lunes, diciembre 26, 2016

Pisando tierra o modos de enraizar con uno mismo



Llevamos unos meses hablando de las profundidades. Hablemos entonces ahora de modos de fijar aspectos básicos que nos pueden llevar a una sensibilidad diferente en nuestro cotidiano. Esa sensibilidad la llamaremos "pisar tierra" o "enraizar"

Parto de la base que resulta esencial sentir que significa vivir en calma. Vivir aprisa y corriendo lo sabemos todos, de ello nacen muchas problemáticas, que somatizadas nos desequilibran.

Puedo decir que en calma te das cuenta tanto del equilibrio como del desequilibrio, es decir hay un eje, uno va basculando sobre el eje a lo largo del día, ese eje, esa base es la calma. Luego le podremos añadir otras cualidades o características que nutran el eje, pero insisto y persisto, hay que crear condiciones para crear la calma en uno, en sentirla, degustarla, saborearla.

Para ello creo importante "pisar tierra". Si voy acelerado, es decir simplemente tengo prisa, simplemente estoy de proyección en proyección por ejemplo de lo que tengo que hacer, he de aprender a educarme en detener dicha inercia.

Pisar tierra implica estar en lo que estoy, desde mi eje, si me ducho, mi atención a la ducha. Si hablo, atención a lo que digo. Si escucho, atención a lo que escucho. Si voy andando, atención a mis pies. Si como, atención a que estoy masticando. Si escribo en el ordenador estas letras, atención a ello. Tratar que no me arrastre lo siguiente que me viene a la mente.

Parece fácil, pero no lo es. El truco es ir sumando, si sumo las pequeñas atenciones me daré cuenta de las pequeñas distracciones, por tanto he de dar un sentido, una voluntad, una dirección al acto de estar atento.

Si voy de proyección en proyección, en realidad voy de fragmento en fragmento, y eso no es calma, es fragmento. Si estoy en lo que estoy no hay fragmento, hay unidad. Si sumo unidades, sumo unidad hacia la calma.

Voy a seguir con los ejemplos: hoy tengo el día regular, me doy cuenta, entonces he creado más condiciones de las habituales para enraizar o pisar tierra. Me he levantado, he realizado mi practica de yoga más lenta de lo habitual. Ya de por sí, la practica me trae el presente, pero le he dado unos toques de mayor atención elaborándola más lentamente mientras amanecía, y con una profunda sensación de apertura al día y a mi mismo, una apertura amorosa que he culminado meditando.

Ello ha ahondado mi calma, ya de por si presente, pero me hacía falta  más dosis  de tierra.

He decidido no trabajar en el despacho, donde siempre me espera trabajo. He ido al campo, he dado de comer a las burras, a las aves, dándome cuenta en todo momento, del aire, del sol, de mis botas manchadas de barro, he podado, he cogido limones, he curado a un pavo. He acariciado a los animales con mis manos y con mi voz. Todo ello me acariciaba a mí. Los jilgueros no paraban de cantar.

Me hacía falta seguir pisando tierra, uno puede desenraizarse por proyecciones o por sensaciones o pensamientos..., yo estaba desenraizado de sensaciones, proyecciones por suerte, tengo las justas.

Así que para seguir en tierra he cambiado el almuerzo habitual, he comprado una piña, una manzana y una pera, las he pelado tranquilamente, me he hecho un zumo y al sol me lo he tomado.

Después de comer quería seguir fijando mi día en tierra: he sacado el cuero, las herramientas y sentado en el suelo, he ido eligiendo los diferentes cueros para trabajar, he cosido con amor, sintiendo el tacto de la piel en mi piel.

Acabado ello he centrado mi atención en recoger la casa, los pequeños detalles, un par de lavadoras, recoger lo lavado en el fregadero, barrer la casa, y así ha ido pasando la tarde.

En todo momento me he dado cuenta de lo que hacía y no hacía, sólo quería estar conmigo en mi, fluyendo en mi tempo de vida, sin poner atención a lo siguiente, sin tener prisa por acabar, sin tener meta en la cual fijarme, sólo he ido realizando atentamente con suavidad y respeto hacia lo que hacía, hacia mi mismo. Confiando en que todo iba a volver a situarse en su lugar dentro de mi. Sin tiempo, sin expectativas, sin imposiciones propias.

De noche, y con el frío, me he abrigado mucho, un buen jersey, gorro y guantes de lana, y he salido a andar sintiendo el aire frío, andando por la noche oscura, con paso cada vez más firme, más en tierra, más en la luz de lo que soy.

Y ahora, al escribir esto, siento que todo está en su sitio, aquellas sensaciones que me alejaban de mi eje, por tanto de mi mismo, de lo mejor de mi mismo ya se encuentran en su lugar.

He nutrido con atención, he confiado en que un día es un mundo, una vida, he puesto una dirección, un sentido y mis pies, mis raíces ya alimentan lo que soy como habitualmente, con serenidad y alegría.

Pisar tierra es eso, nutrirse con lo mejor de uno mismo con atención, con entrega, con desenfado, con abandono, con confianza, con dicha. El día es muy largo, la vida también.






domingo, diciembre 18, 2016

La mirada consciente


"Alba, hija mía, mira:
esta flor amarilla es para ti.
Es un jazmín que solo florece en invierno.
Papa huele a sol, huele amarillo. "

El yoga es un camino interno.Lo interno habita en uno mismo. Para verse uno mismo es necesaria la calma. Si hay calma, hay silencio.

El silencio es amplio, inabarcable. Entonces, uno anda.

Nadie dijo que andar fuera fácil. Andar solo en estas condiciones implican  sensibilidad y valentía.

Lo sensible es pura belleza. La valentía se gana paso a paso.

El silencio adquiere ternura. Siempre había estado ahí, solo pasaba que las capas de densidad lo camuflaban.

Me escucho:

Yo mismo me observo a mi mismo siendo yo mismo. Yo mismo me doy cuenta de mi mismo:

Alerta, Lúcido:

Mi Corazón se encuentra entre mis manos.

En todo momento se reúnen todas las  condiciones, eso es así por que la mirada es consciente.

No me siento separado, y mi corazón blandito y calentito entre mis manos, sonríe.




domingo, octubre 09, 2016

Refrescando el interior o fregando la conciencia


"Siempre que alguien me ofrece con devoción una hoja, una flor, un fruto o agua, yo acepto esa ofrenda ofrecida con devoción y corazón puro"
Bhagavad Guita. Cap.9-26


En el piso donde vivo hay un friega platos muy hermoso, nuevo y brillante. Ya estaba aquí cuando llegue.

Todavía no lo he usado.

A lo largo de cada día de todos estos días que suponen mi vida trato de crear condiciones que me lleven a mi, no que me alejen de mi.

Hace años que no veo la televisión, no me siento orgulloso por ello, simplemente no lo veo necesario en mi andar interno, en ese espacio aprendo a estar conmigo o aprendo a compartir con los otros.

En todo este periplo de andar hacia uno mismo te vas dando cuenta que todo esta ahí, delante, no hace falta más, y que son las pequeñas actividades cotidianas o la propia no actividad las que te señalan el camino hacia uno, que no deja de ser un camino hacia la vida que vive en uno, que no deja de ser sentir el espíritu que esta en ti y en la vida.

El fregar los platos me ayuda a comprenderme. Para llegar a un pleno disfrute de ello hay que ir superando varias dictaduras falaces, como por ejemplo "que no tengo tiempo", "que si el friega platos es más cómodo" "que me mojo las manos" "que es aburrido" y tantos obstáculos más. En realidad esos obstáculos son condiciones bellisimas que te da la vida para crecer como ser humano, pues según avanzas en el "fregao" tu conciencia se va refrescando en todos los sentidos.

Sí, me amo y amo a la vida cuando siento el agua recorriendo el plato, el agua justa, ni más ni menos. Sí, siento que el plato es amiga de la taza, de la cuchara, de la olla llena de grasa.

Creo que todo está ahí delante, es decir dentro de nosotros. El fregar lo platos abre la espita de mi espíritu que me recorre y me une.

Podemos practicar dándonos cuenta y poniendo en duda el materialismo, buscando situaciones de unión con uno, no de fragmentación.

La mayoría de situaciones simples, se presentan continuamente, pues es desde lo interno donde nacen los nudos, pues la vida en sí es simple, pues fluye en un continuo estar y devenir. Es nuestra mirada hacia nosotros lo que crea nuestra mirada hacia el mundo, hacia el otro, y es ahí donde hay que estar, con decisión, con confianza, con calma y abandono de disfrute.

Es tan hermosa la entrega a un "fregao", tan bonita y esto que escribo suena tan incomprensible. Para amar lo simple hay que vaciarse de lo complicado, limar los barrotes y asomarse.

Mucho nos puede ayuda la función de vaciarnos de aire, para equilibrar un llenado de aire, uno se vacía de aire. Podemos trasladarlo a probar que en lugar de llenarme de tantas historias y cosas, pruebo a vaciarme un ratito de ello. 

"Vacío friego con alegría, lleno del frescor nuevo que me inunda"

Refrescar la conciencia es actualizarme como persona cada vez que soy consciente de mí. Los árboles crecen, una brizna de hierba también, y nosotros también, y es en ese refrescar donde se atisba la vida que hay en nosotros.

Sólo hay que andar, paso a paso, sin más explicaciones. Sólo andar. Seamos valientes. Andemos juntos de la mano.



Antagonismo y Amor


Mucho de nuestra construcción interna se basa en el antagonismo, y con el tiempo las verdades que sujetan nuestra parte del antagonismo se hacen férreas.
Mi periplo en yoga me ha llevado poco a poco pero de un modo inexorable hacia la disipación de muchos de mis antagonismos, con ello muchas de las contradicciones interiores han abierto espacio a un sentir más amplio, más generoso conmigo y con el otro. Me doy cuenta que no soy poseedor de ninguna verdad, me doy cuenta que todo ello me muestra lugares insospechados y amables de mi alma.
La amabilidad del alma es silenciosa, es despierta y en su construcción habita el corazón. El corazón dispone de una base irreductible, y esa es el amor. Si del antagonismo surge el fortalecimiento del ego o la permanencia del conflicto, o la marcación de un territorio que uno defiende con uñas y dientes, de la observación del antagonismo propio, y de la apertura y rendición surge ese espacio fértil, amplio en su horizonte, fructífero en su crecimiento, de nuevas situaciones tanto internas y externas para nosotros y para el mundo.
Si mi pisada en la tierra tiene menos carga de antagonismo, la tierra que piso es más pacífica.
Uno pierde protagonismo, barridas las defensas desde un modo consciente. Todo se acepta, y la mirada se hace amorosa, comprensiva, compasiva. Es penetrar en el antagonismo, penetrar con la mirada clara y honesta, y desde la calma y el amor, entregarse, no dar importancia a la ganancia o la pérdida, uno sólo es con lo que es, no caben explicaciones. Tu propio yoga te muestra donde andar, y nadie dice que ese andar sea fácil, es un andar que te descompone, te compone, y te va mostrando lo que eres. Al mirarlo, sin miedo y sin defensas, tu corazón lo sientes más blandito.
Al principio da miedo mirar, pues la construcción, la edificación en la cual te sostienes para ser tiene una gran fortaleza, pero esa construcción, ese ser, se disipa cuanto más miras, cuanto más penetras, y surge otro Ser más intimo. El miedo como resistencia o barrera se desarma. Y ahí te das cuenta que otra hoja ha caído, y que ya no es otoño, y que nacen con todo su esplendor nuevas hojas en una nueva primavera. Y así, sucesivamente las estaciones pasan, y en todas ellas estas vivo, aprendiendo a Ser.
Las contradicciones siguen, los antagonismos también, pero la mirada es otra, y esos nuevos caminos internos que nacen van rompiendo capas de egoísmos, de codicias, en definitiva, de densidades que me alejan de lo que soy, un ser humano con corazón.
Compasivo es que comparto, comparto contigo, lo que eres. Compasivo es que me comparto conmigo, con dulzura.
Donde observo que me muestro con vehemencia, cuando me miro, y me veo defender alguna trinchera, me rindo, y sabéis: sólo nacen flores, flores de colores de intensidades insospechadas, y ahí, con el deleite del nuevo néctar me asombro, me asombro de la vida, de su magia, de sus posibilidades, de su profunda y serena belleza.

Artículos más visitados

Amigos del Blog

Traslate