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sábado, enero 15, 2022

La mirada de Trueno



"Los vagones eran doce, y nosotros seiscientos cincuenta; en mi vagón éramos sólo cuarenta y cinco, pero era un vagón pequeño. Aquí estaba, ante nuestros ojos, bajo nuestros pies, uno de los famosos trenes de guerra alemanes, los que no vuelven, aquéllos de los cuales, temblando, y siempre un poco incrédulos, habíamos oído hablar con tanta frecuencia. Exactamente así, punto por punto: vagones de mercancías, cerrados desde el exterior, y dentro hombres, mujeres, niños, comprimidos sin piedad, como mercancías en docenas, en un viaje hacia la nada, en un viaje hacia allá abajo, hacia el fondo. Esta vez, dentro íbamos nosotros" 
Primo Levi-"Si esto es un hombre"


Han pasado bastantes meses desde  que sentado me puse a plasmar alguna líneas. A mi me resulta necesaria una pausa, un silencio, y andar con Trueno, el burro que mira el horizonte  por el bosque o Max, el mastín. He dejado que la vida viva en mí y aquí estoy de nuevo.

También me he dedicado a  observarme en mi evolución, a ir avanzando paso a paso donde ha primado la presencia en el campo y la lectura, y el ir recuperando la salud. El aire frío de estos días me infunde una alegría de vida, el propio quehacer de generar calor preparando la leña, o atendiendo a mis compañeros los animales, o profundizando en la casa o creando vida removiendo la tierra, las semillas. Lo cierto que ello es una alegoría de lo interno, de mis propias semillas que van floreciendo pues pongo atención en regarlas.

El silencio me ha acompañado mucho, un silencio sanador que se ha convertido en un espacio indispensable. Resulta curioso muchas veces observar el propio ruido interno y externo desde ese lugar calmado. No verse arrastrado ni deslumbrarse ante el propio ruido de uno. Es tan cansado estar dando lustre todo el día a los zapatos, para que brillen y estén perfectos, que el estar conmigo resulta suficiente. 

Me comparto poco, con mi hija y unas pocas buenas personas, disfruto de lo real sin verme sometido a lo impuesto en la ficción de lo digital o de modas sociales, y me sigo ensuciando con mierda de burro, me gusta su olor en el pajar y el trinchar la paja colocándola en el pesebre.

Por la zona donde vivo, antes llena de parcelas y casas deshabitadas, ahora paredes con pintura nueva y las alambradas relucientes, todo ello derivado del miedo a la pandemia. Por la noche más luces artificiales se ven en la profundidad de la oscuridad.

Las estrellas siguen ahí cuando levanto la vista, un cielo inmensamente poblado de estrellas, resulta tan extremadamente abrumador y embriagador que uno se pregunta sobre su propia pequeñez.

Pero allá abajo en el fondo de ese silencio estrellado me sigo haciendo preguntas:

¿Qué sentirá un bebe al ir con su madre en una barcaza en un mar tempestuoso y frío hacinado y tiritando?
¿En qué lugar del periódico o noticiario tendrá su pequeño espacio? ¿Tienen existencia real o son lo"acostumbrado pasajero"? ¿Cómo hay tanto egoísmo que no se da la mano al otro, sino que se le culpabiliza de ser otro? ¿Porqué da nauseas oír a los políticos manipulando las emociones de las personas? ¿Es tan fácil dejarse convencer? ¿Es real tanta fiesta de consumo hedonista o el hecho de ser personas nos da para algo más? 

El otro día me corte con un alambre de espino, tarde bastante en cortar la hemorragia, me vino entonces esas fronteras trazadas con hierros que desgarran y con porras que golpean. Que pasa el tiempo y muchas situaciones se repiten edulcoradas, pero desde un mismo fondo tenebroso.

Inmerso muchos años en tratar de acompañar una sensibilidad, siento con dicha el camino que hemos andado tantos, y que sigamos en pie, andando. Gracias



 Commodores-"Easy"

sábado, junio 20, 2020

Pistas para progresar en el yoga del día a día


"Por mi parte, mi vocación incluye fidelidad a todo lo que es espiritual, noble, delicado y profundo. Esto lo mantendré vivo en mí mismo y se lo comunicaré a todo aquel que sea capaz de recibirlo".
Thomas Merton

"Pasividad es cuando permaneces tal como eres y recibes lo que viene de afuera. No depende de si uno se mueve o se siente estático".

" Lo que proviene del plano espiritual son experiencias del divino, por ejemplo, la experiencia de ser en todas partes del divino en todo".
Sri Aurobindo y la Madre 

Antecede a estas letras una fotografía: un olivo asomándose a una alberca y entre ambos una silla de madera vacía.  Vamos a comentar simbólicamente la imagen, a modo de ficción, para comprender un poquito más algunos aspectos del yoga.

El olivo podría significar la calma; difícil de conseguir, difícil que quede asentada, difícil de reconocer y difícil de encontrarle un sentido enriquecedor. Por tanto, un paso muy bonito es empezar  a sentir la calma en uno y empezar a generar condiciones para no distraernos de ella. Es ahí donde es importante darnos cuenta de que la calma no viene de afuera, es decir, ya habita en nosotros, solo hay que enseñarla a asomarse. 

Hemos de recordar que sentir la calma no presupone que la vida de uno sea de una calma chicha. Diría que es importante aprender que la propia vida, con sus situaciones de diversa índole, no te devore, de modo que se te "olvide" tu estado de calma. Es la propia vida en su infinita riqueza la que nos ofrece la oportunidad de fortalecer la propia dimensión de calma. Pues, aunque uno quiera escapar muchas veces de la vida, distrayéndose, la vida, sencillamente, discurre. Quiero decir que el yoga no hemos de limitarlo a una esterilla, a una determinada asana o postura, o a meditar. Un paso de profundización sería, por ejemplo, experienciar dicha calma, de forma que nuestro actuar, nuestro pensar y nuestro sentir vayan comulgando cada día en una dirección, por ejemplo, de calma, y de modo que las propias situaciones de vida las veamos como oportunidades para crecer como seres humanos, no hacia el consumo egoico de uno mismo, sino hacia una apertura que nuestro propio yoga particular nos va a ir señalando. Luego lo que puede ocurrir es que la esterilla, la postura y la meditación, bajo unas condiciones de calma vital, sean cargas de profundidad hacia el espíritu, y recuerdo permanente de nuestra fragilidad y del amor a la vida, a su divinidad.

Para practicar todos los días hemos, de un modo u otro, generar unas condiciones de agradecimiento y calma de manera que dicha calma, como el agua de la alberca, nos moje en nuestra existencia, como una lluvia fina, como un baño reponedor de existencia, porque ello nos va generando una conciencia, "un darnos cuenta", que a su vez nos convierte en seres humanos con conciencia. Y esa conciencia no solo nos hace bien a nosotros, sino que estando bien nosotros, aquello que nos circunda  -sean nuestros seres queridos, las plantas, los árboles, los animales, la tierra, la vida y los "otros seres humanos"- va a recibir dicha dosis de conciencia.

La silla vacía puede significar la decisión de uno mismo de estar con uno mismo o no, sabiendo que habitualmente el mecanismo o automatismo es distraerme de mí mismo, y esa propia distracción de uno mismo nos genera dificultades y conflictos... es decir, la propia vida, de la cual uno no puede escaparse, pues uno vive.

El trabajo de la silla es ir profundizando de modo permanente, diría pasivamente arduo, en esa constante con uno en unas determinadas condiciones de modo que uno llega a estar con uno sin la necesidad de ponerse encima de una esterilla. La esterilla es el símbolo trinitario de unión de mente, cuerpo y espíritu, y ello, creo, es ese permanente recordatorio.

¿En qué consiste ser uno? Consiste entonces en estar en uno en una determinadas condiciones, y cada uno dentro de su propia particularidad ha de "ver" qué es que lo que tiene que aunar para estar en uno, e insistir una y otra vez, de modo infinito, el volver a uno en la silla.

Llega un punto en yoga en que el acto de vivirse en uno se convierte en algo permanente, y ese algo permanente, ese centro, es un centro inmutable, que no muta, pero tú sí. Es decir, me puedo perder en las propias periferias del ego pero la calma permanece.

El agua nos permite aprender a nadar, aprender a nadar en la vida, pero para ello primero he de saber flotar. La unión del olivo y la silla, de la calma y de permanecer en mí mismo sería ese nadar. Pero el acto de nadar no va a significar que el agua va a estar quieta habitualmente: pueden ocurrir momentos de remolino, de ahogo; también nadar plácidamente de espaldas mirando el cielo sintiendo su calor. No podemos pensar que si ya hago yoga, y llevo muchos años practicando o estudiando, todo es calmo y feliz.

La vida no es eso. El trabajo de conciencia es una apertura donde me voy involucrando y sorteo las dificultades. Es una continua indagación, pues el yoga, su práctica, es en la propia vida. Es la vida cuando me levanto, a mediodía y por la noche.

El ego no es malo, no es pecado, todos tenemos ego. Sin ego no funcionamos. Lo que quiero decir es que, sentados en la silla junto al olivo y la alberca, nace una armonía, una determinada vibración o comprensión, y entonces nos damos cuenta de que el ego no es tan importante, pues detrás hay una esencia, un ser, un espíritu, un dios. Que cada uno decida... Es la vida en su sentido profundo.

Entonces, bajo las condiciones comentadas, el ego no es tan demostrativo en el propio sentido de demostrarse, de guerrear, de luchar, de eso propio mundano que es así. La historia de la humanidad es siempre los mismos egoísmos, los mismos conflictos y creo que el yoga es una hermosa semilla para andar a otro paso.

El yoga nos muestra que hay algo más que eso, lo habitual egoico, y que en la vida diaria el que tengamos inconvenientes, bucles, neurosis, peleas, consumos desaforados, sentirnos bien o mal; todas esas cosas son oportunidades porque, en realidad, todo ello son ventanas para seguir creciendo.

El yoga va sanando pero surgen otras historias y se sigue sanando:

¿Quién se da cuenta que uno va sanando? Uno mismo.

¿Desde dónde? Desde la silla.

¿En qué condiciones? Empapados del vivir y en un aprendizaje del flotar y jugar.

La armonía de las partes nos muestran la lucidez en la vida diaria, y ello es un atisbo del misterio del propia acto del vivir en uno. Podemos entonces dar la dirección que queramos a nuestra práctica, decidamos.




Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Huelva, Junio 2020

miércoles, marzo 11, 2020

Belleza y creatividad en yoga, aspectos espirituales



 "Que se olvide de la vida eterna quien no la viva ya aquí"
Simeón el Nuevo Teólogo, (949-1022)


Hemos hablado muchas veces que para mí el yoga es "un estado de sensibilidad". Otro modo de decirlo sería "un espectro de percepción". También podemos verlo como "una conciencia clara", igualmente como una "profundidad del Ser", "un centro que observa", "un corazón que siente", "un silencio que expresa", "una ética que vive". Bien, podríamos seguir; me detengo y comento.

Quizás, personalmente, uno de los aspectos más profundos -y cuando hablo de profundo, hablo de la espiritualidad dentro del yoga, algo de un calado importante (y que cada uno entienda "espiritual" como le dé la gana) -; decía que uno de los aspectos más profundos es que siento que las cualidades del yoga me colman como persona en mi relación con la vida.  En ella, en mi vida, la creatividad y la belleza llevan tiempo tomando parte, pues, al percibir, voy generando una relación entre la realidad del mundo y yo mismo, y se da una simbiosis, y esa inherencia inmanente es de una belleza conmovedora, y además se mueve y soy partícipe, pues en esa percepción aquello me percibe a mí, y ambos de la mano creamos, pues yo también la percibo.

El hecho de degustar el día -y sobremanera cuando estoy en Beas, en el campo, creando y generando en ese común de belleza- es sencillo y a la vez sobrecogedor. En la ciudad en la que también vivo, Huelva, hermosa ella, mi mirada y mi hacer, o no hacer, también disfrutan de esta vida nuestra.

Nacen las hojas tras un riego a goteo, riego creado con mis manos en el campo, bajo nuestro sol brillante, y esa agua compartida, esa agua creadora es como la sangre que recorren mis venas. Sorprende la inmensa profundidad que pueden tener aquellas semillas que cuidaste, aquellas semillas... ahora convertidas en bosque. El continuo canto de las aves retozando entre las ramas y bajando y jugando entre la tierra y el cielo. El silencio inmóvil que a veces en apariencia se percibe; el amor del burro salvaje que frota su pecho con el mío y se entrega en un amor puro; el camino de tierra por el Cordel de Portugal, donde antaño vidas y seres andaban a paso lento; y el oír del arroyo en los paseos que damos; y el aire frío que abre los poros de la piel en la madrugada.

En mi andar por el suelo cimentado y alienado de la ciudad, percibo la belleza de los tonos del cielo, el vivir de las personas: su andar de la mano, su andar solitario, sus risas, sus charlas, el canto de los pájaros, la luz de la hierba recién cortada, su impaciencia, su generosidad, su egoísmo... rasgos todos ellos de la propia creatividad de la vida con ese fondo natural salvaje que rodea Huelva, salvaje por la insalubridad de las fábricas como periferia básica, salvaje, en una mayor profundidad, de naturaleza con nuestra bella ría, con sus salinas, con las aves migrando, con los bosques y bosques de pinos, con el sabor rico del mar, con la sierra tan exuberante de colores y arboledas centenarias.

Me satisface mi mirada. No es una satisfacción egoica, es calmada y expansiva, dichosa en lo íntimo. Afortunada, currada, trabajada, despierta ante mi ignorancia en mi permanente buscarme. 


Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Marzo 2020






lunes, julio 29, 2019

La escucha es un estado de percepción


"Cuando quieres controlar tanto una cosa, te quedas sin nada que controlar".
Fraggle Rock (serie infantil)


Con el paso de los años, el yoga nos va mostrando unas capacidades que, bien direccionadas, nos permiten profundizar en la vida, en nosotros, y en la propia interpretación de la realidad.

Los sentidos se agudizan y la información que recibimos van hacia un núcleo que todo lo acoge. Es el propio centro el que observa esa realidad. No es necesario intervenir permanentemente ante ello. Dicho núcleo se encuentra en un ámbito de mayor profundidad del ego, por lo cual uno aprende a no usar dichas capacidades para engañarse o para erigirse en empoderamientos. Es un continuo refinar en una mente amplia, es un espíritu común, en un lenguaje que habla todos los idiomas. En el corazón común que palpita.

Mi amigo, el burro Trueno, me mira desde la ventana. Lleva así un par de horas.

Sentado al atardecer, voy observando la vida que me acoge y que por el día de hoy se prepara para la noche. Van llegando las gallinas salvajes, son pura atención: raudas, miméticas con el paisaje, bellas. Son una especie del bosque iniciático. Trueno y yo las observamos desde el silencio profundo del ser. La vida anda, y desde lo hondo del núcleo, toda esa vida viene a mí, la dejo pasar, y en dicha apertura aprendo.

Al vivir en un estado de percepción de mayor agudeza, en dicho silencio vital, he de ser cuidadoso, y por ello la prudencia ha pasado a ser una cualidad que pongo en los primeros lugares en mi vivir. La escucha es un modo de vida a la cual me ha llevado mi práctica, y dicha información ha de ser procesada -la que haga falta procesar- para no causar daño ni intervenir demasiado para cargar mi karma. Me ha costado mucho torear todo ello, y saber cómo ir actuando o no.

Es nuestro propio camino el que nos va mostrando cómo ir sorteando la progresión interna que vayamos teniendo. Nos damos cuenta de que hay más sentidos y que ese eje sensitivo ha de disponer de una base, diría que ética, para seguir progresando.

Me llena vivir en escucha, pues vacío estoy. Por ello, diría que es un llenado espiritual de vida, una ligazón permanente, una dicha desapegada, es decir, no ligada pero unida.


La escucha prístina, la llamaría, la percepción del corazón tierno, la vuelta al eje que observa y vive.

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Huelva

martes, junio 04, 2019

El bosque y el yoga



"Es desconocido por los que lo conocen, y conocido por los que lo desconocen".
Kena Upanisath II, 3 

"Si nos hemos profanado a nosotros mismos-¿y quién no?-el remedio será la cautela y la devoción para volver a consagrarnos y convertir de nuevo nuestras mentes en santuarios".
Henry D. Thoreau

Hace mucho tiempo todo era bosque, y hace no mucho tiempo no vivíamos en las ciudades del modo que lo hacemos y el bosque no estaba en extinción, como ahora.

Cuando llegué a Beas, alrededor de la casa no había casi ningún árbol. El suelo, duro, pedregoso, lleno de pizarra hacía difícil incluso cavar un agujero para que el cepellón o raíz del árbol pequeño quedara introducido en la tierra.

Me decían: "Pones demasiado cerca los árboles, pegados unos a otros y encima con ese suelo de piedra", pero sabía lo que hacía, sentía lo que la naturaleza me pedía, aplicaba lo que había comprendido en mí del yoga, de la belleza de la vida y su propia reciprocidad. No eran individuos aislados, eran hermanos árboles, era la hermana luz, era la hermana agua, la hermana tierra. Y la hermandad de los burros nos iban a ayudar. Así que durante años mimé los árboles, durante años cargué carretillas de estiércol. Y ahora un bosque rodea la casa. Un bosque que genera su propia vida de plantas y animales e insectos, y donde intervengo lo justo, para ayudar, pues él me ayuda a ser. Y así ambos vivimos en paz.

Sus raíces se ayudaron unas a otras bajo tierra, y fueron resquebrajando lo duro, lo pétreo, lo rígido  que su propio sino había convertido. Con amor la tierra fue poniéndose blandita y receptora. El yoga nos va desmenuzando en nuestro cuerpo, mente y respiración, y sólo así oímos el espíritu del bosque, el corazón, lo que une la esencia de todo lo que es la vida. Nuestro cuerpo se hermana, nuestra mente se expande y de su estiércol nacen flores, como las raíces que abren la tierra generosa, y el viento que agita el bosque, nuestra respiración, moviliza los elementos insuflando vida.

Las verdades se deshacen, el cuerpo aprende a usar sólo lo que es necesario. Las situaciones son sencillas pues la mente es simple y compasiva.

Hallamos un camino ancestral, un camino de aliento común, un camino de respeto y silencio inabarcable. En un bosque todo ayuda, nada sobra. No hace falta tenerlo límpido y desbrozado y aniquilado de hierbas, pues ya es límpido en su belleza caótica. Hay que ser amigo, y el bosque te dice: "Carlos, aquí desmenuza esta poca hierba y riégame con ella; Carlos, aquí ayúdame a abrir un poco de circunferencia alrededor de mi tronco pues ya hace calor; Carlos, córtame esta pequeña ramita de la base, así creceré con fuerza hacia el cielo, y este sol amigo será generoso con nosotros".

Los pájaros se posan en las ramas de los árboles del bosque y cantan. Les tengo agua en pequeños recipientes. Las gallinas salvajes corretean y comen de las semillas de los arbustos. El gatito sube en vertical por un árbol y juguetea arañándolo.

Estos días me he dedicado a recoger las ramas secas que han dejado caer a lo largo del año los árboles. He recogido un montón. Ellas me ayudarán a encender el fuego de invierno, y sus cenizas volverán al bosque cumpliendo así un ciclo cósmico tan antiguo como la vida misma.

Me asombra la generosidad, lo dadora que es la naturaleza. No quise dominarla, solo me ofrecí a ser su amigo, y ella me abrió su mano, nuestras manos. Del mismo modo, estos años no tuve pretensión de dominar el yoga, sólo de abrir mi corazón, y oír el espíritu del bosque, y ahora mis pasos silenciosos disfrutan del camino trazado, de su disolución, pues es camino que me acoge, generoso en su amplitud, sin batallas que librar, sin nada que demostrar: el bosque y el yoga. La vida vive, ambos vivimos y cantamos sin pretensiones, lo justo para celebrarnos y seguir andando.

Vicente García y Kumary Sawyers-"Dulcito e´ Coco"

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Huelva

domingo, mayo 05, 2019

Las nubes y el ancla en una postura de yoga, primeros pasos



"Uno se convierte en aquello que medita"
Satapatha-Brahmana

-Papito, ¿tú sientes una explosión de amor?
-¿Qué quieres decir?
-Lo que yo siento cuando estoy contigo, o cuando te echo de menos.
Alba y su papá


La metáfora-símbolo que usábamos era que el cielo era la vida psíquica. Comentábamos que existía una tierra, y recordábamos que, al realizar la postura, todo consistía en este recorrido entre ambos lugares: lo que trazaba un mapa interno mediante la atención.

Ese mapa interno es lo que somos nosotros en ese momento por dentro.

Al realizar la postura de yoga van a aparecer nubes en el cielo. Esto significa que me voy a distraer con cualquier cosa, por ejemplo:

Surge una voz interior que puede decir: "tengo que ir a dar de cenar a los nenes", o "me molesta el brazo", o "¡que bien lo hago!", o cualquier nube que surge en la mente.

A esas nubes las llamo distracciones. En realidad es fragmentación. Uno de los objetos del yoga es calmar dicha mente y cuerpo, y unificarla poco a poco. Eso significa que ya no hay tantos pensamientos ni tanta distracción: hay presencia, ya no te distraes con los pensamientos/nubes que aparecen, y no te vas detrás de ellos. Es decir, no te identificas. Vives tu presente y lo aceptas.

Resulta muy importante en estos inicios, a mi entender, dos aspectos que me gustaría destacar:

El primero es que tenemos que ser conscientes, es decir, tenemos que experimentar que tenemos que vivenciar la postura en ese momento, darnos cuenta de ello en el mayor ámbito posible de ese mapa hablado. No permanezcáis estáticos, hablo en el sentido de estar distraídos o estando "dormidos como un maniquí", en la inopia. Tratar de no caer en la banalidad de luchar por hacerlo bien. En eso no consiste el yoga. Por ello, es bueno desde un inicio educarnos hacia la dirección de estar en presente, y, a ser posible, estructurando mediante la presencia de la humildad. Entrar en una profundidad tan amplia como el misterio de la vida requiere serenidad, sosiego y humildad, y así nos lo muestra la historia en las diferentes vías de recorrido interior.

El segundo tema que podríamos sumar a lo comentado hoy es que, cada vez que nos distraigamos, podemos educarnos en volver al presente con trucos. El truco esencial sería sentir mi respiración. Por ejemplo: realizo la postura, soy consciente del pensamiento-distracción, respiro, y vuelvo a mí. Ese sería ese eje tierra/cielo. También puedo poner la atención en cualquier parte del cuerpo que quiera, así el cuerpo se convierte en ancla para educar hacia la realidad.


Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva

domingo, abril 28, 2019

El cielo y la tierra en una postura de yoga, primeros pasos.



"In principio creavit Deus coelum et terram".
 (En el principio creó Dios el cielo y la tierra).

                                                 El Génesis, cap. I. I. (Biblia Vulgata)


"Cielo y Tierra son eternos.
¿Por qué Cielo y Tierra son eternos?
Ellos son no nacidos,
Por eso viven siempre".

                                              Tao Te King. Cap. VII (traducción de  Juan Preciado, 1979)

"El Cielo es eterno y la Tierra permanente.
Son permanentes y eternos,
porque no viven para sí mismos.
Así, pueden vivir eternamente." 


                                              Tao Te King. Cap. VII (traducción de Richard Wilhelm, 1910)


El trabajo u observación de uno mismo en una postura de yoga tiene varias vías de recorrido. Hoy comentaré uno de los caminos: la relación entre el cielo y  la tierra en una primera aproximación.

Bajo nuestros pies se encuentra la tierra, desde que nacemos andamos sobre ella. Prácticamente no le echamos cuenta, pues la realidad diaria es sobre todo la vida psíquica y, por tanto, mi atención y percepción no están en la tierra.

Si, en un primer simbolismo, el cielo fuera esa vida psíquica, ciertamente estoy en el cielo permanentemente bajo unas condiciones.

Cuando empezamos a practicar yoga, esas condiciones mentales van cambiando. A la par también hay un cambio en el cuerpo. A eso lo llamo "ir mutando hacia otra condición".

Supongamos ahora que ya tengo atisbos de esa otra condición: siento calma en mí, la saboreo un poco, y ya soy capaz de leerme con cierta serenidad mientras realizo una postura de yoga. 

Ahora sintamos dos puntos en nosotros mismos donde abarcamos de un modo equilibrado "una presencia" en mí. Dicha presencia que soy yo mismo en mí mismo, sereno, fija un clavo en tierra, es decir, pone la atención en el punto o puntos de apoyo que mi cuerpo siente sobre la tierra encima de la esterilla.

Otro punto o estaca de señal está en mi cabeza. En dicho mapa perceptivo entre la tierra y el cielo en mí trato de abarcar en cada respiración parte de mí mismo, entre un punto y otro, nada más. No es fácil, pues una parte de la atención se encuentra ocupada en mantener el juego de fuerzas sutiles de la propia postura.

Pero aquí hacemos un cambio. Cuando entro en postura, primero fijo los postes de señales. Primero tierra,  luego cielo. Luego, como digo, abarco el mapa perceptivo que trazan ambos puntos.

Voy a ir reconociéndome en mi mapa interno si mi atención, mediante la respiración, va apaciblemente de un lugar a otro en ese mapa mutante.

No son líneas rectas. Son estratos de conciencia interna. Por tanto, reventad cualquier línea.  Simplemente ignoradla. Sentid cuerpo, respiración, atención, presencia.

Así, en presencia serena, respirad la amplitud que os permita vuestra atención dentro de vosotros mismos.



Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva

sábado, agosto 25, 2018

Volviendo al hogar



 "A un loro le transmites el sagrado koan WU,
pero sólo sabe repetir BU".
Carlos 

"Papito, ¿la vida es infinita?
Sí, amor mío, lo es, y se muestra en todo, hija mía".
Alba y su papá 



La noche no se ha convertido en día, el aire fresco me recorre. Lentamente,  pequeños rayos de luz van ampliando la visión según subo el camino de casa.

Hace dos meses empecé a volver a casa, a Beas, al que era mi hogar, en pleno campo en medio de la campiña. Hace seis años me marché para difundir el yoga en Huelva in situ, del campo a la ciudad, aunque lo llevaba haciendo desde que llegué al campo en el 2004. Han sido años de un trabajo inimaginable, de miles de horas de clase, de generosidad, de entrega, de ir día a día, sumando alumnos y alumnas, uno a uno, una a una, en los gimnasios, en la escuela, en la playa, en cualquier lugar. 

Ha sido agotador. Resulta agotador dar a comprender la pausa, el abandono, el que unas manos son algo más que unas manos, el que una clase de yoga se puede dibujar y esa plasmación no muestra un cuerpo, muestra un todo en sensibilidad, el que se puede empezar meditando en clase, el que es posible dar yoga a los niños y las niñas, a los bebés, a mujeres embarazadas, a impartir yoga terapéutico para patologías concretas, a usar soportes para la práctica amorosamente, como apoyo, no como exigencia; para qué hablar, pues he predicado el no esfuerzo y no he parado de esforzarme durante años de mostrar de un modo experiencial que somos algo más que máquinas materialistas automatizadas, que simplemente, nos mueve algo llamado corazón. Subo la cuesta y, como esos rayos de luz, me vienen fugaces como destellos, el sobrehumano esfuerzo que he realizado, son sólo unos segundos.

Vuelvo a mi presente y al final de la cuesta Trueno ya ha salido a verme. Se coloca junto a mí, y me acaricia con su hocico, me llena de besos, su cuerpo inmenso, de gran tonelaje, lo frota con el mío. Levanto su cabeza, la coloco sobre mi hombro y le devuelvo los besos:

¿Cómo estás, amigo mío, compañero? Venga, vamos.

Ambos subimos en dirección al pajar, él me mira mientras le coloco el grano, yo le acaricio mientras come.

Al caer enfermo hace un año y siete meses tuve que dar a las burras y abandonar completamente el campo, pues no podía andar, sentarme o simplemente vivir sin el dolor de muerte, pues mi vida se la comió la enfermedad. Se comió mi trabajo, mi sustento, mi cuerpo, mi mente, mi hija, se lo comió todo.

Tengo buen  estomago, y soy austero en el comer, así que, realizada la digestión y...

Gracias a mi perseverancia en rendición,  a mi dulzura implacable, y al amor y apoyo incondicional de unos pocos seres humanos, estoy aquí, de pie de nuevo.

Ya no vivo día y noche muriéndome en el dolor, sigo cayendo cada semana, pero me levanto más fuerte, pues el dolor de muerte es un gran maestro, y te bendigo, maestro mío, te quiero como a mi burro, y te agradezco, vida mía, haberte conocido. Me has adelantado de aquello de lo que todo el mundo huye, y estoy aquí de pie, sí, de pie. Todos huyen de la muerte, o del dolor de muerte. Simplemente aterra, pues es el terror, pero sabes, dolor mío, no te quiero, te amo, y me río de la vida, pues me encanta con sus bellas contradicciones. Tú sigue ahí, amor, tumbándome, que yo seguiré levantándome.

Hace un par de meses traje a Trueno a casa. Antiguamente se tenían animales de poder a modo interno, las culturas antiguas siempre han sido sabias. Sí, se las han comido ese materialismo homogéneo pastelero que muestras sus espasmos en las redes sociales, pero la sabiduría sigue ahí, para quien desee aprehenderla, en el corazón, y sí, uno de mis animales de poder es el burro o la burra, animal noble, fuerte, empático, salvaje, dócil en amor, libre, digno, leal, bello o bella.

Cada día agradezco más su presencia, me recoloca, me atrae a mí, por si me he olvidado por un momento quién soy, y es gracias a todos los tusamis de los dos últimos años que estoy aquí, de nuevo, hermano mío, ambos los dos valientes, blandos, fuertes, con un corazón inmenso, el burro y yo, y esos pocos seres humanos.

Angela Ricci-"Crazy" 

Artículo escrito por Carlos Serratacó 
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva



jueves, julio 02, 2015

La práctica cotidiana de yoga en casa






Cuando uno lleva ya tiempo practicando yoga, o realiza algún curso de profundización, o de formación en yoga, surge una llamita dentro de uno que le invita a practicar en casa. Por otro lado, el profesor insiste mucho en ello. Uno empieza practicando posturas, y ese foco se va ampliando hasta que todo en lo cotidiano es simplemente yoga: la postura era la excusa para darte cuenta, para verte y, a partir de ahí, todo se expande.

Vamos a comentar un poquito las ventajas que me puede dar una breve práctica en casa.  Lo realmente interesante es que esa práctica son como escalones, es decir, según practicamos, las ventajas van creciendo, pero para eso hay que ser paciente.

1. Quitarse el miedo.---------------------------------------------------------------------------------------------

Creo que sería un buen primer paso aprender a no tener miedo, es decir, "creo que no sé qué posturas de yoga he de hacer  a pesar de estar practicando desde hace tiempo en clases de yoga, y me da miedo no saber hacerlas o hacerlas mal". En realidad eso es una "resistencia" para no practicar.

 ¿Sabéis qué es realmente hermoso? Empezar y darte cuenta que ese poquito cada día me hace sentirme bien.

Siempre he creído que las posturas de yoga no se hacen bien o mal, simplemente las sientes en tu búsqueda. En clase, con el profesor, él te indica la dirección de la búsqueda, pero tú en casa, tú eres responsable pleno de tu camino, eso es maravilloso.

En realidad sí sabes. Además, solo has de colocar tu esterilla, o una toalla o ponerte encima de la alfombra y empezar a "sentirte"; déjate llevar, tu cuerpo es sabio.  Solo estate atento a tu cuerpo y tu respiración, la mente poco a poco tomará un papel no tan activo, y te dejará ese espacio de disfrute nuevo que te ofrecen tu cuerpo y tu respiración.

Tómate tiempo para disfrutar, no tengas ninguna prisa y trata de huir desde el primer momento de la competitividad o el afán de querer llegar a algún lado en la postura. Esa no me parece una buena idea. Creo que el camino es "tener tu pequeño espacio para sentirte y experimentarte", y ya está. Y nadie tiene la potestad para decirte que tienes que llegar al suelo con la punta de la nariz. Ahí estaría actuando la mente que juzga y compite, y me parece que lo primero que dijimos es que escucharas a tu cuerpo.


2. Ser constante y disciplinado.---------------------------------------------------------------------------


En realidad, si eres constante, ya has abierto un hueco importante en tu vida donde penetras en calma y donde te recorres sin tanta manipulación ni colonialismo exterior. Es decir, te habitas, te vives.
Y cuando a uno le ocurre eso, se da cuenta de que la constancia resulta esencial. Pues para estar vivo hay que ser constante y disciplinado, si no la vida se te escapa entre los dedos entre tanto ensueño.
Todos los días, un poquito de práctica. Solo un poquito. Sin proyectar, sin pensar en el futuro.
Solo tú, y tu presente, en la práctica.

Para ello es muy importante ser disciplinado, ¿esto qué quiere decir? Ante todo quiere decir que hay que ser amoroso, pero firme, pues al cuerpo, a la mente se la está educando para domarla, y como decimos por estas tierras: "el cuerpo es muy perro". Pues eso, hay días que te levantas y no te apetece practicar, pero es que la cuestión no es si te apetece o no, "la práctica es la práctica" una vez que has iniciado tu periplo yóguico.

Esto de la disciplina implica una comprensión importante de los yamas y niyamas, por ejemplo, "Tapas", que es el trabajo interno, el fuego que quema las impurezas, el aspecto austero, simple y limpio de la entrega en la práctica. Próximamente os hablaré de "tapas". También resulta importante "ahimsa", la no violencia es esa práctica. El amor al realizarla. O "Santosha", el deleite que te produce todo ello al conectar con tu esencia.

3. Atención a los cambios y a la escucha.---------------------------------------------------------------

Uno va cambiando, es decir, todos los días uno no está igual, yoga es cambio, y en esos pequeños momentos que dedicamos a la práctica resulta indispensable escucharse, sentirse, ser consciente de los pequeños cambios que se producen en nosotros.

Y desde esa entrega en escucha, en alerta interna, vamos modificando la práctica. Es decir, ir cambiando la práctica supone realizar pequeños gestos, ligeros cambios en las posturas que vamos realizando. 

Hay que tratar de no ir automáticamente a realizar posturas. Creo que lo adecuado es realizar pocas y con sentido y con sentimiento, y sobre ellas ir realizando modificaciones y, luego, ir cambiando según aprendamos a escucharnos.


Mover una mano en una dirección, o en otra; mover una pierna, mientras que otra se mantiene en la estática. Me lo estoy inventando, pero son pequeños gestos que modifican una postura. Por eso es importante investigarse, para seguir ahondando.

Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Asociación Onubense de Yoga
Julio 2015



sábado, diciembre 27, 2014

Sin calma no hay yoga













En el yoga vas comprendiendo, vas aligerando, vas encontrando. Surge y surge el asombro, la certeza, la certidumbre. Te ves sintiéndote, te sientes amándote. Volatizan las complicaciones, aceptas lo que es, te adaptas siendo. Abierto ofreces la semilla, pero cada uno es responsable de que fecunde. Solo eres. Y el otro eres tú, pero también es él. Trabajas internamente para transformar fronteras, te rindes para aprender a vivir abierto.

Decíamos hace un par de semanas en clase que sin calma no hay yoga. El yoga nos ha de llevar a la calma, pues es a partir de ahí desde donde podemos descubrir nuevos espacios o pueden florecer otras cualidades inherentes a nosotros.

Alcanzar la calma no es fácil, es un camino tortuoso por sus dificultades, pero, una vez abierto un caminillo y uno se pone andar, todo se ensancha y va surgiendo la comprensión.

Por un lado, tenemos el cuerpo, por otro lado, la mente, y un tercer aspecto es la respiración. Empecemos con que hay que aprender a relacionarnos con ellos y calmarlos.

El cuerpo hay que aprender a vivirlo, a vivenciarlo, a que forme parte de nosotros, pues normalmente tenemos una imagen del cuerpo pero no lo habitamos. Superado este escollo, hay que hacerse amigo del cuerpo, unificar lo fragmentado, relajarlo,  pacificarlo, ponerlo en su justo lugar,  que sea un lugar común de uno pues vive con uno.

La mente es la confusión, son pensamientos, emociones. Vectores que entran y salen sin parar. Nubecillas por aquí, nubecillas por allí y, dentro de las nubecillas, emociones. Aquí el dicho sería: "¿quién maneja el caballo: el propio caballo o el jinete?". Es importante comprender que la mente no es el amo. Hay que enseñarle muchas cosas importantes, por ejemplo, el silencio, la pausa, para que no hable tanto internamente. También hay que ponerse en contacto con un "observador", que es quien en principio observa esa mente y nos da perspectiva. Es decir, tiene que ir surgiendo internamente una capacidad de discernir que no solo surge de la mente.

La respiración es la voluntad integradora, la inteligencia divina que recorre el espacio interior. Ella lo comprende todo y te lo dice. Hay que aprender a interpretarla, a expandirla, a sentir la vida en ella. Y resulta esencial crear una armoniosa relación de tú a tú, pues es ella la que abre los caminos, los espacios y es el puente entre la mente y el cuerpo. Es lo que alimenta el eje integrador.

Supongamos, entonces, que ya hay cierta calma. La mente, aquella que se creía la dueña, ya no lo es, y hay espacio interno, y tampoco hay tanta confusión. Entonces se hace más patente el sentir, el corazón, el centro del eje. Un corazón que comparte tu cuerpo que, a su vez, mediante la respiración comparte el mundo que sientes, la vida que palpas y que siente a su mente dulce.

En calma la vida es más dichosa, más completa, más integradora.
En calma uno es creativo, abierto, amable, divertido.
En calma uno anda centrado sin desperdiciar las energías en embrollos inútiles.
En calma uno es semilla de lo que es y nacen y nacen flores para ser más, siendo.

"En calma siento mis pies desnudos en la arena,
el mar dentro de mí,
el viento que me acaricia,
las olas, su sonido, pausado y constante.
Mi cuerpo se abandona a la escucha de ser,
¿es mi respiración el mar?

¿Es el mar mi conciencia?"



The Commodores-"Easy"

Artículo escrito por Carlos Serratacó 
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva


domingo, agosto 03, 2014

Cultivando el amor





Me preguntaba una alumna: ¿qué se puede hacer desde el yoga ante la situación de barbarie, por ejemplo, a la que hacía referencia ayer en el artículo? Bueno, lo que está claro es que cada uno puede hacer o no hacer lo que desee: en mi caso sentía un grito desde lo más profundo de mí desde hace un mes, me duele lo que ocurre, no quiero ahondar más.

Bien, volvamos al objeto de hoy. ¿Qué puedo realizar desde el yoga para que el mundo sea menos violento?

En el yoga aprendemos a responsabilizarnos de nosotros mismos, de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestro verbo. Hay un viaje hacia el interior de uno. En ese trayecto solo cabe encontrarse con el amor, pues en el interior de uno late la vida. Una vez comprendido eso, ese ya profundo amor por uno mismo como vida, te invade y todo tú eres vida y, por ello, amas la vida: a los demás seres humanos, a las plantas, a las piedras, al mar, al sol, a la tierra; todo late y tú lates junto a ello.

Surge algo muy bonito, te das cuenta de la sacralidad de todo, es decir, todo es sagrado y todo impone un profundo respeto. Es normal que, si conectas con la vida que hay en ti y con la vida que late, todo ello te lleve hacia algo que te trasciende, y ello es la sacralidad del acto de vivir.

Es importante darse cuenta de que a nivel local, es decir, en nuestra casa, nuestro trabajo, con nuestros amigos, en nuestro propio entorno… podemos participar activamente en favor de la paz y la no violencia. Es posible todo eso y mucho más, pero para ello es importante vivir atento:

-atento a lo que uno piensa, y fomentar pensamientos que construyan.
-atento a nuestros actos y actuar solo cuando se requiera, y a ser posible de un modo justo,
-atento a lo que decimos, evitando juicios, hablando desde la amabilidad y hablar solo cuando haga falta.

Creo que es importante, por tanto, vivir más atento y ser más ecuánime o justo en nuestro vivir, en el sentido de ser más amable con uno y con el mundo, es decir, amándonos más y amando más al mundo, a ti y a sus seres.

Si vivo atento, vivo más presente cada momento en mi vida y tengo más libertad para provocar situaciones internas y externas de felicidad hacia mí mismo y los demás.

Creo que el truco es no perderse en verborreas, en demasiadas proyecciones mentales, en demasiados juicios e ir a lo más simple. Y eso es, por ejemplo, que me levanto, me sonrío y soy feliz cada instante que veo despertarse a mi hija y, al abrazarla, es como si abrazara todo aquello que amo. Lo que quiero decir es que trato de entregarme al disfrute del amar, y lo logro unas veces y otras no porque estoy atento a ello, vivo para ello. Mis recursos internos y mi capacidad no van a alimentar, por ejemplo, cualidades que no me gustan como la avaricia o el mesianismo o cualquier otra que yo veo que sea un sinsentido. Busco cualidades en mí que me hagan mejor ser humano y aquello que descubro lo disfruto, lo experimento, es decir, no lo vivo proyectado, lo vivo en presente.

El otro día estuve solo toda la tarde en el campo. Estaba tan feliz y agradecido de tener esa tarde, que todo lo hice lentamente, degustando cada instante, soltando a los burritos, dando de comer a las gallinas y me dediqué toda la tarde en arreglar el riego que da vida a todo ese verdor, donde antes era roca. Y me detenía en cada árbol y reflexionaba sobre el nivel de riego y decidía qué hacer, y así fue pasando la tarde y me sentí lleno y pleno de estar conmigo, de crear vida dando verdor, de estar en contacto con todo.

Cada uno ha de encontrar su camino. En el mío ha resultado esencial el yoga. Me doy cuenta de que con el yoga siento y transmito la comprensión de la vida, siento y transmito la belleza, siento y transmito algo que viene de nuestros ancestros. Sí es posible la paz, sí es posible no tener ni causar tanto sufrimiento y, para ello, sí es posible ponernos en contacto con lo mejor de nosotros y, en realidad, si actúo correctamente conmigo, si soy más amable con aquello que late conmigo en mi vida diaria, estoy plantando semillas de paz in situ, pues todos vivimos porque el otro vive, todos amamos porque el otro ama. Todo se ama, decíamos hace unos días.

Mucho sufrimiento lo causa la comprensión incorrecta de las situaciones. El yoga da luz y te acerca hacia comprensiones más correctas, nada más, de ti mismo.


Creo, entonces, que hay que ser valiente y quemar internamente con decisión aquello que nos hace sufrir, y actuar y pensar y sentir con libertad hacia situaciones más pacientes, más tolerantes. Este es un mundo tan exigente y nos inoculan tanta exigencia, que la vida se pasa corriendo y echas la cabeza atrás y solo te da tiempo a ver tu ego y su sombra que te persigue.

Por suerte, hay mucho más que el ego. A este le encantan las fronteras, la posesión, el orgullo.

Por eso si purificamos todo ello con el fuego del amor, con el agua que todo lo envuelve, a lo mejor todos los días cambia un poco todo.


Recuerda: la atención en local. Abrazos.

  
Artículo escrito por Carlos Serratacó
Escuela de Yoga y Conciencia
Huelva





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