Mostrando entradas con la etiqueta viaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viaje. Mostrar todas las entradas

domingo, febrero 26, 2017

Unas manos que aman


 Unas manos que aman

En yoga todo lo que se apoya es importante, puede ser unas manos, las rodillas, los pies, el lateral del cuerpo, la espalda, la cabeza... Lo que apoya me trae a tierra, me enseña a enraizar, a sentir lo que soy, a sentir que la tierra se encuentra viva y respira, y que yo en la postura lo hago mediante su ayuda y comprensión.

Cuanto menos esfuerzo ponga en la postura, cuanta más atención relajada aplique, más se abrirán las vías para encontrarme conmigo mismo y con el tempo de la vida. Hay menos esfuerzo porque el esfuerzo es el justo, es el tono que surge de ajustarme con respeto y amor. Entonces la postura, como una figura simbólica que representa la vida y el amor, reparte los pesos y contrapesos, los tonos y los abandonos, todo regado con una atención y calma viva, penetrante, sutil, suave, que envuelve todo aquello donde se posa la mirada interna y que tiene como eje ese respirar que nace del enraizamiento.

Para mí la mano -mis manos- son algo mágico, excepcional, maravilloso por los significados que han ido adquiriendo según las iba descubriendo en mi viaje con el yoga. Unas manos que se han ido abriendo, a la par que se abría mi corazón. Eso no ha ocurrido de un día para otro, iban pasando los días, las semanas, los meses y los años, y mis manos eran cada vez más firmes, más sensibles, más abiertas a escucharme y a escuchar la vida que me vive. El tacto con la esterilla es el tacto con el corazón de la tierra viva que late en la postura que siento.

Mis manos, amigas de mis muñecas,  amigas de mis codos,  amigas de mis bíceps, amigas de mis tríceps, amigas de mis hombros, amigas de mi espalda, amigas de mis omóplatos, amigas de mis pulmones, y ahí, en el centro, mi corazón, mi amigo. Y en ese latir, laten al unísono el corazón de la tierra con mi corazón que sienten y envuelven mis manos.

Manos, manos que sienten, manos que acarician con fragilidad, manos que aman con fuerza, manos que miran y abrazan, manos que van de cara con valentía de ser manos amorosas, manos que laten, que recorren, que abrazan, que colman, que se abandonan a ser manos.

Dos manos, vivas, corazones que bailan, que vuelan, que sienten el tacto del aire, que respiran los poros de la esterilla, que transpiran la piel de la tierra, tu piel.

                                                                   .Manos.

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva

sábado, julio 02, 2016

La rendición ante la incertidumbre




La rendición ante la incertidumbre

posted: 16 de julio del 2016


"La presencia es un estado de ser"

Muchas de las patologías que existen actualmente en nuestra sociedad  vienen derivadas por varios factores que nacen de los valores actuales. Los llamo: "los valores alienados".

Si hablo de patologías, también podría hablar de sufrimiento.

Alienado lo entiendo como que no es mi yo real el que responde ante la realidad, sino un automático ficticio que responde reactivamente con poco margen de actuación.

En ese "yo ficticio" la conciencia, o el darme cuenta, trabaja en el periférico, en los bordes. Si hubiera un centro de conciencia, es lo más alejado de él.

Por otro lado, pero íntimamente ligado con lo dicho, resulta bastante complicado "vivir nuestro presente". Las situaciones pasadas o las proyecciones de cómo quiero que sea ese presente en ese momento hacen que la situación que vivo en muchas ocasiones sea densa, es decir, que no se ciña a lo que quiero que sea esa realidad que proyecto o añoro.

Por tanto, todas estas premisas me alejan de lo que vivo en ese momento.

Podríamos sumarle una premisa también poderosa: esos vectores inconscientes no sanados o clarificados que hacen que mis acciones o pensamientos condicionen mi presente. Es decir, aquello que no he querido ver y lo he guardado en una cajita en mis profundidades, que yo creo que están  bien guardados con la tapita cerrada, pero no es así, porque desde dentro de la cajita muestran su fuerza, pero no nos damos cuenta.

Ahora volvamos a una palabra de la que hablamos ayer: la rendición.

Supongamos que acepto la realidad que se presenta, no lucho contra ella, la observo y me entrego. Y ahora aquello que me mueve internamente lo observo con la mayor ecuanimidad que pueda, y profundizo en ella sin apegarme a lo habitual de un resultado inmediato y a ser posible placentero. Supongamos que pongo el corazón a ese presente, y no estoy tanto en lo que creo que quiero que ocurra.

Sumemos: ¿y si mi doy cuenta de que no puedo controlar la vida o etiquetar por más que quiera, por más que luche, o por más ahínco que ponga en ello?

Si la vida es incertidumbre y lo acepto, ¿no me estoy rindiendo ante lo que me ofrece la vida?

Y si soy consciente de mi vida y de mi presente, ¿no es hermoso entregarme a lo que me trae la vida y rendirme ante ello, sin resistencias, sin quejas, con aceptación y entrega?

Entiendo que es importante que haya una calma consciente en todos estos movimientos que observo, de modo que pueda desde esa calma ser consciente y tomar las decisiones correctas. Es decir, tiene que haber enraizamiento, presencia, tener cierta claridad de quién soy, dónde estoy, y hacia dónde van mis pasos.

La incertidumbre es efímera pero es constante. Aprender a bailar todo ello es un camino de aprendizaje. Cuanto más practico, más bailo.



Artículo escrito por Carlos Serratacó



viernes, junio 10, 2016

Las pequeñas rendiciones son una gran rendición


 Las pequeñas rendiciones son una gran rendición


"Cada uno tiene su experiencia al caminar"

Llega un momento en el que al practicar postura siento que he de rendirme. Eso es porque la intención que he puesto al realizarla, la dirección que le he dado desde lo interno es eso, entregarme.

¿Rendirme a qué?
A mí mismo.

¿Para qué?
Para profundizar en mí.

Hubo un tiempo en el que iba al límite. Supongo todo tiene su evolución y, simplemente ahora lo veo de otro modo, no es mejor ni peor, es simplemente que sentía que había algo más, y si cambiaba mi actitud interna iban a surgir otras comprensiones de lo que soy.

Y así ha sido. Todo ha cambiado, y como normalmente el yoga empapa mi cotidiano, mi vida diaria se ha ido nutriendo a la vez de dichas rendiciones, estas pequeñas entregas.

La personalidad es necesaria, nuestra imagen que tenemos de nosotros, nuestras ideas, nuestras verdades… pero me preguntaba, ¿y detrás? ¿Qué hay detrás? ¿Cómo puedo atisbar un ápice de lo que hay detrás? ¿Cómo trascender todo lo que creo que soy?

Desde el puesto de observador, por ejemplo, en la meditación, te das cuenta de la impermanencia de todo aquello que crees ser.

¿Y que siento cuando me rindo? Al principio siento dolor, pues hay que ir hacia el corazón, y según se van deshaciendo como un azucarillo todas esas capas que cubren mi corazón, duele más, y cuanto más me rindo, más me duele. Luego, me apaciguo.

¿Es esto algo malo? Para nada: es hermoso. Ahora mi trabajo interno es seguir andando, nada más.

Mis pequeñas rendiciones en lo cotidiano implican una retirada amorosa en aquellas situaciones donde habitualmente se generaban pequeños bloqueos. Normalmente funcionaba repitiendo las mismas situaciones y eso me producía los mismos resultados. Todo suele repetirse bajo diversas capas de camuflaje, pero si somos constantes nos daremos cuenta de la profundidad de las impresiones mentales/emocionales/reactivas, y el yoga me llevaba de la mano para salir de ese cruce de caminos, para seguir caminando.

Rendirme ya de por sí me ha llevado hacia una apertura mayor, y lo más difícil, pero solo al principio, es rendirte hacia el otro. Rendirte ante el otro es una situación muy bella, abre puertas inimaginables, abre espacios nuevos en ti mismo y en la otra persona, espacios que son lienzos en blanco, y son humildes, pues la rendición impone humildad ante lo que sientes y humildad de escuchar la verdad del otro.

Pues simplemente decido que no tengo verdad, que lo que pienso no es tan importante, ni lo que creo ser, ni nada que me cree una línea de separación contigo, o con el mundo, o con el vecino.

En la rendición que siento prima el conjunto y, claro, todo esto que estoy escribiendo, en la sociedad actual, resulta complicado. Rendición se comprende como sumisión, y lo que cuento no lo entiendo así.

El yoga me ha ayudado a vaciarme de mi historia personal, de mí mismo y, sobre todo, de dejar de luchar por todo eso, de luchar demostrándome hasta la muerte, y de creérmelo.

Solo siento que ahora ando algo más ligero, y  que se va fortaleciendo otra comprensión de ese "mí mismo", nada más.


Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva


miércoles, abril 08, 2015

Abriendo las alas


"Una noche pasó
volando sobre la ciudad, 
que lucía tan hermosa como el paraíso de Indra,
 y vio a la princesa bailando al compás de un grupo de músicos.
 En cuanto la vio, su corazón se prendó de ella y, 
con una fuerte inhalación,
 la absorbió hasta el interior de su nariz y se la llevó a su morada en los Himalayas"
 
Del cuento de amor de la India "La princesa Sadguna"



El yoga, comentábamos ayer, es un estado de ser. Uno camina hacia su propio equilibrio, y su propio equilibrio es el equilibrio del mundo que te circunda, pues toda interpretación interna cambia, al recorrer ese andar hacia el equilibrio, y con ello el mundo. Por ejemplo, lo que antes era hostil, ahora es dulce o simplemente no es. La perspectiva o comprensión es otra porque uno es otro.

Hay una mutación importante en el mental. Asentada la calma, habitado ya el cuerpo de una respiración suave, la mente es suave y apacible y, con ello, hay mayor claridad y coherencia contigo y con el mundo. A eso se une una serie de cualidades que te van inundando, que nacen de lo íntimo de lo que eres- Una muy hermosa es el amor y, volviendo a la mente, ese progreso en yoga es que vas pasando de una mente que juzga, compite, que enjuicia, a una mente amorosa y comprensiva.


Podríamos decir que en el trabajo postural, una de las bases en nuestra práctica, es sentir las clases de un modo amoroso, el aprender como yoguis y yoguinis el respeto por nosotros mismos, al aprender a ser uno, soberano de su vida, teniendo como eje un sentir que va surgiendo de dicha práctica: un eje, entonces, amoroso, no competitivo ni enjuiciador. Y para ello es vital la práctica, pues la práctica nos enraíza y nos ancla en la realidad de lo que somos, sin intermediarios, sin tanta mente, sin tanta fantasía y artificio.

Ese trabajo interno, constante, lento nos va abriendo. Los órganos, los músculos, la sangre, los huesos van confiando en nosotros porque todos los días con la práctica procuramos ser amigos de ellos, no los forzamos, no los sacamos de sus casillas, simplemente aprendemos a disfrutarlo con un silencio y una calma que nos inunda de dicha, a todo aquello que somos.

Y claro, bajo esta premisa todo se abre, todo se expande, todo se ofrece, todo confía y se va uno reconstruyendo posturalmente, pero, a la vez, internamente y, a la vez, tantas y tantas cosas.

Sí, y van naciendo unas alitas, unas alitas que tienen como eje ese corazón que siente y se expone a la vida, para vivirla, para sentirla, para amarla.

Absorbes la vida a cada instante, y ella te recorre. Tu atención se fortalece de todo ese nuevo mundo que siempre había estado ahí, pero que no veías porque estabas ciego. Simplemente no comprendías. Se fortalece a cada instante de la confianza que te ofrece la vida y allí, en la morada de tu corazón, todo se acoge y todo se comprende.

miércoles, julio 16, 2014

Yoga en vacaciones




Hace unas dos semanas acabamos el curso y al finalizarlo surgen por parte de los alumnos algunas preguntas que son comunes todos los años:

¿Carlos, me puedes decir asanas para practicar en verano?
¿Puedes pasarme alguna clase dibujada?
¿Podrías darme una grabación de una clase?

Todos los años, como digo, surgen las mismas cuestiones, acaba el curso y ya anhelamos practicar yoga ante la ausencia del profesor.

Llevamos tiempo practicando. Sintiendo. Comentando. Abriendo puertas entre todos... se ha trabajado con constancia, habéis sido regulares.

Creéis que no sabéis, pero sabéis. Hemos aprendido la práctica de posturas, donde nos hemos dado cuenta de la dificultad de hacernos daño. Los supuestos han sido la dulzura, el disfrute, la disciplina interna, el abandono, la constancia, la respiración como eje, el despertar a un observador.

Sois conscientes. Confiad, confiad en vuestro sentir, dejaos llevar. No penséis “no sé"; no penséis "¿está bien o está mal?".

Dejaos sentir.
Fluid.
Y, simplemente, practicad.

No es necesario levantarse a las seis de la mañana. Tampoco resulta indispensable realizar acrobacias.

Solo dejarte sentir. Siente tu respiración.
Sentado, meditando o practicando asanas.

Además, el yoga físico o hatha yoga solo es una parte del yoga. Tenemos muchos modos de practicar yoga. Recordemos: todo consiste en darse cuenta y elegir la vía adecuada.

El yoga nos permite "Darnos cuenta".
El yoga nos permite "Elegir libremente"

Igual que en postura nos damos cuenta de las partes, y vamos hacia la unidad, también puedo decidir cada día sumar en lugar de restar. Esto puede ser un buen inicio. Que mi verbo sume, que mi mirada sume; así, lo interno suma en una dirección y ello, sin lugar a dudas, es lo adecuado.

Y si todas las tardes me gusta andar por la playa pero hasta ahora lo había hecho "ausente", distraído en mi andar o fragmentado tecleando el móvil, huyendo, en realidad, del andar, dejando escapar la vida, puedo elegir, por ejemplo, descubrir que cada paseo es algo hermoso que sumar a mi sentir: los olores que cambian según ando, por la propia conjunción de brisas; y ese cielo tan inmenso, tan hermoso que es, como la conciencia que se expande; el color de las nubes, su forma, y mis pies que sienten cómo cambia la temperatura y se van adaptando a las diferentes cualidades que le ofrece la tierra; el jugar de los niños; la alegría del verano; el ruido de las olas, irregulares, constantes; las algas adheridas, su densidad; los tamaños y colores de las conchas.

Me detengo, me mojo la cara y saboreo la sal, el horizonte mengua con el calor, se difumina y me cuesta focalizar, y el mar, ese mar...

Te abrazaría para que este corazón ancho y cercano sintiera tu profundidad, tan clara, tan cercana.

Hay muchos modos de practicar yoga, lo importante es caminar despierto y crear condiciones para vivir en nosotros, para volver a nuestro eje de equilibrio y ser conscientes cuando no estamos en él.

Si sumo, voy hacia la unidad.
Si amo, el mundo me ama.
Si ando despierto, mis pasos vibrarán paz, para mí y para el universo.

Amanece, aparece un sol radiante entre las nubes. Escribo desde este tren vacío camino de la montaña, en Manresa, Barcelona. Desde Huelva hay unos mil kilómetros, de una esquina a otra de España.

"Muevo un pie en la esterilla, mantengo el centro, voy a postura. Voy hacia el otro lado, voy a postura".


De un lado a otro, y en esta esterilla tan aparentemente pequeña, cada día disfruto con la sorpresa y la felicidad de la dicha inconmensurable, con el corazón en la mano, sin dudar en mi andar, perdiéndome en el laberinto hacia ese centro, que como Ítaca, se deja querer en esa búsqueda. Suena Ray Charles, el sol ya me deslumbra, los pueblos son ráfagas de luz. No queda mucho para Sevilla.


domingo, mayo 04, 2014

Un mes en imágenes

Hace un mes que no escribo. También al escribir le hace falta su espacio, su momento, su sentir, su pausa. Y yo no estoy condenado a la inmediatez de escribir cada semana, escribo lo que siento, como lo siento cuando deseo. Por otro lado, las imágenes desde niño me acompañan, creo que hoy es buena mi vuelta al blog con las imágenes del mes, de todo lo que me hace inmensamente feliz. Me hacía falta detener, pluff, el blog y dejarme que la vida me llevara a su ritmo. Y me he dejado ir, abandonándome a su sabiduría....


He vuelto mucho al campo, a pasear a las burras Coquelico y Etiopía, y a acariciar a Prana, mi perro.


Dejándolas para que pastaran.


También he estado estudiando, que me gusta.


Impartiendo un Retiro de Yoga en Portugal.


Andando hacia la Villa de Yoga entre bosques centenarios.


Los árboles abrazándose a nuestro paso.




La belleza en todo su color.


Hermosas margaritas.


La práctica, meditando.


todo el grupo


Una serie de yoga


Tai Chi por la mañana,


Ya en Huelva, con mi hija Alba en la playa


Observando flores solitarias en medio de la arena


y el mar, los dos observando el mar.


He seguido con mis clases en los Centros Deportivos


 El milagro del yoga entre tanta actividad.


En las clases privadas.

En la bellísima  Formación en Yoga, en presencia.


Gozando del sentir


de la alegría de vivir


y practicando asanas.



Con el yoga de embarazadas que también me llena de amor.


Y el campo, mi vuelta, el amanecer.


La flor al iniciar el día.


El volver a recoger el estiércol para abonar.


Alucinando del pequeño bosquesillo que crece donde antes no había nada:
ahora hay nogales, un castaño, robles, higueras, naranjos, aguacates, olivos...


De la morera, que tiene dos años plantada


y de su fruto


Y todo esto, en mi felicidad, el papel central es para Manuela y Alba, eje de mi vida.





domingo, enero 12, 2014

Los alumnos y el profesor de yoga




"Sadhaka: el que realiza. 
 Shisya: alumno o alumna
                        Shishyata: el alumno o alumna idóneo".



Hasta hace no demasiados años, en una clase de yoga participaba únicamente el profesor y el alumno. A partir de los sesenta se empezó a conocer el yoga, y diría que es en los últimos años cuando se ha popularizado y han surgido las clases grupales. Es decir, ha habido una eclosión en los últimos treinta años. Diría que no es mucho tiempo.

Durante siglos el conocimiento del yoga ha sido una transmisión mayoritariamente oral entre alumno y profesor donde la relación creada era y es algo especial. Con el trabajo en grupo la relación es también particular pero el campo de cultivo es mayor y los modos de plantearlo son diferentes, ni peores ni mejores.

El yoga es un modo de vida, y para aprenderlo hay que ir progresando a paso de tortuga, es decir, no es algo rápido de asimilar, o algo que se pueda dar enlatado en tres días. Exige muchas cualidades que van brotando en el alumno y, según pasan las horas, los días, las semanas, los meses, los años, es decir, el propio recorrido vital, el yoga se va comprendiendo.

He comentado más de una vez  -y en estos escritos se puede ir viendo la evolución- que entiendo que el yoga no es solo posturas y posturas. Implica muchísimos más temas. La postura en su concepto, en su transmisión de símbolo interno, nos puede servir de semilla base para una buena comprensión de los pasos del yoga. Pero aquí ya hemos hablado de todo esto. Ya he hablado de que observo cada vez más como la postura "se come" el trabajo interno, como si la meta postural fuera lo único importante, y en todo ello hay mucha prisa e impaciencia y muchos temas más.

El objeto de este artículo es comentar la cantidad tan grande de alumnos y alumnas que realizan su trabajo interno desde hace años con constancia, con entrega, con curiosidad, con perseverancia, con humildad, con comprensión, y respetan el trabajo del profesor, que crece gracias a los alumnos también, porque es un enriquecimiento mutuo, algo vivo, abierto y en común.

Decir que esa entrega y entusiasmo por parte del alumnado y practicantes en las diferentes clases -sea en grupo, en formación o individual- muestra cada día esas ganas, ese amor hacia lo que se comparte. Y van naciendo flores que brotan, y de esas flores nacen otras semillas y otras flores de colores...


Y tenía muchas ganas de decirlo y de agradecerlo, pues todo ello me hace inmensamente feliz.


Rolling-Stones-"Sympathy for the devil"

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Huelva






domingo, mayo 19, 2013

La entrega



"¿Dices que no puedes crear nada original? No te preocupes por ello. Haz un cuenco de barro para que tu hermano pueda beber".

Rumi - Poeta místico musulmán (1207-1273)


Hemos hablado de varios términos estos años, conceptos como postura o asana, la respiración, la atención,  la conciencia, el sentir, las emociones, el centro, la calma, el silencio... Significados que permanecen abiertos con la práctica del yoga y son continua referencia en estos artículos.

Hagamos un breve repaso, breve y progresivo:

Uno empieza practicando posturas de yoga, puede llegar por cualquier motivo a una clase de yoga. Con el paso del tiempo, si uno permanece constante, van provocándose cambios dentro de nosotros. Vayamos a ellos:

La postura nos pone en contacto con nuestro cuerpo, hemos de dibujarlo en la esterilla, encontrarnos cómodos y en equilibrio, y aprender a convivir con ello. La respiración resulta fundamental, pues es como si el propio aire nos recorriera por dentro y nos fuera trazando el mapa interno de lo que somos. Es mirarnos desde dentro, y de este modo aprendemos a ajustar, a regular.

La práctica de posturas de un modo adecuado nos produce calma, el cuerpo deja de estar tan rígido, nuestras emociones se abren,  y nuestra respiración es más amplia y tranquila.

Diversas partes del cuerpo, desde los pies, a las manos, nos sirven de soporte para la postura, aprendemos  a enraizarnos, a recoger la fuerza de la gravedad del suelo, y que dicha fuerza/energía nos ayude a mantenernos en la postura. Con el tiempo nos damos cuenta de que  toda esta captación de energía de ida y vuelta  es mediante la respiración, y todo ello se produce de un modo apacible, en calma. Ya no hay fuerza, hay fluir.

La atención surge del acto de estar en contacto con nosotros mismos realizando la postura. La atención a las partes va ampliando la atención al todo. Todo aquello que somos. 

Nos vamos dando cuenta de nuestra realidad interna y a la par nuestra conciencia -el acto de darnos cuenta- se hace más patente, más consecuente, más relevante. Nos sentimos más centrados, más a gusto con nosotros, no hay tanto partidismo.

De todo ello va surgiendo el sentir, son sensaciones conectadas directamente con nuestra realidad, y son sensaciones pacíficas, hermosas, calmadas que surgen de un lugar nítido, claro, donde hay silencio.

Ese lugar es la profundidad de nuestro ser: le llamaremos corazón.

La práctica ya no solo se limita a la clase de yoga, sino que el mundo se convierte en tu esterilla, en tu lugar de práctica.

Te das cuenta que todo ello te lleva a vivir tu presente con una mayor intensidad, porque estás presente en tu cuerpo, en tu respiración, en tu sentir, y esa intensidad te mantiene permanentemente alerta y despierto, y en paz.

Despierto disfrutas de la vida, y tratas de disfrutar de cada momento. Y la práctica de ello te lleva a algo muy bello: la entrega.

Si eres consciente del momento, y estás atento, y no tienes ganas de controlar, ni de demostrar nada a nadie, ni de luchar, ni de consumir, ni de guerrear, solo de vivir tu momento porque, si lo haces, te das cuenta de que surge menos sufrimiento, y nace más el amor, te entregas con plena atención al momento, como si te lanzaras a un abismo con los brazos y el corazón abiertos, sin miedo y con alegría.

Y te entregas a cada momento y sonríes y sonríes, porque sonríe tu corazón porque todo tú estás ahí, no eres un fragmento. Y todo es esta vida tan maravillosa.


Y entonces la alegría se hace inmensa cuando compartes tu cuenco de barro lleno de esperanzas, de anhelos y de vida.










domingo, diciembre 02, 2012

yoga, ego y la importancia personal





El yoga es un camino interior. Un camino personal. Una decisión.
Implica volver a encontrarse con uno mismo una y otra vez, eso es lo que significa la práctica.
Es una entrega hacia la atención, es reincidir en educar la atención interna.
Es sentirse, es respirarse, es aceptarse, es comprenderse.
Uno se vuelve hacia uno mismo, y aprende  adaptarse, en calma.
Surge la presencia, lo mental ya no es tan amo. Sólo es posible en paz.
Tu realidad, lo que te circunda, entonces se vuelve amable, no es tan rígido, y  todo fluye con mayor libertad: las personas, las circunstancias, la vida.
La conciencia entonces va despertando en ese juego de atención y se va ampliando, el darte cuenta.
Tantas cosas que eran importantes, tantas luchas en las que uno tenía que ser ganador, tanta energía desperdiciada, todo eso ya no tiene importancia.
Lo que realmente importa simplemente es, y tú te adaptas, a eso, y a lo que viene y a lo que se va.
Todo esto, todo este viaje va menguando tu ego, tu importancia personal, no tienes que estar permanentemente demostrándote.  A la vez que conquistas la atención, transformas tanto protagonismo porque la práctica no te baja cualquier humo, simplemente lo disipa.
Suave y ligero como una pluma que se lleva el viento.
Para que más.





Artículos más visitados

Amigos del Blog

Todos los artículos a un clic

Traslate