lunes, mayo 29, 2017

Las hormigas yóguicas




Desde que Alba nació le pongo la música que me gusta. Está claro que me gusta el soul, me chifla, y a ella también, y ese ritmo que nace del alma y del quejío de los descendientes de las personas que llegaron a América como esclavos; su canto, su blues, su soul lo lleva en el cuerpo; sí, mi hija tiene swing.

Aquí, en Andalucía, donde vivo desde hace tantos años, soy feliz, y amo su cultura, que es rica y soleada, así que hoy la nena se ha vestido de flamenca y nos vamos a las Cruces de Mayo de un barrio de Huelva. Llegamos una hora antes del espectáculo, y al sol nos ponemos a andar: ella con su traje blanco floreado de flamenca, yo de blanco lino entero. Para hacer algo de tiempo vamos a observar hormigas. Llevamos mucho tiempo observándolas, le voy explicando sus características porque, como decíamos ayer, todos somos lo mismo y, entendiendo la sustancia que nos da vida, comprendemos mucho de nosotros y de lo que nos rodea.



Bajamos una rampa; a ambos lados, arena y arbustos. A mitad de la rampa, unas hormigas corren raudas y veloces.

-Mira, Alba, amor: hormigas.
-Sí, papito, corren mucho.
-Sí, amor, las vamos a llamar las hormigas nerviosas. Observa cómo mantienen la fila y van rectas. Vamos a buscar el hormiguero.
-Papá, mira, van hacia allí, pero no veo su casita.
-Cariño, ¿de qué color es la tierra?
-Es blanca, papá.
-¿Y dónde se encuentra la arena de otro color?
-Allí, papito.
-¿Por qué?
-La arena es marrón.
-Muy bien, cariño. Han removido la arena. Esa es su casita, donde guardan la comida, y cuidan los bebitos y tienen sus huevitos. Vamos a jugar con las hormigas. Busca un palo pequeñito. Vamos a colocar el palito en medio de la filita e interrumpir su prisa. Mira, se ponen más nerviosas, histéricas. Aléjate, amor, buscan a quién atacar.
-¿Papá, por qué hacen eso?
-Hija, son de ideas fijas y no tienen pausa. ¿Recuerdas que hablábamos hace un rato de la paciencia, y te decía lo importante que es?


Si nos sentáramos tranquilamente en una calle con multitud de personas en una gran ciudad, por ejemplo, en la Gran Vía de Madrid, observaríamos características parecidas al juego con el que enseño a Alba el mundo que nos rodea y trato de hacerle comprender su significado.


Como hemos comentado alguna vez, el propio sistema en el cual vivimos busca homogeneizarnos: esto significa igualar patrones, igualar necesidades, igualar consumos, igualar miedos, igualar esperanzas, igualar nervios, igualar neurosis, igualar prisas...

Poco a poco y sin darnos cuenta, ello nos deshumaniza, nos va cubriendo nuestras principales características como seres humanos, por ejemplo, el amor, la generosidad, la alegría... valores espirituales que viven en nosotros pero que la propia sociedad de consumo consume devorándonos y haciéndonos olvidar lo que somos: seres humanos.

Este es un proceso de deshumanización y automatización donde todo vale y yo, como profesor de yoga y, sobre todo, como padre, escribo llamando la atención de todo esto, simplemente porque quizás leyendo estas líneas podamos darnos un poco de pausa, un poco de calma, un poco de reflexión, un poco de disfrutar sin prisa de nosotros y de las personas que amamos.

Tomar conciencia de uno y del mundo es eso, es darse pausa y sentir, es darse pausa y amar, es observar la vida, es comulgar con ella, es decidir tener tu propio patrón que no tiene por qué coincidir con el de cien mil personas más; es ser tú y, una vez aprendido eso, puedes ser el otro, pues el otro está en ti, como tú estás en él.

La palabra yoga significa muchas cosas, por ejemplo, significa "cambio". Puede ser que me dé cuenta  de qué me hace bien para equilibrarme, y vaya hacia un cambio creando condiciones para ello. Puede significar "unir los filamentos de la mente" que nos puede querer decir: pon tu atención en lo que es realmente importante y no te pierdas en florituras. Puede significar "unión", que podemos aunarlo a verme en unidad, es decir, no fragmentado en multitud de yoes, y que mi yo central, real, disfrute de la vida en su totalidad. Podría ser "yugo", donde van sujetos dos bueyes y yo, como conductor, mantengo la disciplina, la atención, el amor para conducir mi vida por el camino adecuado.

La vida está ahí y somos parte de ella. Los conceptos, el propio materialismo nos hace creernos especiales y nos separa de la raíz.  Es como entrar en una selva para ir apartando la maraña para encontrar lo que es realmente importante. Y lo importante se encuentra ahí dentro, esperando a que le echemos cuenta, esperando que nos deleitemos con ello.

Experimentemos las hormigas, las aves, un día sin televisión, un día sin quejas, un día siendo amables, un día amando la esperanza, un día en silencio conmigo mismo pues ahí nace todo, en la actitud interna hacia nosotros y la vida, y esa actitud se fortalece cambiando la mirada, la interpretación.


Los frutos son hermosos, probemos.



Artículo escrito por Carlos Serratacó




1 comentario:

Lucía Rodríguez dijo...

Precioso artículo, Carlos, pero ante todo es absolutamente verdad... Espero que ver el mundo a través de la mirada de mi pequeña me sirva para volver a descubrir el mundo con unos matices inocentes y nuevos... Volver a ser niña y guiarla siempre hacia la calma y sosiego

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