domingo, mayo 19, 2013

La entrega



"¿Dices que no puedes crear nada original? No te preocupes por ello. Haz un cuenco de barro para que tu hermano pueda beber".

Rumi - Poeta místico musulmán (1207-1273)


Hemos hablado de varios términos estos años, conceptos como postura o asana, la respiración, la atención,  la conciencia, el sentir, las emociones, el centro, la calma, el silencio... Significados que permanecen abiertos con la práctica del yoga y son continua referencia en estos artículos.

Hagamos un breve repaso, breve y progresivo:

Uno empieza practicando posturas de yoga, puede llegar por cualquier motivo a una clase de yoga. Con el paso del tiempo, si uno permanece constante, van provocándose cambios dentro de nosotros. Vayamos a ellos:

La postura nos pone en contacto con nuestro cuerpo, hemos de dibujarlo en la esterilla, encontrarnos cómodos y en equilibrio, y aprender a convivir con ello. La respiración resulta fundamental, pues es como si el propio aire nos recorriera por dentro y nos fuera trazando el mapa interno de lo que somos. Es mirarnos desde dentro, y de este modo aprendemos a ajustar, a regular.

La práctica de posturas de un modo adecuado nos produce calma, el cuerpo deja de estar tan rígido, nuestras emociones se abren,  y nuestra respiración es más amplia y tranquila.

Diversas partes del cuerpo, desde los pies, a las manos, nos sirven de soporte para la postura, aprendemos  a enraizarnos, a recoger la fuerza de la gravedad del suelo, y que dicha fuerza/energía nos ayude a mantenernos en la postura. Con el tiempo nos damos cuenta de que  toda esta captación de energía de ida y vuelta  es mediante la respiración, y todo ello se produce de un modo apacible, en calma. Ya no hay fuerza, hay fluir.

La atención surge del acto de estar en contacto con nosotros mismos realizando la postura. La atención a las partes va ampliando la atención al todo. Todo aquello que somos. 

Nos vamos dando cuenta de nuestra realidad interna y a la par nuestra conciencia -el acto de darnos cuenta- se hace más patente, más consecuente, más relevante. Nos sentimos más centrados, más a gusto con nosotros, no hay tanto partidismo.

De todo ello va surgiendo el sentir, son sensaciones conectadas directamente con nuestra realidad, y son sensaciones pacíficas, hermosas, calmadas que surgen de un lugar nítido, claro, donde hay silencio.

Ese lugar es la profundidad de nuestro ser: le llamaremos corazón.

La práctica ya no solo se limita a la clase de yoga, sino que el mundo se convierte en tu esterilla, en tu lugar de práctica.

Te das cuenta que todo ello te lleva a vivir tu presente con una mayor intensidad, porque estás presente en tu cuerpo, en tu respiración, en tu sentir, y esa intensidad te mantiene permanentemente alerta y despierto, y en paz.

Despierto disfrutas de la vida, y tratas de disfrutar de cada momento. Y la práctica de ello te lleva a algo muy bello: la entrega.

Si eres consciente del momento, y estás atento, y no tienes ganas de controlar, ni de demostrar nada a nadie, ni de luchar, ni de consumir, ni de guerrear, solo de vivir tu momento porque, si lo haces, te das cuenta de que surge menos sufrimiento, y nace más el amor, te entregas con plena atención al momento, como si te lanzaras a un abismo con los brazos y el corazón abiertos, sin miedo y con alegría.

Y te entregas a cada momento y sonríes y sonríes, porque sonríe tu corazón porque todo tú estás ahí, no eres un fragmento. Y todo es esta vida tan maravillosa.


Y entonces la alegría se hace inmensa cuando compartes tu cuenco de barro lleno de esperanzas, de anhelos y de vida.










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