domingo, noviembre 21, 2010

Creciendo sin parapetos

                                                                            

No es nada fácil crecer con conciencia, no resulta cómodo verte como eres y no esconderte, no es fácil reordenar las emociones, mirar, observar, ver, mover y andar creciendo.

Remover lo oscuro para que entre luz. Lo que he dicho muchas veces en el blog: llevar tu corazón en la mano.

Sonreír, reír a la vida, gozar del acto de vivir.

Nos vamos poniendo parapetos, defensas por todos los sitios, fosos para que ni salten ni nos hagan daño, y fosos y murallas para no escapar nosotros de nuestro castillo que está allá en lo alto.

Muros, parapetos, defensas....

Y la rutina esconde la conciencia y ciega el corazón.

Posiblemente una de las cualidades más hermosas del yoga es mostrarte quién eres en un viaje de la cabeza al corazón, un viaje lleno de miel y de baches, de aceptaciones de lo que uno es y de aceptar lo que pensaba que no era y resulta que soy. De un aprendizaje del amor hacia uno, de apertura de un espacio donde el estar presente, el tener presencia te permite crecer mirando la vida tal como te viene. Si te amas, amas; si te aceptas, aceptas al otro; si sientes, sientes la vida.

Y la vida no puede ser controlada, la vida no se encuentra encajonada, etiquetada, con un precio puesto, la vida no se puede poner en venta.

Para vivir hay que tener confianza a manos llenas. Confiar en que ella reordenará a su modo nuestra existencia.

Tanto sufrir… pues queremos que todo marche controlado y ordenado. ¿No es más importante sentirme a mí, a ti, dejar fluir mis emociones, dejarme sentir, estar en contacto con la vida y con los sentimientos que siento y que tú sientes?

Y una vez allí, en tu andar no sintiéndote tan apretado; sintiéndote sin tantos muros, tantos parapetos, tantas defensas, tantos autoengaños; sintiéndote a veces con dolor, otras con mucho amor, tranquilo, sereno. Disfrutando del sentir, aunque a veces no guste, porque todo no se puede esquematizar en que me gusta o no me gusta, lo deseo o no lo deseo, me duele o no me duele. Hay más al andar creciendo.

Por qué no nombrar al amor, a la felicidad, al corazón, a su hermosa capacidad de sanar. Por qué no olvidar por un momento tanto pensamiento, tantas cosas que hacer, tantas ganas de éxito.

Conmigo vive el Prana, un perro maravilloso, lo que más le gusta es abrazar a todo bisho viviente, poner sus dos manazas y fundirse en un abrazo, y sentirte mientras te huele y te mira con ojitos…


No hace distinciones con los abrazos, me gusta.




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