viernes, abril 09, 2010

La calma andante




Esta semana preguntábamos en clase que entendíamos por la calma, un término que parece ir perdiendo peso y significado ante otras palabras o frases como estrés o no tengo tiempo. Normalmente las respuestas implicaban que teníamos que controlar algo, ya sea mis emociones o mis actos o mi pensamiento.

No creo que el yoga implique controlar algo, más bien “reconocerme”, más bien “observarme”, más bien “sentirme”, y de ahí podemos ir descubriendo la semilla de la calma, una semilla, que una vez descubierta, se la va alimentando de lo que le demos, y nos daremos cuenta como crece sin pausa, floreciendo y regando nuestra vida.

La pregunta de la calma surgió el otro día, pues baje muy pronto a la ciudad, y andando por las calles casi vacías observaba a las personas corriendo, con prisa; observaba mandíbulas apretadas y la boca cerrada en un rictus de tensión. Miraba los coches y veía a la gente con las manos en la parte alta del volante, con los brazos agarrotados. Posiblemente no nos demos cuenta de todo ello, de esas tensiones, tampoco seremos conscientes que todas esas prisas que se somatizan en el cuerpo, ni que nuestra respiración y ritmo cardiaco no guardan un equilibrio. Y mentalmente no estamos ahí andando o corriendo, estamos en otro lado, estamos en un lugar que no es donde nuestros pasos van en ese momento, estamos en la lista interminable e infinita. O estamos en aquello que no hicimos ayer. Nuestra mente es un volcán.

Y el presente siempre es fresco, visible como un rosa, su fragancia te invade si estas atento.

Pero no es posible estar atento no teniendo cierta calma, cierta capacidad de pausa.

Entonces la calma surge cuando me doy cuenta de lo que soy, no de lo que creo que soy, no soy ficción futura ni lastre del pasado, me encuentro menos condicionado, y ese centro de lo que soy es tranquilo, también me doy cuenta que la vida es imprevisible, y ahí realizo una simbiosis con esa vida, y del equilibrio de ambas, se amplía ese espacio de calma.

¿Significa esto qué siempre estoy en calma, y que no pierdo los nervios o qué no me siento invadido por el stress?, en absoluto, simplemente significa que sabes que hay un lugar fresco, significa que sabes que hay tormentas, que llueve y que luce el sol, significa que observas en un estado de ser todo ello, que tienes un lugar donde asentarte, un caminillo donde hay candil para ver por dónde vas.

Entonces mi cuerpo, mi respiración, mi mente, mis emociones se van equilibrando y la calidad de mi vida mejora y me doy cuenta que puedo parar cuando desee porque en esa vuelta a estructurarme he ido aprendiendo a sentirme y a sentir, a reconocerme y a ver.




 
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva

1 comentario:

Peter Wash dijo...

Fantástico, me ha venido al pelo esta entrada. Busco la calma, y a menudo la encuentro con facilidad. Otros días la cosa está más difícil, pero con un poco de esfuerzo, al final termina saliendo.
Me empeño en transmitir, asimismo, mi calma a los que me rodean, sobre todo a mis niños, porque creo que les ayudará a ver las cosas de otra manera... pero es tan difícil calmarte cuando eres un niño!!!!

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