viernes, marzo 31, 2017

Tapas o el modo de afinar la consciencia



Tapas o el modo de afinar la conciencia

Posted: 31 mar 2017


"Un maestro zen le dijo a su discípulo:
Ve a buscar mi abanico de cuerno de rinoceronte.
Lo siento, maestro, está roto, respondió el discípulo.
Entonces, tráeme al rinoceronte."

Mondo zen

En mi trabajo personal unifico los yamas y niyamas, y los uso como base que nutre las raíces de lo que voy siendo. Los yamas y niyamas como código ético interno, pero también como despertares, como fuerzas que, antes veladas, aparecen y te empujan hacia espacios nuevos, hacia visiones, hacia realidades sobre mí mismo de las cuales no puedo escapar. Unos crecen y son más fuertes, otros aparecen y desaparecen estando presentes, pero la propia práctica  hace que en comunión te den unos pilares firmes. Valores como el amor, la entrega, la confianza, la verdad, la tolerancia, la dicha...
Tapas en su raíz etimológica significa calor, limpiar. Se ha traducido también como ascesis, abnegación, práctica con devoción, un esfuerzo particular.
Desde los significados clásicos de Tapas hasta la propia significación que puede tener para cada uno de acuerdo a su experiencia voy a tratar de plasmar cómo entiendo Tapas.
Tapas es disciplina, la entiendo como una disciplina amorosa tolerante que mantiene de un modo permanente nuestra atención diaria en los ajustes necesarios para respetarnos y mantener una progresión adecuada en aquello que nos proponemos. Disciplina como esfuerzo atento. Entiendo que la labor del profesor es importante en el sentido de no volver loco al alumno, sino respetar su estado de ser, su estado mental y, de acuerdo a ello, señalarle dónde hay que ahondar.
En el modo clásico, mantener una práctica mediante las asanas y el pranayama nos mantienen con salud, nuestro cuerpo recoge el trabajo de generar calor y limpiar lo impuro. Como digo habitualmente, las posturas nos movilizan en todos los aspectos y si las ajustamos sin competir y sin metas los resultados son visibles y muy satisfactorios. En mi caso, el trabajo respiratorio lo realizo junto con las posturas en un viaje donde la respiración maneja el conjunto en gestos de plena conciencia y entrega al momento. La respiración es la inteligencia superior que me permite ajustarme, recorrerme, intensificarme, abandonarme, reconocerme...
Despierta ya la conciencia por nuestro trabajo habitual en yoga, nos vamos dando cuenta de los patrones bajo los cuales funcionamos habitualmente, y la propia conciencia, junto con los yamas y niyamas, nos ayudan a ir modificando modelos de un modo paciente y equilibrado. Pueden ser patrones familiares, laborales, alimenticios, emocionales, mentales, cualquier modelo que nos conforma. Podemos elegir un patrón y con pequeños esfuerzos ir "limpiando" lo no deseado. Va ser la propia mejora la que nos vaya señalando el camino.
Es muy importante no competir ni tener meta, son exigencias que desgastan y, a mi parecer, no tienen sentido, es decir, en realidad son una distracción más, un engaño. Por eso, el desapego es esencial. Simplemente, uno es constante en su práctica a diario, trabajando ya sea posturas, o patrones, o modos de vida propios que uno ve que no le traen salud o le complican la vida, y los trabaja como una hormiga, infatigable, con ánimo y fe, con abandono al resultado, y haga frío, calor, ganas o desgana, uno practica.
Tapas nace de la propia práctica en la esterilla con las posturas, pues es importante que el cuerpo físico se mueva, y esa propia práctica genera una disciplina importante, una voluntad inmensa. Como ya hemos explicado en el blog, todo se va ampliando y ese trabajo disciplinado y amoroso se refleja en todos los aspectos de nuestra vida, pero para ello es esencial la intención, la dirección, el sentido de lo que hacemos y, entonces, aquello que en apariencia empezó como algo físico, abarca lo emocional, lo mental, lo amoroso, lo espiritual...
El no exigirse en la disciplina nos muestra nuestro lado más amable, más flexible, de respeto hacia nosotros. Nos enseña la tolerancia, la prudencia, la ecuanimidad. Hay que ir encontrando la línea justa de la práctica y eso solo se hace practicando. Insisto: cuando hablo de practicar, no hablo solo de posturas, hablo de nuestra vida.
Personalmente, creo que sin Tapas es muy difícil progresar en yoga. Nuestro propio modo de ser nos hace caer una y otra vez en situaciones "cómodas" aunque sean dañinas, es decir, no las vemos, y ello nos perjudica.
Tapas va afinando de un modo firme, va limpiando lo impuro, eso significa que nos da mayor claridad, y a mayor claridad, menos impureza. No es lo mismo el agua turbia, que el agua clara. En una no hay fondo, en la otra ves la profundidad.
Tapas fortalece la Voluntad. Considero muy importante ser consciente de la voluntad, de la "fuerza interna" de cada uno, de nuestro potencial. El yoga nos ayuda a desarrollar en un viaje interminable nuestro potencial humano, nuestra divinidad, de un modo humilde y raso. En la vida hay muchas mareas, y es importante aprender a nadar, y si no sabes, por lo menos flotar, pero incluso para eso hay que tener voluntad.
En Tapas podemos trabajar con Ahimsa y darnos amor en la disciplina.
En Tapas podemos trabajar con Asteya, pues su práctica nos aporta vida, y no nos la roba.
En Tapas podemos trabajar con Satya, pues es la verdad con nosotros la que nos permite ajustarnos y respetarnos.
En Tapas podemos trabajar con Brahmacharya, pues el contener la fuerza egoica de la disciplina nos enseña la ecuanimidad.
En Tapas podemos trabajar Aparigraha, pues la práctica constante nos ayuda a no acumular lo impuro, aquello que nos ciega.
En Tapas podemos trabajar con Saucha, pues nos mantenemos limpios de cuerpo, mente y espíritu.
En Tapas podemos trabajar Santosha al sentir la dicha que nos genera la disciplina amorosa y permanente, sus frutos dulces.
En Tapas podemos trabajar Svdhayaya al estudiarnos a nosotros mismos, al convertirnos en eje de investigación propia basada en la verdad de la experiencia.
En Tapas podemos trabajar con Ishvara Pranidhana al practicar sin meta, al confiar, al disfrutar del abandono atento.
Buika-"Jodida pero contenta"

Artículo escrito por Carlos Serratacó





viernes, marzo 24, 2017

La sacralidad de lo cotidiano


La sacralidad de lo cotidiano


"Nuestra vida,
¿a qué se puede comparar?
A la gota de rocío
que salta del pico del ave acuática,
en la que se refleja la luna"

Maestro Dogen


Ahora que ha llegado la primavera y la vida renace en luz, me gustaría hablar de la sacralidad.
La sacralidad es una relación que se crea entre lo íntimo de uno con lo sagrado o con la divinidad, yo diría que con la vida.
Cuando practicamos yoga, donde lo habitual es empezar mediante posturas o con asanas, ocurren muchas situaciones que a lo largo de estos años he ido contando en los artículos del blog.
Los alumnos y las alumnas se encuentran en silencio realizando posturas, asanas o gestos, los practican en dinámico o mantienen una estática, y los gestos se encuentran ligados en un lenguaje ancestral, diría que mítico.
Se ha de usar la atención y las diferentes partes del cuerpo para crear las figuras. Acabada la clase, algo increíble ha sucedido. Uno se dice: "me encuentro bien, me siento a gusto, como si algo hubiera encajado dentro de mí".
Las sucesivas clases nos van enseñando a "encajarnos" en la postura, a estar más cómodos, a disfrutar.
En realidad, ocurren tantas cosas... Ligándolo un poco con el denso artículo de ayer, ocurre algo muy bonito: cada vez me voy percibiendo sin tantas "impurezas", sin tantas "capas", como si fueran cayendo trajes, en un viaje que uno desconoce sobre uno mismo pero que nos hace sentir bien. El alumno o la alumna se va percibiendo de otro modo y, como decíamos, eso va unido a que su realidad o mundo. La percepción de todo ello cambia hacia algo mejor, hacia un equilibrio saludable.
Todo ello nos aporta nutrientes físicos, emocionales, mentales, espirituales y, por eso, nos aporta una salud que sentimos claramente.
Al estar en las sucesivas clases con actitud atenta y constante,  nuestro cuerpo, nuestra persona son percibidos con atención, con una atención unificada, como si desde lo más recóndito de nosotros -hablo de células, de huesos, de músculos, de piel, de órganos, de mente- fueran adquiriendo "vida", yo diría que Inteligencia Primigenia.
Y ese despertar de todo lo que es uno, que nace de algo en apariencia tan simple como una postura de yoga, es algo mágico, divino, es vida plena.
Vivir como ser humano en esta tierra tan bella sintiéndote vivo y dichoso de sentir la vida nos da una mirada única hacia nosotros mismos y hacia la vida que nos empapa.
La primavera ha llegado, nacen los brotes de las hojas para refulgir, las flores eclosionan, los niños juegan en las calles, las familias pasean, los pájaros se persiguen en el aire entre cantos para amarse, el sol, mis pisadas lentas ante tanta belleza.
La vida que me rodea es sagrada, despertarme es sagrado, coger un trozo de pan y desmigarlo es sagrado, tocarte mirándote es sagrado, reír con mi hija es sagrado, escribir en estos momentos es sagrado, si mis ojos se enturbian de llanto, es sagrado.
Entonces lo que es mi vida diaria, mi vida cotidiana, mi día a día adquiere un sentido especial, íntimo, porque son únicos al rebosar vida y estar rodeado de vida, y sentir eso, a mi parecer, es una situación profundamente mágica, sagrada y divina.
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva

jueves, marzo 23, 2017

Percepción y Realidad en Yoga


 Percepción y Realidad en yoga.

posted 23 de marzo



"La libertad tiene que consistir en la capacidad de elegir la propia vida, de encontrarse a sí mismo al nivel más profundo posible." Thomas Merton

Mi mundo, mi realidad, lo que soy depende de cómo me interpreto y desde qué lugar lo hago desde dentro de mí. Mi mundo es lo interno y lo externo. Mi mundo es mi relación con la vida que hay en mí, con la vida que hay fuera de mí.

¿Soy consciente de la vida que late en mí? ¿Me doy cuenta con todo mi ser de la vida que late en todo?

La percepción e interpretación de todo ello me muestra la realidad de lo que soy.

El yoga tiene la capacidad de ir clarificando nuestra percepción de la realidad, es como si en un cielo intenso en su inmensidad ya no hubiera tantas nubes, y en la mirada a ese cielo tan hermoso, esa inmensidad se reflejará en ti. Y las nubes, benditas ahora las nubes, te ayudarán a ver incluso más esa inmensidad pues, como medio hábil, te permitirán reconocerte de un modo más profundo.

Habitualmente percibimos desde una mente periférica alienada, esto es, una mente consciente colonizada, o una mente superficial modelada bajo muchos parámetros que no hemos elegido libremente. Me lo voy a inventar: ¿y si la mayoría de los parámetros con los que percibo simplemente son un producto más que me han vendido en esta sociedad donde la adoración hacia el materialismo me hace caer una y otra vez en una realidad que no soy yo, con una multitud de yoes alejados de mi yo central, de lo que soy yo como persona, como ser humano, como ser vivo con un corazón grande y bello?

Volvamos al inicio: el yoga, la percepción, la realidad. 

El yoga es calma. En la calma puedo profundizar simplemente porque no hay tantas nubes. Si no hay tantas nubes, hay horizonte. Si hay horizonte, hay inmensidad. No es lo mismo percibir desde una periferia apretada o rígida que desde un centro abierto y flexible. Simplemente la realidad cambia. Es decir, la realidad es más real en su profundidad. Y algo importante, puedo elegir siendo yo mi propia realidad.

En un círculo no es lo mismo habitar pegado a la circunferencia que ser eje y circunferencia siendo consciente de ello. Podría decir, por ejemplo, que desde el centro o eje a cualquier lugar de la línea de circunferencia hay una igualdad de las partes, eso puede enseñarme la ecuanimidad, una realidad más justa conmigo. También podría decir que me doy cuenta cuando no estoy en el eje, aparecen líneas que me sacan de ahí -eso es la propia vida-, pero al darme cuenta creo condiciones para volver a ese centro vivo que se ajusta a la realidad de lo que es, es decir, yo como ser humano vivo y consciente de un modo más equilibrado.

El yoga es presencia, y no es lo mismo vivir en presencia que vivir en proyección o vivir en aquello que ya no es. Cuanto más vivo en mi presente, mayor presencia vibro; cuanto más vibro en lo que soy, más me encajo con la realidad de la vida, porque yo soy vida, y la vida es vida, y nada me separa de ella salvo el desconocimiento que interpreto; y actuó desde un lugar donde no soy; o soy un poquito de lo que soy o que percibo desde uno de los yoes que me habitan y que me muestran una realidad a trozos, a fragmentos. La presencia transforma las dudas, las convierte en presencia porque la realidad no duda. La realidad soy yo en lo que soy.

Si voy paso a paso hacia una realidad más justa, más respetuosa, más presente conmigo y con el mundo, yo soy más consciente de mi corazón, pues soy más presente de mi corazón cuanto menos alienado me encuentre. Aquí surge un hito importante: la percepción se hace menos egoísta, simplemente porque es más dulce y amable. Si no es tan egoísta, mi ser se encuentra más abierto, por tanto, mi realidad es más abierta, con mayores posibilidades de dicha.

Surge entonces un menor margen de error ante ese actuar en lo cotidiano, ese actuar es no actuar. Es actúo sin actuar porque no soy actor de nada, solo soy. Sufrimiento siempre lo habrá, pero, si reduzco el margen de error, disminuiré el sufrimiento. En realidad el eje o centro se convierte en sol, e incluso desaparece la circunferencia inicial, y entonces esa nube de sufrimiento en realidad se convierte en una excusa o medio hábil para discernir incluso de un modo más justo contigo, con el mundo, con la percepción de la realidad.

La realidad del eje es vivir desnudo, acostumbrados a los ropajes en el teatro de las vanidades, hemos de andar valientes y con la mirada firme y frágil, amable y penetrante. No hay premio, hay la garantía que no hay nada tan bello que vivir la realidad de uno mismo siendo consciente de uno mismo.



"Sutra del corazón"-Deva Premal

Artículo escrito por Carlos Serratacó


domingo, febrero 26, 2017

Unas manos que aman


 Unas manos que aman

En yoga todo lo que se apoya es importante, puede ser unas manos, las rodillas, los pies, el lateral del cuerpo, la espalda, la cabeza... Lo que apoya me trae a tierra, me enseña a enraizar, a sentir lo que soy, a sentir que la tierra se encuentra viva y respira, y que yo en la postura lo hago mediante su ayuda y comprensión.

Cuanto menos esfuerzo ponga en la postura, cuanta más atención relajada aplique, más se abrirán las vías para encontrarme conmigo mismo y con el tempo de la vida. Hay menos esfuerzo porque el esfuerzo es el justo, es el tono que surge de ajustarme con respeto y amor. Entonces la postura, como una figura simbólica que representa la vida y el amor, reparte los pesos y contrapesos, los tonos y los abandonos, todo regado con una atención y calma viva, penetrante, sutil, suave, que envuelve todo aquello donde se posa la mirada interna y que tiene como eje ese respirar que nace del enraizamiento.

Para mí la mano -mis manos- son algo mágico, excepcional, maravilloso por los significados que han ido adquiriendo según las iba descubriendo en mi viaje con el yoga. Unas manos que se han ido abriendo, a la par que se abría mi corazón. Eso no ha ocurrido de un día para otro, iban pasando los días, las semanas, los meses y los años, y mis manos eran cada vez más firmes, más sensibles, más abiertas a escucharme y a escuchar la vida que me vive. El tacto con la esterilla es el tacto con el corazón de la tierra viva que late en la postura que siento.

Mis manos, amigas de mis muñecas,  amigas de mis codos,  amigas de mis bíceps, amigas de mis tríceps, amigas de mis hombros, amigas de mi espalda, amigas de mis omóplatos, amigas de mis pulmones, y ahí, en el centro, mi corazón, mi amigo. Y en ese latir, laten al unísono el corazón de la tierra con mi corazón que sienten y envuelven mis manos.

Manos, manos que sienten, manos que acarician con fragilidad, manos que aman con fuerza, manos que miran y abrazan, manos que van de cara con valentía de ser manos amorosas, manos que laten, que recorren, que abrazan, que colman, que se abandonan a ser manos.

Dos manos, vivas, corazones que bailan, que vuelan, que sienten el tacto del aire, que respiran los poros de la esterilla, que transpiran la piel de la tierra, tu piel.

                                                                   .Manos.

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva

lunes, diciembre 26, 2016

Pisando tierra o modos de enraizar con uno mismo


 Pisando tierra o modos de enraizar con uno mismo

posted: 26 de diciembre del 2016

Llevamos unos meses hablando de las profundidades. Hablemos entonces ahora de modos de fijar aspectos básicos que nos pueden llevar a una sensibilidad diferente en nuestro cotidiano. Esa sensibilidad la llamaremos "pisar tierra" o "enraizar"

Parto de la base de que resulta esencial sentir qué significa vivir en calma. Vivir aprisa y corriendo lo sabemos todos, de ello nacen muchas problemáticas que, somatizadas, nos desequilibran.

Puedo decir que en calma te das cuenta tanto del equilibrio como del desequilibrio, es decir, hay un eje y uno va basculando sobre el eje a lo largo del día. Ese eje, esa base es la calma. Luego le podremos añadir otras cualidades o características que nutran el eje, pero insisto y persisto, hay que crear condiciones para crear la calma en uno, en sentirla, degustarla, saborearla.

Para ello creo importante "pisar tierra". Si voy acelerado, es decir, si simplemente tengo prisa, simplemente estoy de proyección en proyección -por ejemplo, de lo que tengo que hacer-, he de aprender a educarme en detener dicha inercia.

Pisar tierra implica estar en lo que estoy, desde mi eje. Si me ducho, mi atención a la ducha. Si hablo, atención a lo que digo. Si escucho, atención a lo que escucho. Si voy andando, atención a mis pies. Si como, atención a que estoy masticando. Si escribo en el ordenador estas letras, atención a ello. Tratar que no me arrastre lo siguiente que me viene a la mente.

Parece fácil, pero no lo es. El truco es ir sumando: si sumo las pequeñas atenciones, me daré cuenta de las pequeñas distracciones, por tanto, he de dar un sentido, una voluntad, una dirección al acto de estar atento.

Si voy de proyección en proyección, en realidad voy de fragmento en fragmento, y eso no es calma, es fragmento. Si estoy en lo que estoy, no hay fragmento, hay unidad. Si sumo unidades, sumo unidad hacia la calma.

Voy a seguir con los ejemplos: hoy tengo el día regular, me doy cuenta, entonces he creado más condiciones de las habituales para enraizar o pisar tierra. Me he levantado, he realizado mi práctica de yoga más lenta de lo habitual. Ya de por sí, la practica me trae el presente, pero le he dado unos toques de mayor atención elaborándola más lentamente mientras amanecía, y con una profunda sensación de apertura al día y a mí mismo, una apertura amorosa que he culminado meditando.

Ello ha ahondado mi calma, ya de por sí presente, pero me hacía falta más dosis  de tierra.

He decidido no trabajar en el despacho, donde siempre me espera trabajo. He ido al campo, he dado de comer a las burras, a las aves, dándome cuenta, en todo momento, del aire, del sol, de mis botas manchadas de barro; he podado, he cogido limones, he curado a un pavo. He acariciado a los animales con mis manos y con mi voz. Todo ello me acariciaba a mí. Los jilgueros no paraban de cantar.

Me hacía falta seguir pisando tierra, uno puede desenraizarse por proyecciones o por sensaciones o pensamientos... Yo estaba desenraizado de sensaciones; proyecciones por suerte, tengo las justas.

Así que para seguir en tierra, he cambiado el almuerzo habitual, he comprado una piña, una manzana y una pera, las he pelado tranquilamente, me he hecho un zumo y al sol me lo he tomado.

Después de comer quería seguir fijando mi día en tierra: he sacado el cuero, las herramientas y, sentado en el suelo, he ido eligiendo los diferentes cueros para trabajar. He cosido con amor, sintiendo el tacto de la piel en mi piel.

Acabado ello, he centrado mi atención en recoger la casa, los pequeños detalles, un par de lavadoras, recoger lo lavado en el fregadero, barrer el suelo, y así ha ido pasando la tarde.

En todo momento me he dado cuenta de lo que hacía y no hacía, solo quería estar conmigo en mí, fluyendo en mi tempo de vida, sin poner atención a lo siguiente, sin tener prisa por acabar, sin tener meta en la cual fijarme. Solo he ido realizando atentamente con suavidad y respeto hacia lo que hacía, hacia mí mismo, confiando en que todo iba a volver a situarse en su lugar dentro de mí. Sin tiempo, sin expectativas, sin imposiciones propias.

De noche, y con el frío, me he abrigado mucho, un buen jersey, gorro y guantes de lana, y he salido a andar sintiendo el aire frío, andando por la noche oscura, con paso cada vez más firme, más en tierra, más en la luz de lo que soy.

Y ahora, al escribir esto, siento que todo está en su sitio, aquellas sensaciones que me alejaban de mi eje -por tanto, de mí mismo, de lo mejor de mí mismo- ya se encuentran en su lugar.

He nutrido con atención, he confiado en que un día es un mundo, una vida, he puesto una dirección, un sentido y mis pies, mis raíces ya alimentan lo que soy como habitualmente, con serenidad y alegría.

Pisar tierra es eso, nutrirse con lo mejor de uno mismo con atención, con entrega, con desenfado, con abandono, con confianza, con dicha. El día es muy largo, la vida también.



Artículo escrito por Carlos Serratacó

domingo, diciembre 18, 2016

La mirada consciente


 La mirada consciente

posted 16 de diciembre del 2016


"-Alba, hija mía, mira:
esta flor amarilla es para ti.
Es un jazmín que solo florece en invierno.
-Papá, huele a sol, huele amarillo."


El yoga es un camino interno. Lo interno habita en uno mismo. Para verse uno mismo es necesaria la calma. Si hay calma, hay silencio.

El silencio es amplio, inabarcable. Entonces, uno anda.

Nadie dijo que andar fuera fácil. Andar solo en estas condiciones implica sensibilidad y valentía.

Lo sensible es pura belleza. La valentía se gana paso a paso.

El silencio adquiere ternura. Siempre había estado ahí, solo pasaba que las capas de densidad lo camuflaban.

Me escucho:

Yo mismo me observo a mí mismo siendo yo mismo. Yo mismo me doy cuenta de mí mismo:

Alerta, lúcido:

Mi Corazón se encuentra entre mis manos.

En todo momento se reúnen todas las condiciones, eso es así porque la mirada es consciente.

No me siento separado, y mi corazón blandito y calentito entre mis manos, sonríe.




Artículo escrito por Carlos Serratacó



domingo, octubre 09, 2016

Refrescando el interior o fregando la conciencia


 Refrescando el interior o fregando la conciencia

posted: 16 de octubre del 2016

"Siempre que alguien me ofrece con devoción una hoja, una flor, un fruto o agua, yo acepto esa ofrenda ofrecida con devoción y corazón puro."
Bhagavad Guita. Cap.9-26


En el piso donde vivo hay un friegaplatos muy hermoso, nuevo y brillante. Ya estaba aquí cuando llegué.

Todavía no lo he usado.

A lo largo de cada día de todos estos días que suponen mi vida trato de crear condiciones que me lleven a mí, no que me alejen de mí.

Hace años que no veo la televisión, no me siento orgulloso por ello, simplemente no lo veo necesario en mi andar interno. En ese espacio aprendo a estar conmigo o aprendo a compartir con los otros.

En todo este periplo de andar hacia uno mismo, te vas dando cuenta de que todo está ahí delante, no hace falta más, y que son las pequeñas actividades cotidianas, o la propia no actividad, las que te señalan el camino hacia uno, que no deja de ser un camino hacia la vida que vive en uno, que no deja de ser sentir el espíritu que está en ti y en la vida.

El fregar los platos me ayuda a comprenderme. Para llegar a un pleno disfrute de ello hay que ir superando varias dictaduras falaces como, por ejemplo, "que no tengo tiempo", "que si el friega platos es más cómodo" "que me mojo las manos" "que es aburrido" y tantos obstáculos más. En realidad esos obstáculos son condiciones bellísimas que te da la vida para crecer como ser humano, pues, según avanzas en el "fregao",  tu conciencia se va refrescando en todos los sentidos.

Sí, me amo y amo a la vida cuando siento el agua recorriendo el plato, el agua justa, ni más ni menos. Sí, siento que el plato es amigo de la taza, de la cuchara, de la olla llena de grasa.

Creo que todo está ahí delante, es decir, dentro de nosotros. El fregar los platos abre la espita de mi espíritu que me recorre y me une.

Podemos practicar dándonos cuenta y poniendo en duda el materialismo, buscando situaciones de unión con uno, no de fragmentación.

La mayoría de situaciones simples, se presentan continuamente, pues es desde lo interno donde nacen los nudos, pues la vida en sí es simple, pues fluye en un continuo estar y devenir. Es nuestra mirada hacia nosotros lo que crea nuestra mirada hacia el mundo, hacia el otro, y es ahí donde hay que estar, con decisión, con confianza, con calma y abandono de disfrute.

Es tan hermosa la entrega a un "fregao", tan bonita… y esto que escribo suena tan incomprensible. Para amar lo simple, hay que vaciarse de lo complicado, limar los barrotes y asomarse.

Mucho nos puede ayudar la función de vaciarnos de aire: para equilibrar un llenado de aire, uno se vacía de aire. Podemos trasladarlo a probar que, en lugar de llenarme de tantas historias y cosas, pruebo a vaciarme un ratito de ello. 

"Vacío friego con alegría, lleno del frescor nuevo que me inunda"

Refrescar la conciencia es actualizarme como persona cada vez que soy consciente de mí. Los árboles crecen, una brizna de hierba también, y nosotros también, y es en ese refrescar donde se atisba la vida que hay en nosotros.

Solo hay que andar, paso a paso, sin más explicaciones. Solo andar. Seamos valientes. Andemos juntos de la mano.



Artículo escrito por Carlos Serratacó


Antagonismo y Amor


 Antagonismo y Amor

Mucho de nuestra construcción interna se basa en el antagonismo y, con el tiempo, las verdades que sujetan nuestra parte del antagonismo se hacen férreas.
Mi periplo en yoga me ha llevado poco a poco, pero de un modo inexorable, hacia la disipación de muchos de mis antagonismos. Con ello, muchas de las contradicciones interiores han abierto espacio a un sentir más amplio, más generoso conmigo y con el otro. Me doy cuenta que no soy poseedor de ninguna verdad, me doy cuenta que todo ello me muestra lugares insospechados y amables de mi alma.
La amabilidad del alma es silenciosa, es despierta y en su construcción habita el corazón. El corazón dispone de una base irreductible, y esa es el amor. Si del antagonismo surge el fortalecimiento del ego o la permanencia del conflicto, o la marcación de un territorio que uno defiende con uñas y dientes, de la observación del antagonismo propio, y de la apertura y rendición surge ese espacio fértil, amplio en su horizonte, fructífero en su crecimiento, de nuevas situaciones, tanto internas como externas, tanto para nosotros como para el mundo.
Si mi pisada en la tierra tiene menos carga de antagonismo, la tierra que piso es más pacífica.
Uno pierde protagonismo barridas las defensas desde un modo consciente. Todo se acepta, y la mirada se hace amorosa, comprensiva, compasiva. Es penetrar en el antagonismo, penetrar con la mirada clara y honesta, y desde la calma y el amor, entregarse, no dar importancia a la ganancia o la pérdida, uno solo es con lo que es, no caben explicaciones. Tu propio yoga te muestra dónde andar, y nadie dice que ese andar sea fácil, es un andar que te descompone, te compone, y te va mostrando lo que eres. Al mirarlo, sin miedo y sin defensas, a tu corazón lo sientes más blandito.
Al principio da miedo mirar, pues la construcción, la edificación en la cual te sostienes para ser, tiene una gran fortaleza, pero esa construcción, ese ser, se disipa cuanto más miras, cuanto más penetras, y surge otro Ser más intimo. El miedo como resistencia o barrera se desarma. Y ahí te das cuenta que otra hoja ha caído, y que ya no es otoño, y que nacen con todo su esplendor nuevas hojas en una nueva primavera. Y así, sucesivamente las estaciones pasan, y en todas ellas estás vivo, aprendiendo a Ser.
Las contradicciones siguen, los antagonismos también, pero la mirada es otra, y esos nuevos caminos internos que nacen van rompiendo capas de egoísmos, de codicias, en definitiva, de densidades que me alejan de lo que soy, un ser humano con corazón.
Compasivo es que comparto, comparto contigo, lo que eres. Compasivo es que me comparto conmigo, con dulzura.
Donde observo que me muestro con vehemencia cuando me miro, y me veo defender alguna trinchera, me rindo, y ¿sabéis?: solo nacen flores, flores de colores de intensidades insospechadas y, ahí, con el deleite del nuevo néctar, me asombro, me asombro de la vida, de su magia, de sus posibilidades, de su profunda y serena belleza.

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Huelva, Octubre del 2016




sábado, julio 02, 2016

La rendición ante la incertidumbre




La rendición ante la incertidumbre

posted: 16 de julio del 2016


"La presencia es un estado de ser"

Muchas de las patologías que existen actualmente en nuestra sociedad  vienen derivadas por varios factores que nacen de los valores actuales. Los llamo: "los valores alienados".

Si hablo de patologías, también podría hablar de sufrimiento.

Alienado lo entiendo como que no es mi yo real el que responde ante la realidad, sino un automático ficticio que responde reactivamente con poco margen de actuación.

En ese "yo ficticio" la conciencia, o el darme cuenta, trabaja en el periférico, en los bordes. Si hubiera un centro de conciencia, es lo más alejado de él.

Por otro lado, pero íntimamente ligado con lo dicho, resulta bastante complicado "vivir nuestro presente". Las situaciones pasadas o las proyecciones de cómo quiero que sea ese presente en ese momento hacen que la situación que vivo en muchas ocasiones sea densa, es decir, que no se ciña a lo que quiero que sea esa realidad que proyecto o añoro.

Por tanto, todas estas premisas me alejan de lo que vivo en ese momento.

Podríamos sumarle una premisa también poderosa: esos vectores inconscientes no sanados o clarificados que hacen que mis acciones o pensamientos condicionen mi presente. Es decir, aquello que no he querido ver y lo he guardado en una cajita en mis profundidades, que yo creo que están  bien guardados con la tapita cerrada, pero no es así, porque desde dentro de la cajita muestran su fuerza, pero no nos damos cuenta.

Ahora volvamos a una palabra de la que hablamos ayer: la rendición.

Supongamos que acepto la realidad que se presenta, no lucho contra ella, la observo y me entrego. Y ahora aquello que me mueve internamente lo observo con la mayor ecuanimidad que pueda, y profundizo en ella sin apegarme a lo habitual de un resultado inmediato y a ser posible placentero. Supongamos que pongo el corazón a ese presente, y no estoy tanto en lo que creo que quiero que ocurra.

Sumemos: ¿y si mi doy cuenta de que no puedo controlar la vida o etiquetar por más que quiera, por más que luche, o por más ahínco que ponga en ello?

Si la vida es incertidumbre y lo acepto, ¿no me estoy rindiendo ante lo que me ofrece la vida?

Y si soy consciente de mi vida y de mi presente, ¿no es hermoso entregarme a lo que me trae la vida y rendirme ante ello, sin resistencias, sin quejas, con aceptación y entrega?

Entiendo que es importante que haya una calma consciente en todos estos movimientos que observo, de modo que pueda desde esa calma ser consciente y tomar las decisiones correctas. Es decir, tiene que haber enraizamiento, presencia, tener cierta claridad de quién soy, dónde estoy, y hacia dónde van mis pasos.

La incertidumbre es efímera pero es constante. Aprender a bailar todo ello es un camino de aprendizaje. Cuanto más practico, más bailo.



Artículo escrito por Carlos Serratacó



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