El ruido engaña. Hablo de ruido interno, de ruido mental, de ruidos que nos impiden vislumbrar el potencial que tenemos como seres humanos, en la calma y en paz dentro de lo posible.

El silencio es primigenio y te va empapando. Bucear en la estepa implica hacerlo en plena y absoluta soledad y eso es jodido. Resulta más fácil todo lo demás.

El silencio nos limpia y nos va regenerando en el ajuste continuo de ser uno mismo, y ahí se encuentra el darnos cuenta, pues si nos damos cuenta que siempre giramos en el mismo sentido dentro de la peonza de la vida, seguimos en la periferia.

Habitualmente pregunto al alumnado: y tú, ¿de qué te alimentas?

Creo que, si bebemos del silencio, nuestra mirada va a resultar más fresca y, sobre todo, más real sobre lo que somos como seres humanos, pues entiendo que por lo menos yo, Carlos, no estoy en la tierra para dedicar mi tiempo a que me vean y alimentar un espejo perfecto, sino para otra cosa; eso es periferia, eso es que el espejo donde me miro se encuentra con la niebla de avidya, por ejemplo.

Hay que educar a domar la distracción, igual que se cepilla a uno de mis amados burros, en amor.

El yoga se muestra en lo cotidiano, no en la postura. Resulta absurdo que uno pueda ser profesor de yoga si es incapaz de verse, y encima tener la supuesta valentía de dar clase. ¿Qué muestro en clase?

¿El espejo, la periferia, el avidya perpetuo? ¿O muestro la presencia de mi silencio, que no se muestra, simplemente está, pues surge de dentro sin buscarlo? Resulta esencial la no meta, la no acción hacia el fruto, pues así no aparece el fruto.

Es importante avanzar desde la periferia reconociendo los pequeños espacios de silencio para ir progresando, sintiendo desde mi propia ética interna hacia dónde voy.

Está claro que, aunque dé en este artículo opiniones personales, eso no es la verdad, cada uno tiene su camino, pues el camino es plenamente personal y único.

Resulta imposible transmitir al alumnado el silencio, pero sí cabe señalar vías recorridas. Luego, que cada uno experimente, pues el silencio es pura experiencia de lucidez. Un buen modo de darme cuenta es ver si soy capaz de discernir.

El silencio es desprendimiento, es rendición, y el pretender acumular lo que sea dentro de mí e ir hacia el silencio es incompatible. Entiendo que la rendición es corazón y amor, y ello, igualmente, sólo puede ser experimentado por cada uno.

Al silencio, entonces, se va llegando de modo progresivo, entran en juego todos los factores de mi vida, es decir, cómo vivo como persona, y ello lo muestra mi karma. Por tanto, es un trabajo arduo.

Como decía, el silencio es primigenio, y por eso es raíz. Volvemos a la pregunta anterior: ¿cómo me alimento? Y no hablo de nutrirse de comida, hablo de alimentarse en lo vital: lo que pienso, lo que siento, cómo actúo, cómo es mi cotidiano.


El silencio no tiene identificación, es silencio. Según progresamos, uno es desde el silencio y, para ello, aprender a trascender es importante.


      Bomba Estéreo- "Soy Yo"

Artículo escrito por Carlos Serratacó


domingo, febrero 26, 2017

Unas manos que aman


 Unas manos que aman

En yoga todo lo que se apoya es importante, puede ser unas manos, las rodillas, los pies, el lateral del cuerpo, la espalda, la cabeza... Lo que apoya me trae a tierra, me enseña a enraizar, a sentir lo que soy, a sentir que la tierra se encuentra viva y respira, y que yo en la postura lo hago mediante su ayuda y comprensión.

Cuanto menos esfuerzo ponga en la postura, cuanta más atención relajada aplique, más se abrirán las vías para encontrarme conmigo mismo y con el tempo de la vida. Hay menos esfuerzo porque el esfuerzo es el justo, es el tono que surge de ajustarme con respeto y amor. Entonces la postura, como una figura simbólica que representa la vida y el amor, reparte los pesos y contrapesos, los tonos y los abandonos, todo regado con una atención y calma viva, penetrante, sutil, suave, que envuelve todo aquello donde se posa la mirada interna y que tiene como eje ese respirar que nace del enraizamiento.

Para mí la mano -mis manos- son algo mágico, excepcional, maravilloso por los significados que han ido adquiriendo según las iba descubriendo en mi viaje con el yoga. Unas manos que se han ido abriendo, a la par que se abría mi corazón. Eso no ha ocurrido de un día para otro, iban pasando los días, las semanas, los meses y los años, y mis manos eran cada vez más firmes, más sensibles, más abiertas a escucharme y a escuchar la vida que me vive. El tacto con la esterilla es el tacto con el corazón de la tierra viva que late en la postura que siento.

Mis manos, amigas de mis muñecas,  amigas de mis codos,  amigas de mis bíceps, amigas de mis tríceps, amigas de mis hombros, amigas de mi espalda, amigas de mis omóplatos, amigas de mis pulmones, y ahí, en el centro, mi corazón, mi amigo. Y en ese latir, laten al unísono el corazón de la tierra con mi corazón que sienten y envuelven mis manos.

Manos, manos que sienten, manos que acarician con fragilidad, manos que aman con fuerza, manos que miran y abrazan, manos que van de cara con valentía de ser manos amorosas, manos que laten, que recorren, que abrazan, que colman, que se abandonan a ser manos.

Dos manos, vivas, corazones que bailan, que vuelan, que sienten el tacto del aire, que respiran los poros de la esterilla, que transpiran la piel de la tierra, tu piel.

                                                                   .Manos.

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva

sábado, noviembre 05, 2011

Retiro de Otoño: el silencio entre el caer de las castañas


Y hace dos semanas tuvimos el Retiro de Otoño y ahondamos en dos temas: por un lado iniciamos los chakras con Muladhara, y por otro profundizamos en una aproximación al silencio.

El silencio como un estado de ser, como una parte de nosotros que está ahí, y sólo mediante la escucha, cabe descubrirlo. Una escucha interna, una escucha que nace de crear unas condiciones donde el ruido interno, "tanto hacer", "tanto pensamiento" se apaciguan y se llenan de calma, y entonces es posible esa escucha de silencio. Un silencio que habla, acompaña, reubica, y se hace indispensable. Es un estado de paz, es un silencio pacífico.

Un silencio que crea espacio, que da libertad, que te hace contactar con lo íntimo de lo que eres. Un silencio insondable como un mar y un cielo que te inundan y te ayudan a estar ahí, atento.

El retiro de Otoño lo solemos celebrar en la Sierra de Aracena, llovía a veces, y nos encontrábamos rodeados de olivos y castaños en un viejo molino restaurado. Todo el verdor, toda la luz, todos los ruidos de la naturaleza alimentaban nuestro silencio interno, nos permitían comprender.

En mi caso, sin silencio no puedo sentir, me hace falta para nutrir mi corazón, para alimentar mi alma, por eso salí muy satisfecho del grupo y del trabajo, de lo que creamos y de lo que ahí nació.

He traído pequeños castañitos y laurelitos a Beas, he plantado algunos, veremos si hay suerte.

juan luis guerra--- ojala que llueva cafe 

sábado, abril 30, 2011

El silencio



Esta semana preguntábamos en clase la relación de la meditación con el silencio. Tuvimos muchos comentarios realmente hermosos por parte de los alumnos y alumnas que me han hecho reflexionar sobre el tema, y apuntar algunas notas sobre el silencio.

Breves notas sobre el silencio

El silencio no surge del exterior, es un estado interno, un estado que nos permite ser lo que somos. Al silenciarse los ruidos que nos impiden oírnos, nos damos cuenta que podemos sentir nuestro ser, y ello es una experiencia de calma, de dicha, de felicidad.

 Por tanto del silencio surge la escucha, de la escucha el sentir.

El silencio nos alimenta, y nos centra. La vida se hace panorámica, se proyecta de dentro hacia fuera en todas las direcciones, y se hace en paz. Ese silencio de expande como si fuera un sol que diera luz a tu universo interno. Y tu realidad, la vida, fluye hacia ti en sentido inverso, creándose un canal de experiencias.

 Sí, en paz. Es tan importante sentirse en paz, que sin paz no cabe el silencio.

El silencio emite una vibración que te conecta con la vida, con lo más profundo que hay en la vida, y entonces el flujo es mutuo.

El mental deja su protagonismo a un observador que observa, que siente muy despierto, y que percibe con plena atención.

Sin silencio no cabe crecer como personas.

El silencio es una vuelta al hogar, un reencuentro con uno mismo.

El silencio nos une a la totalidad, al misterio, a la vida.

Silencio y  soledad  son indispensables en este viaje y van irremediablemente unidos pero lo maravilloso es que una vez sentimos nuestro corazón, nos damos cuenta que el otro resulta indispensable. Y el otro puede ser otra persona, un árbol, una flor.....y ya no es otro, eres tú.

Todo sabe diferente cuando el silencio vive en ti.

El silencio es vivencia en estado puro.

Alguna pauta para aprender a escuchar tu silencio

Del exterior rehuye del ruido
No te pierdas en verborreas, di lo que tengas que decir
Simplifica tus acciones
Date espacio

 y

Busca un lugar tranquilo, y siéntate, lleva la atención a tu respiración, y observala.
Que la respiración sea siempre tu ancla que te traiga a tu realidad.



                                           Con los días date cuenta que tu cuerpo se va calmando,
que tu mente se va apaciguando,
que tu respiración es más regular.

Ve observando los pequeños silencios entre tanto pensamiento,
entre tanta emoción,
entre tanta ida al pasado y al futuro,
recuerda, que tu respiración sea tu ancla.

Una vez te encuentres centrado,
el silencio es más estable,
y podrás escuchar.

Y entonces
 tu silencio
lo llevaras siempre contigo, y buscarás
darle de comer permanentemente como a un pajarillo





Jack Johnson - You And Your Heart




sábado, octubre 02, 2010

De vuelta


“Mi única religión es la del amor porque en ella me siento unido a la vida”.

Ibn´Arabí



Tras un breve paréntesis, tras un verano plagado de emociones, de despedidas, de amaneceres, de descubrimientos, de soles, de flores, de dolores, de clases, de felicidad, de mar, de sudores, de misterios parece que quiere empezar el otoño, el curso, de nuevo todo se pone en marcha y ahora, recogido en mi hogar, tras estar reflexionando, estudiando, escribiendo para el curso de fin de semana, siendo ya la medianoche, recordaba al poeta, filosofo y sufí español, murciano él, que captó tan extraordinariamente la esencia de la existencia.

Hemos comentado alguna vez que el yoga es un proceso muy amplio que abarca varios aspectos que nos hacen reencontrarnos con nosotros mismos; que, en ese viaje tan hermoso que nos lleva hacia el centro de nosotros mismos para luego hacer un viaje de vuelta hacia la inmensidad, resulta fundamental el silencio, resulta vital la atención. Atento para darme cuenta de mi presente, atento para estar presente ante la vida, para no dejarla escapar y para que ella nos vaya llevando sin que nosotros pongamos tanto esfuerzo en querer dominarla. Y, en ese proceso de educar la atención interna, resulta indispensable educar también el silencio interno, porque sin ruido hay claridad, sin ruido me escucho, me siento y puedo llegar a mayores profundidades, y aflorarlas, y entonces nos damos cuenta de que en esa creación permanente de conciencia nacen flores de un corazón muy grande que tenemos, y ahí, entonces, resulta hermoso tener el corazón en la mano, estar atento a dar con él, estar atento a recibir, en definitiva, que la vida fluya, porque así podremos vibrar en cada momento.


La atención y el silencio generan amor, la atención y el silencio generan conciencia, ambos nos conectan con la inmensidad y, lo más importante, nos conectan con nosotros mismos, con el otro, con la vida.

Mere Gurudev - Krishna Das sings with Deva Premal





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