lunes, agosto 29, 2011

Circundo imaginario y núcleo

Hace muchos años, en mi otra vida, tuve que participar como técnico en un arbitraje entre una población gallega y una multinacional dedicada a la energía. La población se encontraba afectada por la construcción de una Central Térmica al lado de su pueblo, de sus hogares, que  durante años y años, sus efectos desoladores, les afecto y transformo su vida.

Fueron años y años de lucha del pueblo que finalmente tuvo, dentro de la desgracia, su reconocimiento en la indemnización que le dio la multinacional.

Se puso precio a todo lo afectado por la mina, por la Central.

Había que dar un justiprecio no sólo a las casas y a las tierras, sino a aquello que rodeaba  a las casas: el árbol que planto el bisabuelo, el gallinero que se tardo tanto años en construir, el pajar, a los pinos que trajo el padre inmigrante de Suiza y que llevaban años en la puerta de casa, etc. es decir, toda una vida se veía afectada, incluso aquello que rodeaba la casa y tanto se amaba.

Fue un arbitraje, una mediación donde el corazón de los técnicos se encontraba con el corazón del pueblo.

Y se acuño un término que me persigue con el paso de los años: el circundo imaginario, que era todo lo entrañable, toda la vida que rodeaba las casas.

Llevo años trabajando duramente en la casa en el campo de Beas, aquí en Huelva, para hacerla más amable, más habitable. Este año circunde la casa con una valla dejando a los perros y los burros en su propio espacio pues antes vivíamos todos revueltos. Y a lo largo del año voy plantando frutales dentro del circundo, lo limpio de malas hierbas, riego apaciblemente cada vez que voy, apilo leña para el invierno, acaricio las hojas de lo que crece, lo mimo. Todo ello lo he ido contando en este blog.

 Y la casa, su núcleo, sigo trabajándolo, poniendo lisas las paredes, pintando la casa de blanco, lijando la cocina, barnizándola, montando la biblioteca. Todo con ayuda de personas que me quieren, otras veces sólo.

He visto como estando atento al circundo imaginario veo más claramente el núcleo. Mi vida interna se clarifica, mi hogar, reflejo de mi alma parece más límpida. Me doy cuenta que me muevo mejor, que uso la energía que he de usar, me noto más ligero, que pienso y siento más positivamente. Estoy muy atento y de un modo relajado a todo ello, y noto que cada vez profundizo más en el núcleo.

En el yoga nos damos cuenta que asana empieza en la toma de conciencia de nuestro circundo imaginario en dirección a un núcleo, en los brazos, en las piernas, en el torax, en la piel, en los huesos, en los pulmones... en la respiración, hacia nuestro corazón, hacia nuestra alma.

Por otro lado las acciones, los actos, los pensamientos, lo que verbalizamos, los gestos, lo que somos, nuestra alma, nuestro corazón tienen su circundo, hay que reconocerlo, abrir puertas de entrada y darle amor y entrega, sólo así llegaremos al centro.

Un viaje de ida y vuelta donde sólo una vez en el centro cabe expandernos. Un sol, un universo.

domingo, agosto 28, 2011

Oliendo el otoño


El viernes sentí el otoño en la piel, lo olisqueé, lo percibí. Intuí que había llegado. Las hojas ya empezaron a caer hace una semana, pero el viernes simplemente lo sentí.
Suena a una sensación sin sentido, pues todavía estamos en agosto.
Cada uno tiene sus sensaciones.
Dos días donde el aire corre de otra manera, donde los animales están menos asfixiados. Hay una humedad en el ambiente que no es pasajera. Y el campo habla.
Con el otoño empieza para mí un nuevo curso. Aquí en Huelva sería el séptimo año yoguico. Me gusta reflexionar mucho antes de empezar el curso, poner sobre el papel mi vida en un esquema, y ver de qué prescindo, y apuntar que puedo añadir, anhelar para crecer más.
Trato que cada curso sea un avance, un asentar, un madurar, un descubrir.
Ponerme pequeños retos, o dibujar mis sueños, y ver cómo puedo plasmarlos.

Seguir educándome en la calma, en la comprensión, en la paciencia, en la entrega.

Mantenerme en aquello que creo, adaptarme, y no resistirme a los cambios, vivir sin dañar, juzgar lo menos posible, dejar pasar más.

Que caigan las hojas de mi ser, y que el otoño y el invierno me enraicé, y me ayude a profundizar más en lo que soy, para que cuando llegue la primavera, los brotes de hojas que nazcan crezcan luminosos, y puedan dar su fruto.
B.B. King-Live in Africa 1974

miércoles, agosto 17, 2011

La comprensión, un viaje sin fin

                                                               
Una postura no se alcanza, se comprende. Son años de práctica darse cuenta que no es importante llegar muy abajo, o tocarse la punta de la nariz a una sola mano en posición invertida. Tampoco la postura es mantener una pose estética, o sentirse poderoso. Todo ello no deja de ser una derivación de la no comprensión, de la falta de actitud. O de un ego desmesurado.


Lo hermoso de asana es que es una continua búsqueda del centro, una continua búsqueda en uno mismo, un viaje que se hace sólo en presente, con intención, con atención, con humildad. Y las piezas van encajando, poco a poco.


Lo interesante es que es muy lenta la comprensión, lo alucinante es que ese entender de asana no acaba, pues es un permanente aprendizaje de uno mismo.


Mantener el tono en una parte del cuerpo, otras como soporte, un ente entero en relajación. Acompásalo con la respiración, siente por dentro la fluidez del aire; como hace hincapié esa respiración en las diferentes partes donde pone el acento la asana, siente desde dentro lo vital. Siente la energía de todo ello. Mantén firme cuerpo, mente, musculatura, huesos, mantente enraizado. Respira y se consciente de lo que fluye. Mantén la actitud.


Todo ello es un viaje.


Yoga no es ser flexible. Yoga es comprensión. De ti mismo. Con humildad. Con paciencia y amor hacia ti mismo. Centrado. En calma.


Yoga es respetarte, comprenderte, amarte, aceptarte.


Y así te respetaré a ti, te comprenderé, te amaré, te aceptaré.


Pero si tú no bebes el jugo, es imposible que lo sientas o que lo transmitas.


Sólo competirás y pensarás que has ganado, pero sólo estas perdido en tu ego, en tu lucha de contrarios.


Sólo una práctica sincera te hace libre. Allí donde no hay tantas aristas, y huele a flores y a jazmín.



El último de la fila - A Jazmín

jueves, agosto 11, 2011

Pequeños gestos para crecer


Todo momento supone una oportunidad para crecer como seres humanos. Como la inmensidad de una playa desierta, así es el horizonte que se presenta en cada momento si estamos atentos a construir, a sanar, a amar.



Muchas veces sentimos que en la vida todo ha de ser felicidad, equilibrio, y poco a poco nos damos cuenta que no todas las veces es así.

Hablábamos alguna vez de la vida como un desorden donde permanecer atento y centrado es una valentía, y si lo logramos, esa actitud nos ayuda a comprender ese fluir permanente, imprevisto y hermoso que es la vida.

Acostumbrados a las comodidades materiales, pensamos que emocionablemente todo ha de ser también cómodo, sin altibajos, sin momentos donde no haya tanto sabor por todo. Y nos invade el gesto de la no alegría.

Llevamos ya muchos años donde los momentos o vacios existenciales que nos devoran son lastres para desesperarnos, medicarnos, y profundizar en la infelicidad.

En todo momento hay oportunidad para crecer como personas, para entregarse, para aprender.



Pequeños gestos para crecer:

-Reconocer, aprende a reconocerte, en lo bueno y en lo no tan bueno.


-Acéptate, y acepta lo que eres.


-Busca el centro, y desde ahí profundiza y dale sentido a tu sentir, a tu actuar.


-Ahonda en el sentido ético de tu vida, en los pequeños y grandes actos, es la base importante para crecer.


-Da un sentido al día, a la semana, al mes, al año, al momento, a tu vida. No dejar que la vida se escape en mezquindades, pequeños egoísmos, inconsciencias, pequeñas mentiras, avaricias. No perder energía en destruir. Recordar permanentemente tus principios éticos.

-Aprende a crecer tanto de la felicidad como de la infelicidad, de la salud como desde el dolor. Atento a ese centro.

-Pon intención en tu vida, no te dejes mecanizar, no te dejes llevar, no te aplastes.

-El sentir tu respiración, tu cuerpo, siempre es un recordatorio que tu pasado, tu futuro pueblan en este momento tu presente.

-Valora tus emociones positivas, y transforma las emociones que te  enjaulan en otras que te liberen. Construye sentires, emociones, situaciones que te hagan feliz, tu eres el protagonista de tu realidad.

-Se fiel a ti mismo.


Jack Johnson, Donavon Frankenreiter and G-Love - Orange Room

viernes, julio 15, 2011

La metáfora del agua




De una foto a otra han pasado 25 años, pero el agua me sigue atrayendo igual. De la Alpujarra a Cazorla.

 La pureza del agua, de los ríos me llena, el fluir, el musgo verde, la frialdad de sus aguas. La claridad del fondo, lo salvaje. Su suavidad por momentos, lo acaudalado por otros. El río como metáfora del paso del tiempo, como figura del eterno fluir. La pureza como una inocencia que me gustaría no perder.

El agua al fluir nos enseña que es inútil aferrarse, es como cuando respiramos, si dejamos de hacerlo nos bloqueamos, si me aferro a lo que sea, me bloqueo. El agua avanza y los diques sólo traen enfermedad o sufrimiento. El agua como aceptación de un presente continuo, como aceptación de que a pesar que el agua fluya, también se forman diques, aceptación de todo ello. Observancia de la temporalidad de las sensaciones, no son fijas, ni permanecen estables.



Creo que mi proceso en yoga ha sido algo parecido. He pasado de un yoga fuerte, salvaje, muy varonil en mis inicios  a un yoga sutil, inteligente en la escucha, suave e intenso, profundamente femenino, con mucho hincapié en una permanente toma de conciencia. Un yoga abierto, amable, respetuoso con el alumno o alumna. Donde lo anterior se mezcla con lo nuevo, donde la vivencia se muestra en el día a día. Donde acepto lo que soy ahora lo mejor que puedo y ello lo plasmo en mi esterilla. Y los días malos también los plasmo. Trato de huir del eterno y feliz y ecuanime profesor de yoga. Antes de pintar el papel de cualquier color estoy  en lo que soy.

Creo importante que mi yoga sea reflejo de mi vida, de mi proceso, de mi crecimiento, de mis actos, de mis amores y desamores, de mi entrega y de mis equivocaciones. De mi luz y de mi oscuridad. Porque todo ello es lo que es ahora. Y la suma es lo que escribe.


Sobre ese árbol hay un ave;

danza en el gozo de la vida.

Nadie sabe dónde está.

¿Y quién podrá decir el estribillo de su canción?

Entre lo más espeso y sombrío del ramaje,

allí tiene su nido.

Viene de noche y echa a volar por la mañana.

Yo no la comprendo.

Nadie puede decirme qué ave es esa,

la que canta en mi alma.

Sus plumas no tienen color, ni dejan de tenerlo.

No tiene forma ni perfil. Se guarece a la sombra del amor.

Duerme en el seno de lo inaccesible,

de lo infinito y de lo eterno,

y nadie sabe cuándo echa a volar,

nadie sabe cuándo ha de volver.

Kabir


The Heart of Life - John Mayer

miércoles, julio 06, 2011

Vacaciones en tiempo de presencia

                                                                           
No me lo puedo creer pero estoy de vacaciones. Es una sensación muy extraña, pues como trabajo por cuenta propia mis vacaciones eran cortas los últimos años, y a menudo sin terminar de desapegarme totalmente de las clases.

Ahora me siento más liberado, me siento de un modo diferente, sin tanta responsabilidad por llevar las cosas adelante. Y la verdad, es una sensación liberadora.

El año académico es muy denso en clases que imparto, en cursos, en formaciones. Por suerte me aplico un poco el cuento, y trato de escucharme todo lo que puedo, y con ello he aprendido a regularme mucho más a lo largo del año, a meter intervalos de descanso. Pero a pesar de ello llego cansado, y creo que cuando uno se libera de las obligaciones, el cuerpo se descomprime también un poco, y eso hace que uno sienta cosas que no sentía, molestias corporales que antes no oía.

A veces se piensa que un profe de yoga no se cansa, o no se estresa, o no tiene emociones, y es un ser recto y virgen. Son eso, creencias. Un profe de yoga es como cualquier persona, un ser humano con sus aciertos y sus errores. Igual que se cree que cuando se hace yoga sólo se está sentado mirando las musarañas dentro de una disciplina amanerada. Pues vale.

                                                                     

Mis vacaciones han empezado con que Mariano, mi burrito, se ha puesto malo y he estado mi primera semana "subiendo" al campo todos los días. La situación no era buena, tanto que el veterinario ni quiso pasarse a verle en cuanto le dije los síntomas. El burrito estaba tan malito que sólo se me ocurrió para intentar salvarle ponerle sin comer nada de nada, a dieta pura y dura, como último recurso.

Como no quería ni beber, he tenido que darle agua mojándole los labios, pues no sabía dónde tenía que pincharle para introducirle el suero, y sin comer podía estar, pero sin beber no, pues cuando se ponen malos es esencial que beban o que se alimenten con suero por vena.

                                                               

También dejé que Coquelico, la burrita le acompañará todo lo posible sin molestarle, y tras tres días solito, el Mariano estaba muy apagado, y solté  a la burrita del corral, pues durante esos días llamaba y llamaba a Mariano, y la burrita al soltarla salió corriendo, y le besaba y besaba al tener contacto con él; y los perros, sobre todo el Prana, intuían que estaba malo, y se acercaban a sus labios y también le besaban, y yo le he acariciado mucho, y bueno Mariano se ha salvado, está viejito pero sigue en pie. Me alucina mucho la dignidad de los dolores de los animales, de su modo de llevar las cosas cuando estas no van bien.
                                                                  
Y ahora anda feliz y Coquelico fastidiándole como siempre.

Es tiempo de limpiar el granero para prepararlo, para apilar las nuevas alpacas de paja. Alpacas de paja que parece que no pesan pero pesan un montón, y raspan. Hay que colocar las alpacas de paja de todo el año de modo que quepan ordenadas y bien colocadas. Son unas cien alpacas. Cuando era pequeño y veía la Casa de la Pradera, o leía cuentos donde aparecían establos y pajares, la verdad no me imaginaba que era tan duro, pero me gusta.

Muchas veces tenemos la imagen idílica del campo, "que bonito" "que silencio" "que aire" "que enternecedor", bien es así, pero como en yoga, el camino se hace andando. El campo da lo que le das, reconoce tu entrega y disciplina tras mucha entrega, el campo es creación pero hay que estar ahí día a día, no caben creencias, cabe la realidad. En invierno el frío es frío, y en verano el sol te quema y te baja la tensión.

Ahora que vivo en la ciudad me doy más cuenta de todo ello, y por eso me gusta volver una y otra vez, y seguir en la brecha sintiendo mis manos llenas de tierra, tardando horas en repartir el agua, horas plantando los arboles; la verdura, mimándola; horas y horas cuidando algo que creo que es reflejo y realidad de lo que soy, de mis sueños, de mis anhelos, de mi realidad, de mi constancia. Horas que no son horas, son algo vivo que toco con las manos.

En la última clase de yoga de este año comentaba, que antiguamente, pues ya casi no quedan monjes en los monasterios que los monjes dedicaban varias horas del día al cuidado del campo, o del huerto. Había horas para rezar, horas para cantar, horas para estudiar, pero había horas para arar la tierra, para trabajarla.

Comentaba con respecto a las clases de yoga que uno de los aspectos hermosos de la meditación era sentir nuestro cuerpo, nuestra respiración, y ello nos anclaba en tierra, en sentir lo que somos.

Y con respecto al trabajo de los monjes, su trabajo en el huerto, creo que era para educarles a bajar a tierra, a recordarles del olvido que nos sumerge la alienación, a anclarles en contacto con la tierra, a vivir su presente de otro modo, a respirar su presencia en la tierra de dónde venimos y a donde vamos a terminar.

De modo que por unas horas dejaban a la omnisciente mente a un lado, para sentir de otro modo. Así el tanto pensar y pensar, las rutinas labradas de las emociones, de los egos que siempre quieren más, de los deseos tan fantasiosos ellos, de tanto pensamiento, todo ello se diluía en una alpaca de paja, o en la observancia del rojo de un pequeño tomate o pequeño melón.

Que bonito de Rosario Flores



martes, junio 28, 2011

Lo denso y lo ligero

                                                                   


Preguntaba en clase que por qué la meditación nos daba claridad. Me respondían:

-Al estar centrada, me encuentro menos dispersa -decía una alumna.
-Tengo claridad porque vivo mi presente  -decía otra.
-Yo me siento más ligera -comentaba una tercera.

A veces, hemos usado una serie de metáforas para dar un poco de comprensión a la meditación o a las mismas interioridades que nos da la práctica de asanas. En el caso de la meditación, decíamos que es la sensación como de vaciar una botella que se encuentra llena.

O cuando tenemos nuestro hogar lleno de cosas, hasta arriba, o el mismo trastero y, poco a poco, decidimos vaciarlo.

O cuando observamos el horizonte y lo vemos lleno de construcciones, de casas y edificios. Y nos movemos, por ejemplo, hacia el mar, y el horizonte es solo mar.

Supongamos que, al vaciar, lo que hacemos es abrir puertas, y ello nos hace sentir ligeros y que, al contrario, al estar llenos, densos, las puertas permanecen cerradas. Supongamos que, al estar cerradas las puertas, todo nos pesa y que, al abrirlas y entrar el aire, una brisa fresca nos llena de vida.

Inconscientemente, nos encontramos bajo la rutina de las mismas emociones, de los mismos gestos, de las mismas respiraciones, y parte de ello se convierte  en carreteras de sufrimiento que nos llevan a las grandes constelaciones emocionales, que, a su vez, se convierten en grandes construcciones perfectamente estructuradas.  El acto de meditar nos vacía -de tanta construcción, de tantas botellas llenas, de tanto trastero lleno hasta arriba-, y nos permite que la realidad de estar sentados y sentir nuestra respiración nos traiga calma y, por momentos, nos vacía y nos permite vivir lo que somos. Y, si uno se vacía, cabe la posibilidad de traer nuevos amaneceres a nuestro interior.

La meditación nos trae calma y, ante la dispersión, la calma da claridad. La claridad es lo ligero frente a la densidad de lo opaco.

Sin darnos cuenta, nos hacemos densos, y ello solo trae reactividad.

La reactividad es una inconsciencia que nos evade del presente, pues es una carretera ya hecha y estructurada. Es más fácil irse en viaje organizado que a la aventura. Es más fácil tener miedo que no tenerlo. Tener la ventana cerrada que abrirla. Satisfacer mi ego permanentemente dejándole que cumpla todos sus deseos, que tener calma y vivir de un modo más simple, no permitiendo al ego que cumpla todos sus caprichos.

Lo ligero es ágil, lo duro quebradizo. La mente, cuanto más libre de cargas, más flexible se sentirá; el cuerpo, si es ligero, tendrá menos enfermedades; la respiración, si es fluida, suave y profunda, será más enriquecedora en todos los aspectos.

Es difícil huir de la densidad. Yo me dedico en mi profesión a dar clases de yoga, pero caigo una y otra vez en lo denso. Reconozco las construcciones y muchas veces añoro el horizonte del mar. Y trato de no desesperar, tener paciencia, y vivir dando lo mejor de mí como persona. Pero lo denso, la sombra, acecha. Por ello, busco la luz en mi día a día, tratando de dar conciencia a mis actos, tratando de vaciarme de las rutinas de sufrimiento abriendo todas las puertas que puedo. Tratando de ser ligero. No siempre lo logro, pero hago lo que puedo. Y voy avanzando como una hormiguita, voy disfrutando de lo hermoso de dar, de amar, de cómo ello te hace libre de tanta neurosis que nos puebla. Y soy consciente del juego de la ambivalencia, de ver que tras la noche viene el día, que tras la luna nos ilumina el sol.

Solo  puedo decir que mi hogar mora en mí y que, una vez que sea plenamente consciente de ello, me daré cuenta de que mi interpretación de la realidad será mucho más luminosa.


Puertas y ventanas abiertas para ver el hermoso cielo.


Soda Stereo - Cuando pase el temblor

viernes, junio 17, 2011

Un "limonsito", un amanecer y un mar amarillo


Desvelado, me levanto al amanecer y echo mucho de menos el campo, el aire, la tierra y al pequeño Poirot, al Prana, a Thor, y a Azabache, mis perros. A Coquelico y a Mariano, los burros. Amanece y amanece, y parto para el campo buscando algo, apaciguando un estado. Las fábricas siguen echando humo entre retazos naranjas borrosos mientras con el coche avanzo lentamente por la autovía.

En casa, todos me reciben alborozados, se les ha hecho muy duro ya no viva allí. Y empiezo con las tareas de llenar de agua los bebederos, que son muchos y he de hacerlo tranquilo para no desperdiciar el agua. Dejar preparada la comida para un par de días, apilar la paja para los burros y el pienso para los perros. Dejar el maíz y trigo para las gallinas.

He plantado frutales este año, por lo que debo estar permanentemente atento pues el sol ya es abrasador, y he de cuidarlos con mimo para que estos primeros años se hagan fuertes y crezcan adecuadamente.





He plantado entre otros árboles, un pequeño limonero, de sus pequeñas flores blancas ha nacido un pequeño limón, y la verdad, lo he visto hoy, y me ha enternecido. Las razones, "ni idea", no siempre hay razones  para los sentimientos.

Y la mañana ha ido pasando entre las faenas habituales, he procurado disfrutar cada momento que podía, y he permanecido en "escucha", en escucha de lo que sentía.


En un mundo donde todo va de prisa, donde nuestra frase preferida es "no tengo tiempo", el llegar al campo y ver como los arbolitos van a su ritmo, las sandías en el huerto al suyo, las gallinas ponen los huevos cuando les apetece, hacen que me encuentre con esa realidad en vivo, y eso me haga detenerme y decir "¿por qué tanta prisa?".

Hemos convertido las frutas, las verduras, los animales en meras maquinas de producir. Ni sabemos lo que comemos, ni de dónde viene. Las empresas tecnológicas producen semillas que sólo dan el fruto una vez. Ya no puedo guardar las semillas de un año a otro, he de volver a pagar por ellas.

Me gustaría saber ¿quién hace mi pan, quién cultiva mis tomates de la ensalada, quién ara esa tierra?. Me gustaría agradecerle su esfuerzo, su amor por lo que hacen.

El pequeño limón me enternece, y me alucina lo lento que crecen los árboles y la verdura, y como, si yo les cuido ellos me lo agradecen dándome su fruto, y los arboles su sombra, y de esa sombra surge un aire delicioso que me calma el calor de la piel. No estoy por encima en esta tierra. Compartimos algo: un modo de vivir, una intención en el fluir.

Vuelvo a la ciudad a las clases.

Flores amarillas me persiguen mientras vuelvo, son tan hermosas.

El tiempo siempre es mental. En yoga la postura, la asana me hace sentir mi cuerpo y mi respiración y me pone en contacto conmigo. Ahora en el campo, la tierra me conecta, su saber estar me enseña, me da la oportunidad de ser por breves momentos un velero que fluye en un sentir eterno y hermoso, olvidándome de trabajos, listas interminables, hipotecas y demás quehaceres. Me da aire.

lunes, junio 13, 2011

El pequeño arco iris


La felicidad, como los sueños, a veces son tan etéreos como el arco iris de la foto. Pero cuando se materializan nos llenan el alma de colores.


Hemos comentado alguna vez que muchas veces pensamos que la vida es lineal, que las cosas ocurren porque nos apetece, y que todo lo que pensamos o soñamos se cumple, y porque a veces todo eso no ocurre nos llenamos de infelicidad, o de frustración, o de enfermedad.

La vida está claro, no ocurre de acuerdo a nuestros parámetros, sino a los parámetros que su fluir lleva.

Es como si yo pensara: “ Tuve una vez un hogar en el campo, y un Centrito en Huelva”, y ahora al no tenerlo eso me hiciera infeliz. Y yo agarrado a ello pensara que los sueños vuelan y la vida te los roba, y que eso fuera una injusticia, y todo ello me produjera lo comentado anteriormente: infelicidad.

La meditación, la concentración, nos hace ver con claridad algunas situaciones y me hace pensar de otro modo:" Estoy muy feliz en mi hogar en la ciudad, me encanta diariamente regar las semillas que me permiten ser feliz, y la Asociación me colma pues plasma mi entendimiento del yoga, y me permite dedicarme a enseñar e investigar y ayudar, y todo ello me permite ahondar en todo lo que me hace feliz."

Lo que quiero decir es que uno si uno educa su mente desde la calma, desde una cierta ética, la vida de un modo natural va colocando todo en su sitio, sin tantos esfuerzos, sin tanto daño, sin tantas situaciones lineales, sin tantas frustraciones. Sin tantos nubarrones.

De tanto querer uno no se da cuenta muchas veces de lo que tiene delante, que es su propia realidad. De tanto desear uno se pierde. A veces estamos más atentos a lo que hace el otro, que de lo que es nuestra vida. Todo, a veces, es una excusa para la permanente dispersión.

Me gusta el yoga porque me permite estar conmigo, vivir mi realidad, observar como mis sueños unas veces vienen y otras van, mirarme con mis afectos y defectos, aceptarme, cuidarme de un modo permanente, amar de verdad, y no conformarme, ahondando en aquello que puedo transformar, de modo que el pequeño arco iris aparezca más veces, y yo pueda sentir sus colores en mi corazón.



Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Huelva, Junio 2011

martes, junio 07, 2011

En la ciudad


Por motivos personales ahora vivo en la ciudad. He vivido 16 años en el campo. Lo echo mucho de menos y vuelvo permanentemente para cuidar de él, pero ahora ya vivo en la ciudad. Lo realmente importante es que me encuentro mucho mejor de salud, y muy arropado y querido.


Noto mucho el cambio, por ejemplo, el ruido permanente de los coches, día y noche. Es como un fondo perpetuo que no para. Al principio me costaba mucho dormirme, ahora ya va todo bien y descanso por las noches.

Los olores son diferentes, hay más claridad de olores en el campo, aquí todo es más denso. Y por tener las fábricas pegadas a la ciudad noto muy claramente el olor de la contaminación.

En el campo se agudiza el oído, y ahora desde el piso, me llegan los sonidos de otros pisos, y doy nombre a los ruidos que oigo: “Se ha puesto a llorar el bebe de la de arriba”, “Se ha enfadado el de al lado pues está hablando muy fuerte a su mujer”. “Yo no oigo nada”, me decían en casa, y yo decía “pues yo lo oigo”. En el campo es importante tener el oído atento, por ejemplo a los ladridos de los perros, pues en la soledad, mis amigos los perros con su ladrido me avisaban si pasaba o no pasaba gente cerca, o si a lo lejos alguien se acercaba, o si había peligro. Y los burros con su rebuzno, si algún equino andaba por la zona, por los caminos. O los pájaros o la luz la hora que era.

El cielo también es muy diferente, hemos pasado de la inmensidad, de la profundidad a tener trozos de cielo.

Estoy contento de estar en la ciudad, como cuento, me ha costado adaptarme pero soy feliz, y eso es lo realmente importante, me hace gracia pues parece a veces que hubiera bajado de las montañas y estuviera domesticándome, y en realidad es así, me estoy domesticando de cuerpo, de emociones, de respiración, y socialmente a la nueva situación.

La ciudad me trae al Madrid donde me crié, y eso también me hace feliz.

Ahora tengo cerca las clases de yoga, ahora me encuentro más descansado, y no subo y bajo al campo diariamente. Todo se hace más fácil.

El yoga nos enseña a adaptarnos, a ser conscientes de las nuevas situaciones y a ser flexibles, a saber reconocer las resistencias y trabajarlas, a positivar las emociones, a reconocer el viaje y no el fin, y a pesar de las añoranzas y los recuerdos a vivir el presente entregado a él, sacando el jugo de las situaciones que nos pone delante la vida, a vivir la vida sin dar demasiadas vueltas a porqué ocurren las cosas.

Burning con Antonio Vega-"Qué hace una chica como tu..."
http://www.youtube.com/watch?v=veSPlR972Rk

Nacha Pop - La chica de ayer
http://www.youtube.com/watch?v=4xU12NYLj4k&feature=related





lunes, junio 06, 2011

Fin de un ciclo de Formación


Han sido tres años muy intensos.


 Han sido tres años muy hermosos, llenos de experiencias y aprendizajes mutuos.
Creciendo todos de la mano en un viaje largo, cargado de sentires, de corazones, de ausencias.Todos juntos.


El fin de semana acabamos la formación para profesores de yoga. Las semillas ya han florecido y cada flor campa libremente en su camino.

Devi Prayer - Hymn to the Divine Mother
http://www.youtube.com/watch?v=MZ0h1sb1IFI&feature=related


viernes, junio 03, 2011

Poesía de Benedetti: "Defensa de la alegría"




Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas



defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos



defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias



defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres



defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa



defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría

Poesía de Mario Benedetti


lunes, mayo 30, 2011

El gatito atento


Uno puede conquistar un continente y tras el paso de los siglos su estatua convertirse en un buen lugar para que descanse una paloma. A veces nos sentimos inmortales y sólo somos la brisa de una tarde. De ahí que cada momento sea algo maravilloso a lo cual entregarnos sin miedo y con confianza.


Andando por Essaouira, por una de sus callejuelas, di con una librería, buscaba un libro. El lugar, de pequeñas dimensiones se encontraba lleno de libros y antigüedades, predominaban las máscaras africanas y los amuletos.

Me gusto el gato encima de una de las vitrinas de los amuletos. El gato es un ser libre. Es un ser yoguico. Relajado vive cada instante. Es remolón una veces, arisco otras, amoroso, flexible de corazón. Se encuentra permanentemente atento, parece como si su conciencia estuviera encendida a modo panorámico hasta cuando duerme.

He tenido a gatos a los cuales he amado mucho.Siempre he aprendido mucho de ellos para mi práctica de yoga. Haga lo que haga el gato se encuentra "vivo", "despierto", "pleno" y profundamente relajado.



Somos dos locos entre Moguer y Beas que estamos criando burros. A mi amigo Jesús le ha nacido hace un mes un burrito. La primera vez que ví uno sentí tanta ternura que me parecía que ese osito de peluche tenía que compartir conmigo muchas cosas. Y así es, ahora llevo dos años criando a Coquelico, mi burrita, con la idea que dentro de tres o cuatro años nazca un burrito o burrita tan hermoso como el de la foto.

Los burros desaparecen, se extinguen. Me hace feliz compartir momentos con ellos y ahondar en otros modos de ternura, con un animal que desde tiempos inmemoriales convive con el hombre, y al que la mecanización y la productividad llevan al olvido.



Y han pasado los siglos y el yoga sigue vivo, abriendo los corazones, uniendo a las personas. Permitiéndonos ver tras la práctica una ventana de libertad, de aire, de brisa, de espacio.

Hubo un tiempo que me sentí una estatua que deje que la vida pasara sin "despertar" a lo que soy, ahora no es así, ahora siento la brisa en mi piel. Siento tantas cosas que a veces creo que no puede ser cierto, y entonces respiro y agradezco a la vida la fortuna de no ser una estatua.


Miles davis et John Coltrane - So what
http://www.youtube.com/watch?v=P4TbrgIdm0E&feature=related

domingo, mayo 22, 2011

Cádiz y el escuchador


Estuvimos el fin de semana en Cádiz, para encontrarme con mi madre y mi hermana, que venían desde Madrid. Ha sido un “finde” tranquilo, lleno de paseos y de charlas, y siempre con la alegría de volver a encontrarme con la familia.

Hace más de 16 años que salí de Madrid, estuve primero por Galicia, luego por Sevilla, y ahora en Huelva. Pero durante años, cuando estudiaba, cada escapada que hacía, era hacia Cádiz, hacia Caños de Meca, hacia Bolonia, hacia Zahara, hacia Tarifa.

El amanecer y atardecer  densos en colores, el mar tan acogedor, la vista a África, el paso al Mediterráneo, la hermosura de sus playas en ese momento no violentadas por tanta construcción. Todo ello me traían una y otra vez a sus playas.

Y este fin de semana, todo me ha venido de golpe: los viajes interminables, los campings, el dormir en la playa; el imaginarme cuando en Caños, sentado en el interminable Palmar de entonces, junto al faro, metido desnudo en un circulo hecho de piedras que me protegía del levante, me alucinaba la batalla de Trafalgar ahí delante; o cuando buscaba andando por la arena del amanecer los restos de los mástiles, o algo que trajera el mar con la marea, alguna concha mágica para convertirla en mi amuleto de la suerte.

Hubo un tiempo por entonces, que viví en la playa durante un par de semanas, tenía 20 años, y acabe allí pues se me acabo el dinero para pagar el camping Camaleón, y entonces nos juntamos mucha gente interesante en la playa.

Y por la noche, a la luz de la fogata:

me prometí que iba a escuchar todo lo que tuvieran que contar  aquellas personas únicas y maravillosas con las cuales me había tocado vivir, que no iba a interrumpir, y que iba a procurar ser lo más comprensivo que pudiera con lo que me dijeran, que no juzgaría, ni tampoco intentaría que mi opinión fuera ganadora en ningún dialogo, simplemente me dedicaría a escuchar. Y durante dos semanas escuché y escuché, y viví mas intensamente todo, aprendí mucho del silencio, de lo interesante que resulta tener la atención en el otro, de lo alucinante que resulta la vida de muchas personas, lo importante que es tener sujeta la lengua por un rato.

Luego en mis paseos ahondaba en el silencio que iba aprendiendo, comulgando con la arena mojada que pisaban mis pies, o con el ruido suave del reventar de las olas, o con la brisa que me agitaba la piel.

Este fin de semana mi hermana Natalia me comentaba una frase que le había gustado: “ hay que comprender antes de ser comprendido”, es una frase de la cual ya hablaremos. La frase me lleno de añoranzas de mis viajes juveniles, y de cuando decidí un día escuchar antes de ser escuchado.


Nina Simone/ Feeling Good


miércoles, mayo 18, 2011

La atención y la presencia


Uno de los aspectos más hermosos del yoga es su capacidad de educar nuestra atención, de depurarla, de pasarla por un tamiz para darnos cuenta de lo que es realmente importante. El día se pasa en dispersión llevando la atención de un lado a otro y nuestra atención muchas veces se pierde inútilmente en mil y una historias. El yoga y la meditación nos permiten disponer de unas herramientas que nos dan calidad de vida, y eso nos hace más felices, a nosotros y al círculo nuestro, y a la vida en general.


Focalizar la atención en un lugar depende de nosotros, es una decisión. Cuanto más eduquemos la atención más “despiertos” estaremos.

En yoga empiezo a darme cuenta que tengo un cuerpo, luego que muevo ese cuerpo en el espacio, más tarde que las partes de ese cuerpo puede dialogar, luego uno las partes con la respiración, y movimiento, respiración y cuerpo se mueven al unísono. Sí, es muy hermoso porque nos hace sentirnos bien interiormente, pero detrás de todo ello se encuentra nuestro aprendizaje de ir educando la atención, de tener la intención en esa atención.

La atención nos da conciencia, por ejemplo realizando una postura de yoga:

esto quiere decir que si me doy cuenta que tengo un brazo y ese brazo lo uno al otro, que las piernas me encajan y me enraízan al suelo, que la pelvis, y el tórax dialogan con lo anterior, que mi cabeza, mi espalda también hablan con las otras partes. En definitiva si fijo mi atención, y me educo a ello, me doy cuenta que ello existe, aunque antes sólo lo pensaba, ahora lo siento, y no sólo lo siento, sino que al unirlo con la respiración y con la fluidez lo vivo de pleno.

Entonces ya estoy educando mi atención, es decir “me doy cuenta y siento en ese momento lo que hago”

La atención, entonces, me da presencia, me trae al presente, hace que viva plenamente el momento que vivo, sin que la vida se pase entre el pasado y el futuro.

Puedo comer un melocotón pero no vivirlo, por ejemplo si estoy enfrascado viendo la televisión o pensando en las musarañas.

Puedo comer el melocotón poniendo mis sentidos en su sabor, en mis mordiscos, en su textura, en lo que es.

Si no lo vivo es como si no fuera, si no estoy atento lo que vivo pasa a ser como la “comida basura”.

Para tener atención hay que estar en calma, para pasar de percibir alocadamente lo externo a percibir conscientemente mi vida interior.

Para empezar a educar la atención sólo hace falta poner atención a los pequeños detalles, se puede empezar a practicar en cualquier momento, sus resultados son bellísimos.

Seguiremos hablando de la atención…


Beth Orton - Ali's Waltz

http://www.youtube.com/watch?v=JzD8VzvKUZk&feature=related

domingo, mayo 15, 2011

La gallina canibal


Kiriko, nuestro gallo llevaba unas semanas nerviosito. A un par de kilómetros de casa hay muchas gallinas, que se pasan el día cantando, y Kiriko las oye, y se altera. Así que reflexione, y me dije "le tengo que encontrar pareja".

Hablando con las personas que saben me dijeron “Como mínimo seis gallinas”.

Me puse a buscar las gallinas y preguntar por aquí y por allá. Nadie sabía mucho y las pocas direcciones que podía encontrar eran lugares en el campo de difícil acceso. Pero me dije: “A por ellas”.

Del primer sitio, tras dar muchas vueltas no lo encontré. Fui a por la segunda dirección donde podía haber alguna gallina: caminos de tierra, sol, vueltas y vueltas. Preguntando por las casas si sabían de alguien que vendía gallinas. Por fin encontré la casa:

-Hola buenos días ¿usted vende gallinas?

-No me quedan, sólo me queda una con el pico cortado.

Pensé que la gallina con el pico cortado era algún clon de gallina. Hace años tuve un clon “pollipavo” en Galicia y era súper agresivos, además de tener cagalera permanente.

-Gracias por todo, prefiero gallinas con pico y busco más de una.

Seguí buscando en la lista de direcciones. Seguí preguntando, indagando. Y se paso la mañana.

Y no había gallinas. Me resulto curioso. Me encontraba cansado. Me quedaba un sitio, situado entre dos pueblos, en un caminillo. Cansado me concentro más, así que me dije: “Este lugar lo encuentro como me llamo Carlos”. Pero por el camino que me dijeron había casas y casas pero no había nadie, ni ninguna granja ni nada, ningún ser humano. Tuve que volver para atrás. Vi una especie de bar de carretera, un hombre mayor dormitaba el calor.

-Buenas tardes, me han dicho que por aquí alguien vende gallitas, usted sabría si fuera tan amable.

-Sigue recto por la carretera y a 800 metros a la izquierda.

Seguí recto contando los metros, me metí a la izquierda, en una pista llena de agujeros, parecía recién bombardeada a vuelo rasante. Fui sorteando baches. Pero no había nada. Pero seguí y seguí. Y había una casa con el portón abierto y me detuve a preguntar. Salio un niño a recibirme, que fue a llamar a su madre.

-Hola, buenas tardes, me han dicho que alguien vende gallinas, usted sabría si fuera tan amable.

-Sí nosotros vendemos.

-Genial, podría verlas

Y segui a la mujer y al niño hasta una pequeña nave donde se oían las gallinas. Al entrar todo era oscuridad y dos filas de jaulas y jaulas y jaulas pequeñas que ocupaban todo lo largo de la nave. Me preguntó:

-Las quieres blancas o marrones.

-Me da igual.

Nos acercamos a una jaula, había seis o siete gallinas por jaula. La jaula estaba puesta como en pendiente, para que cuando pusieran huevos, estos cayeran a una bandeja.

-¿Cuántas quieres?

-Quería tres, gracias.

Pensé que Kiriko con tres se las tenía que apañar.

Abrió la jaula y las fue sacando con maestría, le dio una al niño, otra a mi, y la tercera la llevaba ella. Al salir a la luz note algo raro a la gallina que llevaba.

-Perdone, la gallina le pasa algo en la boca, perdón en el pico.

-Sí lo tiene cortado, mira las otras están igual

-¿Porqué les cortan el pico?

-Para que no se coman unas a otras

-¿Cómooooooooooooooooo?

-A todas las gallinas ponedoras en jaula se les corta el pico.

Y me lleve las tres gallinas con el pico cortado. Los primeros días se encontraban desorientadas, no andaban bien, iban como zombies. Era lógico, desde que nacieron estuvieron en una jaula, hacinadas, sin casi luz, tan desesperadas que se volvían locas y atacaban a sus compañeras.

Mirándolas en el jardín, a la luz del sol junto con Kiriko comiendo maíz, trigo y pan, aprendiendo a vivir, pienso en los antiguos encinares que poblaban toda la sierra, y que ahora cuando paseo sólo veo eucaliptos, y pequeñas islas mínimas de encinares o pinos. Todo ello ha cambiado el paisaje y ha degradado la tierra, a los animales, al hombre y al entorno. Todo por el canibalismo de una papelera. Y pienso en la ría de Huelva, tan hermosa, con tantas posibilidades de abrir nuestra hermosa ciudad al mar, rodeada de unas fabricas y de un humo caníbal que nos come la salud.

Todo se vende, todo se compra, todo se justifica, todo se canibaliza, hasta las emociones.

 Ahora Kiriko canta junto a las gallinas cojas, casi no se le ve, anda distraido y acompañado, el calor aprieta y no corre la brisa. Coquelico rebuzna, y Mariano me mira. Se oyen a los jilgueros, que han hecho nidos por casa. No muy lejos se oye el ulular de una pareja de tórtolas.

The Supremes Baby Love















domingo, mayo 08, 2011

El abrazo alimenta tu corazón

Dedicado al Pequeño Tao, con todo mi cariño, por su valentía, calma y comprensión de los avatares vitales.





El otro día estuve hablando con un amigo, y conversábamos sobre el contacto, los abrazos, el acto de tocarse. Me contaba que él siempre procuraba abrazar a sus hijos, cada vez que podía. Un abrazo de amor a cualquier hora, en cualquier momento y ello le llenaba de felicidad.

Comentábamos que casi no se abraza, no se toca, no se siente la piel del otro.

Estos años, en los diferentes talleres que hemos realizado, o alguna vez en clase hemos ido ahondando en este tema. El tocarnos. Hemos tenido reacciones de todo tipo, todas respetables, pero la síntesis es muy buena: el tocarse cura, alimenta, relaja.



Las razones por las cuales las personas no se tocan pueden ser muchas. Si no hay prácticamente contacto con aquellos que queremos, es difícil lo haya con los amigos o con los desconocidos.

Parece ser que si tocamos, sentimos, y si sentimos, somos vulnerables. Eso puede ser un primer razonamiento. Pero el hecho es que cuando nos abandonamos a sentir, a tocar y a dejarnos tocar, a fundirnos realmente en una caricia o un abrazo, cualquier atisbo de rechazo desaparece.

Hay unas barreras mentales, una vez las obviamos, el abrazo reconforta. Lo difícil es llegar a darnos cuenta que sobre todo es el mental lo que nos separa del otro, de su abrazo, de su piel, de su sentir.

Me hacen gracia esos abrazos que damos, donde nos acercamos, damos unas palmadas rutinarias, gastadas ya de tanto uso reiterado sin sentido. ¿Por qué nos resulta tan difícil dar un abrazo de verdad, de corazón a corazón, de sentimiento a sentimiento?

Dar un abrazo o una caricia con plena atención en el acto que hacemos es maravilloso. El abrazo te trae al ahora y te abre al universo.



Y qué pasaría si probáramos, si sintiéramos el corazón del otro. Si nos dijéramos “abrazarte te alimenta, me alimenta, nos hace más libres, más creativos, expande lo que somos los dos, trae más paz a todos”.

Creo que si primero aprendemos a respetarnos a nosotros, a amarnos como somos, de ahí podemos ser capaces de abrazar, de acariciar a aquellos que amamos. Es importante el contacto, sentir la piel de la persona que tienes junto a ti. Creo que un buen modo puede ser empezar a abrazar, a acariciar a nuestros seres queridos: a nuestros padres, nuestros hermanos, nuestra pareja, nuestros hijos. No importa que con nosotros no lo hicieran, lo importante es que nosotros lo experimentemos, y que lo probemos sin miedos, sin angustias, sin vergüenza.

Abrazar es darte entero. Tocar es nutrir tu corazón.


Alguna vez hablábamos de la importancia de dejar semillas que nos den felicidad. Los abrazos son semillas, los brazos abiertos son aceptación, el pecho al descubierto es mostrar lo que eres, sentir la respiración y la piel del que abrazas es sentir su calidez, su emoción, su ser.

Que la piel, que el contacto no se convierta en una frontera más, ya tenemos muchas. No delimitemos tanto, encajonando todo en compartimentos estancos, incluido nuestro corazón.

Es bonito romper fronteras, abrir espacios, respirar al unísono, compartir lo que somos. Piel con piel. Mejilla con mejilla. Pecho con pecho. Cuerpo con cuerpo. Sin asustarse. Sólo es un abrazo.

Abrazarte te hace ser más tú, y que te abracen te reconforta como cuando eras niño. Toca y toca, todo lo que puedas. Y siente como los poros de tu piel se abren a la vida.

Keren Ann - Au Coin Du Monde
http://www.youtube.com/watch?v=snQy9dR2zoc&playnext=1&list=PL015EBD2D444BDFDF

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