"Soy la gota que contiene el océano. Qué bello es ser un océano escondido dentro de una gota infinita" Yunu Emre
El centro del granero o pajar es el de mayor amplitud, es donde apilo las balas de paja y donde también se encuentran los sacos de diferentes granos para el burro, las ovejas y las diferentes aves.
Se encuentra separada de la cuadra por una pared y una puerta. La cuadra es lugar para resguardarse y comer, y para jugar y dormir la siesta. Para protegerse de las inclemencias del tiempo y también sirve de observatorio desde donde otean el horizonte los animales. Es su hogar.
Cuando llego al campo lo primero que he de hacer es alimentarlos. A todo el mundo.
He de seguir un orden para que haya armonía cuando les doy de comer: hay cuatro ovejas, un burro y muchas gallinas y gallos.
Con la horca, que es un palo que dispone de varias varillas o púas largas muevo la paja. Las balas, pacas, fardos de paja se acumulan unas encima de otras. Son rectángulos prensados de diferentes cereales como la avena, la cebada, el centeno o el trigo que una maquina prensa y "escupe" en fardos, que luego hay que recoger en el campo donde se ha cosechado el cereal, y llevarlo al granero.
El 4 de octubre nació una borreguita, era algo tan pequeño, tan vulnerable, tan minúsculo, que inmediatamente me lleve al burro y al borrego que son muy grandes al prado donde les deje guardados; y allí les dejé, pues temía que sin querer pisaran a la recién nacida. Al mes abrí el prado y el terco del borrego y el burro amoroso se reunieron con sus amigas las borregas. Hay una oveja francesa, una española, y una oscura, la bebita y un borrego francés, la raza se llama Ille de France.
Nunca había tenido ovejas, era un pequeño sueño que deseaba. Aprender a criarlos y ver cómo era el día a día. Con el tema de los burros y burras llevo muchos años, y ahora que sólo está Trueno, el burro, conozco cada detalle de como convivir con ellos, pero con las ovejas no tenía ninguna experiencia, y tampoco sabía cómo se iban a llevar entre ellos.
Han pasado unos meses, y digamos que van juntos a todos lados, aunque cada uno tiene su personalidad y sus modos, resulta curioso como se cuidan, se protegen, y comparten la comida.
La madre de la ovejita es la más lanzada, y la que va en busca de aventuras, y detrás de ella van la hija y las otras dos amigas. El burro y el borrego se encuentran hermanados, es decir, son colegas del alma. El borrego es muy terco y muy comilón, y a pesar que el burro podría imponer su autoridad no lo hace, le deja que se coma su comida y se va a otro comedero, y así van jugando y moviéndose de un lugar a otro en la propia cuadra.
Por medio, las aves comen de la comida común, y se abrigan entre la paja en estos días lluviosos.
El campo es un lugar en el cual me encuentro conmigo mismo de un modo muy real, y estoy como en mi corazón. Me enraíza muchísimo siempre, pues el trabajo es permanente y es una obra de creación. Uno va generando situaciones de vida y de belleza, de entrega en la propia sencillez del barro, y en mi caso me encuentro bien. Es mi refugio ante cualquier situación, pero sobre todo cuando la vida trae tempestades y uno ha de estar sujeto a tierra para no salir con el viento huracanado por los aires.
Me calma pues la vida en la naturaleza es sosegada, es amable y allá donde mires hay una belleza abrumadora donde sólo puedes dar agradecimiento una y otra vez.
Uno es un medio para generar dicha belleza, para educar el corazón, para aprender a conjugarla, olerla, vivirla, sintetizarla, soltarla, amarla. Ya toda la casa se encuentra rodeada de un bosque, y cuando llegue hace más veinte años era sólo tierra seca, una casa vieja y un árbol. Igual que el yoga me ha enseñado a irrigar mi alma experimentando en mí, ese aprendizaje lo he aplicado a la tierra, a los animales y ellos que son vida, me lo han devuelto con creces.
Sólo anhelo volver a vivir aquí. Tuve que irme por una enfermedad, pero ya estoy asimilado, hecho, reconquistado, preparado para volver a casa. Mi hija ya es más grande también. Ahora hemos de recuperar la casa que tiene algunos años de abandono. Es hermoso ver renacer las situaciones cuando parecían muertas, solo hay que regar con cariño y ser constante, tener cada día fe en el amanecer, en el día que nos muestra una vida entera; sus diferentes situaciones, y en el descanso nocturno, y así día a día, con presencia, con coraje, con calma, entre árboles, pájaros, ovejas y un burro.
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Huelva, Enero 2026
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